Sinsabores en una montaña. Autor: Claudio Bellouh Ardoy

La montaña era inmensa, de ebúrnea piedra. Alta, en escarpe. Parecía peligrosa. Y había que escalarla. No quedaba otro remedio que comenzar a subir. Los primeros pasos, tambaleante y todavía sin fuerzas, le marcaron algunas caídas. Pero siguió avante.

Los primeros tres o cuatro kilómetros, le presentaron un camino plano, solo con algunas piedras. Luego comenzó el estudio del terreno. Debía hacerlo en tres etapas. La primera y la segunda eran obligatorias. Una tercera, era opcional. Pero de esa precisamente dependía que el futuro fuera más promisorio para la llegada a destino.

El segundo tramo, luego del primer estudio, le despertó los primeros escozores. Se le confundían las ideas. Todo era ímpetu. Predominaban los sentimientos más que la razón para elegir los senderos. Sus pasos eran apresurados. Quería beberse todos los vientos. Todo era subir y subir. Comenzó a sentir sensaciones que le hacían desear un encuentro con alguien del sexo opuesto.

Llegó la etapa en la que debía descubrir la esencia del ascenso. La primera escalada había surgido como algo espontáneo. Sin embargo ahora, la subida no respondía a una evolución mecánica y natural. Encontraba a cada paso elementos indeseables que era imprescindible destruir. Era necesario despojar el camino de una maraña que se presentaba en forma de sentimientos encontrados y entorpecían la marcha. Se desarrollaba su ego. Que tomaba en esos pasos, todos los vicios y mañas, para hacerse del camino más ventajoso. Debía matar el yo para que hacer resplandecer la Esencia. La única que confiere los preciosos sentidos de la perfección. Si no reducía a cenizas la crueldad monstruosa que lo atormentaba, la perdería como polvareda cósmica.

Era el preciso momento en que no debía errar al tomar las bifurcaciones. Se le presentaban numerosas opciones. Se equivocó muchas veces. No sabía que  todos caminos lo llevaban al mismo sitio. Nunca se tomó momentos de esperas, jamás le tuvo miedo al peligro, siempre presente, latente aunque no lo viera. Tampoco le temía a lo que se desarrollaba en su interior, en silencio. El animal más peligroso.

La cotidianeidad, lo distraía, le hacía perder el ritmo y la noción del camino real que debía tomar. Debía sucumbir a la conciencia. Pensamientos y creencias nacen de ese único refugio que da el crecimiento interior. A esas alturas era necesario saber que era y lo que estaba haciendo. Si no ponía atención perdería la vida. Pululaban animales salvajes y no eran pocos los senderos peligrosos o sin salida.

Pasaban los días. Y necesitaba de toda la atención para vivir de verdad, atento a los miedos.  Luchar contra las emociones más bajas. Hacerles frente con todo su valor. Si no, vería reducir su calidad como persona. La disolución del miedo es el principio de la atención. Se imponía liberarse del miedo, pero antes tenía que aprender a concentrarse. Pero ello requería conocer sus causas. No todas eran externas. La mayoría las llevaba en su interior.

Si lograba disipar esa crispación, la consciencia abarcaría sus horizontes. Volvería a estar en su cuerpo para vivir el aquí y ahora.

Se levantó una suave brisa y aspiró profundamente los olores embriagadores de ese maravilloso momento. Tomo la decisión disfrutar de aquel instante y no pensar en otra cosa.  Gozar de la paz y por primera vez, disfrutar de la intensa sensación de existir. Sentir con profundidad.

La luz del sol filtrándose a través de los árboles, los pájaros volando de rama en rama. Dejó de preocuparse por un pasado que no podía cambiar y por un futuro que aún no había llegado. Y supo que el milagro no consiste en caminar sobre las aguas, sino en caminar sobre la tierra en el momento presente.

Se internó en el secreto de la felicidad. Que es desear lo que se tiene. La vida corriente es rica y profunda. Es suficiente por sí misma. La capacidad de estar y presenciar todo lo que ocurre en el instante presente, es el comienzo de una iluminación a la que no todos llegan.

¿Por qué uno tarda tanto en advertir que lo que tiene es bueno? La Tierra no es el planeta del placer, hay que saber hacerlo placentero. La vida corriente siempre ha sido bella, misteriosa y grandiosa. Y siempre lo será. Se puede encontrar felicidad en los detalles más pequeños de la rutina diaria. Encontrar el camino es fácil, lo difícil es seguirlo.

