Dos viajeros en el país del sol áureo. Autor: Miquer Alberto Rivera Santiváñez

Había empezado Junio y me hallaba desayunando en plena selva virgen, cuando sonó el teléfono transportable.

–Profesor Marshall, ha llegado a su buzón un sobre procedente del extranjero –avisó el inquilino encargado.

–Por favor necesito el escaneado del sobre, para saber la procedencia, luego lo pones en mi correo electrónico –indiqué.

En ese momento una serie de recuerdos se agolparon en mi mente, con las remembranzas de un hijo distante, quién debió crecer alejado, para estudiar en otra parte del mundo. Y mientras rememoraba, llegaron a mi mente las imágenes de mis primeros contactos con instituciones extranjeras; destacando de inmediato los interesantes proyectos de una institución que se ocupó de financiar mis estudios. Años después, habiéndome identificado con su ideal futurista para mejorar la esencia del ser humano desde una visión real fantástica, pasé a integrar sus filas.

Ya se vislumbraba la noche cuando me puse a revisar mi correo. Un raro sobresalto sacudió mi ser al constatar por la pantalla del celular la confirmación de mi sospecha. Después de largos años de no haber tenido contacto, la Fundación Spacegenomic Rh∞ renovaba los lazos.  Luego de un lapso, con el entusiasmo del investigador que no retrocede, decidí retornar a Lima por la mañana. Después de un apurado traslado en avión, tomé un vehículo hacia la serranía donde mi grupo tiene su centro de operaciones. Ya era de noche cuando bajé del transporte, y entré a mi estudio a leer la carta.

–“Estimado Prof. Marshall, esperamos que usted acepte nuestra invitación y así pueda conocer a su nieto” –había escrito el director sicopedagógico.

–¡Un nieto! –dije con una mezcla de asombro y alegría.

El mensaje del especialista despertó recuerdos que se habían dormido durante años respecto de un hijo, cuyo nacimiento fue resultado del avance científico programado; lo cual fue un hecho sin precedentes en la historia médica. Pero luego, debido al programa de la fundación, él fue tomado a cargo por sus especialistas. Por lo tanto, para nuestra fortuna, los costos de sus estudios fueron pagados por la fundación. No puedo negar que la carta recibida encerraba un recado directo al corazón y el sentido familiar. Antes de acostarme, recordé las figuras de incontables personas que asisten con sus niños a la iglesia o al colegio confiando que irán por buenos caminos, muchas veces sin presentir lo futuro. Para ellos mi vida era un completo misterio, por lo que llegaron a opinar.

–Parece que tú no tienes familia, te vemos “solo, igual que un lobo estepario”.

Naturalmente no les pude contar detalles de mis sueños. Para mí también fue duro aceptar la distancia, pero el consuelo radicaba en el alto sentido de servicio humano del proyecto y en su madre. Y aunque con ella tampoco existió el normal proceso del enamoramiento, noviazgo y matrimonio, algo en común nos alentaba: ser integrantes becados por Spacegenomic Rh∞. Ella igual que yo, ambicionó un amor evolutivo más que la continuidad de antiguas costumbres; por eso lo nuestro resultó una elección de las computadoras y, cuando llegó el momento permitimos trabajos de laboratorio. Ciertamente, ambos pertenecemos al biotipo que sueña la vida con otro estilo, sin embargo nos emocionamos esperando los resultados. Es entendible que ambos abrazamos a nuestro hijo en su nacimiento, lo mismo que los científicos. Por otro lado, es bueno saber que Spacegenomic Rh∞ solo pide que los padres se dediquen con cariño a la producción novedosa, y el resto es cosa empresarial. Solo faltaba explicar que mi deber de hijo hizo alejarme temporalmente del proyecto, por la urgencia de ayudar a mi madre anciana.

Había divagado en las remembranzas durante buen tiempo, dejando de lado otros quehaceres y, estando cerca el tiempo de cenar, acepté la invitación cual parte del trayecto de mi vida y me alisté para viajar. Al día siguiente, después de un nutritivo desayuno, retorné a Lima, para tomar un avión de medianoche.

