¡Ultreia!. Autor: Josefina Lazo

“Antiguamente los peregrinos se saludaban diciendo ‘Ultreia, suseia, Santiago’ (Ánimo, que más allá, más arriba, está Santiago). Cuando un peregrino saludaba a otro diciéndole ‘Ultreia’ (Vamos más allá) el otro le respondía con ‘Et suseia’ (Y vamos más arriba)”.

Francisco Torrente era un gallego que, como muchos otros, llegó a México sin nada en los bolsillos y con mucho en la cabeza. De Veracruz se fue a la ciudad de México, donde conoció a Sobehia Treviño, una mexicana que hizo que Francisco se quedara definitivamente en esa tierra que le abría los brazos y luego los cerraría para nunca más dejarle ir. De esta unión, nació Francisco. Francisco creció oyendo historias de la lejana Galicia. ¡Qué ganas de conocer esa tierra verde y húmeda, llena de leyendas y de música de gaitas celtas! ¡Qué ganas de recorrer el Camino de Santiago, donde uno se gana indulgencias y ampollas y la paz de encontrarse uno mismo!

Francisco se casó con Yolanda y se convirtió en un excelente vendedor de la creciente industria automotriz en México. Tuvo 4 hijos, entre ellos  Adriana, que atenta escuchaba las historias de la tierra gallega que su padre soñaba conocer.

A Francisco se le acabó el tiempo de estar en este mundo, y pronto Adriana se vio con las cenizas de su padre en las manos, y con un sueño heredado que se convertiría en un pendiente por realizar: llevaría a su padre a recorrer el Camino de Santiago.

Y aquí es donde empieza nuestro viaje…

Toda esta historia me la contó Sara, en uno de esos desayunos semanales. La emoción se le salía por los ojos, y me la contagió aún más cuando me dijo “¿Te animas a acompañarnos?”. Yo, que soy de las que me dicen “rana” y brinco, no tardé en contestar que sí, que me apuntaba a la aventura de recorrer 110 km a pie, de Sarria a Santiago de Compostela; el “camino francés”. Lo mejor, es que no iríamos solas, sino con Daniel, un amigo de Sara que ya había hecho ese mismo recorrido varias veces y se había ofrecido a guiarnos.

Pasaron pocos días cuando el plan ya era noticia y también se apuntaron Aída, Sonia y Sabina. En total 7 peregrinos en potencia.

Los preparativos  me empezaron a poner verdaderamente nerviosa, en especial cuando Daniel nos recomendaba llevar vaselina para las posibles rozaduras en las ingles (¿queeé?); además de variados medicamentos.

Hicimos una “junta de peregrinos” para revisar nuestros equipajes y decidir qué nos faltaba o qué nos sobraba.

Sara se autonombró agente aduanera y empezó a quitarnos cosas que no eran estrictamente indispensables.

Mi mochila pesaba 8 kg y yo pensé que llevaba sólo lo imprescindible. No era necesario llevar shampoo y gel de ducha (con la espumita del shampoo era suficiente). Tampoco la crema de noche, la de ojos, el espejito… El material de curación lo llevaría Daniel. Mi equipaje quedó en 6 kg.

Sara le quitó a Adriana casi la mitad de su equipaje y por fortuna no vio las cenizas de su papá, que si no, se las hubiera quitado también.

Llegó el 2 de marzo y ya estábamos listas para salir. Jorge (esposo de Aída) nos llevaría a Sarria en coche.

Hicimos una primera parada en O Cebreiro, una pequeña población que ya de noche no pudimos apreciar bien, pero cuando me bajé del coche, lo primero que noté fue el olor a leña que salía de un barecito que estaba enfrente de la iglesia de Santa María del Real, construida en el siglo IX, fundada por monjes benedictinos.

La siguiente parada era en Sarria. Daniel ya había contactado al albergue, y lo abrieron sólo para nosotros, ya que normalmente empiezan sus actividades hasta mediados de marzo. Esta sería nuestra primera noche, en la que supe que Sara cae como tronco y no escucha los “ping”, “pong” de su blackberry; que Sabina odia eso (al igual que yo) y que Sonia duerme cual lirón a pesar de los ruiditos.

La calefacción no estuvo encendida toda la noche, así que tuve un frío tremendo que me hizo pasar la noche en posición fetal, pero que se diluiría horas después  con el fresco entusiasmo del primer día.

