El viaje de Suruba-Doru. Autor: Mateo Tascón Torres

6:45 de la tarde acabábamos de terminar de jugar un partido de futbolito y chicho y Ana me acompañaban, todos vivíamos en una unidad nueva de apartamentos con pasillos anchos de quince pisos cada torre yo vivía en el piso ocho y los otros dos en el piso 10 y 11 , estábamos a un paso de la puerta del primer ascensor y de pronto todo quedo a oscuras, se había ido la luz y el pasillo quedo en una oscuridad que nunca antes yo experimenté, de pronto del final del corredor se empezó a ver una pequeña luz blanca todo ocurrió en segundos esa luz fue cada ves mas grande y pronto estábamos cubiertos por ella, enceguecidos por su brillo no fuimos consientes de lo que pasaba por unos instantes fue solo hasta que recuperamos la visión que nos dimos cuenta que ya no estábamos en el pasillo, este lugar era particular mente raro evidente mente estábamos bajo tierra el olor a tierra mojada, la poca luz y las paredes desgastadas y roídas así me lo hacían pensar. Chicho el moreno, flaco, desgarbado y larguirucho dijo hay marica esto parece de ficción es como en las películas fuimos trasladados a otra dimensión, anita en cambio exclamo con el candor de sus labios rojos y su cabellera larga , esto es obra del demonio yo sabia que andar con mateo no era nada bueno, yo inmediata mente respondí como así y yo que tengo que ver, no había terminado mis frases y un fuerte estruendo se escucho al final de lo que parecía ser un túnel corrimos hasta donde se escucho el estruendo a medida que avanzábamos se escuchaban mas ruidos extraños que aun no comprendíamos que los generaba, no fue hasta que llegamos hasta el final de ese hueco que nos dimos cuenta que se trataba de una atroz guerra, no sabíamos que guerra pero se oían explosiones, disparos y gritos, la gente corría algunos caían otros lloraban, el panorama era aterrador yo ni siquiera me atrevía a moverme por miedo a que me dispararan, mire de reojo a Chicho y a Ana y observe que como yo estaban petrificados.
Mi corazón quiso estallar cuando vi que un hombre de estatura media uniformado y con apariencia japonesa se acercaba a nosotros, casi me orino en los pantalones cuando el soldado nos habló, pero mas sorprendido quede cuando pude entenderle lo que nos decía, mire a mis amigos para confirmar si yo estaba loco o ellos también podían entender y de inmediato observe que los dos entendían lo que decía el japonés.
El preguntaba que si éramos del otro mundo, Ana respondió en japonés que no, que que, era eso del otro mundo, que no entendíamos y decía nosotros somos colombianos, responde el soldado colombianos americanos? e inmediata mente nos apunto con su fusil, me sentí muerto al ver lo decidido que estaba este hombre para dispararnos, inmediatamente volvimos a decir casi en coro no, no, nosotros no somos estadounidenses somos colombianos que queda en América, dicho esto una ves mas nos apunto con su fusil diciendo americanos – americanos, Ana entendió que el hombre no sabia nada de geografía y le explico que Colombia queda en América pero no es Norteamérica que estamos en Latinoamérica mas al sur. El japonés bajo su fusil y se le vio mas tranquilo busco en nuestros bolsillos y ropa y en un pequeño bolsito que Ana portaba, encontró un celular que el confundió con un radio moderno que no pudo hacer funcionar y lo arrojo entre los escombros.
Síganme dijo y hecho a correr nosotros lo dudamos un momento por que significaba correr hacia el campo de guerra pero en un instante sentimos que los proyectiles no se si del enemigo o de quien pegaban en el barranco que estaba muy cerca de nosotros, entonces corrimos como alma que lleva el diablo para dar alcance al que para este momento ya era nuestro salvador y guía, nos preguntábamos por que no nos mato y por que ahora nos dice que lo sigamos, adonde nos llevará que será lo que sucede en este lugar quien lucha contra quien, quien es el bueno y quien el malo.
