Amanecer en Delhi. Autor: Lucas Fernández Canevari

Un viaje comienza mucho antes de llegar al destino. La cabeza de uno  ya empieza a viajar con todos los preparativos y suelta la imaginación pensando cómo será. Pero nuestro primer contacto con la cultura India fue sin dudas en el aeropuerto de Frankfurt (Escala entre Buenos Aires y Delhi). Compartíamos la puerta de embarque con mujeres con Sari, Sikhs (son fáciles de reconocer porque usan turbante), hindúes, musulmanes y budistas.

Aterrizamos a la medianoche en Nueva Delhi, después de 24 horas de viaje y cruzando 8 husos horarios y medio. Las personas con las que compartimos el vuelo desaparecieron entre la multitud. Nosotros permanecimos de pie durante un rato, en aquel lugar raro y diferente. Como sin entender dónde estábamos y hacia donde teníamos que ir. No caíamos que estábamos en India, solos, en medio de la noche e ignorando lo que se escondía en aquella profunda oscuridad, fuera del aeropuerto.

Recién al amanecer salimos. Entrando al subte nos paró un hombre vestido de civil explicándonos que el subte estaba cerrado y que debíamos tomarnos un taxi hasta la ciudad. Lo raro, y bizarro de la situación, era que la gente entraba y salía. Sin dudarlo mucho obviamos la explicación del hombre, pasamos y viajamos normalmente. Ese fue el primer intento de engaño, de los muchos que sufrimos.

Salimos del subte y una sensación de humedad pegajosa impregnó nuestros cuerpos. El calor se hacía sentir. Eran las 6 de la mañana y parecía las 3 de la tarde en Buenos Aires en pleno enero. Esto, sumado al cansancio por el viaje largo y agotador hizo que nuestra tarea de conseguir lugar para dormir no fuera tan fácil.

El verdadero choque de culturas se dio al salir del subte. En la calle la gente nos rodeaba y acosaba, invitándonos a comprar algo, a quedarnos en un hotel “very cheap and very clean” o a tomar un rickshaw, bicicletas preparadas para llevar pasajeros conducidos por hombres extremadamente flacos y con las piernas grandes y musculosas. A nosotros estos tipos de transporte nos presentan una sensación de explotación y sometimiento por el cual decidimos no tomarlos, pero entendemos que también es su trabajo y que se esa forma se ganan la vida.

Hicimos varias cuadras escuchando a vendedores que nos perseguían. Recorriendo distintos hoteles, notamos que no se caracterizan por ser muy limpios. Más allá del precio que pagues todos tienen algún bichito dando vuelta, sabanas sucias o manchas de humedad en la pared. Finalmente, ya agotados y sin terminar de asimilar todos lo que nos rodeaba nos alojamos en un hotel bastante céntrico, a muy buen precio y  con no tantos bichos.

Lo siguiente fue dormir 12 horas para recuperar el sueño. Nos dimos cuenta que el Jet Lag se siente mucho más de lo que nos imaginábamos. Nos costó adaptarnos al cambio de horario. Salimos a caminar cerca del hotel. Las calles de Delhi son caos. Es difícil cruzar la calle y no morir en el intento. Pero sobre todo, lo que llama la atención es la frecuencia con la que resuenan bocinazos. Lo usan de una forma totalmente distinta a nosotros, porque lo usan para todo. Cada 100 metros tocan 4 o 5 bocinazos. Pero el contraste grande está en los templos. El caos queda en la calle y adentro se respira paz y tranquilidad. Como si existieran 2 Indias, una buscando la modernización y el comercio, y la otra, la India mística y religiosa.

¿Nos sentimos seguros? Si, ¿Nos sentimos observados?  También, ¿Nos sentimos extraños? No, porque somos nosotros mismos los que estamos inmersos en un mundo totalmente diferente. Donde cambian las costumbres, la comida, la forma de pensar y la manera en cómo se vive la religión.

Es difícil escribir sobre Delhi. Es difícil por lo que Delhi representa; no es solo la capital de India. Delhi es Caos, locura, negocios, vendedores, son mercados, es amontonamiento de gente, pero también es espiritualidad. Y para nosotros fue la puerta de entrada a India. No solo porque fue nuestro primer destino sino porque también ahí India se presentó.

Me gusta la idea de pensar las ciudades como personas. A fin de cuenta, las ciudades las hacemos nosotros, individuos. A que me refiero con pensar las ciudades como personas, a que son portadoras de una personalidad. Hay ciudad alegres, históricas, estéticas, autenticas, caóticas, etc. (Es una idea poco desarrollado, quizá con el devenir del viaje vaya tomando más forma). En fin, con Delhi se me presenta un interrogante ¿Qué tipo de personalidad otorgarle? Delhi es mixtura, es collage, es superposición.