Y bueno, aquí en Sarria, vimos la primera señal en piedra que decía “111.5 km”. Nos esperaban ciento-once-punto-cinco kilómetros para llegar a Santiago de Compostela. Iba yo tan contenta y con tanto brío, que compuse esto (cantarlo a ritmo de entrenamiento marcial gringo):

El camino voy a andar

Y no me voy a cansar

Dani nos va a guiar

Sabi nos va a regañar

Sonia móvil va a estrenar

Aída nos va a alimentar

Sara nos hará reír

Y Fini lo va a escribir

Y todas a acompañar

¡A Adriana Y A SU PAPÁ!

Y ahí íbamos los  peregrinos de Compostela. Cada uno con sus propias fuerzas, cargando su mochila y sus problemas, y andando con paso fuerte.

La mañana era fresca, nublada, con una lluvia muy fina, el vaho se veía salir de la boca, una mañana normal de invierno gallego. Íbamos bien abrigadas y pronto empecé a sudar. A los pocos minutos, tuvimos que parar para quitarnos las chamarras y ponernos tan sólo un impermeable ligero.

Caminamos un par de horas, e hicimos la primera parada en “Casa Cruceiro”. Estábamos en Ferreiros, kilómetro 98. Ahí me tomé la cerveza más fresca y me comí la tortilla de patatas más deliciosa que jamás haya probado. Cuando me senté me di cuenta de que me dolían los pies, y que mis calcetines “anti-ampollas” no habían servido para nada. Así que antes de reanudar la caminata, Sonia sacó la vaselina de su mochila y ¡órale! a untarse los pies por arriba y por abajo. Después de la comida y bebida, y a estas alturas del recorrido, no me costó trabajo volver a ponerme mi mochila de 7 kg y pico (con la chamarra de esquí que me había quitado ya pesaba más).

Caminamos entre pequeñas aldeas y granjas. Yo pensaba en cómo serían estas mismas poblaciones en mi país, México. Mucho más pobres, sin duda. El paisaje era muy verde, con el cielo aún nublado, pero el aire fresco, rico, puro.

En todo momento seguíamos las flechas amarillas. Cuentan que el párroco de O Cebreiro, Elías Valiña, comenzó en 1984 a pintar estas flechas con la pintura amarilla de las carreteras en obras. Desde entonces, muchos peregrinos y vecinos del Camino de Santiago han seguido la tradición, remarcando las flechas borradas por el tiempo y pintando nuevas cada vez más lejos de Santiago. Vaya, que no hay pierde. Uno siente la seguridad de que va bien cuando ve una flecha amarilla.

Llegamos a Portomarín a comer. La calle era un puente sobre el río Miño. Al final, había una escalinata antigua, preciosa. Yo me senté en el primer escalón con todo y mochila mientras las demás tomaban fotos. Ya en el pueblo, tratamos de estirar los músculos antes de sentarnos a comer.

A pesar del cansancio, todas traíamos buen humor y todavía energía como para continuar el camino hasta el albergue de Gonzar, donde dormiríamos. Ya casi llegábamos cuando sentí en el pie un líquido calientito. La ampolla se había reventado.

El albergue estaba fenomenal: vacío, todo para nosotras solitas. Nos duchamos, algunas lavaron y secaron ropa; luego vino la sesión medicamentosa con todo lo que traía Dani  y nos fuimos a la cama temprano. Ya estaba agarrando el sueñito cuando Aída llega de la lavandería y se empieza a reír. Si hubiera bebido, diría que estaba borracha, ¡pero no! Esas risitas tontas de la secundaria, que en ese preciso momento no me hacían la menor gracia. Afortunadamente la voz de mando de Sabina las hizo callar. Lo que no pudo callar, fue el concierto de ronquidos con que me deleitaron toda la noche. Se turnaban: una roncaba un ratito, se callaba, luego empezaba otra, se callaba y así… Al día siguiente les dije que si no se podrían poner de acuerdo para hacer un solo concierto fuerte, bien acompasado y sobre todo CORTO.

Desayunamos y logramos salir temprano; ya con las mochilas puestas. “El camino voy a andar / y no me voy a cansar…”

Pasaron 6 kilómetros y paramos en un bar en Ventas de Narón. Ahí vi un letrero que me iluminó la cara y me cambió el semblante: “TAXI: se llevan mochilas”. Inmediatamente tomé los datos y les dije a todos que el que quisiera se apuntara, que yo no pensaba cargar mi mochila ni un metro más. Así que se puntaron todas, excepto Dani, que sus razones tendría para querer llevar a sus espaldas la mochila más grande de todas.

¡Qué diferencia es caminar sin mochilas!

