Bajo el cielo enharinado de estrelas. Autor: Davi Carneiro de Lima e Silva

Desierto del Sahara, Marruecos.

La noche del desierto llegó serena e impasible. Estábamos en el Sahara a unos veinte kilómetros de M’Hamid – el último pueblo antes del océano de arena – cerca de la frontera con Argelia. Eran aproximadamente las 18:30h y la oscuridad se apoderó de todo a nuestro alrededor, sin piedad. Lahcen, nuestro guía bereber, armó la tienda de campaña cerca de una duna, donde brotaba un gran árbol.

Sentía frío. La arena y el viento hacen la sensación térmica caer drásticamente … pero a nadie parecía importarle. Habíamos terminado de cenar una mega ensalada marroquí llena de olores exóticos. ¿Cómo Mohamed, nuestro cocinero, podía hacer una ensalada tan fresca y sabrosa en pleno desierto? Para mí era algo tan enigmático como los misterios de las mil y una noches.

Me encontraba acostado en una alfombra persa muy grande, estratégicamente situada al borde de la hoguera. Mi ojos estaban fijos en un cielo de fantasía. El mar de estrellas que se abría era difícil de describir. Tan surreal como un cuadro de Dalí y tan real como un buen sueño. Seguramente el cielo más estrellado que he visto en mi vida.  Intento pensar como astrónomo:

– Mira, ésta es la constelación de la Osa Mayor…

– ¿Dónde?

– Aquí, mira … Las primeras forman su cabeza,  abajo el lomo, después la cola…

– ¡Guay! Y aquellas otras estrellas parecen un camello …

Estábamos allí, al aire libre, en la oscuridad total, maravillándonos de esa infinidad de puntos y luces. Para completar la atmósfera, los hombres azules hacían música con instrumentos improvisados, cantaban canciones bereberes alrededor de la fogata. A pesar de las letras incomprensibles, la melodía y el ritmo de pronto nos rodeaba. Pregunté a Lahcen acerca de lo que decían, a lo que él respondió: de muchas cosas … acerca de la vida, del desierto, de los camellos, sobre el amor …

Giré 360 grados y no se veía nada. La oscuridad era infinita. En kilómetros, la única luz a desafiar a ese océano de negrura era el albor de la fogata. Todo alrededor era penumbra, silencio, ausencia, el desierto.

Bajo la atenta mirada de la Osa Mayor, viajé en el pensamiento. En lo que experimenté en los meses fuera de mi país, la nostalgia de la familia, de los amigos… y en ese primer día en el desierto. Recuerdo la salida temprano de M’Hamid, los primeros pasos en la arena, la “cabalgata” en dromedarios, la puesta del sol a través de las dunas y las palabras de Lahcen:

– Boys, the experience in the desert is simple … is live the simple things. You have to breath, hear the sound of the wind, put your foot in the sand, fell the desert, feel yourself … so take your time !

Recuerdo, también, un poema de Vinícius de Moraes. “Olha aqui Mr. Buster” dedicado a un americano riquísimo, en cuya casa del gran poeta brasileño estuve  antes de regresar a nuestro país. De acuerdo con Vinícius, el “Sr. Buster” no podía entender cómo él – que tiene el derecho a permanecer otro año en California – prefería, con gran pérdida financiera, volver a Rio de Janeiro. Voy a poner sólo una pequeña pieza. Comienza:

“Mire, señor Buster: es muy cierto que el señor tiene un piso en Park Avenue y una casa en Beverly Hills. Es cierto también que el señor tiene en su patio trasero en Hollywood un pozo de petróleo trabajando de día para darle dinero y por la noche para darle el insomnio. Está todo muy bien, señor Buster, eventualmente incluso será Gobernador de su estado. Y sin duda, será el presidente de muchas compañías petroleras, de acero y de conciencias enlatadas. Pero dígame, señor Buster. Honestamente dígame una cosa:

El Sr. sabe lo que es un samba de Pixiguinha?

El Sr. sabe lo que es un árbol de jabuticaba en el patio trasero?

El Sr. sabe lo que es ser fanático por del Botafogo de Futebol e Regatas?”

El poeta, como siempre, es perfecto … pero esta vez me permito la osadía de añadir:

El Sr. sabe lo que es de admirar un cielo enharinado de estrellas?

El Sr. sabe lo que es mirar una puesta de sol encima de una duna de arena?

El Sr. sabe lo que es escuchar música berebere en el borde de una fogata?

El Sr. sabe que caminando solo se escucha su respiración?

El Sr. sabe lo que es el sabor de la ensalada de Mohamed?

Cómo hubiera dicho Lahnce, con su estilo tranquilo, impasible:

Macan musque*, chicos. Tómense su tiempo, respiren profundo. Escuchen el sonido del viento y sientan el desierto. Pónganse en contacto con ustedes mismos. ¡Vivan las cosas sencillas de la vida!

  • Sin problemas, en árabe
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Un Comentario

  1. Elvira Endo Alvarado

    Si, no solamente tenemos que viajar ligeros de equipaje sino en completa sintonía con la música de la vida, bailando a su ritmo.

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