Corrimos entre disparos, balas, bombas, entre las personas corriendo y gritando, el japonés nos guiaba por detrás de la barracas, nos pedía que nos agacharemos, que nos detuviéramos o que corriéramos, no sabíamos para donde íbamos hasta que el japonés nos dijo que debíamos de pasar un tramo para llegar a una colina a la cual nos dirigíamos, aunque ya habíamos pasado mucho campo de guerra vimos que ese tramos que nos faltaba era sin duda el mas peligroso, habían carro tanques, huecos, soldados y desde ese punto disparaban las bombas, el japonés echo a correr atravesado todo y enseguida nosotros lo seguimos, mientras corríamos a uno de los obstáculos que el japonés nos indico chicho cayo en un hueco profundo pero Ana y yo no nos dimos cuenta y seguimos corriendo, fue solo cuando logramos atravesar ese tramo cuando vimos que chicho no estaba con nosotros, de lo poco que veíamos por tanto humo de pólvora quemada alcanzamos a ver que en uno de los huecos estaba chicho y que no podía salir, el japonés nos acosaba para que lo siguiéramos pero Ana y yo no podíamos dejar a Chicho tirado, el japonés vio donde estaba y se devolvió atravesando de nuevo el campo de guerra, viendo que chicho no podía salir el japonés se acostó al borde del hueco, y estiro su mano hacia Chicho lo agarro y lo subió, después los dos salieron corriendo hacia nosotros, pero yo pensaba por que el japonés nos estaba ayudando y porque se devolvió para salvar a chicho cuando tranquilamente el lo hubiera podido dejar ahí tirado.
Otra vez reunidos el japonés y nosotros seguimos corriendo, todavía no sabíamos hacia donde íbamos, el japonés no hablaba mucho aunque nosotros le preguntábamos constantemente a donde nos llevaba. Ya para este instante estábamos muy lejos de los túneles por los cuales habíamos entrado, de echo ya ni sabíamos donde estaban los túneles, yo pensaba que cual seria nuestro futuro en las manos de un japonés que no conocíamos, caminamos por una hora mas ya sin tanto alboroto a causa de la batalla, de pronto el japonés apunto hacia una choza que se veía a lo lejos y nos dijo que ahí debíamos llegar, caminamos aproximadamente 15 minutos mas antes de llegar a la choza, era una construcción de manera con techo de eternit con una sola puerta, dos ventanas y en completa oscuridad.
El japonés se acerco a la puerta e hizo un toque bástate peculiar, como si fuese una clave. La puerta se abrió y el japonés y nosotros entramos, una vez adentro pudimos observar con la luz de una pequeña lámpara de aceite a 3 ancianos japoneses y un joven de mas o menos nuestra edad, unos 15 años, pasen dijo uno de los ancianos de barba larga y blanca y al que en realidad no le pude calcular la edad yo diría que unos 200 años no es nada que yo haya visto antes, el anciano continuo indicando que nos sentáramos en unas banquitas como de juguete de madera que estaban al pie de la lámpara y continuo diciendo que nos estaban esperando que un dios de su pueblo les había anunciado nuestra visita y de lo que debían hacer con nosotros, yo me erice hasta los zapatos de solo pensar en esas palabras, sin mas preámbulo nos pidió mirar al otro extremo de la habitación y nos mostró al joven y nos dijo su nombre es SURUBA – DORU, dicho esto intervino otro anciano que a juzgar por lo que con la poca luz que había estaba ciego el dijo, segura mente se preguntaran por que están aquí Yo pensé a no serán guayabas y no lo podía creer cuando el anciano me respondió “el sarcasmo es señal de un carácter débil espero no sea una conducta permanente” y continuo para que entiendan por que están aquí les contare una historia del Japón.