Después de quince horas de vuelo, el avión descendió en un aeropuerto centro europeo. Desde allí otro vehículo de la fundación me llevó a la residencia enclavada en una zona montañosa, donde el aire se torna limpio y las coníferas dominan los cerros, haciendo que las villas parezcan islotes. Por zonas donde se puede ganar más luz, brillaban los paneles solares y en lo más alto las turbinas eólicas mostraban sus formas. Era claro que me hallaba dentro del corazón del proyecto. Por todo el ambiente se podía respirar la iniciativa de futurista, donde cada persona estudia y trabaja para que la Tierra sea el Paraíso. Esa noche, después de pasearme por los jardines transgénicos, observé en sus productos los resultados del más elevado sentido artístico; y aunque sus frutos me provocaban, debí contentarme con solo el gozo estético por tratarse de obras de arte. Cuando me alisté para dormir, hallé un programa con música del espacio sideral, transformado mediante sintetizadores a unas sonatas de alto poder relajante y curativo. Al quedarme dormido me vi rodeado por el futuro.

Por la mañana, mientras el Sol asomaba entre unas colinas, vi un mensaje.

–Tenga usted lindo día, el desayuno está listo, a las nueve de la mañana empezará la ceremonia –señalaba un escrito en la pantalla.

A su tiempo, iniciado el acto, nuevamente la emoción se apropió de mí al entonar el himno de los voluntarios del plan Spacegenomic Rh∞. Luego de algunos discursos se presentó a la nueva promoción del bachillerato. Poco después comenzaron a otorgar las medallas, entonces conocí al ser que motivó el viaje.

–Damas y caballeros, ahora tenemos al ganador del evento en su clase: Lehnor Marshall nieto de nuestro invitado profesor Berthodt Marshall. Lehnor ha conseguido un viaje vacacional en el Perú, totalmente pagado para dos personas durante un mes.

Aunque Lehnor no mostraba en su aspecto los rasgos de su madre o míos, debido a los trabajos de la fundación antes de su nacimiento, no podía dudar que la esencia de la familia continuaba con mucha ganancia.

–Me alegro que hayas venido –me dijo él en buen español, agregando después –estoy informado sobre ti por medio de las publicaciones que haces.

–Así sucede, tus padres están en otros países, pero yo estoy aquí –respondí.

Habiendo recibido Lehnor sus vacunas del caso, y con un documento especial, emprendimos el viaje.

Para Lehnor a sus quince años de edad, un viaje largo significaba la concretización de sus anhelos. Él en ese momento era la vida de sus padres, el orgullo de la fundación, y para mí la felicidad. Sin embargo, al llegar a Lima causó gran sorpresa de mis vecinos y familiares. Al poco tiempo, según lo programado, emprendimos el viaje turístico al estilo de los exploradores. Mi deber decía que sus condiciones físicas de Lehnor estaban listas para las caminatas entre los cerros. Así, llevando cada uno su mochila llegamos a la ciudad del Cusco, hospedándonos luego en una residencia de construcción incaica.

–Parece que nos hallásemos en otra época –dijo él.

Poco a poco Lehnor se acostumbró a conversar con lugareños, interesado en comprender la idiosincrasia popular, sobre todo en los tiempos festivos; cuando la Fiesta del Intiraymi atrae aplausos y Machupicchu es el ombligo del mundo.

– ¿Es verdad que los Incas adoraron al Sol? –interrogó.

–No, el representante del sumo sacerdote propagó la enseñanza del único Dios y sus mandamientos. Para las grandes masas: no robar, no mentir y no mantener la ociosidad resultaron los fundamentos de la práctica moral; pero muchos pueblos colindantes no dejaron fácilmente sus enraizados hábitos, menos comprendieron los conceptos abstractos que manejaron los sabios del incanato. Por ejemplo, los incas tuvieron museos donde se mostraban las obras de arte de otras culturas para estudiarlas, sin embargo tales trabajos significativos resultaron botín de rapiña. Mucho se ha tergiversado al respecto.

