Mi primer viaje a las cataratas del Iguazú. Autor: Francisco Molina Infante

Inducido por circunstancias especiales y personales que trataré de contar a lo largo del presente relato, me vi envuelto en la más sorprendente aventura, jamás  imaginada…

¡Por supuesto!: Nunca me había ocurrido algo semejante.

Al terminar los Actos de Clausura del VII Encuentro Literario Internacional “CATARATAS DEL IGUAZU” (en la tarde del día 21 de Octubre del 2.007), al que asistí -por primera vez- invitado por E JENDU: Arte, Ciencia y Cultura,  el sentido de mi vida dio un giro trascendental.

Mi escala de prioridades en la vida se modificó definitivamente, para darme a conocer otros valores que hasta ese momento me eran desconocidos.

La tarde estaba bien avanzada, el sol ya no filtraba sus rayos por los grandes ventanales situados a mi izquierda de una gran aula-salón del Centro Cultural, donde se celebraba el evento.

Allí acabarían los tres días dedicados al reencuentro literario de un grupo de poetas, desconocidos entre si hasta entonces pero que salimos  hermanados para siempre.

Los asistentes fuimos convocados al certamen -por nuestros respectivos anfitriones- con casi un año de anticipación: “Talleres Araucaria”, de El Dorado.

Efectivamente, fue un encuentro internacional y de alto nivel,  formado por poetas y aprendices – de ambos sexos- en número de un centenar: iberoamericanos y algunos europeos…

El objeto de reunir  estos grupos literarios en ciertos lugares estratégicos  –como en este caso cercano a las Cataratas del Iguazú- empezó a tener un sentido claro para mí.

Nunca había asistido a reuniones de este tipo en mi vida y me animé a estar presente –en esta ocasión- , por la belleza tan linda que encontré en mis dos viajes anteriores a Argentina y haber visitado esta provincia de Misiones.

Considero que estos encuentros literarios, tienen por objeto: fomentar la  cultura, divulgar los trabajos literarios de escritores, aficionados unos y consolidados otros -en más o menos grado-, y que estén  integrados por personas que cultivan las letras en cualesquiera de sus manifestaciones.

Es una bonita y agradable forma de hacer nuevas amistades, turismo, cultura y dar a conocer parte de las obras de los autores del momento –sobre todo noveles-.

Las exposiciones de las obras se hacían directamente de viva voz por cada autor.

Creo sinceramente, que debe haber muy pocos escritores dispuestos a no dar mérito a sus trabajos, sin embargo somos nosotros, al recitar o leer en público nuestras obras, cuando les restamos valor.

Desde luego –aquellos que no estamos acostumbrados a ser el centro de las miradas de los demás- nos vemos en serios aprietos, al hacerlo.

Lógicamente la mayoría de nosotros llevamos el ego personal escondido.

Al finalizar la mañana, se dieron por terminadas las presentaciones y lecturas de los trabajos que se presentaron por cada autor.

Ahora nos iban nombrando por orden alfabético del primer apellido para entregarnos un diploma recordatorio de la asistencia a los actos y por haber participado en el evento literario.

Consideré un precioso obsequio la cartulina a enmarcar, diestramente decorada que, me entregaron al llegarme el turno.

Me encargaría de enmarcarlo al llegar a mi país, para que me sirviese –al instalarlo en casa- de decoración para algún hueco en las paredes vacías de mi escritorio.

En la afrontada del salón, de cara a los participantes, estaban situados media docena de componentes directivos que presidían el acto, cuyos miembros se turnaban la palabra, glosando de forma coloquial la clausura anual del Encuentro Internacional Literario Cataratas de Iguazú VII.

Cerró el acto de clausura el Presidente de la mesa con unas palabras de agradecimiento a todos los asistentes y colaboradores que se habían esforzado eficazmente para que todo resultase un éxito cultural,  ameno y fructífero en todos los aspectos.

Posteriormente y a la finalización de sus palabras hubo un pequeño refrigerio otorgado a los asistentes por los organizadores -Talleres  Araucaria- El Dorado: compuesto por algunas bebidas –no alcohólicas- acompañadas de canapés variados.

Mientras consumíamos este –tente en pié–, intercambiábamos algunos trabajos publicados, direcciones, e-mail o teléfonos para poder seguir en contacto.

Fui de los primeros en abandonar el recinto y me encaminé hacia la habitación de mi hotel para dejar algunos libros y la bolsa que me había servido de portafolios durante mi asistencia, de varios días.

A medida que me distanciaba del centro cultural, notaba un relajamiento corporal y un descanso mental reconfortante.