Hicimos una parada en la iglesia de San Xulian do Camiño. Dice la leyenda que Xulián, un noble soldado, dio muerte a sus padres por error, y entonces se quedó ahí el resto de su vida hasta que llegó un ángel a darle el perdón divino. Ese mismo perdón lo tendrá que esperar el párroco por habernos mentido y decirnos que a partir de ahí, el camino era “todo planito”. ¡Sí, como no! Ya me empezaban a doler las articulaciones de tanto subir y bajar.

En uno de los paisajes más bonitos, un bosque con árboles muy juntitos, el sol entrando entre las ramas y un riachuelo por debajo, nos detuvimos porque Adriana dejaría ahí una parte de las cenizas de su papá. Todas la observamos en silencio, compartiendo con ella el momento, llenándonos de ese aire, esa luz y los muchos recuerdos que se le salían a Adriana por los ojos. Fue uno de los momentos más bonitos que viví en el Camino de Santiago y agradecí la oportunidad de ser parte de él…

Comimos en Palas del Rey, una pequeña ciudad, y en el restaurante conocimos a un par de andaluces que llevaban 25 días caminando. Nos miraban de manera burlona, como diciendo “éstas no van a llegar”…

Saliendo del restaurante en la acera había una concha de bronce, símbolo del Camino de Santiago (en un principio, los peregrinos llevaban colgada de su bastón una concha de mar para servirse agua a lo largo del camino. Aún muchos lo hacen, Dani entre ellos).

En el camino había pequeñas subidas y bajadas, pero mis rodillas me decían que eran cuestas interminables. El dolor ya empezaba a hacer mella en mi ánimo… “¿Cuánto falta Dani?”, “muy poquito, unos 5 kilómetros”. Eso significaba por lo menos otra hora de caminata, así que traté de no pensar en mis rodillas y empecé a contar mentalmente en francés, alemán, inglés….

Dos horas después, llegamos triunfales a la pulpería “Ezequiel”, en Melide. Este grupo de espirituales peregrinos nos bebimos seis botellas de ribeiro y varias órdenes de pulpo.  “¡Es que el vino entra re-bien!” dijo Sara con ese tonito que le sale después de beberse un mínimo de alcohol.

Al llegar a la posada, se montó una improvisada sala de emergencias en la habitación  de Sara. El doctor Dani-House sacó sus instrumentos de tortura. Había cierto placer sádico en su mirada, porque  hasta usó unas tijeritas para pinchar la ampolla de Aída, y luego le puso no-sé-qué que hasta le sacó lagrimitas. Luego le tocó a Adriana. ¡Ayyyy! La pobre no se había quejado en todo el camino y traía ampolla sobre ampolla. Yo era sólo una observadora enviada de Derechos Humanos para reportar los abusos ahí cometidos. Sara se estaba duchando y no quería salir del baño al escuchar los gritos. Al final, todas traíamos los pies parchados; excepto Sara, que ha de ser descendiente de los mensajeros de Moctezuma, porque fue la única que no tuvo ni una sola ampolla.

Cuando yo salí de ducharme, recibí una llamada de mi mamá desde México. Me sentía tan cansada, con las ampollas reventadas, las rodillas  adoloridas, que me emocionó oír la voz de mi madre. La pobre se quedó preocupadísima, porque al oírme pensó que el siguiente paso sería subirme a una ambulancia y regresar en ella a Madrid; pero yo le dije que no, que era el final del día y así terminaba uno…

Al día siguiente empezamos tempranito a caminar. Hicimos la primera parada en Boente, nada más para un café e ir al baño.

A partir de ahí, el tramo fue un subir y bajar que nos ofrecía unos hermosos paisajes del campo gallego, tan verde, y un aroma a fresco y a… ¡CACA DE VACA RECIÉN HECHA!  Es que yo ya no soportaba el dolor en las rodillas. Subir las cuestas no era ningún problema, pero bajarlas era un verdadero suplicio. En una de esas, tan mal me habrá visto Adriana, que me ofreció su brazo para bajar la cuesta. Yo le dije que no, que la verdad es que me sentía peor si por mi culpa la retrasaba, así que le dije que se adelantara y que yo bajaría a mi paso. Así lo hizo y cuando ya no tenía a nadie a la vista, me puse a llorar. Cada paso era un dolor que me rebotaba de las rodillas a las sienes y de regreso. Lloraba de dolor y de vergüenza de no estar a la altura del reto. Lloraba del dolor que también traía cargando en el alma y que quería dejar en algún lado y no encontraba en dónde. Pero seguí cargando todo con determinación.

