El color del cristal con que se mira. Autor: Nina FdzAl

Para el mundo a mi alrededor nunca fui gran cosa, no más que un bulto informe al que evitar, un obstáculo en el camino. Tampoco es que yo hiciera nada para solucionarlo, en realidad, no sabía por dónde empezar. La timidez, la infravaloración a la que me sometieron toda la vida, burlas, mofas y escarnios, todas las situaciones de ridículo público en que se me envolvió no ayudaron más que a hacer mayor mi determinación de cavar un agujero en el suelo y enterrar allí la cabeza hasta que el resto de la raza humana se extinguiera, cosa que, para mi desgracia, iba a tardar más allá de mi disposición a esperar.

Recuerdo a un antiguo profesor que se deleitaba preguntando a sus alumnos por sus fechas de nacimiento para llegar al día siguiente con la carta astral de cada uno y desperdiciar la clase interpretándolas. Cuando me tocó el turno, me explicó todos los vaivenes que mi vida sufriría, todo lo que tendría que luchar, y la soledad que me rodearía. En ese instante, hubiera jurado que su rostro se iluminó con una sonrisa satisfecha. Lógicamente, mis compañeros de clase tomaron buena nota de cada una de las gamberradas descritas al detalle por aquel hombre, (¡cómo lo odié!), llevándolas hasta sus últimas consecuencias. Y, a partir de aquel momento, he de admitir que, en líneas generales, dio en el clavo.

Así siguió todo hasta que me topé con el que resultó el punto de inflexión más claro e importante de mi vida. Aquel día descubrí que hay mucho más en la realidad de lo que podemos captar a simple vista. Es necesario un ojo experto para mostrárnoslo al principio, pues pocos son los que han logrado llegar tan lejos por su propio pie, sin la ayuda de nadie. Y una vez que esa capa de indiferencia e ignorancia ha sido retirada de nuestra mirada, ésta se vuelve más atenta y encuentra personas donde antes veía masas de neutra forma humana, colores incluso en la ausencia de luz, texturas que jamás se creyó que pudieran existir… Todo ello me lo desveló una persona llamada a convertirse en la más preciada para mí, el centro de todo mi universo y el motor de un sinfín de viajes y vivencias que cada uno recogería a su manera: uno con una cámara, el otro con una libreta.

Debo admitir que contar con otra persona para tomar decisiones fue algo complicado, por mucho que hubiera pasado gran parte de mi vida anhelando una situación así. No sabía cómo adaptarme a tal cambio, así que dejé que fueran sus gustos e inclinaciones los que me dominaran y seguí su estela como una sombra, flotando a veces a su lado, en un estado de continua y perpleja maravilla. Poco a poco empecé a querer más, a ansiar su profundidad y genio, ya no consiguiendo saciarme con lo que compartía conmigo, con un segundo plano. No, yo quería el protagonismo pleno, ¡absoluto!, ver a través de sus ojos, sentir lo que su propia piel. La obsesión se convirtió en la razón de mi misma existencia y un vórtice en mi cerebro se tragó toda la cordura que no había yo desechado para dejar sitio a la desesperación. El resto quedó patas arriba, destrozado, tan revuelto que sólo una limpieza concienzuda a base de alcohol dio algún resultado.

El ritmo frenético al que mi mente había trabajado hacia el desafortunado final de aquel período, también me pasó factura y, ahora, no puedo pensar en más de una cosa a la vez o fortísimas migrañas hacen acto de presencia. No obstante, el tratamiento etílico funcionó a la perfección y evitó que perdiera totalmente el control de mis impulsos, cuestión por la cual, y aunque una nueva etapa haya comenzado, no me permito olvidar lo que me llevó a aquella situación extrema. ¿Cómo hago para recordar? Fácil, sólo he de entrar en el salón de mi casa, dirigirme a la caja de madera tallada sobre la repisa de la chimenea y abrir la hermosa tapa que protege mi más preciado tesoro: las dos esferas que casi me hacen perder la cordura, aún sujetas al cableado biológico que las conectaba con el cerebro preclaro por excelencia, la puerta a la visión que me enseñó que la belleza no es sólo deseable, sino necesaria y mejorable, y que está en todas partes, únicamente hay que mirar a través de los ojos adecuados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s