Se obró el milagro. Autor: Carlos Sancho Gañarul

Hacia mas de veinte años que no viajaba a esa ciudad. Tenía vagos recuerdos de donde se encontraba ese pequeño restaurante en el que hacía años había sido tan feliz. De repente a lo lejos vio un rotulo que le resulto familiar, se acerco y comprobó que era el lugar que andaba buscando.

Entro y respiro tranquilo al ver que todo seguía igual, que no habían caído victima de las modas. El mismo aspecto elegante, la luz tamizada por pantallas de tela, el mobiliario cuidado y sobrio.

Se sentó en una mesa y espero pensando en sus cosas.

A lo lejos el barman reconoció esa cara. Habían pasado años y se notaba el surco del paso del tiempo, pero supo al momento quien era.

Recordó como durante varias noches de hace ya muchos años mantuvieron maravillosas conversaciones acerca de viajes, de sueños y de lugares por descubrir. También se acordó que se trataba de una persona llena de vitalidad y entusiasmo.

Ahora en cambio parecía alguien distinto, denotaba tristeza y melancolía.

De este modo decidió intentar algo, se trataba de una locura pero quería ver la reacción. El barman llamo al camarero de sala y le tendió un mojito recién preparado para que le sirviera al nuevo cliente. Este al recibirlo, lo probo al instante y su mente empezó a volar muy lejos de ese pequeño restaurante. Recordó esa vieja ciudad que es la Habana, con sus edificios semiderruidos pero que tras ese aspecto decrepito rebosan belleza. Se vio paseando por el Malecón, y tomando un mojito en la Bodeguita del Medio antes de comer un arroz con frijoles. En ese momento esbozo una sonrisa.

El barman se percato de la situación y corrió hacia su coctelera para preparar otro combinado. Cogió diferentes botellas ( prosecco, agua efervescente, campari, etc ) y al momento tenía en un vaso un refrescante “ Spritz “, aperitivo típico de la zona del Veneto. Se lo entrego al camarero y ordeno que lo llevase a la mesa de su apreciado cliente.

El parroquiano sorprendido tomo el vaso y volvió a bailar con los recuerdos. Recordó los fabulosos paseos por las recónditas calles de Venecia, las mágicas noches de la ciudad del agua. Le vino a la memoria la explicación de un guía de la ciudad que le hizo apreciar que Venecia era como una dama muy vieja y mayor, por eso la iluminaban de manera muy tenue y nunca de forma directa, ya que sino se verían las marcas del paso del tiempo. Ese pensamiento le hizo esbozar una amplia sonrisa.

Así continuo la velada. Entre el barman y el cocinero consiguieron trasladar la mente del cliente a los más recónditos lugares de nuestro amplio mundo. Por la mesa deambularon platos de degustación como las arepas colombianas, el sushi japonés, los tacos mexicanos, el ceviche típico peruano, hasta la famosa paella española. Todo acompañado de bebidas como los vinos franceses y españoles y rematado con una grappa italiana para intentar aligerar el banquete.

El cliente estaba feliz y contento. En ese instante el barman decidió aproximarse a la mesa. Estaba convencido de que había obrado el milagro de conseguir arrancar de la soledad y de la tristeza a su viejo amigo. El cliente lo reconoció al instante y le agradeció la velada que le había prestado. En ese mismo momento volvió a quedarse pensativo y el barman le pregunto:

¿ En qué piensa buen amigo ?

El sonrió, y contesto: “ En que pienso pasar lo que me queda de vida viajando y soñando “.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s