Llegué de milagro a Arzúa y les dije que después de comer tomaría un taxi y les esperaría en el próximo destino para dormir, que era O Pedrouzo.

Ahí fue donde me di cuenta del gran aprendizaje que me dejó el camino:

Cuando tienes un gran dolor, no puedes ver más allá de eso, más allá de la parte que te duele. No puedes ver el paisaje, las personas que te rodean y te quieren ayudar, sólo te concentras en lo que te está doliendo. Entonces, cuando te das cuenta de ello, lo que tienes que hacer es parar. Detenerte a curar tus heridas y una vez que el dolor se haya ido o por lo menos disminuido, entonces puedes continuar y disfrutar de los regalos que te hace el camino, el de Santiago, o el de tu vida…

Tomé el taxi y el amable chofer me dijo que el tramo que habíamos caminado esa mañana, era conocido como “El Rompepiernas”. ¡Con razón!

Llegando a O Pedrouzo encontré una encantadora pensión. No hice nada más que echarme en la cama, después de haber tomado un largo baño de agua caliente, y enviar mensajes a mis amigos… Todo para ayudar a mitigar el dolor.

Cuando llegaron los demás, agotados y ladrando de hambre, ya los esperaba yo en el restaurante.

Y llegó el último día.

Estábamos ya a tan sólo 20 kilómetros de Santiago de Compostela y me propuse entrar CAMINANDO. El descanso del día anterior y la ilusión de llegar me llenó de energía.

Empezamos la caminata con muchas ganas y mucho brío. “El camino voy a andar / y no me voy a cansar…”

El primer tramo fue de 12 kilómetros seguiditos. No había ni un triste bar antes de eso. Pasamos al lado de los estudios de TV Española de Galicia. “Una mexicana muere con las rodillas reventadas ocho kilómetros antes de llegar a Santiago de Compostela” me imaginaba yo que saldría en el telediario…

Llegamos al Monte del Gozo (ahora sé porqué se llama así, ¡ya casi llegamos! ¡Ultreia!) y tomamos algunas fotos.

Cuando poco después vi el letrero de “4.7 km, catedral”, no lo podía creer. Ya casi estaba ahí. Aunque era una bajada pronunciada y las rodillas me decían “no cantes victoria”, yo ya tenía en mente solo una palabra: LLEGAR.

Sobre las 2.30 llegamos al restaurante donde nos habían llevado  las mochilas. ¡LO HABÍAMOS LOGRADO! Se me salieron las lágrimas, todo ese dolor había valido la pena! Nos abrazamos y nos tomamos fotos  . Fue una comida deliciosa, y no tanto por la comida en sí, sino el sabor de algo que te mereces, de algo que has conseguido con un esfuerzo tremendo. Todo me sabía buenísimo.

Después de eso, fuimos a la catedral.  Primero la contemplamos desde afuera, en la plaza del Obradoiro. Nos acostamos como si estuviéramos en nuestra casa y admiramos ese edificio que desde el siglo IX es uno de los santuarios y centros de peregrinación más importantes de la cristiandad, porque guarda los restos del apóstol Santiago (además está en las monedas de 1, 2 y 5 céntimos de euro).

En esa plaza tan grande, recostada sobre mi mochila y con las rodillas aún adoloridas; pensé que mis problemas y mis dolores no eran en realidad tan grandes. Tenían solución. Y la solución estaba en mí.

Disfrutamos mucho ese momento, ahí, echados en el suelo.

La catedral estaba casi vacía, como si la hubieran abierto especialmente para nosotros. Yo ya la conocía, pero la vi con nuevos ojos. Todo tenía un significado distinto. Era llegar verdaderamente a dar gracias. Hasta subí a “abrazar al santo” (la estatua del apóstol Santiago) y luego bajamos a donde supuestamente están sus restos. Vimos también el “Botafumeiro”, que antiguamente se usaba para esparcir el aroma del incienso sobre los apestosos peregrinos (imagínense, después de haber recorrido el camino durante muchos días con sus noches y sin llegar a una pensión con ducha…).

