Estaba mirando porno. Autor: Cala Nevado Cerro

Vivo en Madrid. Estaba mirando porno. Mi trabajo de informático, solitario, no permite tiempo libre para viajar; contactar con compañeros, ni entablar conversaciones casuales sobre futbol, penaltis, o fueras de juego decisivos. Y como esta soledad tienta el aburrimiento; aunque no soy un adicto, cuando quiera lo dejo, estas pelis me entretienen y hacen viajar por el mundo sin moverme de casa; unas veces disfruto de los grandes monumentos como escenario de cualquier trama; y otras son “las monumentos” las que no me permiten observar los bellos entornos.

Estaban unas chicas despampanantes en la mejor ciudad del mundo; Barcelona. Todo discurría sin problemas cuando se me chafó el final; no esperaba romanticismos en él, soy poco sentimental, pero me gusta ver terminar las pelis.

Tan relajado y a gusto, cómo me encontraba disfrutando del sol del Parque Guell. En uno de sus rincones estaban, precisamente, ese par de macizas magreándose, cuando repente unos virus, se colocaron sobre el escote de la rubia, el culo de un tío que pasaba por allí, y  en el Dragón de la Escalinata. Llegaron escoltados por una cadena de pequeños y borrosos monstruos, rojos y parpadeantes, que no solo tapaban la peli, haciendo muecas irónicas; se paseaban por un lado y otro de la pantalla. La primera impresión fue; deshacerme de ellos. Sin dejar de desplegarse en filas y columnas; los bichitos recordaban un auténtico ejercito bien organizado.

Rápidamente accedí al programa principal; y actualicé mis antivirus; estaba seguro; no habían caducado. Probé varios accesos a otras defensas más potentes, reservadas para ataques en cadena, como parecía este; y en un pis pas, a través de complicadas contraseñas, los instalé. Pero… no recuperaba la peli. Calculando el tiempo perdido, más o menos, y lo que llevaba visto; ya estaría a punto de acabar. “Quedarse con la miel en los labios, es peor que con los pantalones a medio bajar”, digo siempre; llegar hasta el final es mi lema.

Ante la insistencia de los bichejos, apliqué detectores y tratamientos para anularlos; tengo lo ultimito en destrucción de intrusos malignos de la red ¡Sorpresa! Uno tras otros se comían las escenas eróticas de las dos parejas mientras emitían extraños mensajes. “Elegido. Elegido. Elegido” leí por todo el monitor; en mayúsculas, cursivas, negrillas y subrayadas, en pantallazos, de arriba abajo, de abajo a arriba; de izquierda a derecha, y del centro a las esquinas. “Elegido” parpadeaba frenéticamente.

Volví locas las teclas de control, escape, bloqueo, y todas las F, combinando desde F1, hasta F12 sus distintas soluciones, sin lograr nada. Aparecía y reaparecía “Elegido” a velocidad de vértigo. Sin claudicar. Ni hacerme su cómplice. Comencé a pensar, y sospechar.

Esta palabra, leída entre líneas, llevaba a mi amigo Pascual. Un recalcitrante seguidor del porno, y experto informático ¿Sería él? Recordando lo rencoroso que es, de pronto, el centro de la pantalla se comió los batallones de palabras; y de las esquinas brotaron admiraciones de todos los tamaños, formas y estilos; flanqueando un mensaje nuevo ¡Sospechoso. Sospechoso. Sospechoso! Esto lo decían, refiriéndose a mí, claro. Releí atónito, muchas veces, la acusación; en ese momento lo comprendía todo. Estaba metido en un lio.

-El idiota de Pascual me quiere arruinar la noche, dije cabreado-¡Sospechoso. Sospechoso. Sospechoso! Martilleaba mi cabeza; el monitor y el papel de impresora; que se puso en marcha sola sin saber cómo, y comenzó a imprimir; normalmente la tengo apagada. “Sospechoso. Sospechoso. Sospechoso” ahora las palabrejas emitían un sonido de alarma agudo e insistente; -no estoy solo en el bloque, pensé, ya verás por dónde va a salir la gracia como escuchen esto los vecinos.