Ya abandonamos Delhi, quedo atrás en nuestro itinerario, pero la dejamos sabiendo que íbamos a volver. Que volveríamos a ella, y apuesto a que ese re-encuentro será distinto a este.

Delhi es un collage, un cuadro hecho de distintos elementos. Condensa años de historia. Años de cultura, de normas de vida, de costumbres. Y las calles muestran eso, un auto último modelo, un Rickshaw, mujeres y niñas con Sari, vacas, basura, puestos callejeros, hermitas a los distintos dioses, templos y ni hablar de las múltiples religiones. Los primeros días teníamos la sensación de estar de extras en la filmación de una película, ya que esa realidad que nos rodeaba lejos está de nuestro mundo occidental. Y claro, nosotros nos deschabamos fácilmente como extranjeros y no solo por el color de piel.

Estuvimos pocos días en Delhi, queríamos huir del caos y el calor. No pudimos recorrer tanto como hubiésemos querido (más excusa para volver en otro momento), el calor nos jugó en contra. Pero eso poco que recorrimos nos sirvió como una primera aproximación a lo que esta sociedad nos ofrece. Viajamos en subte, que no es medio muy usado por los turistas, pero nosotros somos de priorizar el transporte público ante cualquier otro medio. Si, éramos el centro de atención del vagón, todos los ojos se centraban en nosotros. Nos llamó poderosamente la atención que existe el “vagón de la mujeres”. Un vagón destinado solo a mujeres, los hombres no pueden acceder, pero si las mujeres pueden acceder al vagón común. La idea de vagones diferenciados nos hizo ruido, claramente es una cuestión de genero… Pero como lo pensarán será un derecho o será una humillación. Las mujeres Indias se muestran muy retrayentes al dialogo, no así los hombres. Las mujeres no se ven mucho en la calle, salvo haciendo compras y ningún negocio es atendido por ellas. Que India es una sociedad machista no quedan muchas dudas.

Otra cosa que nos llamó la atención fue la figura de Gandhi. Su cara está en todos los billetes (Rupias Indias, cuya numeración es de 5, 10, 20, 50, 100, 500 y 1000). Ghandi no solo es recordado como un líder político que posibilito la independencia de India hace no mucho (es una figura contemporánea) sino que también es adorado religiosamente. Visitamos el RajGhat  y nos impresiono la cantidad de gente que le rendía tributo y oraba en su nombre.

En Delhi (sea en Old Delhi o en New Delhi) la vida se desarrolla en la calle. La calle es habitada intensamente. Los mercados son otro escenario interesante de esta coyuntura. Los supermercados como nosotros los entendemos no abundan (no vimos ni uno!). Las compras se realizan en mercados callejeros. Hay muchos y son temáticos (alimentos, ropa, electrónica, etc.) Y la acción ocurre allí.

En las calles también notamos que es muy común que hombre y mujeres caminen abrazados o de la mano con personas de su sexo. Y no por elección sexual, sino como muestra de amistad. Es un dato curioso si uno tiene en cuenta que en India la homosexualidad está muy mal vista. En la plaza tuvimos la oportunidad de ver a un militar con un médico de la mano, escena sumamente interesante, pero no dimos a tiempo de sacar una foto.

Otro dato curioso son los hijras (3er sexo); hombres vestidos de mujeres son venerados y alabados, se les da dinero y se les toca los pies en señal de suerte. Que concepción tan distinta a como pensamos el travestismo en Buenos Aires.

Arquitectónicamente Delhi dice mucho. En Old Delhi se observas construcciones más antiguas, y en New Delhi, más actuales. En muchas edificaciones se nota también el legado inglés (En Red Fort hay construcciones inglesas que funcionaban como oficinas pública). La herencia inglesa también se ve en el idioma (el hindi es la lengua nacional, pero todos hablan inglés) y en los autos (manejan por la izquierda).

Delhi fue nuestro primer contacto con India, de allí nuestras primeras impresiones de este país que recién estamos comenzando a conocer. Delhi quedó atrás, pero sabemos que vamos a volver. Delhi nos mostró el caos de la ciudad pero también nos mostró (o intento mostrarnos) la fe, el culto. Antes de ir a trabajar, luego de salir del trabajo, yendo a hacer compras, camino a la escuela, todos se detienen unos minutos ante una imagen religiosa, todos creen.

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