Hasta a los souvenirs de las tiendas los vi diferentes. De pronto entendía el gran significado de la simple flecha amarilla; de los bloques de concreto que van diciendo cuántos kilómetros faltan; de los imanes de los pies heridos y ampollados en forma de caricatura…

… de haber llegado a Santiago de Compostela después de caminar muchos kilómetros, de disfrutar del paisaje, de sufrir los dolores, de saborear la comida de manera distinta, de agradecer una ducha y una cama, de entender mis limitaciones, de conocer a mis amigas, de acompañar a Adriana y a su papá que, por fin, pudo conocer la Galicia que tanto soñaba…

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  1. Adriana Torrente

    Hoy 1 de julio 2013 dia en que mi padre Francisco Torrente Treviño cumpliria un año mas, me conmueve hasta las lagrimas leer este relato de mi camino a Santiago de Compostela con todos ustedes peregrinos….. mis queridos peregrinos los llevo en el corazón, gracias Finny por este relato tan vivencial y maravilloso, gracias por ser……. y estar……. en mi camino.
    Adriana

  2. Soco Iturbe

    Finny: a mis tres hijos, a mi esposo y a mí nos fascinó tu relato. A través de tus aventuras y de como las describiste, nos hiciste vivir este viaje increíble y poder conocer ésta hermosa tradición.

    Nos dejaste mas que puestos para ir a España y realizarlo nosotros también.

    Mil gracias por tu trabajo. Sigue escribiendo.

  3. Horacio Lazo Hinojosa

    Felicidades por tu relato. Como todos los que nos has regalado es magnífico: subí, bajé, olí y vi el paisaje de Galicia. Empiezo a entrenar cuatro veces por semana para ver si el año próximo hago la caminata contigo.
    Felicidades!
    Tu papá.

  4. Josefina Guera Botello

    Finny:
    Leí tu crónica a Santiago y tuve muchas emociones encontradas: gusto, emoción y hasta angustia cuando escribiste que no aguantabas las rodillas y las ampollas de los pies. Me angustié mucho y llamé a tu celular y te estabas duchando. Le dije a tu amiga que me contestó qe te llamaba dentro de veinte minutos, y, aunque lo hice puntualmente, s eme hicieron eternos. Cuando te oí te dije que te regresaras a Madrid, que no tenías necesidad de estar sufriendo así, pero te oí muy decidida como con todo lo que emprendes y quieres, cosa por la que nos sentimos muy orgullosos. Comprendi que querías llegar a tu y acompañar a tus amigas y a Adriana a llevar las cenizas de su papá. Recé por ustedes para que todo saliera bien.
    Dales un abrazo y un beso a todos desde este lado del mar, y gracias a Dani por la paciencia que les tuvo. Ojalá algún día los conozca.
    Les mando un beso
    Tu mami.

  5. Alejandra Rodríguez

    Hace 4 años, yo vi esas flechas amarillas de las que hablas, cuando recorrí en auto de Ponferrada a Santiago de Compostela, me imaginaba a los peregrinos caminando… Ahora, gracias a tu relato me transporté a esos lugares que hace tiempo vi y entiendo un poco mas el significado del trayecto. Tu descripción del momento íntimo que vivió Adriana con las cenizas de su papá, hizo que deseara aún mas llevarme las cenizas de mi papá este verano que vamos para allá, y esparcirlas en el país que él siempre quiso conocer. Ambas me han inspirado para retomar esa idea que surgió hace un par de meses. Gracias!!!

  6. Gabriela Rodriguez

    Finy! Hermoso relato… Tu descripción del momento en que Adriana esparció algunas cenizas de su papa algo así como “… Con los recuerdos en los ojos” (algo así porque no me acuerdo bien de la frase) uuuuffff… Me hizo vivir michas emociones sobre todo, la forma tan hermosa y respetuosa en la que relatas un momento difícil, intimo y amoroso que seguramente estaba viviendo Adriana.
    Tu ampolla reventada me encanto!! Tu experiencia de viaje me ha hecho recordar que a veces nos enfrascamos en un dolor o en algo que no nos deja admirar alrededor y la respuesta o solución solo la tenemos nosotros.
    Sigue escribiendo, sigue transportandonos, sigue inspirandonos para que cada uno de tus lectores recorra su propio camino de Santiago!
    Un beso!!

  7. irene ruiz castro

    MI QUERIDA FINI
    NO HABIA PODIDO LEER TU NUEVA Y TAN ESPERADA AVENTURA. MI ABUELO MATERNO ERA DE SANTIAGO DE COMPOSTELA, UN VIEJITO HERMOSO!!!! Y SABES YO IBA CON USTEDES….. GRAACIAS!!!!

  8. Cinthia

    Nuevamente, maravilloso!, como todo lo que escribes!!!. La capacidad que tienes para transportar a tus lectores al lugar del que hablas es increíblel. Puedo imaginar cada detalle, sabor y olor a los que haces referencia. Felicidades FInny.