¿Y si no es Pascual. Y es un operativo de la policía rastreando la red? Bueno… con todo lo que tengo yo aquí gratis, murmuré agobiado. Sin saber cómo, combiné sentencias y órdenes; necesitaba detener aquello; no había otra solución. Comencé a dar vueltas por la habitación. Con la luz apagada, los pantallazos del flas daban un poco de cosa; los pitidos se clavaban en las sienes. Encendí el foco del rincón y quité el volumen.

Pensando, pensando; recordé una teleserie porno. Ahí la poli, desde un programa virtual, detenía, también en Barcelona, a un individuo por mirón; informático como yo, y más o menos de mi edad. “Sospechoso. Sospechoso. Sospechoso” ahora entre admiraciones formadas por esposas metálicas y brillantes. -Ufff. Vaya situación más fea, me dije. No me considero un delincuente por hacer uso de algo que está ahí para usarse, y busca, como en esta peli, la divulgación de una ciudad preciosa-.

Me senté de nuevo, dispuesto a formatear el disco duro. Desde el teclado no podía acceder; continuaba bloqueado. El ratón, sin su luz roja habitual, no estaba operativo, tampoco el antiguo; el funciona bien pero no es tan cómodo. -Todo está intervenido-, murmuré asustado.

Tengo conocimientos suficientes para resolver esto-, dije sudando a chorro, y pulsando opciones y comandos. El mensaje no abandonaba en la pantalla. “Elegido.
Elegido. Elegido” me irritaba los ojos. Sus fogonazos de luz hacían llorar. Tampoco funcionaron los clínex de la mesa, los gasté en la cena hacía rato.

Mi desesperación y llorera fueron testigos. De repente, en perspectivas violentas, con música de serie de miedo y suspense, apareció en el fondo de la pantalla, multiplicado por cientos, el número de mi DNI, y mi foto; que una y otra vez guiñaba un ojo acusador -¿De verdad este tiempo he atentado contra los derechos de los autores? Si no tengo días de vacaciones para viajar; tengo que buscármelas desde la red-. Murmuré abatido al leer la larga lista de autores porno; y directores premiados incluso con Goyas y Oscar, que mostraba el nuevo mensaje, amenazador e intermitente como la cantidad. -Qué hago. Piensa, Juan piensa. Y pensé. -Ya está, solté aliviado; desenchufar; es lo mejor. Si preguntan, les digo que se fue la luz; así no pueden acusarme de falta de colaboración. –

Buscando el cordón del enchufe; descubrí un nuevo pantallazo: “Alerta. Has atentado contra todos los derechos de autor posible; tienes tres minutos, abona esta cantidad” La frase multiplicada por cientos se agrandaba al acercarse al centro de la pantalla, y se empequeñecía al desaparecer por los márgenes izquierdo y derecho.

Restregándome los ojos, el flas de luz fosforita y color acido, deslumbraba, pude leer un uno, seguido de cinco ceros; y pegados a los “Alerta, has atentado contra todos los derechos de autor posibles, tienes tres minutos, abona esta cantidad” de mayor tamaño.

Ufff. Ni Pascual ni Chema irían tan lejos; -esto no es cosa suya- dije alarmado. -La poli, es la poli; han hecho un barrido por las páginas de descargas porno y películas famosas, y me han pillado-. Lo pensaba convencido cuando el monitor se apagó solo. Ja,Ja, ja, satisfecho reí sin parar. Mi risa nerviosa no cesaba, ja,ja, ja; serán pringaos; no han podido con mis antivirus. Ja, ja, ja. Lo siento por la peli; la pelirroja tenia pinta de tirarse al final a dos tíos a la vez. A ver… si la termino y veo la Sala Hipóstila del Parque; por aquí la tendré apuntada, se llamaba…- Y busqué en el folio, sucio de pizza, dónde anoto los mejores títulos, y el nombre del director.