En un principio el Japón se debatía entre el lodo, las arenas movedizas y lagunas entonces los dioses del paraíso creador enviaron a dos de sus emisarios para que pusieran orden al caos reinante en la tierra fue así como llegaron los dioses Izanagi dios de los vientos y los mares y la diosa Izanami diosa de la tierra, una ves cumplieron su misión y luego de tener 8 hijos izamani murió en el ultimo parto, por lo que izanagi fue al Yomi reino de los muertos a buscarla, pero no pudo recuperarla desgarrado por el dolor se ahogo en el mar despojándose de cada prenda y cada prenda que se arrojo al mar se convirtió en otro dios que son los que hoy mal gobiernan al Japón entre todo aquello quedo la maldición de que si desobedecíamos los mandamientos de el orden seriamos castigados con el juego extranjero para humillarnos y obligarnos a entrar en razón, hoy se cumplirá esa maldición y por eso ustedes están aquí, deberán llevar a Suruba-Doru con ustedes a su mundo y protegerlo hasta que el destino así lo determine, cuando eso pase ustedes regresaran hasta aquí nuevamente y la historia de la reconstrucción del Japón empezara de nuevo bajo los valores del honor y el respeto al pasado.
Por que nosotros pregunte y la respuesta del tercer anciano fue “por que ustedes son de corazón humilde, honran a sus padres y tiene sangre de ancestros japoneses, carajo pensé yo con sangre japonesa cuando soy medio negro y medio indio bueno de lo que se entera uno, es como si ellos me leyeran la mente por que uno de ellos respondió “a veces no sabemos de nuestra historia si no hasta que es necesario” puntualizo y continuo deben marchar ahora en pocas hora caerá el juego destructor extranjero y Suruba-Doru no debe estar aquí, pregunto Ana y entonces que debemos hacer y la respuesta obtenida fue “ deben seguir su destino” dicho esto los tres ancianos dieron la espalda y se perdieron en la penumbra de la noche. Ana, Chicho y yo nos miramos desconcertados como pensando en que lió nos metieron y preguntamos al soldado que aun nos acompañaba y ahora que hacemos, el soldado responde suruba y ustedes síganme vamos a salir de aquí.
Fue así como emprendimos nuestro viaje de regreso el cual yo pensé seria mas fácil pues ya no se escuchaban los estruendos de la batalla, llevábamos unos 30 minutos caminando y sorpresiva mente el soldado al que nunca le preguntamos el nombre ahora que lo pienso nos grito al suelo con vehemencia instantes después sentimos caer tierra del barranco sobre nuestras cabezas se debía una ráfaga de proyectiles que casi acaban con la vida de todos nosotros, miramos total mente horrorizados al soldado y al encontrarnos con su mirada este nos hacia señas de que corriéramos hasta el jeep que estaba en la esquina siguiente, recuerdo que para mi esos 20 metros fueron la carrera mas larga del mundo sentía que mis pies no se movían mis pasos no rendían y el jeep cada ves parecía mas lejos, en todo momento estuve frunciendo la nalga esperando que ya me iban a impactar mas tarde supe que Chicho y Ana sentían lo mismo, en fin logramos llegar después de 20 segundos que para nosotros fueron como dos horas hasta el vehículo como pudimos nos subimos y nos tapamos con unas carpas verdes que estaban en la parte de atrás, el soldado acelero y rápida mente perdimos de vista al personal que amenazaba con acabarnos allí mismo.
Después de este susto y luego de recorrer unas dos horas llegamos al sitio donde nos encontramos por primera ves al soldado, durante el camino no pude evitar ver por una grieta que tenían las mantas verdes y pude ver la desolación que existía en dicha ciudad, la agonía y la miseria que se vivía allí no tenia referente para mi, edificios caídos, personas muertas, estaciones humeantes, el horizonte enrarecido con humo y vapores, se escuchaban lamentos y gritos pidiendo ayuda y real mente era lamentable escuchar y ver todo esta devastación y eso que según los ancianos el juego de la maldición aun no caía sobre Japón.
Finalmente ya en la gruta nos despedimos del soldado y nos internamos en el túnel hasta donde creíamos que era el punto de entrada, pero una gran duda me asaltaba en ese momento como carajos íbamos a abrir el portal para regresar a nuestro tiempo y que le iba a decir a mis padres cuando apareciera allí con Suruba-Doru, pasaron mas o menos unas dos horas cuando y ya estábamos desesperados teníamos hambre frió y sed las emociones y las caminatas nos tenían exhaustos, pero en ese instante de agonía y desesperación empezamos a ver una pequeña figura que parecía tener un cuerpo de pez y nueve colas pero no alcanzamos a verlo completo cuando se iluminó todo de manera destellante y al instante siguiente reaparecimos en el pasillo de mi edificio en un principio no reconocí nada pero después vi a Ana y a Chicho pero no veía Suruba y por un momento pensé que era una pesadilla, me restregué los ojos con mis manos para ver mejor y se revelo ante mi la figura delgada del muchacho japonés y entonces pensé “ de verdad estoy en problemas.
