Amritsar – Tierra de Sijs. Autor: Ludmila Greco

Ya dejamos Delhi atrás. Sabíamos que no teníamos nada planeado de nuestro recorrido por India, solo un itinerario que sería flexible a lo que el viaje disponga. Y así fue. Teníamos ganas de seguir viajando rumbo al oeste, a Rajasthan. Era lo planeado. Pero el calor agobiante de Delhi nos hizo rever nuestro itinerario, ir al desierto con tanto calor no sonaba muy coherente. Abrimos el mapa. Amritsar podía ser una buena opción, y de ahí encarar rumbo al norte, a las montañas, al fresco. No lo dudamos mucho ¿calor agobiante o montañas frescas? Además, ya dijimos, Delhi es una ciudad muy caótica a la cual queríamos escaparle.

Amritsar, nuestro segundo destino, nuestro primer viaje en tren en India. India cuenta con un servicio ferroviario muy extenso, lo cual merece un post aparte. Sacamos pasajes para un domingo, el viaje se había puesto en marcha. Preparamos nuestras mochilas y salimos rumbo a la estación. Llegamos, nos miramos y la desesperación acudió. ¡Lo que era la estación de tren ese domingo caluroso! Gente, vendedores, más gente, carteles, trenes que llegaban y partían, anuncios de trenes en hindi ¿Qué plataforma era la correcta? ¿A qué vagón subirnos? ¿Sería nuestro tren? Nos subimos, nos sentamos y confiamos.

El viaje a Amritsar no fue para nada sencillo. El calor, la cantidad de gente y el amontonamiento fue una mezcla que no nos ayudó. Bajamos del tren de noche y bastante mareados, con náuseas y cansados. Sin conocer el lugar nos tomamos un taxi hasta el centro y de ahí empezamos a recorrer. Sabíamos que podíamos alojarnos en el Golden Temple pero en la condiciones que estábamos preferíamos algún lugar donde podamos descansar mejor.

El día siguiente hicimos una sola cosa: ¡Dormir! ¿Será que todavía no nos habíamos acostumbrado al cambio horario? ¿Será que el viaje fue agotador y no teníamos fuerzas para nada más? Sea como fuese, recién entramos al Golden Temple después de 36 horas de haber llegado a la ciudad, habiendo dormido unas 30. Las otras 6 recorrimos la ciudad a pie. Amritsar es una ciudad grande, el fantasma de Delhi nos acompañaba aún.

Una vez que entramos al templo no entendíamos como habíamos tardado tanto en entrar. Tal vez les pasé como a nosotros, que antes de empezar a pensar en la India no teníamos conocimiento de que existía una religión que es el Sijismo, ni de que se trata. Aquí una muy breve introducción (Si ya saben de qué se trata pueden saltearse estos párrafos):

Es una religión que se fundó en India como resultado del conflicto entre los hinduistas y los musulmanes en el siglo XVI y XVII. Creen en un Dios único y en la reencarnación. También en que todos son semejantes, por eso se oponen al sistema de castas establecido en la India. A lo largo de la historia hubo Diez Gurús Sijes. Y sus enseñanzas están contenidas en un libro sagrado. Todos los templos tienen una copia de ese libro, pero el original está en el Golden Temple. Al libro lo tratan como a una persona más. Hasta tiene una cama propia.

Los varones Sijs son muy fáciles de reconocer porque llevan el pelo tapado con un turbante. También cuentan con varios artículos de fe característicos (una daga, un peine de madera, ropa interior de algodón, un brazalete metálico). Todos estos se vendían en casi todos los locales de Amritsar. Nos llamó la atención, luego entendimos a que respondían.

Bien, dicho esto ya podemos entrar al templo. Para poder entrar es necesario descalzarse y cubrirse el pelo. Entramos. Tuvimos que caminar varios metros hasta llegar a una mini pileta donde nos lavamos los pies. Tras cruzarla estaba ante el nosotros el imponente Golden Temple.

Es un recinto rectangular, que posee en el medio una suerte de fuente de agua extensa donde flota el Templo de Oro. Comenzamos a caminar sin poder dejar de mirar todo lo que ocurría a nuestro alrededor. El lugar no solo es imponente arquitectónicamente. Muchísimos feligreses están ahí cantando, orando, llorando, bañándose en el agua. Nuestra capacidad de asombro estaba en auge.

En cada rincón se nota la hospitalidad de los Sijs. Todos los peregrinos que se acercan pueden comer y dormir gratuitamente en las cercanías del templo, y son los mismos peregrinos que se encargan de cocinar y limpiar. Nosotros pasamos ahí nuestra última noche, en un apartado especial para extranjeros. En la hora de almuerzo nos acercamos al comedor comunitario, era un salón enorme, donde comimos alrededor de miles de fieles, sentados en el piso con las piernas cruzadas. Y mientras a nosotros nos servían la comida, en la otra punta limpiaban el piso para recibir más personas.

Fue esa situación, junto a muchas personas, mientras otras tantas se encargaban de servir, la que nos mostró otra de las tantas caras de la India. Una India humilde que se preocupa por el otro, y es una humildad que enseña. Es una de las caras más lindas que le vimos.  La India es contradictoria, enorme, y estamos dispuestos a recorrerla para conocerla.

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