De pronto, me cegó la luz anaranjada que se adueñó del fondo mi pantalla; -ya estamos otra vez con jueguecitos- grité molesto. Una tras se desplegaban ante mis ojos las fotos de mi álbum familiar. Desde mi primer desnudo integral, en la pequeña bañera de casa, hasta las vacaciones en la playa; el reportaje de mi comunión, las excursiones del colegio; luego las del instituto; la feria de Sevilla, Las Fallas, Los Sanfermines. La excursión cuando aprobamos Selectividad. Mis dos viajes con Paquita, cuando era mi novia, a Mallorca.

El tercer curso, de Erasmus en Polonia; pasaba más completo que yo lo había subido a Facebook. De pronto se paró el reportaje fotográfico y la pantalla, de nuevo, pasó a ese maldito naranja acido; cegaba. Necesité apartar la vista y restregarme los ojos. –Me voy a acostar, esto se pasa de castaño a oscuro. No estoy en condiciones de aguantar flases-; con la alergia tengo los lagrimales como dos lijas. Me levanté.

Al retirar de la otra silla los restos de cena, sin quererlo miré a la computadora por el rabillo del ojo. Mi expediente académico, ¡desde primaria!, en números gigantes aparecía ante mis ojos, sobre ese fondo de color insoportable.

-¿Vas a pagar?- Preguntaban en la esquina derecha, también parpadeante y cegador, -¿Vas a pagar?- -¿Vas a pagar?- -¿Vas a pagar?- -¿Vas a pagar?- -¿Vas a pagar?- -¿Vas a pagar?- -¿Vas a pagar?-, se multiplicaba por la pantalla sobre mis notas, y asignaturas. En un segundo, súbitamente, palidecieron para dar protagonismo a un -¿Vas a pagar? Gigante. Y a mí foto de carnet.

Me trataban como a un depredador de la red; ponían precio a mi cabeza. -Esto no puede venir de mi propio gremio, dije convencido. Los informáticos no somos así… no espiamos… no chantajeamos…- Bueno. Sí, si lo hacemos. Y pensé rápidamente en las extorsiones que hace mi empresa a morosos con nuestros programas repletos de amenazas y plazos. Y en mi último encargo. Un paquete de órdenes, de lo más sofisticado, que hace desistir al más valiente; si abandonara el operador telefónico que contrató, sin saberlo, una fidelidad a prueba de bombas.

-Lo hacemos, vaya que sí. -. Dije entregándome a la evidencia; ahora yo era objetivo de alguien, o algo. -Lo debo aceptar, aunque se han pasado con la multa. Me quedan unos segundos. Y si esto sigue bloqueado; cómo voy a pagarles. Necesito instrucciones. – Entonces, por arte de magia, Las F1, F5, F8 y F10 encendieron su luz. La pantalla se regeneró. El gris de fondo volvía. Yo respiraba hondamente. Y el teclado escribía de nuevo.

Miré el reloj: -Qué ha pasado, cuatro o cinco minutos; se me hicieron eternos – dije a la computadora cómo esperando respuesta. De nuevo me fui a la página donde bajé la película, que no terminé de ver. Tecleaba del título, cuando un nuevo mensaje lo anuló. “Inserta tu número de cuenta, y espera”. Y esperé instrucciones. Ahora no sonaban alarmas. Tranquilamente, sin amenazas, me invitaban a esperar. No había pitidos, ni mensajes en Power Point. Solo una orden tras otra; aclaraba, paso por paso, los puntos importantes a rellenar. Mientras, pasaban una y otra vez, como un rodillo, ante mis ojos, mis datos personales y académicos en el lado derecho de la pantalla.

Fui al dormitorio a buscar la tarjeta que me indicaban, permite uso de saldo indefinido. Sin idea de dónde empezar a buscar, pensé en algún cajón. No estaba en ninguno. El tiempo volaba. -¡Vaya historia con la tarjeta!, murmuré y maldecí, la solicite para dármela con mis amigos y nunca la he usado, hasta ahora.

