El Tren. Autor: Gema Prieto Molina

-Tienes que venir … ven, ven, Tobi… ¿es que tú también quieres convertirme en chatarra?

– ¡No!

– Tobi, estoy aquí. Búscame al lado del tren rojo y me encontrarás. Sálvame, Tobi…

– No sé dónde estás. Me das miedo. ¡Vete!

– Tobi…

– Tobi, carño, despierta, mamá está a tu lado.

Era un niño con un precioso pelo rubio, ahora empapado en sudor. Sus ojitos eran, en palabras de su abuela, dos brillantes zafiros que se habían empañado de lágrimas tras aquél terrible sueño.

– Mamá…

– Vamos, vamos, los niños no lloran.

– Mami, tenemos que ir a ayudarle.

– ¿A quién, hijo?

– Quiere que vayamos con él, pero yo tengo mucho miedo

– Vamos, duérmete, que mañana tienes clase. Mira, dejo la puerta abierta, ¿vale?

Pero no pudo dormirse de nuevo porque recordaba aquella suplicante y a la vez aterradora voz.

. – .  . –

– Vamos, niños, a trabajar. Recordad que tenéis que hacer un dibujo bonito para ganar la bolsita de caramelos que corresponde al primer premio.

Todos los alumnos de la clase se pusieron a trabajar con ilusión, pensando de qué color tenían que pintar su dibujo, o quién tenía un sacapuntas para el lapicero. Tobi, sin embargo, estaba sólo, mirando el papel en blanco.

Cogió sus pinturas y se dejó llevar. Cuando sus compañeros ya habían terminado, la profesora le llamó:

– Tobi, vamos, sólo faltas tú.

Per él no prestó atención. Dibujaba, con los ojos muy abiertos, ausente, sin poder apartar la vista de lo que estaba haciendo. Un fuerte nerviosismo fue apoderándose de él, Gotitas de sudor empezaron a empapar su frente.

La profesora arrancó el dibujo de sus manos, y al verlo murmuró: “Dios mío”.

Plasmado en el papel había un viejo tren, con unas enormes gafas y algo parecido a un sombrero. Sin embargo, su expresión era de una gran angustia. Tenía las ventanas completamente rotas, y por todas partes se veían manchas rojas como de sangre. Había un cartel que decía: “Ayúdame”.

.-.-.-.

– Les he llamado porque estoy preocupada por su hijo. Desde hace tiempo se viene comportando de un modo extraño. Ya casi no habla con sus compañeros, siempre está sólo. Pero lo de ayer ya fue demasiado.

Sea cercó a su mesa y mostró a los padres el dibujo de Tobi, que lo observaron impresionados.

– Es extraño – dijo la madre – . Tobi ha tenido varias pesadillas protagonizadas por un tren. Decía que iba a ayudarle. Yo no sabía exactamente lo que quería decir.

– Sí – intervino el padre – . El otro día me dijo que tenía que comprarle un viejo tren que van a convertir en chatarra. La verdad que está muy raro.

– Tobi es hijo único. Me parece que esto es debido a que su hijo necesita un amigo, y que lo ha conseguido en ese viejo tren. Sucede algunas veces que los niños eligen seres inanimados…

.-.-.-.

– Tobi, vamos a pasear un rato. Quiero hablar contigo, ¿De acuerdo?

– Bueno, pero vamos por la vía del tren, ¿vale?

Y se pusieron en marcha.

– Tobi, hijo, ¿dónde me llevas?

– Mi tren, papá. Mira, allí está. ¿Lo ves?

Se pararon. Era un tren pintado de negro, sucio, idéntico al que dibujó Tobi. Realmente daba miedo, pero por otro lado, inspiraba lástima.

– Papá, tenemos que ayudarle. Y se echó a llorar.

– Pero, ¿qué te pasa, mi vida?

El niño le abrazó. Cuando se calmó, le preguntó a su padre algo que dejó sorprendido a éste:

– Papi, ¿tú dejarías que mi tren se muriera? El no quiere morirse, si nosotros lo compramos, no le matarán.

