Bagan: estás rodeado. Autor: Rubén Señor/Lucía Sánchez Sánchez

Del 19 al 22 de septiembre // Temperatura: 30º // Sol abrasador de día y fuertes tormentas de noche.

Después de tu casi clandestino viaje de 13 horas en sloooooooooooooow boat, llegas prácticamente de noche a Bagán. Como ha habido inundaciones recientemente, te bajas del barco y el agua te llega hasta las rodillas. Gran recibimiento. Muy agradable. Tus mochilas y tú comenzáis a andar a la búsqueda de un pequeño y barato hostel donde pernoctar. Aún desorientado y sin saber dónde estás, te paran en un control para que pagues 15$ por seguir tu camino. Como no estás por la labor “de ayudar a los malos”, te inventas que te vas al día siguiente. Que estás de paso y que no piensas ver ni hacer nada en este lugar. Te preguntan en qué hostel te vas a quedar y tú das otro nombre (siempre lo haces) por si acaso. Con algunas dudas te dejan ir… de momento. La noche es cerrada y como en estos pueblos no hay iluminación, te cuesta dar con el View Point, pero llegas. Es tarde. Estás cansado. Mañana tienes muchas cosas que hacer…

Mañana:

Suena la alarma a las 05:00 hora zulú. Te despiertas sobresaltado. Como si te hubieran descubierto, pero no. Estás a salvo. Te levantas a duras penas y con poca gloria. Te encuentras con tu bicicleta a la hora prevista y salís del hostel sin que nadie os vea… porque sencillamente, no hay nadie despierto para veros. “Sin prisa, pero sin paseo”… cogéis la carretera directos (o eso crees) al lugar donde tendrá lugar “la entrega”. Hace algo de frío. Te “másqueinquieta” la posibilidad de equivocarte de dirección y la noche sigue sin dejarte saber muy bien donde estás. Después de 7 km (puede que alguno más), cuando ya empezabas a pensar que ibas mal y que no llegabas al sitio pactado… aparece una señal. Una señal que te indica, a duras penas… “el desvío secreto” (¡shhhhhhhh!). Te metes por un camino de tierra y barro mezclado con no sabes qué. Tampoco te importa. Te cuesta pedalear y ahora ves aún menos que antes. Aunque no quieres que te descubran, sacas el móvil y lo usas como linterna… pero realmente es la intuición la que te guía. Se acerca la hora y sigues sin dar con el lugar acordado. Empiezas a preocuparte porque no quieres llegar tarde por nada de “la vuelta al mundo”. Alguien que te observaba sale de la oscuridad, te indica que estás cerca y vuelve a desaparecer. ¡Ahí está! Tal y como te dijeron: una mole de piedra que recorta la oscuridad y que supuestamente debes escalar (arriba encontrarás lo que buscas). Dejas la bicicleta y comienzas el ascenso. Escalones irregulares. Cortos. Altos. Incoherentes. A veces intermitentes… Llegas arriba con la respiración acelerada, entrecortada, algo agitada… por el esfuerzo o por lo que pueda ocurrir. Pasan dos minutos… cinco… diez. Esperas a que pase algo porque en teoría, estás en el lugar exacto: el punto T a la hora A, pero nada de nada. Tú has cumplido con tu parte y ahora… ¿ahora qué? Empiezas a preocuparte y a pensar que te han engañado… que no vas a…

¡Espera! Mira allí… al fondo… ¡Sí! Síiiiiiiiiiiii… ¡¡¡Era cierto!!! (silencio)

Amanece. Amanece como hacía tiempo que no veías amanecer. Ahora, tú también eres de piedra… Callas. Abres los ojos… más… más aún. Miras hacia el horizonte. El azul se funde con el rojo dando a luz el amarillo… Aunque quieres seguir mirando hacia el sol, sencillamente no puedes. Es imposible porque, la oscuridad se va y lo descubre todo poniéndolo a tus pies…

¡Estás rodeado!

Mil templos (sin exagerar) aparecen a tu alrededor. Hay templos enormes y PYMETS (pequeños y medianos templos). El asombro te puede y lo único que se te ocurre decir en este inolvidable momento que quedará grabado para siempre en tu memoria es: ¡hossss…tiá!

Nota: para una correcta pronunciación, es muy importante alargar la “s” y después de una mínima pausa, acentuar con fuerza la “a”. A ver, repitamos juntos: “¡¡¡hosssssss… tiá!!!” Muy bien. Así… Prosigamos.

Si pensabas que lo habías visto todo después de ir a Angkor Wat, estabas muy equivocado (qué bueno es eso de equivocarse… a veces). Te quedas allí durante unos minutos… contemplando lo increíble de este lugar.

Nota: para lograr una perfecta performance sensorial a distancia, se recomienda hacer una pausa antes de continuar leyendo de 10 segundos.

Aunque siempre has sido de mirar hacia adelante, en esta ocasión y contra tus principios, no te queda otra que “mirar a la izquierda… y venga va, también a la derecha”. Pensando que aunque acabas de llegar a Bagan y tienes cuatro días por delante para ver muchas más cosas que recordar para poder contar… no querrás hablar de nada de lo que aquí ocurra después de este momento y es que, sencillamente… no importa.

¡¡¡Dispérsense… aquí no hay nada que leer!!!

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