Si a un técnico cómo yo, le intervienen así el ordenador; es que detrás hay un verdadero equipo de investigación siguiendo a los consumidores de porno y cine bueno; calculando lo que he bajado, ufff cuanto deberé, por lo menos son diez años-. Crucé por el salón; -quizá la guardé con los puros de la última boda- dije al borde del ataque de nervios; solo quedaba un minuto, escaso, para hacer el ingreso.

De pronto en la pantalla vi encendida una luz, muy blanca, sobre la que se emitía: 40. 39, 38, 37, 36, El corazón me dio un vuelco. -Por favor esperen, por favor esperen-; atine a decir como si lo oyeran. Estaba atrapado. En el bolsillo del traje nuevo no la encontré; en el gris tampoco. 26, 25, 24, dejé de mirar los dígitos. Abrí la caja de puros y, ¡allí estaba!; la llevé a la boda de Matías para fardar.

Inserté la tarjeta bancaria. Me daban 18 segundos para ejecutar la operación; sino avisaban, pasado ese tiempo, saltarían a la luz, a través de mi correo y de todas las direcciones que frecuento en la red; incluidas las contraseñas, mis datos bancarios y personales. Eso era peor que estar arrestado.

Seguí los trámites titubeando. Era demasiado dinero. Todos los ahorros de duros años de trabajo. 14, 13, 12… -Por favor que se vaya la luz, pedí entre llantos de desesperación. Nunca ganaré esa cantidad. Viajaré de verdad; aunque sea cerca de donde estoy.

Los tiempos han cambiado, apenas si pagan los trabajos; esto no está valorado-. 9, 8, 7. -Sudor y más sudor, me ha costado ese dinero. Y si cierro la página- .4, 3. Guau, guau, guau. Era mi perro jugando con el cable del ordenador, guau, guau, guau, fue lo último que escuché antes de desaparecer la luz del monitor -¡Lo has apagado, maldita sea! Le vociferé histérico no sé cuántas veces. Y ahora qué hago. Ya ha pasado el tiempo; mis datos están circulando por la red; voy a ser el hazmerreír de todo el mundo ¡Vete y déjame en paz!-, grité, una y otra vez, a Curro.

Con el rabo entre las patas salió del salón. Estaba tan agotado que decidí quedarme un rato en el sofá; con tanta tensión en la cabeza, no cogería el sueño. Antes de sentarme bebí agua, la voz no me llegaba a su tono; tenía garganta estaba reseca. Hice respiraciones, como cuando corro por el parque; y recobré algo de  resuello. Mis ojos eran platos y los oídos altavoces; cualquier ruido de la calle lo registraba al instante, tensionándome. Eché un vistazo a la dichosa tarjeta; cuando me dispuse a rajarla, con las tijeras del papel, la fecha de caducidad brilló como un relámpago ¡Estaba caducada! Tenía la tarjeta caducada sin saberlo. -Ja. Ja. Ja. Ja. -Menudo plan de pardillos.- Murmuré sin saber por qué.

Tomé el mando y puse la tele pequeña. –Habrá futbol, dije convencido por la hora, o alguna chorrada. Necesitaba cerrar los ojos. Estaba rabioso con el escozor de los lagrimales; intenté aislarme de la poca luz del rincón.

Última hora. Avance informativo. Última hora. Avance informativo. Avance informativo. Escuché adormilado. Última hora. Avance informativo. Me sobresalté. Avance informativo. Puse atención. Avance informativo. Última hora. Abrí los ojos.

“Desde hace dos horas, El Banco Nacional ha sido tomado por una banda de extorsionadores. Se informa que desde su sistema informático bloqueado, emiten el virus más potente del momento a través de la red, a usuarios   de páginas diversas, artículos de venta y alquiler; También lo ejecutan con la adquisición de complementos, música, películas etc… Se calculan por miles los afectados, y por millones las cantidades sustraídas”.

MI próximo viaje lo hago por el estanque del retiro.

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