Amén. Autor: Marcelo Lopez

En el ómnibus se colaba la tierra como si en vez de un vehículo fuese una aspiradora. No había otra razón distinta a la de llegar a destino con buen tiempo que me impulsara a estar ahí, sentado como podía, en los asientos azules de un ómnibus que me recordaba a los antiguos colectivos que me traían de vuelta de la escuela. El tapizado azul, el cielo azul, el aire marrón gaseoso atrapado de una lata que se movía. El pronóstico era malo, seguramente llegarían las lluvias, no las lluvias resignadas de casi todos los días. Las lluvias intensas que de vez en cuando llegan a Belice para quedarse. Corría contra el tiempo, tenía que llegar a Belice city antes que el agua se desatara y comenzara a inundarlo todo. No quedaba mucho, no más de 45 kilómetros de la misma tierra, del mismo polvo. Pero la velocidad del ómnibus y su estado hacían que cualquiera que pudiera ver dudara de las horas, de las fechas, del tiempo y las matemáticas.

El ómnibus avanzaba y yo no encontraba nada, suponía que en este viaje, en el trayecto, iba a encontrar la historia que estaba buscando; la que había venido a buscar. En eso estaba soñando despierto, agradecido a la providencia que en los últimos 500 metros habíamos tenido dos baches menos, cuando el colectivo se detuvo sobre el camino. A nadie pareció importarle nada, ni la parada, ni la forma, ni el lugar. Me levante de mi asiento como pude y con la cabeza golpee la jaula de una gallina que la señora sentada detrás me había apoyado. La gallina se quejó del susto y se puso completamente loca. Pedí disculpas y me pareció una situación absurda, la mujer corrió la jaula sin decir nada y la puso sobre su falda. Semi parado pude ver que afuera el cielo estaba ya totalmente cubierto, podía sentirse el agua venir. Vi también una familia parada al costado intentando poner sobre el techo unos cuantos bolsos. El motivo de la parada entonces eran ellos. Nadie los ayudaba y nadie los apuraba y ellos no parecían comprender lo rápido que el tiempo se esfumaba. La mujer era bastante gorda, tenía una remera negra enorme, pollera negra y una gran trenza rematada con un cordón naranja. Los dos chicos que estaban con ella eran idénticos. Uno tenía una remera roja y el otro una remera naranja, el hombre era un personaje bastante más petiso que el resto, con una mandíbula tan cuadrada que me llamo la atención. Se movía enérgico y tiraba bolsos al techo tratando de que quedaran encajados de alguna forma. La mujer y los chicos subieron, el de rojo intentaba inútilmente buscar un asiento, el hermano de naranja se quedo parado junto al chofer que sin mirar a nadie mandaba un mensaje de texto con el celular. El hombre termino de acomodar el último bolso y subió finalmente al ómnibus. Me llamo otra vez la atención que el marido fuera tan distinto  tenía una camisa celeste suelta y un jean azul bastante arrugado, un bigote fino le cruzaba la cara y lo hacía aun más extraño. Sin dudas es extranjero pensé.

Media hora después calcule que faltaban unos 20 kilómetros nada más. Habían empezado a caer unas gotas enormes y pesadas que parecían marcar el ritmo de una advertencia complicada. El calor era sofocante y el poco viento que nos acompañaba se había apagado por completo.  Los últimos 2 o 3 kilómetros los hice insultando para adentro. No pude llegar a Belice City antes que la lluvia y ahora no quedaba mas que resignarse a moverme , durante los días que estuviera allí, bajo el agua.

