El Milagro. Autor: Zully García

En una de tantas idas y venidas,(Viviendo en dos lugares por esas extrañas cosas de la vida) nos pasó algo realmente increíble , Veníamos con un Casal de gatos siameses enfermos y corrían el peligro de morir así que con el diagnóstico y tratamiento nos los llevamos de (Atlántida “casa uno” a Treinta y Tres “casa dos”) la gata “Ceniza” era la que estaba más delicada y la traía en la falda mientras que al “Malbi” lo habíamos puesto en un cajón de plástico con tapa, sobre el asiento trasero, la otra mitad del asiento como siempre los canes (La Yari y el Ivo), hicimos todo el trayecto sin parar hasta José Pedro Varela, para que no se cansaran demasiado, y justo ahí cuando íbamos a cruzar el puente , ese mismo puente que está en reforma desde que nos mudamos, (Estaban levantando media calzada y la que quedaba era muy estrecha , le habían puesto semáforos en sus dos márgenes para facilitar el paso) No sabemos cómo,(Rumores de que se quedó sin frenos) un ómnibus chocó de frente en el medio con un camión, no se entiende como se largaron los dos siendo que apenas hay paso para uno, varios heridos ,muchas ambulancias, realmente lamentable.

Pero el punto es que nosotros a 31 kilómetros de nuestra meta, no sabíamos por dónde pasar, temíamos que Ceniza no resistiera.

El GPS no nos daba una ruta cercana, entonces sacamos nuestro muy consultado mapa, para ver por donde había una pasada, y resulta que teníamos que volver atrás y tomar la ruta 14, que nos llevaría a otras rutas y finalmente terminaríamos en la Charqueada, pasando el Cebollati en balsa, en el punto donde es frontera con Rocha, muy lejos de ahí (Este Río lo cruzamos en diferentes lugares varias veces)

Le dije a Williams,- Pregúntale a la caminera si demoran en sacar los vehículos chocados. El buen hombre le dice muy amable.

-Ve ese camino de tierra, bueno, unas cuadras más allá hay un paso por encima del Arroyo Corrales (El mismo donde pasa el puente del accidente en cuestión), pero apúrese que están pasando muchos camiones y en un rato más no va a poder pasar nadie.

Bueno, no quedaba otra que largarse por ese pequeño sendero de tierra sinuosa y con grandes charcos de agua lodosa , íbamos lentamente atrás de otros vehículos mientras observábamos que si queríamos volver atrás era imposible, pues nos empantanaríamos y además, nos cruzábamos peligrosamente con enormes camiones con zorra, no sé cuántas ruedas pero supongo que ninguno menos de dieciocho, que además veíamos que una gran máquina, con una cadena arrastraba para ayudarlos a pasar, nos detuvimos cuatro vehículos antes del supuesto puente esperando que pasaran los que venían de frente.

Uno venía con una carga peligrosísima de madera que se inclinaba sobre nosotros, por lo espantoso del camino.

Vi como el de adelante abrió la puerta de su Fiat fiorino y salió corriendo por miedo a ser aplastado, nos miramos con Williams y observamos nuestra situación , yo con una gata moribunda en mis brazos , atrás la Yari y el Ivo (Perros) y lo peor el gato Malbi, en una caja con seguridad, cómo podíamos bajar con todo eso, sin que tuviéramos una estampida de nuestras mascotas, por la selva nativa circundante , no los encontraríamos nunca más, ante eso nos quedamos quietitos sin respirar al paso del monstruo maderero. Y después de esperar y ver que a la vuelta del recodo donde supuestamente debía estar ese puente, imaginábamos pequeño y en mal estado y con el agua pasándole “Casi” por arriba.

Por fin nos dieron el paso a los que íbamos hacía el noreste, pasó un camión y ahí en ese instante aun teníamos dos vehículos delante, justo ahí; visualizamos el tal puente… ¡Caramba!… Lo primero que vi a la izquierda fue un dique de unos… calculo 70 centímetros de alto y el arroyo saltando por encima, y un poquito más atrás una gran represa que ignoraba la situación y no contenía todo lo deseado su caudal.

Sigo la mirada y ¡¡¡¡Hay mi Dios!!!! (Se me detuvo la respiración)… ¡No existía ningún puente!!!!

En ese momento pasaba una Peuyot por supuesto pasó, atrás la Fiorino, que dicho sea de paso aceleró para pasar y pudo terminar contra el puente accidentado, varias cuadras a su costado por imprudente

Williams lentamente y en primera pasó con nuestro Hyundai, que es tan bajo, que le falta una materia para recibirse de auto de carreras.

Y yo abrazada a mi gata, sin respirar ni emitir un sonido… hasta llegar al otro lado. No podíamos creer la aventura que vivimos sin siquiera proponérnosla. Al otro día todavía seguía atascado el puente y el paso que vivimos personalmente había colapsado y se contaban cientos de rodados de cada lado esperando una solución.

Lo bueno que al llegar a casa ese día, angustiados por nuestros mininos, escuchamos mientras bajábamos las cosas del auto, golpear las manos, y veo a un hombre que había conocido hacia unos meses, quien me dijo era un chamán indígena, aunque él no lo era (Digo…no era indígena) chaman no me quedo dudas de que sí.

-¿Señora, usted me está necesitando?

-¡Oh… pero a usted quien me lo mando! …Y el hombre con una tranquilidad poco vista, me trató a los gatos con unos rituales parecidos a un Reiki (pero solos parecidos) y los gatitos se pusieron a comer y a curiosear por la casa que aún no conocían.

Al despedir al extraño hombre una mariposa blanca entro a nuestro porche y se detuvo un rato allí como dándonos una señal. Un Milagro se había dado.

 

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