La cacería. Autor: Daniel Collado

Ésta es. La G-9. Estación de Ginza. Sólo estoy a ocho paradas de Shibuya. Entonces todo será más sencillo. No habrá acabado, pero si quiero sobrevivir tendré más oportunidades allí. Miro alrededor. Mucha gente, no es hora punta pero apenas puede uno moverse con facilidad aquí. Me escabullo entre docenas de personas tratando de situarme en las guías. El número escrito sobre el pavimento me indica dónde se abrirán las puertas del vagón. Aquí llega, al menos es puntual. He de actuar rápido. Ellos ya están aquí, se les ve a la legua, pese al gentío que ocupa el andén. Se acercan a mí. El tren para, las puertas se abren. Dejo salir a unos cuantos viajeros pero no pierdo el tiempo, he de colarme dentro antes de que me localicen. Por suerte me he dado cuenta a tiempo de que se acercaban. Sólo así he podido apañármelas para ocultar mi rastro. Me huelen, lo sé. Me intuyen pero no pueden precisar quién soy, a quién buscan. Entro en el vagón. También ellos. Las puertas se cierran. El tren se mueve. Velocidad.

Farkas, tenías razón: “Huye Zyo”, me dijiste. “Tokyo es un buen lugar para los nuestros, mucha gente, buen alimento y miles de escondites a tú disposición”. Mis rasgos asiáticos ayudan, lo sé. Los japoneses se dan cuenta, saben que no soy de allí, pero para un ojo poco entrenado, mi piel amarillenta, mis negros ojos rasgados y mi cabello liso y oscuro podrían pasar totalmente inadvertidos.

Toranomon. Quedan seis paradas. Una mujer se levanta. Aprovecho el hueco libre. ¿Por qué se empeñan en perseguirnos? Míralos. Cuánto fanatismo. Apartan a la gente a golpes. No les preocupa. Se sienten muy por encima de cualquier ser humano. Ni siquiera tratan de pasar desapercibidos. Ni un viajero se sobresalta, simplemente se apartan. Aquí todo el mundo lleva una dirección y le importa poco sus congéneres o quienes le rodean.

Al lado de todos estos japoneses estos tres parecen gigantes. Casi tienen que andar agachados dentro del vagón. Sobretodo el mayor, su líder. Si no me equivoco, ese debe de ser Assa. El mítico Assa Lindelorian, el Rebanador, el que acabó con “los mil” de Garrulan. Una sangrienta reputación la suya. Desde luego da escalofríos. Sus cabellos, totalmente blancos y largos hasta la cintura ocultan sus puntiagudas orejas y sus ojos cristalinos denotan su ascendencia. Los tres guardan sus musculosos cuerpos bajo enormes gabanes oscuros, pero podría intuir lo que llevan debajo. Cañones- espada, seguro, su arma favorita, muy propia de la Alta Guardia. Precisa, ideal para abatir en la distancia pero lenta, tosca en el combate cuerpo a cuerpo. Justo al contrario que mi sable-antorcha, mi querido Naga.

Aoyama-Itchomoe. Tres paradas. Pasan por delante de mí por segunda vez. Finjo dormitar pero empiezo a preocuparme. Abro el ojo derecho. Al final del vagón los tres se reúnen. El menor de ellos les comenta algo. Quizá empieza a sospechar. Assa echa otro vistazo al vagón. Unas 70 personas son la única barrera que nos separa. Si quisiera, si tuviese la total certeza de que yo soy su objetivo, no creoque se anduviese con miramientos. Un disparo con su cañón espada y me tendría en sus manos. Pero duda. Si matase algún humano sin razón el Alto Consejo no se lo perdonaría. Saco ventaja de esto y confío en que Assa siga las normas. Aquí no podría invocar mi sable. Estoy indefenso y, sin embargo, no pueden tocarme. Por la cara que pone seguramente esté infinitamente molesto ante esta situación. Agarra con fuerza la empuñadura de su arma. He de ser rápido, moverme en el momento preciso, sin alertarles.

G-1: Shibuya, mi destino. Todo sucede muy deprisa Farkas. Las puertas del vagón se abren. Me pongo en pie y salgo. Ellos hacen lo mismo por la puerta contigua. Es el momento, conozco bien esta estación. Salto sobre las personas que tengo frente a mí y subo las escaleras. Mis tres perseguidores hacen lo propio. Por fin me he descubierto. Esquivo personas, doblo una esquina. ¡¡PAM!! La pared salta en pedazos. Uno de los tres Alfaen ha descargado su cañón espada. No me ha dado. He de alcanzar el exterior. ¿es esto vida Farkas? Sin duda… sin duda lo es. A nuestro estilo, nuestro modo de vivir… o de no vivir. Estoy en la calle. He alcanzado el Scramble Kousaten. Todo está abarrotado. Perfecto. Comienzo a cruzar la plaza Hachiko, el principal punto de rendez-vouz para los enamorados de Tokyo. Se oye un grito. Los Alfaen me siguen y se han llevado a un muchacho por delante. No me importa mucho, cada día les veo menos como personas y más como alimento. Sólo quiero llegar a Womb. El cruce de Scramble Kousaten se abre para los peatones justo en el momento adecuado. Aprovecho y comienzo a correr. Los Alfaen se percatan. Ya nada les importa, ahora que me han localizado sus accionesestán más que justificadas. Sigo corriendo. Paso el Starbucks y bajo por la 109 hacia Bunkamura. A veces me pregunto ¿cuál es la motivación de estos tipos? ¿están aquí para hacer el bien o para combatir el mal a toda costa? Quizá la segunda sea más acertada… combatir a toda costa, ese es su fin.

Womb. Llego corriendo al club. Me falta el aliento. Haruto y Kento me dejan pasar sin preguntar, ya me conocen. Los Alfaen llegan pocos segundos después. Tendrán que apañárselas. Entro en la gigantesca pista de baile. Los láseres lo inundan todo con su luz cortante. Suena Yimanya de Filterheadz. El espacio es el adecuado, no necesito más. Doy media vuelta. Tres tipos salen disparados por los aires desde el Dj Lounge. Varias chicas gritan pero sus aullidos son ahogados por la música. Los Alfaen aparecen en escena. La gente se aparta. Sardak mirmuj…comienzo la gran invocación, la llamada a los fuegos cósmicos, a mi sable- antorcha. Naga está en mis manos. Los Alfaen no dudan, ya sostienen sus armas en lo alto.

Será divertido. Ahora sí, tengo a mi presa justo delante. La cacería ha comenzado.

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