Este estado de bienestar iba creciendo a medida que me acercaba al hotel y en mi cabeza se forjaba una añoranza persistente desde que volví a Iguazú.

Estaba empezando a organizarme mentalmente- en aquello que haría durante el corto espacio de tiempo que mediaba hasta llegada la hora de la cena en el hotel- y la añoranza- que me había invadido todo el día- volvía a golpear nuevamente.

Si descansaba tumbado en la cama, corría el riesgo de quedarme dormido y sin cena.

Estaba un poco cansado para leer un rato.

Para tratar de hacer hora, debía ocuparme en algo: pero en leer tumbado.

Hasta que fuesen las 21,30 horas: cuando empezarían a dar las cenas en el hotel…, pensé: (tengo tiempo suficiente de visitarlas…).

“Como si hubiese sido atraído por una fuerza especial o sobrenatural…: quizás…, inducido por una necesidad perentoria que me atraía firmemente, -ignorada por mí hasta entonces-, noté en mi interior una nostalgia sonámbula que me llevaba hasta la sobrecogedora Garganta del Diablo”.

Interiormente me fue embargando una necesidad inaplazable de hacer una visita, -aquella misma tarde- a las Cataratas del Iguazú.

En varias ocasiones durante el día había pensado en ello, pero no pude hacer un hueco en mí tiempo, ocupado por la asistencia a las: charlas, exposiciones o lecturas literarias de los asistentes.

El día anterior las había contemplado –en la distancia- desde los ventanales del hotel Sheraton, a tiro de cañón-.

Por cierto: son maravillosas, sorprendentes, majestuosas y más…

“Las Cataratas del Iguazú fueron descubiertas en el siglo XVI por un destacamento español de conquistadores – que oyeron su ruido a varias leguas del enclave- a cuyo frente figuraba Don Álvaro Núñez Cabeza de Vaca en enero de 1.542, cuando se dirigían desde Isla de Santa Catalina a Asunción, la denominaron entonces el salto de Santa María.

En el idioma Guaraní significan  -agua grande.

Son cerca de 300 saltos de hasta 100 metros en caída.

No se pueden encontrar adjetivos para poder describirlas con exactitud…

Al menos yo no soy capaz de hacerlo adecuadamente…

Todo lo que se diga es poco…

¡No podía dejar de volver por allí nuevamente!

-Era de obligado cumplimiento-…

Lo necesitaba, como alimento y remedio espiritual…

Mi alma me lo exigía y mi cuerpo no podía oponerse a sus deseos.                       Vista de las cataratas del Iguazú. En el centro la Garganta del diablo.

   
 

Por otra parte: tampoco se pueden dejar de visitar las Cataratas del Iguazú y volvernos por Misiones (Argentina), por Foz de Iguazú (Brasil) o por Ciudad del Este (Paraguay), pensando que has hecho un viaje perfecto, si no visitas ese delicioso e inigualable paraje y además, si estando tan cerca del lugar, -te vas sin visitarlas-, no encontrarás sosiego posible en adelante, ni te perdonarás la cobardía.

Seguro que las visitarás y –lo harás- tantas veces como te encuentres cerca de allí, claro: si no eres un ser irracional y mediocre -oponiéndose a sus propios sentimientos-.

Sería un sacrilegio no hacerlo,  porque ofendes a la madre Naturaleza y a tu propia persona, no dándole a contemplar tal delicia.

“Al menos así lo siento en mí cada vez que viajo por sus cercanías”.

¡Ejerce un poder de atracción tan especial e increíble de expresar…!.

Parece…, -estando allí-, como si entrases en éxtasis o te llegase la última hora, avistando las puertas del Más Allá: -donde habrás de rendir cuentas algún día.

Sientes filtrarse todas las escorias que llevas dentro, eliminándolas en las granzas personales que sueltas, o al arrojarlas a las aguas purificadoras:

-consecuencias de los caminos embarrados por los que transitas en esta  penosa vida-.

Algo se escapa del alma que te la deja como más joven y despierta…

Dispuesta a emprender nuevos caminos y con más renovada ilusión; como si encalases de nuevo tu casa…

Llenándola de vida nueva…

Pulcra como la nieve recién caída.

Se asemeja al momento cumbre de recibir por primera vez el Sacramento de la Eucaristía -en tu primera comunión-, si lo has experimentado.

La ilusión traspasa los Esteros del Iberá –otra de las grandes maravillas de mi amada Argentina, (reserva hídrica de la Biosfera) -en la vecina provincia de Corrientes, más al sur.

