Cartas a Noah. Autor: Daniel Collado

5 de agosto de 1939 París

Hola Noah,

Son las dos y media de la madrugada. Acabo de llegar al hotel y esto es lo primero que hago, escribirte. Lo necesito. Necesito decirte tantas cosas…

Hace dos días que no nos vemos y sólo puedo pensar en ti. Las lágrimas recorren mis mejillas cada vez que pienso que estamos lejos. Ya no puedo besar tus labios, ni abrazarte, ni acariciar tu espalda… Te necesito Noah. Tal vez pienses que exagero. ¿Se puede llegar a querer a una persona de este modo en tan pocos días? Yo creo que sí. Creo que has llegado al fondo de mi alma. Me has tocado el corazón. Después de un año realmente difícil, he encontrado en ti lo que buscaba desde hace mucho tiempo. Me reitero, eres muy especial Noah y te necesito. Necesito tu sonrisa, tu mirada y tu calor mientras hacemos el amor. Adoro tu manera de ser, con todo lo bueno y lo malo. Me encantas, porque emanas juventud, alegría y sabiduría. Eres una persona atractiva tanto por dentro como por fuera (e incluso tú me empujas a aprender inglés para poder decirte todo cuanto pienso a través de mis labios.)

Pienso que, una vez más, la suerte no está de mi lado, y que te he perdido. Tú estarás ya en Australia, en casa, con tu novia, tus amigos y tu familia y yo seré un simple recuerdo en la distancia. Lo comprendo, pero no puedo aceptar esta realidad. Aunque así sea, por favor, no me olvides. Recuerda que hay una persona que piensa en ti y a la que durante unos días has hecho feliz. Escríbeme, cuéntame cómo estás. Y si no sé nada de ti, ten buen viaje y comienza tu nueva vida con mucha ilusión y energía.

Dale un fuerte abrazo a Alfred y Gwen de mi parte. Diles que son maravillosos y dales las gracias por haberme tratado siempre con una sonrisa.

Perdona mi inglés. Espero poder mejorarlo… con el tiempo. Un beso muy fuerte de alguien que te ama en la distancia.

 

7 de septiembre de 1939 Madrid

Hola mi adorado Noah,

Quisiera decirte tantas cosas…

Al fin he vuelto de París. Cuando estaba allí, me encontraba bastante feliz. Me divertía con mis amigas, salíamos a conocer la ciudad, tomaba el sol… y te echaba mucho de menos. Pero la situación ha cambiado… tan radicalmente… Europa entera ha entrado en guerra y mis padres, acabados los conflictos en España, me pidieron que regresase con ellos.

¿Cómo estás tú? Sé, por los diarios, que Australia, en apoyo al Reino Unido y Gran Bretaña le ha declarado la guerra a los germanos. Rezo por ti. Yo, hace pocos días que he vuelto a Madrid… y todo está igual. Parece que esta ciudad no se hubiese visto afectada por la guerra. Mis primos, Luis y Lorenzo, me han contado cómo los republicanos abandonaron sus posiciones y dejaron pasar sin más al ejército de Franco. El señor Besteiro me recibió como si nunca me hubiera marchado y me devolvió mi puesto, así que he vuelto a trabajar, al almacén.

Aún así, todas las tardes trato de estudiar inglés con el libro que me prestaste, intento evadirme, no pensar demasiado… pero no puedo vivir sin ti.

Es curioso este sentimiento. Tengo grabados en el cerebro mis últimos minutos junto a ti en Paris, en la cama de tu habitación, tus lágrimas, tu mirada mientras nos despedíamos y partías hacía tu nueva vida a las lejanas tierras australianas (cuán bello debe ser todo aquello). Es por esto que sufro.

Tú me conoces, conoces mi personalidad. Con muchos amigos bromeo, me divierto, pero nunca lo hago de corazón. Sin embargo, ¿Qué me pasa contigo? ¿Cómo me has conquistado? Todo lo que te rodea es muy especial. Eres perfecto Noah, lo que mi corazón y mi cabeza anhelaban encontrar. Un chico inteligente, divertido, joven y apuesto.

Pero soy Lina, Adelina Vila, vivo en España y la mala suerte en el amor me acompaña. Cuando encuentro un chico especial, vive a miles de kilómetros de mí, al otro lado del globo y es prácticamente imposible vernos, mantener una relación más allá de estas misivas (que sin duda espero te lleguen, cosa que desconozco al no haber recibido respuesta tuya aún).

Sufro Noah, sufro por no poder verte. Sufro si escucho tu voz en mi cabeza… y no puedo tocarte. Me pongo muynerviosa cuando pienso en ti y te echo mucho de menos cada vez que salgo a la calle y no siento tu brazo rodeándome.

Sé que es imposible, pero te necesitaría a mi lado. Seguramente tú podrás superarlo, porque tienes que disfrutar unos años muy bonitos ahora, pero a mí me va a ser muy difícil reconocer que no podemos tenernos el uno al otro, abrazarnos, besarnos…

Siento contarte mis penas y no poder hablarlas cara a cara… como tantas otras veces. Siento ser una joven esclavizada. Siento estar triste. Siento amarte…

Tuya en la distancia, Lina.

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