  9. Daniel Notario Herrero

    Querida Finy: Pocas personas han vivido, han entendido tanto en tan poco tiempo, sobre el Camino, y lo que cada uno puede encontrar en él…. como tú. Junto con Adriana, Sara, Aida, Sonia, Sabina…. tengo tanto que agradeceros….. Como quien recibe un regalo, y está obligado a compartirlo….. la Luz no puede mantenerse escondida…. Os llevo siempre en mi corazon…. Y espero que de nuevo muchas veces nuestros caminos vuelvan a juntarnos. Dios os bendiga a todas. Ultreia !!! Buen Camino.

  10. Patricia Torrente Treviño

    Gracias Adrianita por ese gran logro! conseguiste darle a tu papá lo que mas deseó siempre, estar donde nuestras raices. Gracias Josefina por hacer mención de mis padres en tu relato, Francisco y Sobehía. Que Dios bendiga a ese gran grupo de hermanos que se logró formar y que de alguna manera pudieron fungir como si fuera cada uno de nosotros. Gracias!!!

  11. Patrica Soto

    Excelente relato de una experiencia q pocos pueden vivir, asi como eriquecedora para los lectores q en algun momento hemos pensado realizar dicha peregrinacion. No cabe la menor duda q leyendo estas lineas uno se transporta con la imaginacion a esos lugares extraordinarios que con la bendicion de Dios nos dara vida y fuerzas para poder emprender un viaje tan extraordinario

  12. Veronica Torrente

    Que bonito relato nos lleva de la mano con ustedes, haces que den ganas de recorrerlo pero sobre todo de vivir esa experiencia llena de aprendizajes de vida en todos los sentidos, de valorarnos como personas y valorar a los nuestros, te agradezco desde lo mas profundo de mi corazon haber incluido a mi PAPA en tu relato, le da un sentido tan especial y se que estuvo feliz en su camino, te agradezco que hayan acompañado y apoyado a Adriana en esta aventura y que Dios te bendiga y siga llenando de luz tu corazon.
    Felicidades y nuevamente GRACIAS

  13. Eduardo Silva

    Increíbleeee!!! deberé ir algún día a hacer el recorrido yo mismo y me imagino perfectamente a mi Mamá gritando por sus ampollas, si el caminar a la tienda de la esquina le producía ampollas, me imagino la fuerza para caminar esos 110 km

  14. ALEJANDRO TORRENTE TREVIÑO

    SOLAMENTE PUEDO DECIR MUCHAS GRACIAS POR ESTE MARAVILLOSO RELATO, ESTE VIAJE MAS DE UNA VEZ LO PLATICAMOS MI HERMANO Y YO, ADEMAS DE MUCHAS MAS CORRERIAS POR EL FERROL Y TODA GALICIA.
    MI QUERIDA SOBRINA ADRIANA, GRACIAS POR HACER REALIDAD ESTE SUEÑO DE PACO TU PADRE, GRACIAS POR REGRESAR A GALICIA LAS CENIZAS DE PACO, QUE COMO COMPRENDERAS, ES PARTE DE MI MISMO Y DE MI FAMILIA, YA ESTAMOS BIEN REPARTIDOS EN MEXICO Y ESPAÑA, DIOS TE BENDIGA.
    ESCRIBO ESTO CON LAGRIMAS EN EL CORAZON Y CON EL MAS PROFUNDO Y SINCERO AMOR PARA USTEDES QUE HAN LOGRADO REALIZAR ESTE COMETIDO.
    DIOS LOS BENDIGA

  15. YOLANDA IBARGUEN DE TORRENTE

    AGRADEZCO A DIOS, A MI HIJA Y TODO ESE MARAVILLOSO GRUPO, EL HABER ACOMPAÑADO A ADRIANA EN ESE MEMORABLE VIAJE Y TAN SIGNIFICATIVO EN NUESTRA FAMILIA, YA QUE EL SUEÑO DE MI INVOLVIDALBE ESPOSO SE VIO CUMPLIDO AL ESTAR EN SU TAN QUERIDA Y AÑORADA TIERRA QUE LAMENTABLEMENTE NO PUDO CONOCER EN VIDA PERO QUE AHORA GRACIAS A SU AMADA HIJA, REPOSA POR SIEMPRE EN ELLA Y ESTOY SEGURA QUE DIA A DIA NOS CUBRE A TODOS DE BENDICIONES. GRACIAS JOSEFINA POR TU HERMOSO RELATO QUE ME CONMOVIO HASTA LO MAS PROFUNDO DE MI ALMA Y ESPERO DIOS ME BRINDE LA OPORTUNIDAD DE CONOCERTE ALGUN DIA. DIOS LES BENDIGA. YOLANDA IBARGUEN DE TORRENTE.

