Golden rock vs. plastic village. Autor: Lucía Sánchez

Del 5 al 8 de septiembre // Temperatura: 28º // Sol por la mañana, lluvia por la tarde

A Kyakto (bautizado por nosotros como “Kiyatiyo” para poder pronunciar su nombre), llegas en un bus nocturno con todos sus extras de serie: karaoke popero romántico non-stop, asientos con la reclinación idónea para practicar un poco de “busutra” y aire acondicionado importado vía satélite desde Siberia. Todo ello, aderezado con carretera de doble dirección sin asfaltar (donde sólo cabe coche y medio) sin iluminación, ni nada. En Kyakto las personas viven en casitas de madera, junto a un pozo de agua y comparten espacio con sus animales de granja que viven en libertad condicional semi-vigilada esperando pasar a “mejor vida” (bañados en arroz y picante.

Paseando puedes encontrarte a los más mayores en improvisadas teterías, a los menos mayores jugando al chinlone, a los niños por todas partes entreteniéndose con lo que sea e incluso a un bebé cerdito empeñado en mordisquearte la zapatilla. Lo que te hace pensar en la cantidad de “alimentos” y sustancias varias que hay incrustados a día de hoy en tus suelas. Aunque las casas de madera son sencillas, en muchas de ellas hay música a todo volumen y voces tarareando las letras que salen del interior. Los sonidos se acompañan con la visión de mantas ventilándose al fresco de auténtica piel de teleñeco que hacen las veces de colchón. El motivo de tu visita: presentarle tus respetos a la famosa “Golden Rock.

Una roca cubierta de pan de oro que se mantiene en equilibrio en la cima de la montaña, habiendo salido victoriosa de dos terremotos y que en su interior alberga un pelo de Buda (no sabemos de qué parte exactamente). Lo que sí sabemos, es que en la estación lluviosa las mujeres no tienen posibilidad de asomarse a la terraza que hay junto a la roca por si el viento se las lleva volando o se escurren por el suelo. Curiosa explicación teniendo en cuenta que los guardias que custodian la terraza deben pesar tirando por lo alto 50kg… ¡Seguridad, ante todo! Pasada “la grandeza” de la Roca Dorada, donde parece que no hay nada interesante… encuentras un pequeño pueblo: el “Plastic Village”. Nombre que le decides poner cuando descubres que las paredes de esas casitas son de este noble material.

Tú que pensabas después de Kyakto que eso sí que era saber vivir con poco, empiezas a intentar imaginar (sin conseguirlo), lo que debe ser vivir dentro de un chubasquero. De la lluvia estarás protegido mientas te asfixias de calor en verano y te hielas en invierno.

Las casitas tienen un único ventanuco para ventilar y una estancia donde cocina, come, duerme y le da al karaoke toda la familia. Andando por allí empiezan a asomarse cabecitas de niños por las ventanas vestidos con ropa 3 tallas más grande que ellos que vienen a saludarte con varios: “Mingalaba, aloooo, mingalaba, I like you, I love you”

Después de comer, bajas dando un paseo de dos horas desde la cima. Te sientas en la “estación de camiones” (medio con el que se mueve la gente por aquí) con el resto de “Kyaktienses” para tirar del único y débil wifi libre del pueblo. Levantas la mirada y ves con otros ojos “a los afortunados” que viven en las casitas de madera con pozo home made y a los niños que vuelven de clase con su uniforme de colegio y mochila patrocinados por Unicef… Así que: Golden Rock 0 – Plastic Village 1

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