Isla Samosir. Autor: Lucía Sánchez

Año 1993. Esta la historia de Mr. X, una persona sin género definido (que cada uno le dé el aspecto que quiera: hombre, mujer o hermafrodita… eso no es relevante). El caso es que X, llevaba todo el año trabajando duro en un país de esos que algunos se empeñan en llamar “del primer mundo” y se merecía unas vacaciones. ¡Unas vacaciones de verdad! De esas con su vuelo de larga duración, sus paisajes de ensueño, sus diferentes costumbres, su cerveza en mano para terminar el día frente a una inigualable puesta de sol… ya me entendéis. Para ello, eligió un lugar exótico del planeta, no cualquier sitio. Este año quería darle uso a su última adquisición: una cámara de fotos V735-OPQ con estabilizador BLUF y óptica de 800 preks de última generación. Menudas fotos iba a tener para subir a Facebook y matar de envidia a todo el personal… Así que X, puso rumbo a Indonesia, en concreto hacia la isla de Sumatra ya que le habían hablado muy bien de aquel país. Playas para surfear o tirarse al sol, volcanes en activo, extensas y frondosas selvas… rincones donde perderse…

Disponía de 20 días “de desconexión” y su primer destino, fue el lago Toba. En concreto la isla (en realidad península) de Samosir. Un pedazo de tierra que flota sobre un lago que se ha formado en el cráter de un volcán. Un lugar inédito… de triple salto mortal con doble tirabuzón y medio.

Así que X se vuelve loco a hacer excursiones por la isla. Con la boca abierta admira todo lo que ve a su paso: el lago, las termas naturales (aunque no las pilla en su mejor momento), la cresta del cráter, los pueblecillos llenos de casitas (batak) con una arquitectura muy particular, el rico pescado a la parrilla, las danzas tradicionales… La zona está salpicada de iglesias protestantes y católicas donde la gente va a misa bien vestida los domingos y no es tan difícil consumir alcohol o magic mushsrooms que te ofrecen por todas partes. X está tan contento por lo acertado de la elección de este enclave para sus vacaciones que no para de hacer fotos a diestro y siniestro.

“¡Qué gente tan amable y con qué poco viven!” Se bañan en el lago todos los días a partir de las 18h y a la vez friegan platos y  lavan ropa, pero siempre con una sonrisa… “Pobre gente”. Realmente X siente que le gustaría hacer algo por ellos. Así que al día siguiente cada vez que se cruza a un niño en su camino decide darle 1$ mientras les hace una foto. “Total, ¿qué es un 1$ para mí? Naaaaaadaaa y ellos necesitan taaaaaaaan poco”. X se ha convertido en un recolector de sonrisas . Una especie de embajador de efímera felicidad. Vuelve a su país más que contento  y “realizado” por lo vivido en sus vacaciones, con un millón de fotos bajo el brazo y con el buen sabor de boca por sus pequeñas buenas acciones del mes.

Después de X, a Samosir llego la señorita Y, la familia Z, el grupo de colegas R… cada uno de un rincón del mundo, pero todos soltando dólares o euros a diestro y siniestro… porque “¿qué nos cuesta a nosotros?” Y así es como, entre “todas las letras del abecedario”, le enseñaron a los niños y a los “adultos responsables” de Samosir que no hace falta ir al colegio para ganar más que los viejos pescadores en una semana. Basta con poner tu mejor cara y pedirle dinero a un turista nada más verlo. – Foto? Money? Uan dola? – No money. No foto. Y colorín colorado, así es como el turismo destrozó un lugar tan especial como este.

Nota: después de cruzarnos con muchas “letras viajeras” que llevaban a cabo estas prácticas, les contamos este cuento y todos se quedaron realmente sorprendidos porque ninguno de ellos tenía ni idea del daño que podemos hacer a las comunidades locales repartiendo “uan dola” porque sí. Todavía quedan muchos viajeros a los que nadie les ha dicho que el turismo responsable no se basa únicamente en no tirar papeles al suelo, que comprarle postales a un niño no es dejar tu dinero en los negocios locales y que si realmente quieres hacer algo por las personas de estos lugares hay muchas otras formas de colaborar con tiempo (haciendo voluntariado incluso por tu cuenta) o con dinero a través de las organizaciones que ya trabajan en la zona para su desarrollo.

Trucos por si alguna vez te ves en esta desagradable situación:

  • Convertir el momento en un juego. Una mano puede ser una forma de pedir o un ¡chócala! El juego eclipsará la primera intención.
  • Darle la vuelta a la tortilla. Ante palabras del tipo “si quieres hacerme una foto, págame”. Respuestas con una amplia sonrisa del tipo “no te preocupes… soy fotógrafo y te hago la foto gratis, mira te la voy a enseñar. ¿Nos hacemos una tú y yo saltando? ¿O luchando? ¿O posando como súper héroes?
  • La técnica del descoloque. Ante las preguntas básicas de inicio de conversación “de dónde eres… cómo te llamas…” responder con nuevas preguntas… de España… ¿y tú? Demostrando interés por la respuesta. “Encantado de conocerte amigo, ¿qué tal estás? ¿Cómo está tu familia?”
  • La técnica del descoloque 2. Soltar las 4 palabras que has aprendido en su idioma suele provocar risas por doquier. Decir “No puedo comprarlo” en el idioma local también funciona.

Es duro negarle a un niño una moneda, pero es más duro saber que con esa moneda, le estamos condenando para siempre. Sienta mal decirle “no”, pero es peor contribuir a que siga pidiendo o vendiendo cualquier cosa, en lugar de estar en el colegio o jugando y sobre todo… perdiendo a toda velocidad la inocencia que todo ser humano tiene derecho a experimentar aunque sea durante unos pocos años en su vida.

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