Finalmente el ómnibus paró en lo que sería algo asi como la estación. Una estructura completamente de madera, como casi todo por ahí, y techo de chapa que hacía casi imposible el escuchar cualquier otra cosa que no fueran las gotas gigantes golpeando. Baje como pude, esquivando bultos, cajas, animales y jaulas. Un escalón antes del final pise accidentalmente al chico de la remera roja. Grito de dolor pero nadie pareció interesarse, le toque la cabeza con la mano amistosamente pidiendo perdón y el padre, el hombre de bigote fino, me palmeo la espalda diciéndome que me olvidara del asunto. Agradeci y me puse a buscar mi bolso. Lo encontré completamente mojado y cubierto de barro, tirado a un costado de ómnibus. Intente no apoyármelo en la ropa pero fue solo un reflejo absurdo, me mire y me di cuenta de que no tenia sentido. En la puerta grande la estación me pare esperando lo imposible, que la lluvia parara y me dejara caminar tranquilo. Deje el bolso en el suelo entre mis piernas y me puse a ver a la gente que como hormigas se movían en todas direcciones. A nadie parecía importarle demasiado la lluvia, estaban acostumbrados. Una mujer se paro a mi lado, me miro, sonrió y me dijo en ingles “no chance…it won´t stop till september” y cruzo la calle bajo el agua. “no hay posibilidad…no parara hasta septiembre” me había dicho. Estábamos terminando julio. Seguí mirando afuera hasta que desde atrás me llego una pregunta. Fuma? Me di vuelta mientras decía que no y me encontré cara a cara con el petizo de bigote finito y cabeza cuadrada. Yo tampoco debería. Dijo. Saco un cigarrillo completamente aplastado del bolsillo del pantalón  y cuidadosamente intento devolverle la forma original con los dedos. Tiene fuego? Me dijo.  Lo mire y le sonreí pensando que era una broma. Me miro también pero sin entender entonces le dije. No fumo, se acuerda?. Es cierto! Perdóneme! – se disculpo- es que este clima me hace perder la cabeza. Lo escuche excusarse y note que tenía un acento español bastante marcado y se lo comente. Si  hombre!, del sur, Barcelona…conoce?. Pregunto pero no le respondí.

Mientras hablábamos la mujer gorda de la remera negra y el cordón naranja, con los chicos de rojo y naranja cruzaron la calle con el agua hasta las rodillas, esquivando la basura que bajaba flotando hacia el rio y finalmente hacia el mar. No va con su familia? Le pregunte. Que familia ni familia, joder! Que no tengo familia, al menos aquí. No me perdonaría traer a mi esposa a este infierno. Pero la mujer y los niños que subieron con usted?
Sonrió y con el cigarrillo apagado y maltrecho a un costado de la boca me dijo. Una clienta, muy buena clienta, pero nada mas. Me quede  callado y seguí mirando la calle que se había transformado en un riacho caudaloso que se desmoronaba en el rio.
carajo! – grito de repente el español- que no puede ser que en este lugar de mierda nade pueda darme fuego!. Lo mire tan sorprendido que se puso colorado, bajo la voz y me explico. Es que no puedo fumar pero tampoco es para que se me niegue un favor, verdad? Las reglas de convivencia y  todo eso…si yo le pido un favor usted no le pregunta a mi medico, a mi madre o mi esposa, usted me hace el favor, verdad?
es que acá la gente habla ingles, quizás por eso nadie le ayudo. Le respondí.
Ahh el inglés, el inglés…idioma de mierda al que no se le entiende nada…por eso lo vi a usted, lo escuche hablar y me dije, Ismael, ese buen hombre si te va a comprender. Porque haber gente había pero eran todos extranjeros en ese cacharro en que vinimos pero que hablaran la lengua de Cervantes…solo usted y yo.
Todo lo que decía me resultaba tan raro y a la vex tan gracioso que no pude evitar sonreírme una vez mas.
Segui mirando la lluvia mientras Ismael iba a un negocio cercano en busca de fuego otra vez, volvió fumando, lanzando humo como una locomotora, mas tranquilo supuse.
hacia mas de media hora que estaba ahí parado esperando lo imposible, que dejara de llover una lluvia de 3 meses que recién empezaba. Me resigne, levante el bolso del piso , salude a Ismael y me propuse salir a la lluvia y cruzar el rio de barro que seguía pasando. No alcance a poner un pie afuera que Ismael me tomo del brazo. Se va ahora? Me dijo extrañado. Si, no hay otra opción. Le conteste. Tengo cosas que hacer y esta lluvia no para. Usted cree? Esta seguro?. Me pregunto. Créame que se de lo que le hablo, no es la primera vez que estoy por estos lados , hace un buen tiempo que viajo por acá. Se quedo pensando y sin soltarme el brazo me guiño un ojo y confiado me dijo. Quédese, conversamos un poco mas en nuestra lengua y después lo dejo irse, si? Se quedo callado mirándome con la cara mas simpática que pudo poner y con la mano derecha todavía en mi brazo. Como los segundos se estiraban y yo no decía nada se sincero conmigo. Entre un suspiro aliviado y una exhalación resignada se soltó. Este calor insoportable – empezó- esta humedad, la gente…oscura…no se…y … y la puta que los pario! – exploto- con todos estos que no hablan español!!. -Se me acerco un poco mas y pude ver como le caía la transpiración por la patilla – no aguanto mas esta mierda. Completó