“Pareces caer de golpe sobre el centro de la tierra”.

Se hace patente la grandeza de las aguas y, te sientes parte de la nada ante tal acontecimiento.

Se te olvidan los problemas cotidianos y muchos de ellos soltarán sus lastres, especialmente los de origen espiritual o de dudas.

La vida se ve desde un prisma muy diferente al cotidiano.

Es como si con un diamante rallasen la coraza en que estás envuelto –quedándote un brillo imperecedero-.

Tu intimidad y tu orgullo se resienten…, no eres ni el polvo del camino que has andado.

Es muy difícil de explicar para el que, -como yo- no tiene la capacidad de ahondar en tales descripciones y salir airoso de ellas.

La mano de Dios se nota por todas partes.

“Es creación Divina.”

¡Seguro que sí!…

Ni el Macchu Picchu, ni las Pirámides de Egipto, Nueva York o la inmensidad del Mar, etc., llegarán a limpiarte el alma, como lo hará: el permanecer unos minutos mirando la Garganta del Diablo, apoyado sobre la barandilla quita miedos.

Te trasladaste a las puertas de la Gloria y entras en un estado de contemplación inigualable…

Algo se escapa de tu yo…, y se queda pululando en el ambiente; quizás, transformado en vencejos para flotar en el aire o gravitando por encima de las aguas, al inspirar el aliento de la tierra.

En las noches: fugaces luciérnagas iluminan el embrujo -del festín- que organizan las aguas cayendo sobre las fauces del monstruo que encierran, llevándose vapores y ruidos en sus alas traslúcidas, para enriquecer los humedales, -a la vez- que forman precoces nubes, impacientes por recorrer los espacios siderales…

–Aquí te proporciono –amigo lector- algunos datos de interés por si te pueden ser útiles:

“El Parque Nacional Iguazú ocupa una superficie de 600 millones de metros cuadrados, o lo mismo a: 60 mil hectáreas aproximadamente”.

Les recomiendo, además de hacer las visitas oportunas a  los saltos de agua -tanto de la parte argentina como de la brasileña-, recorrer los senderos internos del Parque y podrán disfrutar de lugares de increíble y bellísima naturaleza.                                               “Es una riquísima selva tropical , con una muy amplia variedad de flora u fauna ( se le calculan unas 2.000 plantas diversas, más de 400 aves diferentes, gran variedad de mamíferos, reptiles e insectos), -yaguareté, monos, puerco espines, jabalíes, cuatíes, lagartos, carpinchos, jacarés, pavos de monte, cuatíes, distintas variedades de mirlos- macucos-,etc.”

Es increíble e indómita toda la provincia norteña de argentina  -Misiones-.

Admirable por todas sus gentes y por esa belleza natural que encierra.

¡Cuánta majestuosidad  he visto en su suelo virgen y en tan poco tiempo!…

Sus otros muchos saltos de agua, aun desconocidos para la mayoría de los turistas, para los provincianos y aún más para extraños de la zona.

No te puedes perder una visita por estas tierras para mostrar a tus ojos los encantos seductores, de colorido inigualable que allí se concentran.

Date el placer de recorrer gran parte de la cuenca del río Paraná hasta contemplar las fronteras que hacen Argentina, Paraguay y Brasil…, a tiro de piedra, -bueno a 12 Km.-, están enclavadas las cataratas del Iguazú”.

En las rocas mojadas –detrás de los saltos de agua- se reproduce el vencejo, al que podrás ver con múltiples requiebros cazando entre las aguas.

Está perfectamente adaptado al sitio y es como un símbolo del lugar.                                                                                                                             Las aguas tratan de aplacar la sed de la Garganta del Diablo…

La provincia de Misiones, situada en la parte noroeste de la República Argentina, con una superficie de unos 30.000 km2, es una de las más pequeñas del país, su orografía es ligeramente accidentada, donde aparecen ligeras serranías selváticas muy prolíficas, con alturas suaves no superiores a los 850 metros en el Monte Barrancón.

La surcan innumerables riachuelos, que van a dar cauce a algunos ríos  de importancia, como –en orden creciente de caudal-: Pepirí-Guazú, San Antonio, Iguazú, Uruguay y el más importante de todo el Paraná.

Su suelo –rico en óxido de hierro y alúmina en descomposición: le dan un color característico colorado.

Su clima es subtropical con vientos flojos y húmedos del Atlántico que le dan una temperatura media anual de 20° C.

Su flora es muy rica y variada que convierten sus dos ecosistemas en un vergel tropical: con grandes árboles de inestimables riquezas maderera.

