Turistas. Autor: Antusas

Visitamos el lugar, parte del grupo tenía la costumbre de documentarse a través de libros de viajes, en los que detallan desde el color de los ojos del propietario del hotel, hasta la distancia del lugar a los centros civilizados del mundo occidental. Todo bajo control, al más estilo hollywoodiense, como salido de una película.

Diría que hay tres grupos clásicos de turistas, los ya anunciados con la brújula del libro por bandera, los orientales siguiendo el guía de la banderita, y el resto, al que nos podríamos incluir y dependemos en la mayoría de los casos de la suerte, que es mejor tenerla como aliada.

Los del primer grupo después de visitar el lugar confirmaban lo que habían leído en el libro de partes, mascando chicle sin parar. Los del segundo salían con las cámaras de fotos echando humo. El resto, grupo heterogéneo por donde los haya, salíamos dispersos, lobos solitarios unos, grupos de amigos o familia mirando para la nada otros. Algo más de veinte seres humanos atravesando las ruinas de una gran civilización ya perdida, por las que ya cientos de miles de otros seres humanos han transitado y expoliado con sus zapatos de marca y flashes incendiarios.

Conforme íbamos saliendo, íbamos dispersándonos sin decirnos o dirigirnos una señal o palabra, cada cual tiraba para su lado. La tienda de souvenirs a la salida hizo rápido su agosto, en menos que canta un gallo; los microbuses o coches particulares debían continuar sus rutas para visitar otros lugares, pintorescos, naturales, históricos,…, éste pequeño país presumía de que lo tenía casi todo, y bien catalogado.

Nosotros somos una familia acostumbrada a viajar, no nos quita el sueño el hecho de encontrar un sitio mejor que otro; todos al fin y al cabo tienen algo en común que hace que continuemos viajando, y a diferencia de cada uno de los tres grupos de turistas que estigmatizan el lugar a su manera, nosotros lo trasladamos en el tiempo y en el espacio de la historia.

Hoy mi hijo fue un capitán que había salvado la fortaleza del enemigo sangriento. Mi hija una sabia doctora descubridora de elixires sanadores de enfermedades de la época. Mi esposa y yo comerciantes de exóticos productos venidos de allén de los mares.

En el lugar que visitamos todos nos sentimos cómplices con los fantasmas escondidos tras los muros del castillo, y en la noche en nuestros sueños merecidos tras una larga caminata por los montes que lo rodean, nos cansaremos aún más arrastrando los grilletes por los pasillos del castillo.

En ese mundo real y de los sueños venimos conociendo el mundo, un mundo que aún lleno de pesadillas todas parecen reales, donde la belleza y la esperanza llenan de ilusión por uno mejor, y donde también el final con retorno siguen teniendo su espacio.

Mientras cabalgamos por la historia de la humanidad, renuncio al libro codificado indicando el número de calzado de la propietaria del restaurante, como también a la minicámara instantánea modelo cuántico. Esos dos grupos renuncian al pasado, como también al futuro al que siempre creen aspirar.

Mi grupo, aunque disperso y del todo variado, verá llegar el futuro en compañía de fantasmas, de ilusiones, aunque muchas frustradas, con pasión compartida y dividida. Al fin y al cabo como turistas en el mundo real y en el de los sueños.

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