La Uno. Autor: Mario Valencia Hernández

En México, como en muchas partes del mundo las carreteras se clasifican con  números. Con algún número tienen que empezar, pues con el UNO. Y la número  UNO en México es la carretera que atraviesa la península de las Bajas Californias, de Tijuana (B. C.) a Los Cabos (B.C.S.). Hicimos este viaje y voy a detallar lo más sobresaliente. De entrada  quiero adelantar que es una vagancia formidable. El viaje en auto es largo, pero con una buena compañía, todos los viajes se hacen cortos. Aunque sean casi dos mil kilómetros desde Tijuana.

Preparar equipaje, hielera y checar niveles del auto, para evitar desagradables sorpresas y con una ansiedad infantil esperar la madrugada para arrancar el viaje. Fue en el pasado verano. ¡Aquí vamos!

Rumbo a Rosarito

Hay dos formas de emprender el viaje desde Tijuana, con el propósito de dirigirse a Ensenada, una es atravesar la ruta del vino. Llegar a Tecate y de ahí partir hacia el mar, al puerto de Ensenada y la otra es, primero ir a Rosarito y continuar por la escénica hasta Ensenada. Mi esposa y yo, hemos hecho estos recorridos en varias ocasiones, cualquiera de las dos maneras es formidable. La ruta del vino, es decir pasar por el Valle de Guadalupe, en donde están los viñedos más importantes de la entidad y del país. Sin embargo, manejar la carretera escénica, con el mar a tu derecha, el Pacífico en todo su esplendor, es también  una experiencia de aquellas que quieres repetir siempre.

El municipio más joven de Baja California, – Rosarito- , enclavado en la costa del Pacífico y a unos escasos veinticuatro kilómetros de Tijuana es la primera población para disfrutar. Rosarito es famoso por la langosta, que se sirve aquí en una diversidad de platillos, uno de los más tradicionales es Langosta con frijoles, ¡hágame usted el favor! Son famosos los lugares de Puerto Nuevo y Popotla, este último, lugar de pescadores. Además hay un parador turístico, ya en la salida de Rosarito, conocido como Calafia. Y todo el camino hasta Ensenada, está lleno de lugares para mirar y disfrutar, los paisajes son fabulosos. Uno de ellos es una pequeña Bahía, que se encuentra a unos cincuenta kilómetros antes de Ensenada y tiene un nombre que invita a quedarse, Salsipuedes. El disfrute aquí, es la vista panorámica del Océano Pacífico.

Llegando a Ensenada

El puerto de Ensenada tiene una larga tradición gastronómica, hay cocina de autor y una gran variedad de platillos en la mayoría de sus restaurantes. Pero una visita obligada es ir a desayunar a la Guerrerense, un puesto de mariscos que está clasificado como uno de los mejores lugares para comer en la calle, ¡a nivel mundial! Es una experiencia única e irrepetible en cualquier lugar del país. Las noches son frías durante gran parte del año y en los primeros meses, la temporada de avistamiento de ballenas es formidable. En una lancha motora los expertos guías te llevan al lugar en donde las ballenas escogen su lugarcito marítimo para reproducirse. La temporada dura desde noviembre hasta marzo aproximadamente. Cualquiera que visite Ensenada no puede irse sin asombrarse ante estos gigantescos cetáceos.

La Bufadora

Hacia el sur siguiendo la costa, en una poblado cuyo nombre Maneadero convoca a pensar en jaloneos de rodeo, y en efecto existe el jaloneo pero del mar. En una montaña,  está un lugar en un risco, que es famoso por el ruido que hacen las olas al golpear la piedra. Es una especie de cueva natural que se conoce como la Bufadora. Se ha adaptado un paseo para comodidad del viajero, en donde se puede observar y escuchar el golpeteo y la expulsión de chorros de agua, como si fuera el resoplido de una ballena. Es una de las maravillas naturales que los ensenadenses cuidan como piedras preciosas. Pero como nuestro propósito es recorrer toda la península continuamos contando lo que encontramos rumbo al sur, sin salir de la UNO.

El municipio de Ensenada es el más extenso del país y su frontera con la costa del Pacífico permite que haya una cantidad infinita de lugares que son refugio de todo tipo de peces y mamíferos marinos, uno de estos lugares existe rumbo a San Quintín, un poblado famoso por su extensa explotación agrícola, así como lugar de trabajo de miles de indígenas, sobre todo chiapanecos y oaxaqueños. MI recomendación es que en un viaje de este tipo, este lugar es especial para abastecerse de combustible y agua y lo que sea necesario, porque en unos kilómetros más adelante, la UNO, que hasta El Rosario tiene como compañía el mar, ahora atravesará el desierto. Y El Rosario está solamente a unos kilómetros de San Quintín y es un pueblo pequeño, aunque buenos hoteles según lo pudimos comprobar. Pero antes de partir rumbo a la tierra de los Gigantes, más adelante les informaré el porqué de este nombre, es bueno detenerse en un criadero de abulón, conocido como La Lobera, porque es refugio de los lobos marinos. Es extraordinario, no solamente observar a estos animales espectaculares, sino la misma música creada por las olas y las rocas. Procuren estar antes del mediodía y llevar sombrero para un disfrute completo y sin prisas de este rincón natural.

Antes de adentrarnos al desierto, es menester apuntar que la crónica de este viaje es conducida siguiendo el Pacífico, pero hay un camino de Ensenada hacia el Mar de Cortés, que nos acompañará también hasta Los Cabos de la Baja California Sur. Lugar de encuentro de los dos mares. Sin embargo por la ruta del Mar de California, como también se le conoce, antes era el Mar Bermejo, hay carretera únicamente de Santa Rosalía hacia La Paz. Y de ahí hacia Los Cabos.

Pero continuando, dejamos San Quintín y nos adentramos al desierto Central Baja California, en todo el camino nos acompañan los cactus más grandes que hayas observado alguna vez, de ahí que se le conoce como el valle de los gigantes. Además de una región de piedras enormes que parece estás en otro planeta, hay un lugar conocido como Cataviña, en medio de un panorama desértico y lleno de rocas y cactus grandes. Es un recorrido que dura algunas horas hasta llegar a un entronque que te conduce a Bahía de los Ángeles en el Golfo de California. En donde el mar asemeja a una alberca grandísima, por la tranquilidad de sus aguas, la abundancia de especies marítimas, de ahí que fuera famosa la frase de Costeau, que el Golfo de California es el acuario más grande del mundo. Pero sin desviarnos de la UNO llegamos a Guerrero Negro, en el Paralelo 28 y la división política de Baja California y Baja California Sur.

En Guerrero negro también hay avistamiento de ballena, en la Bahía Ojo de liebre. Después continuando hacia el sur nos adentramos en el desierto de Vizcaíno. Hasta llegar a Santa Rosalía y desde ahí ya nos acompañará en el viaje el Mar de Cortés, pasando por Mulegé, Bahía de Loreto y nos adentramos al centro de la península para cambiar de acompañante ahora será el Océano Pacífico. Pasamos Ciudad Constitución y llegamos a La Paz, de nuevo en el Golfo de California y ahora sí podemos decidir que ruta tomar para ir a Los Cabos, por el lado del Pacífico o por el Mar de Cortés. Las dos rutas son espectaculares. En una próxima entrega nos adentraremos en cada lugar y hablaremos de las peculiaridades de las poblaciones de los dos mares. Mientras descanso de este largo viaje.

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