El día que casi fui Indiana Jones Autor: César Klauer H.

Allá están las ruinas, la cabecita del niño se movió ligeramente hacia la cima del cerro. Sus ojitos despiertos nos miraban de arriba a abajo mientras masticaba una rama y se rascaba la cabeza por debajo del sombrero que alguna vez fue blanco pero que ahora tenía manchas de barro seco, marrones las más frescas, amarillas las más antiguas. Su perro lanudo nos rondaba con la lengua inmensa babeando sobre nuestros zapatos y el plumero de su cola refregaba su felicidad en nuestras rodillas. Frente a nuestra cansada respiración, la pendiente se proyectaba sobre el manto azul manchado de algodones tenues, un verde brillante nos llamaba con gritos de pájaros, loros, pericos. Pero no había camino.

Por ahí se sube, afirmó nuestro nuevo amigo. Yo no veía nada. Mi esposa y su hermana tampoco. En los ojitos del niño se reflejaron nuestras ramas gruesas que a manera de bastón habíamos recogido en el camino pero que en realidad estaban destinadas a ser usadas para abrirnos paso en la espesura. La sabiduría de la sierra se materializó en un metro veinte con sombrero y perro: Con eso no van a poder abrirse paso, sus ojitos brillantes revelaban que no era la primera vez que unos citadinos ingenuos pensaban que se las sabían todas. Miré a mi esposa y ella comprendió por qué mis ojos la acuchillaban en silencio. Es que el día anterior me había ido de compras al mercado de Chachapoyas y había encontrado lo que buscaba para dos propósitos. Uno: llevarlo de adorno para la sala de mi casa. En su estuche de cuero colgado en la pared iba a presidir la pieza. Dos: para abrirnos paso entre las plantas espinosas que, me imaginaba, habría en la subida a las ruinas Chachapoyas que el libro que conseguí en la oficina del  Instituto Nacional de Cultura decía que había. ¿Para qué quieres un machete? Me había mirado mi esposa con esa expresión que solo las esposas ponen. Ni lo vayas a llevar mañana, sentenció con la seguridad de quién no sabe lo que va a encontrar. ¡Qué roche!, finalizó. Mi error fue hacerle caso, total, ella no iba a cargar con el machete. Ahora que el niño se burlaba en sus adentros de los limeñitos, esa plateada hoja me hacía una falta horrible.

Emprendimos la subida por un espacio que parecía ser una especie de camino hecho por alguien. Los árboles no nos daban mucho trabajo, a veces hasta parecía que nos cedían el paso alegremente. Cantaban, saltaban a nuestro alrededor, soplaban aire fresco en nuestras caras brillantes de sudor, impedían que el sol achicharrante del medio día nos quitara el entusiasmo. Nuestro paso era alegre, hacíamos bromas, seguíamos el caos del camino sin inmutarnos: estábamos subiendo y eso era lo que queríamos: las ruinas estaban en la punta de ese cerrito. Quise tomar una foto para inmortalizar el momento en que me convertí en Julio C. Tello, Walter Alva, Indiana Jones, pero me había olvidado de la cámara. Menos mal.

En eso, los arbustos se abrieron y nos mostraron una pared de ladrillos de piedra de la que sobresalían tallos y flores: ¡Las ruinas! Pero estábamos recién a mitad de camino, no podían ser las ruinas que buscábamos. A ver, qué dice el libro: pues que hay varias torretas desperdigadas por la ladera del cerro. Esta debe ser una de ellas, anuncié mi descubrimiento con la página abierta y el dedo índice señalando el párrafo que revelaba el dato. Pero el problema era ahora que la pared adornada con esas bonitas flores y ramas nos impedía avanzar. La rodeamos, literalmente, pues era una pared circular, característica de las casas o edificaciones de la cultura Chachapoyas.

Encontramos la confirmación de su origen cuando un ojo de felino nos miró de frente. ¿Umbro en Chachapoyas? No. El ojo que los constructores ponían en sus casas es idéntico al logotipo de la famosa marca deportiva de Manchester. Unos pasos más allá del ojo, un ladrillo tenía un alto relieve de una cara. Redondita y medio chinita por los años. ¿Qué significaría? El libro no lo decía. Continuamos buscando un camino. Los arbustos se ponían cada vez más agresivos. Parecía que no querían que llegáramos a las ruinas. Para penetrar, el sol luchaba con las copas de los árboles más altos y a veces lo lograba. Se veían cuerdas brillantes descolgándose del ruidoso techo; llegaban hasta la rojiza tierra y se metían alegremente. Eran barrotes de luz incandescente que nuestras siluetas atravesaban en fila india. Me di la vuelta para ver a mi esposa y su hermana y me encontré con dos contornos oscurecidos por la brillantez de los rayos de oro. ¿Estaban cansadas? Claro que lo estaban. Querían regresar. Pero mi instinto de aventurero me obligó a negarme. Tiene que haber un caminito por aquí, me agaché y pasé por un túnel vegetal. Ahora sí que el machete nos serviría, ¿no? No se oye padre. La rama dejó de ser bastón y adorno para convertirse en abridor de caminos. En eso un arbusto me castigó por faltarle el respeto clavándome una espina del tamaño de un palito de tejer en un lugar que me dejó sentándome de costado por un par de días.

Inmediatamente, otro arbusto me reprendió en el brazo. Y otro me llamó la atención en la pierna. Mis acompañantes también habían sido resondradas y habían emprendido el regreso. Las acompañé para que no se pierdan. Una vez fuera del túnel pudimos ver los arañazos en los brazos y mi machete en la mesa de la casa. Recogimos nuestros pasos. Pasamos por la carita chinita, el ojo de felino, los barrotes de oro que ahora estaban más cansados y buscaban acostarse en la suavidad del terreno. Finalmente llegamos a la falda del cerro. El niño ya no estaba. Miré la montaña y me imaginé las ruinas circulares –no las de Borges, sino las verdaderas de Chachapoyas.

Anuncios

  1. walter

    Me ha gustado tu relato, en pocos párrafos has contado una historia interesante, ojala te animes a continuarlo con más relatos breves como un serial.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s