Baje el bolso otra vez al suelo y eso hizo que sonriera, me soltó el brazo y se paso el pañuelo por la cara. Mire afuera y le comente confiado. Llueve todavía.
se puso las manos en los bolsillos e inclinándose para atrás hasta quedar apoyado en los talones me dijo. Si y la verdad no creo que pare ya, es como si de arriba abrieran un grifo, el agua no acaba hasta que acaba.- se paso el pañuelo otra vez por la cara- se lo digo yo que llevo caminando y viajando esta puta tierra tropical.
Yo seguía mirando afuera donde apenas algunos autos pasaban entre la cortina de agua. Había llegado tarde y no había podido evitar las lluvias, ahora además estaba anclado en la estación de ómnibus con la compañía tan particular de un tipo como Ismael. Y usted que hace por acá? Le pregunte tratando de sacar resignadamente una conversación ue me permitiera cumplir con cierto compromiso que me había auto impuesto al quedarme con el y que me diera también el espacio necesario para poder escaparme en un rato. Repentinamente cambio el tono de su voz y muy firmemente me dijo. Vendo biblias. Lo mire, levante los ojos sorprendido y el lo noto al instante. No es tan raro – dijo- vendo Biblias en esta tierra nueva tan bendecida y al mismo tiempo tan olvidada por nuestro señor. No es un negocio fácil pero no importa, yo lo he tomado casi como una misión especial y la verdad es que finalmente la forma de que la palabra del señor llegue lo mas lejos posible y de que las ventas vayan de la mano.
Me causo gracia la frase y le pregunte como lo había resuelto. Fundamentalmente las escribo me dijo. Quede paralizado sin saber que contestarle, mirándolo, seguro de no haber entendido y el siguió hablando.  En español, claro, después en la imprenta lo traducen al inglés que habla esta gente. Las escribe? Le pregunte otra vez.  Si, si, las escribo, no toda claro, ya la mayor parte está hecha pero es que sino falta novedad…si le vendo una biblia hoy…para que va a querer una el mes que viene? Entonces tenía dos opciones ir casa por casa rompiendo las biblias que yo mismo vendía o ponerme a renovarla cada tanto y hacer que el negocio se movilice un poco mas, verdad?