– Tobi, no le van a matar. Solamente lo van a desguazar, a convertirlo en otra cosa.

– A ti no te gustaría que te desguazaran. Además, para eso le tienen que aplastar con máquinas y le harán daño. A ti también te dolería si te aplastaran, ¿verdad, papá?.

– Pero hijo, los trenes no sienten.

– Sí siente. Si no, no me habría avisado. Yo le he oído llorar. No tiene lágrimas, pero llora, papi, y yo no quiero que lo haga.

El hombre miró a la sucia máquina y sólo pudo decir:

– Vámonos

Aquella noche, el niño parecía más entretenido, y la cena se hizo más alegre gracias a una divertida película que ponían en la televisión. En el descanso, sin embargo, la situación se tornó embarazosa. Hubo un informativo: el desgüace del tren situado en las vías del millonario barrio de “Saper” iba a ser adelantado. Los trabajos comenzarían esa misma noche.

“¡Tobiiii!”

El niño sintió una terrible angustia.

– ¡Noooo! – gritó.

– Hijo…

– ¡No, no, soltadme!

Parecía haberse vuelto loco. Sus padres le sujetaban, pero no era el niño dulce de siempre, sino una fiera asustada. El viejo tren negro le llamaba. Tuvo que ser necesario llamar a un médico, quien le suministró un calmante y le acostó-

– Ay, cariño, – susurró la madre con voz temblorosa – ¿qué le está pasando?.

Y se abrazaron.

Ya acostados, Tobi volvió a recibir una llamada de su amigo, así que se levantó de la cama. El reloj señalaba las dos y cuarto de la madrugada. Sin pensarlo, se dirigió a la vía. Alli, estaba, iluminado por las estrellas.

“Hola, Tobi”

El le miró.

“Vas a ayudarme… vamos, ponme en marcha. Yo te diré cómo se hace”

– Vale, yo te salvaré.

.-.-.-.

– ¡Cariño, despierta!

El se despertó sobresaltado y preguntó:

– ¿Qué ocurre?

– El niño se ha ido… ¡se ha ido!

.-.-.-.

“Vamos, deprisa. Ya se han dado cuenta. Vienen hacia aquí”

Las sirenas de la policía gemían en la oscuridad. La madre de Tobi sabía que el tren no era como los demás, por eso había pedido a la compañía de desguace que se unieran a ellos para destruirle antes de la hora prevista. Todo había llegado muy lejos.

– Vamos, trenecito, más deprisa.

– Hijo, ¡vuelve!

Estaba histérica. Las máquinas devoradoras levantaban sus garras para clavarselas al viejo tren. Una de ellas logró rozarle.

– ¡Malos!. ¡No hagáis eso!. ¿No veis que le hacéis daño?

Entonces el tren comenzó a pararse.

– ¿Qué te pasa?

“Algo está fallando”

– Por lo que más quieras, lucha…

Pero se paró. A momento dos policías saltaron al interior y sacaron al muchacho. Mientras, las máquinas se abalanzaron subiendo y bajando sus armas.

Las que estaban destrozando a su amigo.

– ¡No, no!

“Tobi, me están matando”

– ¡Dejadle!

Pero sus protestas, jadeos y llanto no parecían ablandar los corazones de aquella aglomeración de gente.

– ¿Qué os ha hecho?- preguntó desesperado mientras se retorcía en los brazos de su padre intentando soltarse. – ¿Ser viejo? Vosotros también seréis un dia viejos.

Pero ya era inútil. El tren estaba destrozado.

Como si fuera una persona, dejó oir los últimos latidos de su corazón. Era imposible, no podía ser. ¿Es que se estaban volviendo locos?

“Tobi, me muero…. No llores, no te sientas culpable. Has hecho lo que has podido”

Algunos bajaron la cabeza, sus padres se abrazaron, y el niño se sentó en el suelo llorando. Había acabado todo. Había muerto un amigo.

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