El sur. Autor: La Dama Blanca

Sentada en ese sillón, ni muy cómodo ni demasiado incómodo, y después del emocionante despegue, por supuesto, empezaron mis ojos a cerrarse y psique a replegarse sobre sí. Hundida en la otra realidad del día a día, el mundo onírico…

Y no es que tuviera sueño, no.. Era más un don, una suerte de vivir en mi cuerpo. Educado mi subconsciente, me dejé mecer por las turbulencias y solo desperté las dos tres ocasiones en que te dan de comer… Es sin duda un privilegio poder dormir las doce horas de vuelo que nos separan de Madrid a Buenos Aires.

Los aeropuertos son pesados pero acogedores… Son islas y oasis en medio de los más variopintos lugares. Todo resulta muy “cosmopolita” y “universal” dentro de un aeropuerto… Los mismos restaurantes, las mismas tiendas… Hasta la gente parece igual. Ya estés en Tunez, en Grecia o en el mismo Buenos Aires…

Todo lo demás, afuera, se empezó a perfilar en mis sentidos, en mi mente, ante mis ojos y en mis sensaciones, como un mundo nuevo y totalmente diferente… Lo primero que vi fue la luna, pues era de noche, y mi corazón dio un vuelco al comprender que estaba al revés…

Sin esperar un minuto llamé a mi padre, el que siempre me instruyó en los astros y planetas…

-Hola papá, ya hemos llegado… ¡La Luna está al revés!-

Su voz sonó algo incrédula…

-¿Cómo que al revés?-

-Sí… Al revés… Estamos en creciente ¿no?-

-Sí, así es, hija mía…-

-Pues tiene forma de “C” en lugar de “D”… Aquí la Luna no miente… dice la verdad…-

Nos reímos un rato… Mi padre siempre me dijo que, para recordar la posición de la Luna, había de pensar que ésta siempre miente y así, cuando la vemos en forma de “C” decrece y al viceversa.

 

Agarramos un colectivo hacia Mar de Plata, nuestro primer destino… Y lo agarramos porque en Argentina el verbo “coger” tiene un significado diferente… Y fue un colectivo, no un autobús, porque allí es así como llaman a este tipo de transporte… ¡Que divertidas son las diferencias lingüísticas!.

Lo cierto es que el viaje en autobús se parece mucho al viaje en avión, así que le dije de nuevo a mi ser que se durmiese tranquilo.

Llegamos a destino cinco horas después… Y no sé muy bien que hora era, pues el reloj dejaba de tener sentido en el momento en el que la diferencia horaria es de 5 horas… Pero presumo que eran cerca de las 6:00 am, hora Argentina.

Con la emoción de llegar, y después de dormir y dormitar las anteriores veinticuatro horas, no importaba lo pronto que el reloj dijese que fuese, había que ponerse en marcha.

Dejamos nuestros trastos en la casa en la que nos hospedábamos y hablamos con las gentes que nos acogían, mi familia política, a la que conocía, después de casi seis años de matrimonio… Que afortunada me sentí de poder compartir la vida, tal cual la viven aquí, rodeada de sus costumbres, sus alegrías y sus penas.

Teníamos que resolver algunos asuntos aquel mismo día en la ciudad así que, acompañados de mi nuevo cuñadito, agarramos otro colectivo y andamos camino del centro de Mar de Plata.

La ciudad es costera y está situada al noroeste de Buenos Aires.

El lugar no podía ser más idílico. Los edificios de la costa, eran como cualquier otro lugar, altos apartamentos que aprovechaban bien el espacio y la luz… Sin embargo, la arquitectura del resto de la ciudad estaba formada por elegantes casitas bajas, unas más ricas, otras más humildes pero bellas todas, sin excepción.

El ambiente era cálido y luminoso, ¡y eso que es febrero!

Las calles soleadas, llenas de turistas y autóctonos en mangas de camisa o tirantes; ese resplandeciente sol que se filtraba entre las hojas de los falsos castaños… La ciudad huele a mar, a verano, a risa, a fiesta, a alegría ya vida.

El estrés lo dejamos en el aeropuerto, con todas las prisas y desesperos…

La verdad es que todo me pareció bastante igual, aunque muy diferente.

La gente es muy receptiva y le gusta mucho hablarte… Como a todos, les atrajo mi cercanía diferente, mi forma de hablar distinta pero igual… Casi todo el mundo tenía alguna historia que contarme sobre familiares cercanos que han vivido, viven o vivieron en España.

Tras realizar nuestros trámites, terminamos la mañana sentados en una terracita, tomando un café con “facturas”, unos dulces típicos argentinos que son tan dulces como sus gentes.

Cuando por fin volvimos a comer a casa, ¡mis tobillos parecía obuses!… Se habían hinchado tanto que me costó quitarme los zapatos.

-Eso es por dormir todo el tiempo y no cambiar la posición- me riñó mi marido con cariño.

Yo sabía que era cierto… Pero de vacaciones no hay mal tan leve que pueda perturbarte… Así que no lo tuve en cuenta.

¡No hay tiempo para preocupaciones!