No sabíamos que hacer teníamos frente a nosotros a un joven japonés del cual no teníamos ni idea que hacer con el, el japonés no hablaba estaba petrificado, se veía e su rostro la angustia y el miedo que estaba teniendo en esos momentos, ninguno de nosotros hablo hasta que chicho dijo que tenia la solución del problema, pensamos que iba a ser nuestra solución a lo que en esos momentos vivíamos con Suruba hasta que dijo que lo mejor era dejarlo tirado en la mitad de la calle para que se volviera uno de los tantos indigentes que habían en la calle, Ana fue la primera en chistar y en desaprobar tan absurda idea de chicho y dio una mejor opinión, dijo que lo mejor era que alguno de nosotros lo lleváramos a la casa y le contáramos a nuestros padres algo que ellos se creyeran para dejar que el joven japonés pudiera quedarse con nosotros para poder cumplir con lo encomendado por los ancianos.
No quedamos en nada seguro, y decidimos subir a mi apartamento a enfrentar a mis papas, paso algo muy extraño, mis padres al ver al joven Suruba se extrañaron e hicieron preguntas, eso no fue lo raro, lo raro fue que el joven japonés hablaba español y explico a mis papas que era lo que había pasado. Se demoraron en entender y nos trataron de locos, pero Suruba tenia tanto poder de convencimiento que hizo que mis padres aceptaran lo que sucedía y lo dejara quedar.
Al japonés le dio muy duro acostumbrarse a esta nueva cultura, a la forma de vida que se lleva en Colombia, el idioma no tanto por que sorpresivamente Suruba lo hablaba a la perfección, todo empezó como un proceso, Suruba no se podía quedar sin estudiar, sin lucrarse intelectualmente. A pesar de que venia de una cultura distinta y de otra era, este chico es una persona muy inteligente sobre todo en las matemáticas eso ayudo en su proceso para entrar a estudiar.
Lógicamente en esa nueva etapa que experimentaba Suruba, la etapa del colegio no fue muy agradable, ya que en un colegio donde solo hay colombianos, una persona distinta se convierte en objetivo de burlas, se sentía raro al vestirse ya que estaba acostumbrado a vestirse con trapos sucios y rotos, su alimentación cambio radicalmente ya que la cultura alimenticia de Japón no era la misma que la de los colombianos, pero lo que mas lo impactaban eran las nuevas tecnologías, le costo acostumbrarse pero lo logro. A medida que pasaban los años la amistad de Suruba, Chicho, Ana y yo se fortalecía cada vez más tanto que todos estudiamos la misma carrera, arquitectura.
Pasaron 10 años antes de que nos graduáramos como arquitectos, ya todos teníamos 25 años, ya éramos adultos, y solo pensábamos en un futuro, en una familia conformada, estábamos muy contentos por que después de tanto esfuerzo por fin os habíamos graduado.
Después de la ceremonia de graduación fuimos a la casa para cambiarnos he ir a festejar tal acontecimiento, estábamos esperando el ascensor ya para subir a los apartamento de cada uno, entramos y el ascensor empezó a subir al piso 8 donde vivíamos Suruba y mi familia, pero no se abrió en el piso 8, de nuevo estábamos en aquella cueva húmeda y con olor a moho, no lo podía creer, tenia rabia de volver a estar en ese sitio, el sitio que durante 10 años lo trate de eliminar de mi memoria pero nunca pude. Note algo distinto en esta cueva, no se oían bombas, gritos ni disparos, todo estaba en total tranquilidad. Fuimos al final del túnel y vimos que ya las cosas no eran como la primera vez que fuimos, se veía la gente caminando pero se veía que Japón estaba sufriendo una crisis económica muy grave por que se observaba la pobreza en las vias y en las casas, se cocinaba aun con leña en algunas viviendas, existían pocos automóviles y pocos centros comerciales, estaban sufriendo una crisis posguerra. Empezamos a recorrer el lugar y decidimos ir donde nos habían entregado a Suruba, pero al llegar allí la choza no estaba, todo era un potrero, una vez mas no sabíamos que hacer, a Ana se le ocurrió que podíamos poner un aviso en el periódico sobre Suruba.