  16. Marco A. Flores Torrente

    Excelente relato!! mi tía Adriana nos habia contado sobre este viaje, pero hasta leer esta publicación se da uno cuenta que un viaje no solo es tomarse fotos y hacer compras, estoy segurísimo que cuando nos cuente sobre la maravillosa e inspiradora experiencia todos entenderemos, apoyaremos y disfrutaremos esa fuerza de ustedes para recorrer tal travesia, simplemente….FELICIDADES!! y muchisimas gracias por cumplir ese sueño tan anhelado (y ahora cumplido) tanto de mi tía como de mi abuelo que, muy agradecido por este acto de valentia, fuerza y amor, siempre estara con nosotros desde allá arriba 🙂

  17. Yolanda Torrente barguen

    Finy: Te agradezco de antemano las hermosas palabras que pones sobre mi familia, sin conocerte se que eres una excelente persona y me da mucho gusto que esta experiencia que vivieron los haya unido tanto, se dice que los amigos se conocen en las buenas y en las malas y aqui le estas demostrando a mi hermana la amistad que se dio,

    Es un relato hermoso que cuando lo lees te transporta como si lo hubiera vivido yo.

    Espero que Dios te Bendiga siempre.

  18. Francisco Torrente Ibarguen

    Has logrado transmitirme en este relato lo que vivió mi hermana Adriana para cumplir uno de los grandes sueños de mi padre, estar en la tierra de su padre, aunque haya sido en cenizas, descansando en paz el está porque se pudo cumplir su cometido de visitar y quedar en tierra gallega.

    No he podido terminar de platicar con mi hermana de su experiencia pero estoy seguro que fue algo memorial, tanto para ella como sus peregrinos acompañantes, felicidades por su logro y por haber sido testigos del encuentro de mi padre a su deseada tierra, la cual quedo enriquecida por la sensibilidad, amor y entrega de un hombre ejemplar…

  19. Fernando Méndez

    Maravilloso relato, desde México ahora sueño con algún día conocer lo que tan maravillosamente nos han descrito, con todas sus emociones, Felicidades!!!

  20. Angeles Junco

    Finny! Como siempre, una delicia leer tus relatos!! Una super aventura que da envidia!! Admiro la determinación de los viajeros en esta travesía y aprecio la convivencia y amistad que fomentaron en todo el camino!! Felicidades!!!

  21. Emilio

    Gracias!!!! por llevarme a recorrer este camino (de Santiago y de la vida) y enseñarme que cada reto debe afrontarse, no importa el dolor ni la adversidad, si uno se esfuerza, al final siempre encuentra uno recompensa.

  22. Horacio Lazo

    Me dolieron los pies después de acompañar a estos valientes peregrinos! FELICIDADES por haber concluido el reto y, más importante, por compartirlo!

  23. tetelangarica

    Excelente relato, por mucho el mejor que he leido, me hice cómplice de este grupo de peregrinos y a pesar de no conocer a Sara me conmovió su causa, de verdad me salieron ampollas en los pies y todavía me truenan las rodillas y como disfruté con ellos cada trago de esa refrescanre cerveza tan merecida, gracias por hacernos viajar sin tener que salirde casa.

  24. Gloria Guerra

    Con tu relato tan detallado me quedo con unas ganas enormes de conocer este lugar, Dios nos dé $$ y salud para ir a tan emocionante y tan comentado lugar, no cabe duda siempre nos falta ¡tanto por conocer !
    Suerte te dé Dios.

  25. Yolanda Garro

    En primera que buena experiencia, y como siempre una delicia el poder disrutar de tus relatos, siempre haces que los viva, que los sienta, que los sufra, en fin que mas puedo decir, gracias y felicidades.

  26. Rocio Mora

    Me encanto tu relato, sobre todo la parte tan cierta donde mencionas lo estrecha que puede ser la percepcion de la vida cuando se tiene un dolor muy grande. Recorri contigo el camino a traves de tu relato. Felicidades por esa experiencia.

  27. Francico Silva

    Habia escuchado de este viaje, pero nunca me habia imaginado estar en el desde una lectura, que excelente relato y forma de describirlo, algun dia espero recorrerlo y mas ahora que he leido esto. Que Dios bendiga a todos los que realizaron este recorrido y a sus familias. Muchas felicidades

  28. SONIA

    Es un relato escrito desde el corazón, vvivido y sufrido en primera persona, me parece una forma muy bonita de hacer llegar a los demás sensaciones, emociones y experiencias intensas, y Fini, querida amiga lo consigues desde tu relato, con tus palabras, me has hecho llorar de nuevo. un beso y FELICIDADES. SONIA.