Pero él siempre quiso estar un paso adelante. Sin postergar decisiones, comiéndose el futuro.

Llegando a la cima, se detuvo a la sombra de un añoso árbol. Se sentó y comenzó a pensar en el trayecto hecho. De pronto, escuchó una voz. “¡Ah… Estás viejo y cansado! – le decía su corazón – no interrumpas tu paso ligero. Afloja la marcha si quieres, pero no te detengas. ¿Que ya no puedes? Caramba, recién caigo en la cuenta de lo mucho que has andado. ¡Vaya que disfrutaste! ¿Te acuerdas de cuantas mujeres conociste en el camino? Rubias, morochas y pelirrojas. ¿Qué dices, hubo también alguna castaña?  No me acuerdo. Lo que sí me acuerdo es que en algunas ocasiones latía más aprisa, pero tú siempre hacías caso omiso y continuabas en el engaño. No te diste descanso. Ni en los peores momentos. Cuantas más piedras aparecían, más te animabas. Tú insistías en seguir el camino fácil, yo quería que fueras honesto y sobre todo, que no traicionaras tu esencia. Pero… Aquí estamos. Falta el último repecho. No vas a abandonar ahora”.

Sin embargo, el hombre estaba entregado. Se sentía fatigado, sin fuerzas. Continuaba con la mirada perdida. En su interés por llegar como sea, había atropellado todo aquello que entorpeciera sus pasos.

“¡Vamos, que nunca te abandoné!” Continuó su corazón. “En algún momento tuve una discusión muy dura con el tipo de arriba. El que te ordenaba todo el día. Poniéndote ideas mezquinas por todo el cuerpo. El cerebro, sinónimo de racionalidad. Yo defiendo la fe, el instinto, la fantasía, los sueños. El otro, la cosa fría del pensamiento. Es propio de la naturaleza humana desear siempre un poco más. Tú escalaste lleno de ambiciones. Un poco más decías y tendré suficiente. El problema es que siempre querías un poco más. Cuando lo conseguías, no eras más feliz, seguías con tus ambiciones desmedidas. Debes saber que cuanto más quiere el hombre solo consigue odio, disgustos, incursionará en el delito, desatará guerras y contribuirá a la destrucción del planeta. Es el peor tipo de depredación que puede cometer el ser humano”.

“Nunca le pedí rebaja a la vida querido corazón – contestó el hombre -. No te quedó más remedio que seguir latiendo, pero no te sentía. A poco de comenzar, hice de esta subida un traje a medida. Acorté por aquí y achiqué por allá. Mentí, manipulé y engañé a cuantos encontré a mi paso. Agregué kilómetros para ganar ventaja, muchos kilómetros, no fuera ser que me faltaran cuando la ocasión lo ameritara. No sufrí privaciones en mi camino, sin embargo mis carencias son grandes. Me hubiera gustado tener una compañera de viaje, pero en mi egoísmo quise para mí solo todas las riquezas que la montaña me ofrecía. No pude gozar de una amistad sincera. Sembré mi camino de mentiras, envidias, maledicencias, calumnias, lujuria, engaños, ideas codiciosas y otras abominaciones. Escalé solo para conseguir prosperidad y admiración. Nunca amor. Y siento que el problema no es el futuro, si no el próximo paso. Cuando se intuye que será el último. Cuando se vislumbra el final…Ya es tarde. Aprendí que todo lo que sube, indefectiblemente tiene que bajar. Me queda solo rodar cuesta abajo. Hoy entiendo que pasarse la vida luchando por conseguir placeres mundanos, es una tontería. Cuantos más placeres se obtienen, más se desean. Pronto pierden su capacidad de agradar y deben ser sustituidos por otros más intensos y más exóticos. Ahora sí, me siento desfallecer, me hace falta tu vigor. Ah…corazón, tu no necesitas de aventuras, ni locas carreras. En la vital sabiduría de sístole y diástole que Dios te ha otorgado, siempre conservas el ritmo. Cuando lo pierdes, la culpa es de tu envoltura. ¡Qué cansancio! Me abandonan las fuerzas…”

“Mi viejo y cansado corazón, siento que no voy a poder terminar esta marcha ni esta  conversación, que deberíamos haber tenido hace mucho, pero mucho tiempo

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Un Comentario

  1. LUISA

    Este relato es como un paso por la vida.
    A veces te ambicionas con cosas qué no son del día a día y quieres conseguir más y más y esto es un poco querer más no llega con lo qué posees.
    A veces puede resultar a ser dañino.

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