Después de la siesta hacemos la maleta para un fin de semana, tenemos programado un vuelo esa misma tarde que nos lleva lejos, lejos, muy lejos… hasta el fin d el mundo: Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Allí nos esperan una pareja de amigos en común, que nos han prometido un viaje sorpresa.

Al llegar dormimos, que el cuerpo no da para tanto y al día siguiente hemos de levantarnos pronto.

Muy pronto, casi de madrugada, montamos en el coche de nuestro amigo y comenzamos una emocionante travesía a través de solitarias carreteras, llenas de nada… Yermas llanuras.

Cruzamos en Ferri, cruzamos por Chile y paramos para repostar en alguna pequeño pueblo… Pero sobre todo, vamos por la ruta vacía de vida.

Para mi enorme sorpresa, de pronto, una manada de animales que parecen Llamas pero son Guanacos, cruzan libres y gráciles la carretera.

Encontramos pájaros carroñeros que nos vigilan en el camino… Pero nadie sabe decirme que de qué especie son.

Y poco más, solo tierra baldía. Desierto frío e impactantemente enorme, sin fin…

Ni más ni menos que doce horas de coche.

Paramos por fin a la noche en unos hotelitos geniales, formados por cabañas independientes con todas las comodidades de la vida moderna… Hay que decir que en Argentina saben cómo hacer las cosas… El lujo nos rodea y me abruma.

Cenamos asado, cocinado por nuestros queridos hombres, mientras mi amiga me enseña unos pasos de tango, que pronto olvidé… No es nada fácil…

 

A la mañana siguiente, nos dirigimos hacia el Parque Natural del Calafate, lugar en que se encuentra el Perito Moreno, el único glaciar del mundo que continúa, hoy por hoy, creciendo… O al menos, eso aseguran ellos.

 

El espectáculo es sobrecogedor, hipnótico… Una inmensidad helada, tan grande que la vista no alcanza a ver el final, se abrió paso ante nosotros. Se podía ver el color del rayo en el interior de aquel hielo; se podía sentir su fuerza, la vida en estado puro en su interior… La paz, sin más palabras que lo puedan describir, invadía todo mi ser desde lo profundo de mi corazón, hasta las capas más superficiales de mi piel.

Pudo pasar un siglo y yo quedarme allí sentada, sin apenas notarlo.

Entendí que parte de la naturaleza era yo y cuál era la razón de mi existencia.

De repente, sin previo aviso, un ensordecedor estruendo perturbó el silencio. Era como una “mascletà” valenciana en su momento álgido, era el desprendimiento.

Se me erizó el bello del os brazos y una terrible emoción me inundó por completo… Deseaba estar allí dentro, ser parte del hielo primigenio… Ser agua, ser la energía que se encerraba en su interior…

 

Como si saliéramos del mejor de los balnearios. Caminamos todos en silencio, extasiados, de nuevo hacia el coche… El regreso sería sin duda un suspiro en la eternidad.

 

Tuve un extraño sueño en el viaje de vuelta a Ushuaia…

<<Era feliz. Vivía colgando flotando, colgada de la rama de la que había nacido, hacía ya muchos meses. Me sentía en plenitud conmigo misma y también con el universo… Todo, desde ahí arriba, parecía mágico. El ambiente era fresco y cálido, las flores pugnaban en la tierra por salir adelante y alcanzar el sol, allá arriba, lejos, distante… Sus rallos eran la energía vital que nutría el árbol madre y el viento me acunaba suave.

Una extraña sensación me envolvía. Parecía que había llegado un momento crucial, uno al que llevaba tiempo esperando y que en realidad, no podía describir con palabras… Era bueno y emocionante, aunque algo turbador también… Me daba seguridad y al mismo tiempo algo de miedo.

Observé abajo una vez más y vi algo… más bien alguien.

Estaba parada justo debajo de mí y no parecía enterarse muy bien, ni de dónde estaba, ni que hacer a continuación.

De pronto el viento apretó fuerte y empecé a notar cómo mi tallo cedía… Una horrible sensación de inseguridad se apoderó de todo mi redondo ser… Temblé, si es que una manzana puede temblar, y al hacerlo, caí… El tiempo se detuvo, un frío intenso se apoderó de mí y me cortó en miles de pedazos. Extendí mi cuerpo; luego lo contraje.

Las cosas que había vivido, los días que había pasado atada mi árbol pasaron volando a mi alrededor y pude verlos… Vi al pájaro que me intentó picar y no pudo, vi la oruga que había hecho un capullo debajo de la hoja que quedaba más en la punta de la rama que me sostuvo todo el tiempo y también la hermosa mariposa en que se convirtió, pasado un tiempo… Recuerdo aquel momento como uno de los más maravillosos de mi vida.

También vi la araña y las hormigas… y aquellos pulgones de los que vivían… Recordé lo cruel que me hubo parecido entonces y entendí que era parte de un todo indescriptiblemente grande y bello, un todo al que yo pertenecía y al que estaba destinada a formar parte…

Entonces choqué contra la cabeza del alguien, reboté y caí al suelo…

La hierba paró el golpe y ahora formaba una bonita alfombra a mi alrededor. Una manta que me envolvía y me protegía.