Ismael estaba tan convencido de lo que me decía que no parecía entender claramente lo que estaba diciendo. Pero…la Biblia ya está escrita, hace miles de años, es la misma. Traté de explicarle una vez mas. Y claro! Ahí esta el problema, no le digo? Cuantas biblias iguales se pueden vender en estos lugares? Necesitamos actualizarlas, que tengan nuevos contenidos, nuevas historias, algunos milagros nuevos y cosas como esas. Me contesto.
Le puse la mano en el hombro y trate de ser lo más didáctico posible. A ver…Ismael, la biblia es una sola, la misma…siempre.
se hizo para atrás hasta quedar parado sobre los talones como le gustaba hacer cuando tenia que explicar algo en profundidad. Eso lo sabe usted, yo y unos cuantos mas. Esta gente – hizo una seña apuntando al vacío- no sabe nada de nada, muchos ni siquiera saben leer!! Me compran la biblia y no pueden leerla…se imagina lo absurdo que es eso?
Afuera seguía lloviendo y me distraje en las gotas que pegaban en el suelo y reventaban como bombas de cristal. Se hizo un silencio entre los dos que terminó cuando Ismael siguió su discurso. Espero que a usted no lo afecte…digamos que no sea muy apegado a la religión y eso, pero bueno..creo que estoy en lo correcto. No le hago mal a nadie, respeto los mandamientos en todo lo nuevo que voy escribiendo, doy buenos consejos y fundamentalmente acerco mucha gente a la iglesia. Eso debe tener un valor verdad?
yo no lo escuchaba realmente, me había quedado pensando en la primera parte de su relato y entre asombro y asombro no sabía si reírme o no. Y que escribe o como lo escribe? – le pregunté.
Otra vez se fue hacia atrás, otra vez sobre los talones. Empecé sumando algunos versículos, después me anime con un milagro para Pedro, mas tarde una peregrinación a Juan y así fui sumando nuevos textos, siempre con los doce apóstoles y los mismos autores de la biblia, eh? – me aclaro- En la imprenta me dieron la idea de que sumáramos un nuevo apóstol, el trece. Pero no estuve de acuerdo, al principio quizás me pareció bueno…podríamos crear textos completamente nuevos y poner la voz de alguien distinto…San Augusto…ya le habíamos encontrado nombre y todo eso pero me pareció una falta de respeto…mas allá de que iban a ser 13 y eso es tentar a la suerte, me dijeron “agreguemos al apóstol 14” San Ameno, pero ya no…dije basta. Esta bien que escribamos partes nuevas en la Biblia pero de ahí a inventar apóstoles hay una distancia.
me quede pensando y no pude evitar la tentación de seguir preguntando.
la verdad San Juan y San Lucas se me hacen fáciles, con San Marcos tengo algunos problemas. Pero no encuentro la forma y mire que lo he intentado…no puedo escribir como San Mateo. No me pregunte porque pero no hay caso. Sin poder creer lo que escuchaba seguí prestándole atención. El parecía totalmente compenetrado en su exposición convencido de que tenía toda la razón. Así me contó que su biblia era bimestral, que muchas veces para acomodar la presión del mercado la sacaba por partes, que el antiguo testamento ya no tenía apocalipsis y cosas por el estilo.
Afuera seguía lloviendo y la noche se iba acercando despacio.
Me preguntó si ya sabia donde iba a dormir y le dije que no. Se puso otra vez el cigarrillo arrugado en la boca y me dijo que el sí. Tenia unos clientes a los que visitaba cada vez que pasaba por Belice City y le daban alojamiento. Me invito a acompañarlo.
No, esta bien me buscare algún hotel o algo por los alrededores, no quiero molestar y seguramente sus clientes no estarán muy contentos de verme llegar. Le dije.
Se quedo mirándome y cambio totalmente de tema. Me puso sus dos manos en los hombros en una escena bastante ridícula porque su escaso metro sesenta hacia que esa muestra de confianza le significara quedar en puntas de pie. Y si usted es San Mateo? No puedo dejarlo ir, no me lo perdonaría nunca.- me dijo- quien le dice que no sea usted al que estoy buscando…San Mateo.
lo miré de nuevo y me puse a reír. Nada más lejos de un santo que yo. Le respondí.
No, hombre, no es así. Si los santos antes que nada eran hombres, si San juan tenía tres mujeres, está en la biblia.
En la suya. Le conteste riéndome.
No, creería que no, estoy casi seguro que esta en la otra, pero a quien le importa. Que tal si usted es San Mateo? Cualquiera puede ser un santo y no saberlo.
Lo escuche hablarme de lo mismo durante 20 largos minutos más. Me explico sus ideas, la personalidad de Mateo, lo que pensaría, lo que se suponía debería escribir dejando en claro que no podía influir en la palabra de un santo. Hizo apuestas, proyectos y fundamentalmente números. Si yo sumaba a San Mateo a su biblia podría editarla mensualmente y eso multiplicaría por dos las ventas. Lo escuché un buen rato sentado en el banco de madera en el que habíamos terminado. Como yo no respondía a tantas ideas hizo una pausa y tomando aire me ofreció el 20% de todo lo nuevo que se vendiera. Seguí enterrado en mis pensamientos viendo como la lluvia castigaba la madera y eso lo dejo mas desorientado aún, debe haber estado hablando solo un largo rato porque repentinamente  me tomó del brazo y apretándome mas fuerte que nunca, casi me grito. El 50% y no puedo darle más!. Nos miramos, cada uno esperando algo del otro, no se aun porque pero le dije que si. Se puso tan contento y sonrió tan sinceramente que yo también, absurdamente, me puse feliz. Me palmeó un hombro y me dijo. Ahora sí tenemos un buen negocio, vamos de mi cliente a tomar una ducha y comer algo caliente. Nos paramos, afuera el agua seguía cayendo con la misma fuerza con la que había empezado y como en los próximos dos meses. Levantamos los bolsos mugrientos y nos acercamos a la puerta. Se puso serio. Vamos a la casa y mañana probamos si puede ser San Mateo. Dijo. Lo escuche y pensé por un instante si podría ser yo ese santo que estaba buscando. Ismael se asomo a la calle y bajo el agua que lo iba empapando rápidamente y el rio de barro que le llegaba a las rodillas me hizo señas para que dejara de pensar y saliera de una vez. Sonreí para mi mismo. Un santo yo?. Pensé. Puse un pie en la calle y la última gota de la lluvia que iba a ser eterna me cayó en el hombro.

