Rio Mundo. Autor: Ascensión Núñez

Era verano, de aquellos primeros años del resto de la vida, nuestro sueño viajar, lejos o cerca no importaba, todo estaba por ver, lo lejano, quedaba demasiado lejos, había que comenzar por las carreteras y lugares a los que nuestros medios y posibilidades nos pudieran llevar.

Aquel verano nos adentramos en la Sierra de Alcaraz, en tierras de La Mancha atravesando áridas tierras y llanuras lineales, hasta llegar al nacimiento del Rio Mundo.

Desde lo más alto de la quebrada montaña, la línea blanca de la cascada llamaba la atención haciendo que la mirada buscara en lo más alto para ver de donde brotaba el agua,

Seguimos el sendero, estrecho zigzagueando por la ladera empinada, con la intención de llegar a lo más alto.

¡Demasiado sendero! ¡Demasiada prisa!, a mi esposo se le ocurrió la brillante idea de atajar la escalada y subir en vertical, ya desde muy alto, se divisaba en lo profundo de la cascada a los caminantes como diminutas hormiguitas.

En un sendero de apenas medio metro y en aquella más que empinada ladera, el vértigo se dejaba sentir, pero sin dudar allí me encaramé en una pared de piedra vertical a la que mis piernas y brazos se aferraban, mal equipada con chanclas de goma, vestido veraniego que no cedía con las zancadas, y de pronto me vi, sin poder continuar la ascensión, sin poder retroceder, las manos se resbalaban, los pies soltaron las chanclas, comenzaron a temblarme las piernas, los dedos de las manos se engarrotaban, creía que de un momento a otro caería al vacio, de mi garganta no podía salir ni un ¡auxilioooooo…!.

Aquellos minutos se hicieron eternos, por el sendero los “humanos prudentes”, en fila india, pasito a pasito subían y bajaban y escuché como una señora le decía a su esposo: “hay que ver estos jóvenes que atrevidos”, quise decir un “ayúdenme”, pero prosiguieron su descenso y yo allí calibrando posibilidades, mientras se alejaban y desaparecían tras la siguiente curva.

Mi esposo retrocedió y me animaba a continuar, pero solo dije, “no puedo, no puedo”, alargó desde el camino de arriba el brazo sujetándose en una estaca clavada en el camino y con un impulso a la desesperada, como nunca, subí, Dios sabe como al sendero de arriba.

Miré por un momento inspeccionando la situación, las posibilidades, el paisaje era excepcional, de pronto un escalofrío recorrió mi espalda, ensordeció la cascada, el viento se paró y creí, por un instante, haber vuelto a nacer.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s