Cuatro horas. Autor: Mª del Rosario Val Gracia

Tan solo diez minutos y mi tren partiría. Los escasos metros que me separaban del andén me parecieron miles, las ruedecitas de mi maleta apenas tocaban suelo y fieles a mis pies volaban raudas en busca de un supersónico tren que pretendía salir sin mí. Jamás uno, me había dejado en tierra, mi abuela decía que era un don que yo tenía… “llegar a tiempo donde crees que tienes que estar”. Y aunque cada viaje repitiese la misma cantinela: “la próxima vez vendré con más tiempo, me tomaré un café, visitaré esas llamativas tiendas”, ¿no era ya momento de admitir, que yo agotaba hasta el último minuto de todas mis idas y venidas?

Sentada ya, comprobé que haría un viaje sin acompañante. Dispondría de cuatro largas horas para adentrarme en mi nuevo libro “El mar” y descubrir si, tan cálido y profundo, como el que me había visto crecer. Un suave y entrecortado sollozo me distrajo, levanté la vista y al otro lado del pasillo unos ojos claros se me quedaron mirando… “¿por qué lloras?”, me pudo la curiosidad.

Sin respuesta alguna, apartó su mirada, pero cada surco de su cara delataba el ir y venir de sus adentros.

El mar, volvió a empaparme, el vaivén del tren mecía sus apasionantes letras.

De nuevo, el conocido llanto me devolvió al moderno vagón. Giré la cabeza y una vez más los cristalinos ojos se fijaron en los míos. Sostuve su mirada, hasta que ella se levantó, con timidez se sentó a mi lado, “¿crees que podrías entenderme?”. Su pregunta me desconcertó, no era ayuda lo que pedía, “claro, le contesté, tengo dos hijos y lo intento todos los días de sus vidas”.

El tren avanzaba, como la inmensa tristeza de la joven. Hablaba de intolerancia, de solapadas respuestas a una verdad jamás admitida. Recordaba, cuánto le costó huir de su atavismo, de su gente, romper con las ataduras de una cultura que le impedían ser… hasta encontrarse con una maravillosa libertad inexistente y desconocida hasta entonces. Repentinamente, una rosada sonrisa pintó su rostro, acariciaba el nombre grabado en una medalla de oro, cuya cadena, colgaba de su cuello entrelazándose en sus dedos…

“Con ella aprendí que esperar y que te esperen es compartir. Por ella abandoné mi país y con ella empezó la vida. Junto a ella descubrí que ya no me daba miedo sentir, estremecerme”

Rememoraba sus afortunados días cuando súbitamente deslió de sus dedos la cadena y la medalla con su nombre, cayeron al suelo. De nuevo sus ojos volvieron a colmar su ánimo, “ huyo de nuevo, de todo lo que me recuerda a ella, del sol, del aire, del mar…”. Tras un silencio amargo y lento, el dolor, ahora desánimo, se tornó más afligido, desgarrador, “ha vuelto con su marido, a seguir viviendo un amor de mentira y por supuesto, más rentable que el mío… quiero acabar con todo, sin ella la vida no sabe, no huele, no soy, no quiero seguir, ¿para qué?”.

Sus últimas palabras me sobresaltaron, pero respiré tranquilidad, cogí su mano…

“Existen otros mares, otros cielos, mira ese sol, él amanece cada día por ti, y también para alguien que te espera, que quiere conocerte, estoy segura, ahí afuera hay un nuevo corazón que anhela inspirarse en ti”.

Los minutos se detuvieron en su mirada, brillante, pero ausente y quieta. De pronto, noté en ella otro destello, ya no de lágrimas…

Viajamos en silencio, nuestras manos, aún unidas, eran el mejor presagio, el de una promesa; seguir.

No nos presentamos, dos nombres son solo nombres.

No nos despedimos.

Jamás sabremos la una de la otra, pero atesoraremos, siempre, el tacto de nuestra piel, el color de nuestra voz.

Tan solo bastaron cuatro horas para hacernos eternas

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s