Entonces comprendí que un día yo hube sido tierra y agua, y una semilla… Y mi madre, el árbol.

 

Aspiré aire profundamente y me relajé, pronto vendrían a por mi las hormigas, los pájaros y otros insectos y volvería a ser tierra, agua y semillas.>>

 

Aquella noche en la isla, pues Ushuaia es en realidad una isla, nuestros amigos me presentaron la noche argentina. Hice nuevos amigos, de esos que siempre haces en los nuevos países… Siempre es agradable ser “la sensación del momento” por una noche.

 

Ya en casa, hablamos sobre nuestra experiencia con el glaciar y fue muy agradable y emocionante descubrir que coincidíamos en nuestras sensaciones y descripciones… La belleza de la vida, la paz interior, nos había sido revelada, después de tantos años de búsqueda, por fin, ante nuestros humildes ojos.

El día siguiente, visitamos la ciudad, el puerto, el faro, la cárcel… Es un museo… Según parece aquel lugar era muy buena cárcel… Ya que siempre hace un frío que pela y es bastante improbable que nadie sobreviva solo y sin medios por sus desiertos helados.

También vimos los preciosos y densos bosques, que evocaban tantos paisajes que yo sólo podía recordar de películas de misterio o incluso de terror… Que bonito y al mismo tiempo inquietante me resultaba aquel entorno… En mi conocimiento europeo del mundo, jamás podía haber imaginado semejante densidad… Ojala tuviésemos aún ese tipo de bosques en España.

 

Después de despedirnos con besos y abrazos, volvimos a Mar de Plata. Allí terminaríamos el viaje.

 

En la casa de mi suegra, a lo lejos, al amparo de la noche y tras las sombras, zumbaban los grillos en su frenético intento por encontrar pareja.

Pleno verano y la Luna casi llena en un diferente creciente, aquel que solo te puede enseñar el sur, ese que sonríe, ese que no miente y que sin motivos casi te envuelve y pretende confundirte para que ,al menos por un momento, creas que en realidad, no es el que manda, y el que es pobre y está explotado, tenía la razón desde un principio… Casi me hace sonreír… y al tiempo nubla mi vista y me roza de nuevo la duda, como un fantasma etéreo y volátil… con un escalofrío me roza y me impregna un perfume que no marchara ya nunca y quedará por siempre como un tatuaje… el sur es lo que tiene…

 

En la mañana, un extraño sonido llamó mi atención… Lo había oído antes, pero nunca en vivo… Levanté la vista… Allí estaba, con su inquieto movimiento… ¡un colibrí!

Me emocioné tanto que grite y señalé como una loca…

-¡Un colibrí, un colibrí!-

Mis acompañantes me miraron algo extrañados… Así que guardé las formas… Lo guardé dentro y me lo llevo conmigo a la tumba… Para que me acompañe en mis mejores momentos… Que maravilla de animal, que simpático y exótico me pareció…

 

Ver cómo vive la gente en su mundo, implica a veces no ver no ver lo más bonito de ese mundo… Sin embargo, creo que es importante darse cuenta de que hay una terrible pobreza, que las carencias a veces no son tan terribles como creemos y que se puede vivir con muchísimo menos de lo que tenemos.

Nunca comí comida tan especial, cocinada por las mujeres de las casas que visité. Nunca postres tan deliciosos, ni carnes tan suculentas.

Sin duda, aquel viaje cambió mi vida y mi forma de pensar… Y ahora, al regresar a las secas montañas de Alicante, me doy cuenta de la riqueza de aquella tierra negra, de la grandiosidad del continente americano, de sus gentes humildes.

Ahora, al pasear por las calles de Valencia, siento el estrés y la necesidad de comprar todo lo que veo… Y me doy cuenta de lo terriblemente manipulados que estamos aquí, en el “primero mundo”… El consumismo nos absorbe y nos devora, como el monstruo que es, nos atrae con sus garras en forma de llamativos anuncios publicitarios…

Mi mente vuela hacia atrás, hacia las sencillas calles de Mar de Plata, en donde nada te perturba en tu camino, en donde todo es sumamente más duro, mas fuerte y sin embargo, menos agresivo.

 

Anuncios

  1. lulywalker

    Debo admitirte que moría de ganas de conocerte… de saber como es tu modo de pensar, sentir, expresarte…. y realmente luego de lo que leí me llevo una primera impresión muy grata tuya. Besos desde Argentina 😉

  2. Richard Coleman

    Tu relato descubre el recorrido de la belleza entre los sentidos y el recuerdo al que se perpetuan. Es un gran hallazgo

  3. Alfonso

    Impresionante vivencia, mi más sencira enhorabuena a la escritora, el relato me ha trasladado a un país desconocido por mi

  4. Elvira Endo Alvarado

    “La verdad es que todo me pareció bastante igual, aunque muy diferente.”
    Curiosa frase!
    Me gusta que hayas podido encontrar la belleza que late en la diferencia entre los dos continentes.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s