Port Douglas. Kriptonita, una acampada improvisada y visitantes acuáticos. Autor: Alberto Vayá

Cuando vuelves a Sydney sientes que puedes con todo. Eres una especie de superhéroe venido a más y piensas que no necesitas una cama para descansar. Vas a la playa y los próximos días lo único que vas a hacer es dormir, bucear y tomar el sol. Y así fue como empezó esta historia, en la que descubrí mi kriptonita y lo que me pone de muy mal humor, el sueño.

Todo comenzó una lluviosa mañana de lunes, en la que estaba harto de Bondi Beach y sus playas. Sí, en verano debe ser un paraíso, pero en la época que mi abuela llamaba de entretiempo, puedes llegar a pensar en el suicidio. Bondi no tiene nada que hacer si llueve, así que como llovía, salí corriendo del hostal en el que me alojaba y cogí el primer bus con destino a la ciudad, mi querida Sydney.

Era pronto, y aunque mis primeros planes eran quedarme en Bondi hasta la noche y coger el último autobús hacia Sydney y el último tren al aeropuerto, la dueña del hostal, sus malas maneras y la lluvia hicieron que me decidiese a pasar un día en la gran ciudad. Así fue, con mochila a la espalda volví al hostal en el que me alojé durante mis días pasados en Sydney, y después de rogar un poco y pagar 8 dólares, me dejaron guardar la mochila durante unas horas.

Con una sonrisa, salí a recorrer los lugares que más me habían gustado de Sydney, incluyendo la Sydney Opera House y los jardines botánicos, esperando al último tren con destino a la terminal 2 del aeropuerto de Sydney, la terminal doméstica. Pasó el día, fui feliz, disfruté de la ciudad como si fuese el fin del mundo y me fui al aeropuerto. Saber que tienes toda una noche por delante para dormir en el suelo de un aeropuerto hace que te relajes, te lo tomes todo con mucha calma… Hasta que llegas a la terminal.

Bajé del tren y me parecía muy raro que nadie bajase en la misma estación, pero bueno, le eché la culpa a los australianos, que no saben donde van. Al entrar en la terminal, todo fue más raro todavía. Todas las pantallas apagadas, nadie trabajando, la zona de facturación cerrada… pero bueno, no me importaba, porque yo iba a dormir, así que cuanta menos gente molestase, mejor!

Fui al baño, me lavé los dientes, la cara y las manos, me puse ropa cómoda (y no me puse en pijama porque hacía algo de frío!) y busqué un lugar apartado. En unos bancos, había un grupo de alemanes que pensaban dormir allí también, así que me hice un poco el loco y me puse cerca, por si acaso. Mientras disfrutaba del WiFi del aeropuerto, un amable señor se acercó para decirnos que si queríamos dormir, que nos fuésemos a un hotel, porque la terminal cerraba a las 23.00h. Fue todo lo amable que se puede ser y nos mandó a un McDonald’s a 10 minutos del aeropuerto, donde podíamos tomar un café y quedarnos sentados esperando.

Así que eso hicimos, dormir en un McDonald’s, porque eso de esperar da mucho sueño. El gerente se apiadó de nosotros y nos abrió el cuarto de juegos para los niños, y montamos una acampada improvisada. Seis alemanes, un español, dos holandesas y un francés. Aunque parezca un chiste no lo era, era muy triste!

Pero bueno, dormimos un par de horas y a las 4.00 estábamos de vuelta en la terminal para facturar las maletas con destino a… CAIRNS! Punto de salida para visitar Port Douglas y su GRAN BARRERA DE CORAL! Port Douglas es un pequeño pueblo situado a unos 50 kilómetros al norte de Cairns. Cuando llegué no sabía que hacer. Llevaba 22 horas deambulando por Sydney y las inmediaciones de su aeropuerto y otras 5 horas para llegar a Port Douglas, así que no sabía si ir a la playa a disfrutar o ducharme y dormir durante 3 días seguidos. Pero como la actitud viajera supone aprovechar cada momento como si fuese el último y disfrutar de cada lugar como si no hubiese mañana, decidí ponerme el bañador y correr hacia la playa, con una temperatura de 32º, sí, había vuelto al paraíso.

La playa de Port Douglas es conocida como ‘4 Mile Beach’, y sí, es porque tiene una longitud de 4 millas. Y yo me pregunto, ¿por qué se mide en millas si en Australia usan el sistema métrico decimal? Misterios del norte. Lo más curioso de esta playa, además de que es interminable (aunque mida 4 millas) es que sólo puedes bañarte en una pequeña zona acotada por una red, esta vez no para los tiburones sino para las medusas, que campan a sus anchas por las cálidas aguas que rodean la Gran Barrera de Coral.

Después de un buen día de playa, en Port Douglas no se puede hacer otra cosa que coger un buen libro, comprar un buen vino, y pasar la noche con la compañía de tus pensamientos y los mosquitos. Eso sí, a poder ser lejos del agua, porque en estas zonas de manglares, los visitantes nocturnos son los cocodrilos, y por las historias que contaban los lugareños y las noticias, ya se habían comido a un par de perros durante esta temporada de altas temperaturas.

Así que nada, alejándome del agua y de los cocodrilos me despido, para prepararme para madrugar y bucear en la Gran Barrera de Coral!

Hasta entonces,

 Felices viajes!

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