Un camino en busca de la Felicidad. Autor: Isaac Gago

Y allí se hallaba, solo, cabizbajo, sentado en su sofá, mirando por la ventana a la espera de atisbar algo que le hiciese esbozar una sonrisa…Su nombre Gabriel. Esta mañana se había levantado como todas las demás, aburrido y solitario sin poder encontrar algo que llenase su aciago corazón entristecido por el sinsentido de su vida. Nunca tuvo muchos amigos en la escuela y sus padres estaban contaminados por el ajetreo laboral de sus vidas, por lo que no tenían tiempo para su hijo. En efecto los días pasaban y Gabriel estaba consumiendo su vida en un mar de tristeza y desolación… A veces su madre le comentaba que la felicidad se encontraba en el dinero, que si quería tener una familia lo primero que debía conseguir era un trabajo con el que ganase mucho dinero, pero a Gabriel no le gustaba nada estudiar y además nunca fue ese su punto fuerte. Un día algo cambio su visión de ver las cosas por completo…Era un día como otro cualquiera y Gabriel encendió la tele, lo que en ese momento vio le dio ánimos para intentar cambiar…Un hombre sin piernas, ni brazos que con muchísimo esfuerzo se las había apañado para encontrar la felicidad, pues este hombre, a pesar de su minusvalía era capaz de vivir como una persona normal. A Gabriel la amplia sonrisa que este hombre esbozó, le llevo a cambiar la actitud de su pétreo corazón y sin mas dilación, se dispuso a salir de su triste perdición. Sin decir nada a nadie cargo su mochila con los ahorros de su vida y todo lo que pudo meter dentro, dejo una nota a sus padres de su futura ausencia y salio de su casa por primera vez desde hacia mucho tiempo para encontrar aquello que hizo feliz a aquel hombre que en televisión encontró. Caminando salio de su ciudad y llego hasta la periferia, allí se encontró con una pobre señora a la que le entregó dos monedas y a la cual preguntó sobre que era la felicidad para ella. La señora con un gesto de incredulidad le dijo que para ella la felicidad estaba en tener dinero para poder comer. Era evidente que la actitud de esta señora no tenía nada que ver con la del hombre minusválido y Gabriel sin conseguir aun una respuesta continuò su camino. Siguió caminando por un estrecho sendero hasta que se encontró con un diminuto cachorro abandonado, que con dos ladridos y una entreñable carita se le anexiono en su viaje…Con su nuevo acompañante Gabriel ya no se sintió solo y ello le dio ánimos para continuar adelante. Al poco tiempo encontró una gran mansión con un increíble lustre. Un hombre que allí se hallaba, con un largo puro que rezumaba humo por todos lados y sentado en una hamaca rodeado de bellas mujeres le dijo que no podía haber una cosa mas satisfactoria que vivir en la opulencia, rodeado de lujosos objetos y de hermosas mujeres. Pero Gabriel noto algo en aquel hombre que le hizo comprender que aquello eran simples apariencias y que realmente ese hombre no tenia el espíritu de felicidad que el buscaba. Continuo su viaje, pero el camino se hacia cada vez mas angosto y empezó a subir una montaña por un estrecho sendero lleno de piedras y guijarros con su perrito aun como acompañante. A esto que llego hasta una hermosa cascada con un riachuelo que la seguía, y por un momento sintió como una gran alegría le colmataba el corazón. Se sentó allí a descansar y sacó de su bolsa una barra de pan que compartió con su pequeño acompañante. De pronto le comenzó a entrar sueño y se quedo dormido al pie de un viejo roble centenario, el tiempo pasaba en aquel hermoso claro rodeado del canto de las cigarras y los pajarillos. Llegó la luna y con ella la noche…Gabriel se despertó con las suaves caricias del pequeño cachorro. Se puso en pie y prosiguió su camino por la montaña, que cada vez se inclinaba más y más entre la espesura de la oscura vegetación. Llego entonces hasta una Ermita donde se encontró a un monje meditando al que pregunto la misma pregunta y del que obtuvo que la felicidad no se encuentra en este mundo y que es en la otra vida, donde alcanzaría la plenitud.

A Gabriel tampoco le gusto esta respuesta pues recordó que el hombre sin piernas ni brazos la alcanzo y permanecía vivo. Ya en plena noche, con un hermoso cielo estrellado sobre su cabeza, Gabriel miro hacia arriba intentando atisbar los misterios del universo motivado por una gran satisfacción. El camino cada vez era más abrupto, pero Gabriel tenia claro que no se iba a rendir, no sin encontrar aquello que había salido a buscar…De pronto y casi sin darse cuenta estaba en la cima, desde ella miro al horizonte y pudo ver picos de otras montañas que sobresalían entre la espesura de la niebla. Comenzó a amanecer y observando el hermoso paisaje que se le cernía sobre sus ojos lo comprendió…”La felicidad no era un fin que se pudiese alcanzar, la felicidad se hallaba en el disfrute del camino…ese camino plagado de hermosas experiencias que le llevaron hasta la cima de aquella montaña para poder contemplar la hermosura del mundo en su totalidad”.

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  1. Ana

    Enhorabuena por tu relato, es real como la vida misma!!!
    Deberían tomar ejemplo muchas personas….
    Suerte!!

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