En la zona conocida por Sacsayhuamán, otra vez intervino Lehnor.

–Mi asombro es mayor al ver estas construcciones, y superan a las de Machu Picchu. ¿Qué sabes al respecto? –preguntó él nuevamente.

–Mi abuelo me avisó del sabio ingeniero llamado Illapa, y sus conocimientos. La gente sencilla le convirtió en un símbolo: el héroe del rayo. En esa época la identificación del fenómeno eléctrico y el poder de tal ingeniero fueron uno. Él fue un artífice arquitecto y taumaturgo, general de una orden imperial. Sus conocimientos llegaron a nuestro antiguo familiar también monje arquitecto, quien dijo que los constructores fueron prohibidos de ir a la guerra, y cada rama especializada tenía un símbolo en su escudo, o en la obra. Por ejemplo la serpiente representaba la firma de la orden del rayo dirigida por Illapa. No debes de olvidar que el Sumo Sacerdote era el cerebro jefe de los sabios del incanato, que junto a Illapa construyeron su centro ceremonial en lo que llaman Sacsayhuamán. Debes saber que la visión inca supera en mucho lo que hasta ahora se ha difundido. El diseño de Sacsayhuamán es para verlo desde lo alto, desde un avión, y apreciar que ilustra una descarga eléctrica, es decir un rayo fenomenal. En otras palabras este monumento arquitectónico fue dedicado por el artífice del corte pétreo, maestro de la cantería incaica y antiguo alquimista de los Andes, al verdadero Creador que observa desde muy alto, desde el espacio sideral–respondí.

Estando en Machupicchu, Lehnor imaginó la época del esplendor incaico.

–Seguramente aquí residieron personas muy importantes –afirmó.

–Efectivamente. Aquí estuvieron los pensadores seleccionados y las nobles más bellas de la sociedad, dedicadas al culto de la inteligencia; también residió el Willac Umo, sumo sacerdote, verdadero cerebro moral–contesté.

A la mañana siguiente viajamos a la zona de Moray, y ambos nos abrazamos porque admiramos el talento investigador de los incas para mejorar la calidad y variedad biológica de ciertos productos; es decir fueron verdaderos pioneros del futuro. Moray en sus inicios tuvo cráteres como resultados de caídas múltiples de meteoritos, que dieron lugar a modificaciones del estado biológico en el entorno. Cuando los incas llegaron y estudiaron las diferencias según se alejaban del centro, comprendieron que podían experimentar mediante plantaciones bien administradas. Pasando los años, Moray fue un área de acceso restringido, explicándose a los profanos con el rango de terreno sagrado. Durante el incanato existieron muchos lugares que no fueron permitidos al común, lo mismo que sus centros religiosos importantes fueron visitados solamente por personas seleccionadas e iniciadas en su religión secreta. Se llegó a tal punto de hermetismo entre los mismos familiares, pudiendo tener acceso a los templos de misterios escogidos jefes de las órdenes incas, que habían pronunciado sus votos en los laberintos de Kenko. Naturalmente comprenderás que, antes al igual que por estos días, las investigaciones requirieron de un ambiente propicio, y a veces de sacrificios, por causa de accidentes o errores. Han llegado noticias que por Moray no solamente probaron modificar ejemplares agrarios, también experimentaron con animales, sin tener en cuenta que los mismos ingenieros del proyecto recibirían modificaciones impredecibles, dando paso a ciertos monstruos que pasaron a la clandestinidad en la selva, al mismo tiempo que aparecieron verdaderos genios que llevaron al extraño desarrollo incaico, asombro del mundo.

Unos días después, satisfecho de que mi nieto visitara el Perú admirable, le llevé de regreso al aeropuerto, para retornar al centro de operaciones de Spacegenomic Rh∞ en los Alpes. Habiendo transcurrido dos meses de tareas en el corazón de la fundación y presentado ante otros especialistas el resultado de mis trabajos, retorné a mis labores cotidianas en plena selva del Amazonas.

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