Me perdí. Autor: Pilar Saez Tolosa

Me perdí. Yo, me perdí. Me perdí yo.

Fui bicho bola.

Tuve tantas ganas de clausurar los párpados, de languidecer tranquilita.

Pequeñita, fui muy muy pequeñita, canija, enclenque, exigua, raquítica, casi diminuta, inferior, infamemente ínfima, impalpable, desdeñosamente imperceptible, inapreciable.

Fui miope, siempre fui miope. Puedes ser miope si diluyes la lejanía y microanalizas meticulosa y minuciosamente la minúscula materia más cercana. A veces, te golpeas con tu continente de cristal, mosca. ¡Eres mosca!. Pero rebotas, sé que siempre rebotas. Carcajada desafiante. ¡¿Qué experiencia, qué autocontrol, qué aprendizaje, qué esfuerzos?! Olvídate, repetirás hasta el infinito el “nunca más”, te aburrirás de tí, serás cansino. No tienes voluntad. Yo hice trampas. ¡Vaya, si hice trampas! Pero miope o no, tu te ves. Y eso, que con la pérdida, dicen que miras sin ver.

Me perdí en la laberíntica miga del pan. Un día me perdí para desenmascarar la pérdida, para aclarar y determinar que me perdería una, y mil. Que me perdería en la pérdida, perdida. Que me perdería a mí, que me perdería de mí. ¿De mí? Ni el blanco de mis ojos reconocía de mí.  Y que con las pérdidas repetidas reprehendería y reaprendería a reconstruir, reconcebir, rehacer y reasignar la resignación, hincando las rodillas del alma en la tierra más pantanosa.

Peregriné al encuentro del “traste”, ese de “mandar al”. Centrifugué la percepción. ¡Que paren esta peonza! Enemistada con mi lucidez, sobretodo, con la mía, intentaba sobrevivir al naufragio de la del otro. No existen las tablas de salvación, por eso, vas, y te pierdes.

Maldito ese “pero”, ese enlace, pero, ¿qué enlace?, como se atreve a rozar ese término, enlace, alianza de contraposiciones, restricciones y limitaciones, ¡maldito!. Monopolizador de discursos hilados de reproches y culpas. Si desacreditas la estima, ¡es tuyo!, ¡lo tienes! Quédate con el “pero”, lo ganaste con justicia.

A ti también, a ti, no me mires, te maldigo también, símbolo, no eres más que símbolo, no tienes, no eres, simbolizas, con tu puntito extremo, diminuto, línea esclerósica, no eres más que eso, una línea esclerósica .¿De donde sacaste el valor? ¿Cómo lograste impunemente ser mi columna vertebral?. Me hiciste dudar de mí, con tanta frecuencia, que tú lo fuiste todo, amor platónico no correspondido de tu arrogante “interrogancia”.

Me perdí, yo, me perdí. Me perdí yo.

De tanto tachón se me perforó el papel.

Me dejé crecer piedras en el estómago.

Fui bicho bola.

 

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  1. luisa cacheiro q

    Con este escrito trata de visualizar lo qué hay en esa persona,como se ve y con su profundo admirar como se lleva con su interior y su exterior.
    Está un poco complicado.

  2. Carlos Olmo Bosco

    En las bases del concurso dice: “y en ellos la narración de un viaje tiene que ser elemento imprescindible del argumento, si bien este viaje no tiene por que ser real y se interpretará con flexibilidad, ya que la vida es un viaje cargado de experiencias”.

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