El dia estaba tan claro y el celo tan limpio que no podía creer que estuviera viendo el mismo escenario que se habia desbarrancado en miles de millones de gotas. En las calles el barro habia hecho de las suyas pero a nadie parecía importarle, era solo un obstáculo mas a la lista que ya tenían asumida, solo uno mas. Me habia levantado temprano, antes que Ismael, salude a los clientes que tan gentilmente nos habían alojado, junte mis cosas y aunque insistieron en que me quedara a desayunar y a esperar que Ismael se levantara, salía a la calle. Me resultaba tan incomodo estar en esa casa con gente a la que no conocía pero fundamentalmente con gente que creía tan ciegamente en lo que decía el español tan particular con el que había llegado. Sentía muy dentro mío la sensación de que les estaba “robando” , de que estar en su casa aceptar su hospitalidad tan simple y sincera era aprovecharme de ellos como si fuera yo un bandolero. En la calle de nuevo sentí un alivio particular, sin darme cuenta realmente me enderece, como si un peso enorme hubiera estado en mis hombros. Camine unas cuadras entre las casas de madera y en un negocio compre un jugo de naranja. Seguramente la heladera había pasado la noche haciendo un esfuerzo maximo porque la caja cuadrada era una piedra. Mientras caminaba aflojaba con las manos el jugo congelado apretando de un lado y del otro, asi tomaba un sorbo, el que apenas se había descongelado, y seguía apretando para descongelar otro poco. Camine hasta el rio buscando el muelle. Mi primer objetivo en Belice era viajar hasta Lighthouse Reef, para eso necesitaba una lancha o un barco que me llevaran. Hacia un tiempo ya que había estado viendo unas fotos increíbles de LIghthouse reef, eran siempre palmeras hermosas y aguas tan transparentes que a veces parecían no estar. Me acerque a unos hombres jóvenes que estaban coordinando la salida de las embarcaciones, me dijeron que me acercara a la ventanilla de la izquierda, allí podrían decirme mas sobre el viaje que necesitaba. Me volví hasta el edificio, de madera, subí un par de escalones y una señora negra enorme que parecía no caber en el pequeño box que le habían dado me explico muy gentilmente que el viaje iba a costarme 60 dólares y que saldría mañana a las 6 am. Para hoy ya había llegado tarde. Ella hablaba concentrada en los datos que me daba y yo no podía parar de mirarle las uñas, enormes, largas, brillantes y pintadas tan sutilmente con un paisaje de arena, mar y una palmera; que no pude evitar recordar a esos artesanos que pinta o escriben en un grano de arroz. Quise comprar un boleto para el dia siguiente pero no podía vendérmelo. Simplemente todo era por orden de llegada, habia lugar para 20 personas en la lancha que hacia el recorrido y los primeros 20 tendrian su boleto. Para que voy a darle un boleto ahora? Me pregunto combatiendo cualquier tipo de pensamiento lógico con una espada de papel. Bueno, puede que llegue mas tarde que otros y ya no quede lugar. Si usted me vendiera un boleto ahora yo ya tendría mi lugar y podría venir mañana mucho mas tranquilo. Escucho mi respuesta y o si lo que yo acababa de decir no tuviera sentido me contesto. De esa forma si alguien llega antes que usted, pero usted ya tiene su boleto, habrá llegado antes, se habrá preocupado mas que usted sin sentido…no no (sacudió la cabez repleta de pequeñísimas trenzas oscuras) no funciona asi. Mañana a las 6 AM

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