Algunos de sus árboles sobrepasan los 50 metros de altura, como: el lapacho, el cedro, la caña fístula, el peteribí, el gua tambú, el timbo, la cachañara, el palo rosa, el pino del Paraná, etc., e infinidad de arbustos, enredaderas, estratos herbáceos, plantas de cultivo mate y helechos, etc.

También es muy rica y variada en cuanto a su fauna se refiere, -como ya dije anteriormente-; una gran vistosidad tienen sus pájaros, mamíferos, peces, insectos, etc.,  muchos de ellos en peligro de extinción, son característicos: el yaguareté, el tapir, el oso hormiguero, el lobo de río, la nutria, el oso melero, el pecarí, la paca, el cuatí, monos; aves como el tucán, el vencejo de las cascadas, la harpía, los patos, el faisán, loros, mariposas muy variadas, moscas, orugas y otros.

Algunas fotos de los alrededores de las Cataratas del Iguazú, con la Garganta del Diablo en el centro.

Tanto en la provincia de Misiones, como en las que cruzas de sur a norte –si viajas en auto- encontrarás verdaderas maravillas que visitar o relajarte de un viaje largo de unos 1.100 Km. desde Buenos Aires; pero lo más conveniente es viajar por avión, hasta Iguazú en la parte Argentina o hasta Foz de Iguazú en la brasileña –ambos aeropuertos son internacionales; así podrás llegar más descansado y ganarás por lo menos un día para ampliar tus visitas por los alrededores de las Cataratas del Iguazú.

Tienes que ver las minas de Wanda, lugar de donde se extraen las piedras semipreciosas de gran belleza natural y donde podrás comprar a precio de costo aquellas que mejor vayan con tu personalidad y llenen tu satisfacción personal –realzando tu belleza-, además de hacer una buena inversión en gemas.

Las ruinas de San Ignacio –te llevará a la época evangelizadora de los Jesuitas sobre los nativos –casi todos guaraníes- y las huellas dejadas por los conquistadores.

La casa de Horacio Quiroga en San Ignacio, gran literato-de origen uruguayo que vivió intensamente en la Argentina y ha sido poco reconocido.

El puerto del Paraná a su paso por Posadas –capital de Misiones-, otros saltos de agua magníficos, como los Saltos del  Macona.

Horacio Quiroga, Lugones y otros literatos de la época.  Cataratas con menos agua,  La Garganta del Diablo.

Si tienes ocasión no dejes de visitar e incluso pasar algunos días en los Esteros del Iberá en la provincia de Corrientes.

En la parte brasileña –que conozco menos-, no dejes de visitar la represa sobre el río Paraná denominada de Itaipú -, una de las más grandes y en producción de energía eléctrica la mayor del mundo.                                                                                                    Esta magna obra, recientemente –la Asociación Norteamérica de Ingenieros Civiles- (al igual que lo hiciera el griego Anti Páter en la antigüedad eligiendo las siete maravillas del mundo de entonces: las Pirámides de Egipto, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa, la Estatua del dios Zeus en el Olimpo, el Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría y el Mausoleo de Halicarnaso), la propuso para ser elegida como una de las siete maravillas del mundo moderno y, -la mayoría de los afiliados y otros muchos especialistas-, la eligieron para ocupar uno de esos siete puestos, a decir: el Golden Gate, el Canal de Panamá, el Euro túnel, el Edificio Empire State, la Torre Canadian National, el Proyecto de control de las aguas del Mar del Norte y Represa de Itaipú sobre el río Paraná, como la hidroeléctrica mayor del mundo en producción de energía.

Represa de Itaipú sobre el río Paraná con 20 turbinas de 16 metros de diámetro cada una, abastece de fluido eléctrico a las ciudades de Sao Paulo y Río de Janeiro.                La séptima maravilla del mundo moderno y uno de los emprendimientos más fastuoso de la América Latina.
     Dicen los folletos turísticos, que: el hormigón empleado en su ejecución equivaldría al necesario para construir 210 estadios como el Maracaná de Rio de Janeiro y que con el acero y el hierro utilizados se podría construir 380 veces la Torre Eiffel.Modelo de aprovechamiento pluvial en la producción de energía eléctrica.

La electricidad que producen sus turbinas: abastecen la cuarta parte del consumo total de Brasil y casi la totalidad del consumo en Paraguay.

 

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Un Comentario

  1. Elvira Endo Alvarado

    Las cataratas son de una belleza imponente. A todos nos despierta las mismas emociones que describes.

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