Recuerdos de la infancia. Primero de año. Autor: Mireya Betancort

Uno de los recuerdos  más lindos que tengo de cuando era niña, es  el paseo que casi todos los años hacíamos a la playa. Yo vivía en el campo con mis padres  y mis  dos hermanas mayores. Cuando comenzaban los días de calor me  encantaba ir al arroyo cercano, pero cuando me enteraba que iríamos a pasar el “Primero de año”  a La Paloma, todas mis expectativas se volcaban hacia la llegada del ansiado día.

Con mucha anticipación se comenzaban los preparativos.

Mamá era modista, por lo cual,  ella misma se encargaba de confeccionar la ropa para todos los miembros de la familia. Shorts y camisolas para las tres, en distintos modelos, en colores y telas diferentes, eran elegidos del último catálogo del “London París”, que llegaba puntualmente al comenzar cada  temporada. También  nos hacía las mallas y las salidas de baño, ¡y hasta los sombreros salían de su máquina de coser!  Ella la  hacía pedalear  día y noche sin parar, hasta que todo quedaba pulcramente terminado y de conformidad de quienes  íbamos a usar las prendas, cuestión ésta última que no siempre era tan fácil, pues había que probar, corregir, ajustar y algunas veces ¡deshacer y volver a armar!

Cuando ya estaba pronta la ropa  y faltaban pocos días para la salida, se comenzaba la preparación de las comidas. Los alfajores de maicena eran guardados en un recipiente de lata,  con tapa hermética, para que no perdieran el sabor y la textura. Los bizcochos caseros, el pastel de carne y el lechón asado, se hacían el día antes. La bebida  era acondicionada debidamente, envuelta en diarios húmedos y  cubierta con un paño mojado, así se conservaba fresca. Los platos, los cubiertos, las fuentes y los vasos, se colocaban en un cajón para que no fueran a quebrarse.Nungún detalle podía quedar sin ser previsto, que no faltara el destapador, el mantel, las servilletas y mucho menos ¡el mate, la bombilla, el termo, la yerba y el azucarero!

El día anterior tenía que quedar todo listo ya que partiríamos muy tempranito. A la camioneta se le ponía un toldo de color verde para protegernos del sol. Mis padres iban adelante, en la cabina y nosotras,  felices ,atrás en la carrocería, junto con primos y tíos que habían sido invitados.

Todo era muy emocionante y divertido. El recorrido de 42 Kilómetros que  teníamos que hacer hasta llegar a la playa  estaba poblado de cantos, bromas ,chistes  y alegría.

Al llegar a Lomas ya se sentía en el aire el olor a yodo y sal; mirando a lo lejos se divisaba el agua del océano, entonces gritábamos a coro: ¡el mar!… ¡el mar!… ¡el mar!

Ese, creo que era el momento más emocionante y esperado del paseo, de ahí  a la orilla eran apenas unos minutos y luego a disfrutar  del sol, la arena y las frescas olas.

Transcurrida la jornada emprendíamos el regreso, con la piel cargada de sal, el pelo ensortijado, los músculos de las piernas y los brazos hechos girones de tanto nadar, correr, saltar y jugar, el corazón latiendo a mil por tantas emociones vividas, pero especialmente, una gran felicidad al  haber disfrutado todos juntos¡ otro nuevo comienzo de año!

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Un Comentario

  1. luisa cacheiro q

    Me gusta es sencillo pero es alegre al mismo tiempo y de vez en cuando el paso hacia atrás,de nuestra tierna infancia es satisfactorio.
    Los bellos recuerdos siempre ennoblecen el alma y el espíritu.

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