El aviso decía que buscaba su familia, nos tuvimos que quedar 4 días en ese ambiente tan desolador antes de que tuviéramos noticias sobre ese anuncio, milagrosamente ese anuncio fue efectivo y encontramos a algo que durante 10 años Suruba siempre quiso volver a ver, sus padres, ya todo era mas distinto porque aunque nos habíamos devuelto otra vez al pasado no estábamos en el mismo año de la primera vez sino 10 años después. Suruba mantenía su edad de 25 años y nosotros también, por tanto los padres de Suruba estaban mas ancianos, al verlos Suruba se les abalanzo encima, les dio un fuerte abrazo, yo no podía dejar de ver los rostros de los padres de Suruba, rostros que solo expresaban felicidad.
Nos llevaron a una choza donde vivía los padres de Suruba, nos contaron que antes de que cayera el juego norteamericano o la bomba atómica ellos se habían ido de Japón, Suruba pregunto que por que lo había dejado tirado en una guerra, los padres contestaron que era por que los tres ancianos los habían obligado a irse y a dejarlo tirado ya que así se cumpliría la profecía.
Suruba ya con su conocimiento futurista de tecnología, ciencias y sobretodo matemática y arquitectura decidió ponerse en marcha para ayudar al avance de Japón después de esa desastrosa guerra.
Ana, chicho y yo miramos a Suruba y a su familia y supimos que ya era hora de volver a la cueva, y así fue volvimos pero como la ves anterior no sabíamos que hacer para volver a nuestra era. De un momento a otro toda la cueva se ilumino y enseguida estábamos dentro del ascensor, se abrieron las puertas y vimos el pasillo del piso 8, sabíamos que habíamos vuelto a nuestra era al año 2012 y estábamos muy contentos pero a la vez triste por Suruba luego de este suceso nos dio mucha curiosidad y nos metimos a Internet para investigar sobre mitología japonesa, pero no encontramos nada relacionado con lo que nos había pasado, pero en la parte de abajo decía algo sobre un personaje significativo e histórico para Japón, el ministro Suruba-Doru quien ayudo a restablecer a Japón en su economía y quien lo puso a ser uno de los países mas importantes del mundo, Inmediatamente supimos que era el Suruba que nosotros conocimos, investigamos mas sobre el y nos dimos cuenta que de no haber sido por Suruba el Japón no hubiera empezado crear nuevas tecnologías y e nuevos métodos de fabricación y producción en masa.
De grados no quisimos celebraciones ostentosas, solo quisimos tres tiquetes para ir a Japón a ver a Suruba que aun estaba vivo. Viajamos a Japón con la ilusión de volverlo a encontrar y compartir con aquella persona que con la que vivimos 10 años. Efectivamente nos pudimos volver a encontrar con Suruba pero ya no era el mismo estaba mas anciano de lo que nosotros recordábamos de el, pero lo gratificante fue que al vernos su cara cambio totalmente a una cara de alegría, se había acordado de nosotros. Ya viejo, con canas y barba larga nos dio las gracias por haber hecho de el lo que ahora era.
Recordamos aquellas anécdotas del pasado, yo notaba que a medida que Suruba hablaba su vos se entrecortaba mas y eran pocas las palabras que ya le poda salir. Suruba nos miro fijamente a los ojos, nos dio las gracias de nuevo y murió.
Suruba murió físicamente pero siempre estuvo vivo en nuestros recuerdos, por que Suruba nunca contó a nadie lo que paso, así que esa historia solo era de nosotros, nunca nadie escucharía esta historia de Suruba si no hubiera sido por mi. Que quise contar la historia de este extraño viaje y de este gran hombre que se quedo en nuestras mentes y en nuestros corazones.

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