Breves encuentros con calambre en la barriga. Autor: Pilar Saez

Egipto.

Un país de nada. De defunción paisajística y vida de una vez, de aterradores infinitos espacios de no vida y fértiles campos de génesis. Desierto y valle bañado por honorable río. Y ya.

Esta es sociedad de hombres, por y para hombres, de lugares de hombres y visiones de hombres, y unas solas reglas del juego. Se llaman reglas del juego de ellos. Reglas del juego de hombres. Así se llaman aunque suene a no sé que de islam… Individuos que siempre ganan y que regulan para siempre ganar. Estos ciudadanos de primera ajustan la realidad a su comodidad existencial y espiritual. Toda debilidad o mediocridad que les hubiera podido ser otorgada en el reparto de virtudes o carencias se disimula con maestría. Muerto el perro se acabó la rabia. Y es así como las mujeres se borran o se oscurecen tanto que se dejan de ver. Relegadas por completo de toda vida visible y cubiertas en un envoltorio negro que apenas se rasga para poder entrever. Una grieta a la altura de los ojos. Ver sin ser vista siempre puede esconder algún placer.

Y los mercadillos que se calcan de los mercadillos de todos los mercadillos del planeta y rebosan del gusto del disgusto que caracteriza los mercadillos, ofrecen encajes, tangas, plumas, transparencias… El porno o el sexo a penas se dirige a la mujer… Eso, también se le reserva a él. En Egipto se puede hacer o conseguir de todo como en casi todas partes, si no te ven. Y la prostituta sigue cumpliendo su papel y chupándosela al de siempre por la misma precariedad salarial de siempre a las escondidas de siempre pero más… Y si alguien debe ejemplificar el castigo al vicio censurado por su mismo ejecutor, nunca deberá ser él. Se es mejor víctima si la víctima siempre es la misma. Muerto el perro se acabo la rabia. La tentación es reprochable. Este país desborda reglas morales y carece por completo de cualquier otra norma. Las reglas morales gestionan el comportamiento, poco más. Y si el autocontrol es complejo, mejor exterminar todo indicio de objeto deseable. Sacrificar un genero para facilitar el camino de la buena conciencia y conducta del otro.

Los egipcios de mi viaje parecen tener ese ser muy humano, y no se roban, y se ayudan, y te ayudan, y son educados, y son correctos, y trabajan, y luchan, y son hospitalarios, y hospitalarios y muy hospitalarios y la vida es vida de la vida de toda la vida aquí. Y eso es un inmenso placer.

Los egipcios de mi viaje están gordos con mayúsculas en una sociedad sin memeces llenas de vocablos “bio, eco, neo, agro”. Cada esquina es una tienda que hidrata al viandante con productos de sus propias tierras. Naranjas y zumo de caña hasta la saciedad. Por 50 céntimos se hinchan a vitaminas cada vez que aprieta la sed. Hay tomates, pepinos, queso feta y berenjenas, pan y fruta, y cereales y decenas de frutos secos… Pero bajo la bolsa de bajar la basura tamaño mudanza mujeres orondas solo muestran las redondeces de sus rostros prietos entre tanto ajustado velo. Eso cuando asoma un rostro atrevido y no solo una pestaña. Caminan que no caminan y todo lo que ingieren se queda. Y se redondean. Son redondos.

El Cairo es esa ciudad que es París y paso por ser un día Buenos Aires… Ahora es El Cairo. Es solo que nadie puso la lavadora desde el ultimo faraón y esta todo hecho un cristo! Sin orden ni concierto Cairo tiene arterias, cauces caudalosos de vehículos que circulan sin un como o un por qué y peatones que desafían todo lo que cualquiera pueda asociar al término cruzar.

Un país en estoica resistencia sin gobierno durante casi un año puede ser tanto un gran ejemplo de que nadie necesita subordinarse y ser gobernado para seguir funcionando. ¿Puede darse en algún caso la casi autogestión? ¿Sin policía? ¿Sin gobierno y sin ladrón?. Ellos se sobran y se bastan con el estricto gobierno religioso que les da el orden y concierto que lo inherente al ser humano hace trizas. No hay saqueos porque Alá prohibe el robo… es como argumentar que nunca mas nadie hará mal a otro ser humano porque papa noel lo censura o a un hada del bosque le parece mal. No existe y va y funciona!

Rebosante de historias que contar, añeja y solemne en tesoros del libro de historia, con deteriorados pueblos de polvo y hormigón armado, de belleza cuestionable, de entorno desolador y hábitos de vida intrigantes. Palmerales y cultivos y aguas termales y fuentes en el ombligo de la nada de nada más que de arena infinita. Bellas construcciones de adobe y restos de pueblos destruidos por que un día cayeron tres gotas, historias de caravanas y comerciantes que no se llaman Zara. Cada uno vende y compra lo suyo, y se arreglan las cosas y se es artesano y se sabe hacer algo en la vida.

Pero nadie conoce a nadie al flechazo, hasta que no se deja el tiempo pasar y se tuerce el ceño… Y Egipto ha sido sólo un breve encuentro con calambre en la barriga … Viajar siendo mujer, es siempre curioso.

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