  29. Aída

    Leer tu relato me hizo suspirar y recordar el camino, vivirlo!!! Excelente Finny!! Buen camino… Peregrina 4ever!!!!

  30. Rocío

    Quiero agradecer a Finny qué comparta conmigo sus relatos son muy emotivos y me encantan! Tanto qué ya me estoy animando a hacer esa caminata uno de estos días!
    Felicidades
    Rocío.

  31. Roberto Aguirre

    No he tenido la oportunidad de hacer el Camino a Santiago, me parece que de lo que he leido al respecto, esta travesía suena mucho mas cansada y alcanzo a notar que la autora, fue caminando y encontrando lo que muchos otros peregrinos me han contando; “vale la pena porque al final de das cuenta que cada pasado ha valido lo suyo”. Ahora el problema es que me entran las ganas de realizarlo, y este texto lo tomaré en cuenta cuando me decida a hacerlo.
    Felicidades a la autora.

  32. Cruz Guijosa

    Yo tenia ganas de hacerlo, como experiencia, como inquietud, como encuentro….y ahora después de leer el relato de Finny he creído estar allí. En cada albergue, en cada páramo, en cada piedra y en cada momento. Es genial….has conseguido incluso que huela el camino!!!. Gracias Finny por haberme llevado tan lejos y habérmelo traído tan cerca. Una maravilla, bien escrito, bien descrito y bien disfrutado. Lo mejor que he leído en mucho tiempo. Cuando lo haga, espero disfrutarlo como tu aunque no podré nunca describirlo igual, aunque lo sienta. Enhorabuena

  33. Sara Espinoza

    Finy, el relato es espectacular, a leerlo me hiciste volver al camino y disfrutarlo otra vez, mil gracias por haber formado parte de este increible grupo de peregrinos, y como ya te he dicho me siento privilegiada de haber formado parte de este increible viaje, y creo que para cada uno de los peregrinos que vivimos esta aventura, el camino nos dejo un gran aprendizaje, pero justo elijio lo que cada uno en ese momento necesitabamos. Te quiero mucho amiga, y continua escribiendo que este don , se te ha dado para compartirlo.
    Sara

  34. Adriana

    Felicidades Finy este relato me hizo revivir la hermosa experiencia que vivimos juntos estos 7 peregrinos y que gustosa viviria nuevamente, aprendimos mucho de cada uno. Este Camino Peregrina quedo tatuado en nuestras almas
    Gracias por ser parte del sueño de mi padre.
    ULTREIA!!! 

  35. Marina

    De nuevo FELICIDADES! plasmar de está forma un viaje es de artista, Ya te digo es digno de un libro, aun ahora que lo tienes en formato relato corto, no obstante insisto en que tiene mucho que engancha, tiene un potencial digno de libro. Marina

  36. HORACIO VELCO

    una gran descripcion de la experiencia vivida por demas
    cansada y en tramos dolorosa , que te hace sentir intensamente lo que iba experimentando el relatista; amen de lo ameno del relato e ilustrativo y motivador, os felicito y a seguir por ese camino de exito en la literatura
    ULTREIA ET SUSEIA

  37. Maria Fernanda Galeano

    Con este relato es inevitable trasladarse a Galicia.
    Me he convertido en peregrina temporal que en el espacio virtual disfruta unas deliciosas tapas de pulpo, un buen vino, la compañía de amigos estupendos, la belleza del paisaje, los olores de la naturaleza y la riqueza arquitectónica de plazas , santuarios e iglesias medievales.
    Los ronquidos, las ampollas, el cansancio y el dolor de rodillas se convierten en nimiedades que no te impiden explorar aquellos rincones visitados durante siglos y que dejan de ser puntitos detrás de un mapa para transformarse en lugares seductores.
    Un relato muy agradable que sirve de inspiración para tener nuevas aventuras.

  38. Larissa Pérez S.

    Pude vivir cada sensación, cada paso y cada paisaje através de este relato tan profundo, sencillo y bello. Mi corazón ha acompañado a estos viajeros en cada paso, cada palabra y cada frase.. Me ha emocionado tanto que seguramente pronto me aniimaré a vivir este recorrido en persona! Ultreia! Gracias Josefina!!!
    Me atrevo a citarla:
    Cuando tienes un gran dolor, no puedes ver más allá de eso, más allá de la parte que te duele. No puedes ver el paisaje, las personas que te rodean y te quieren ayudar, sólo te concentras en lo que te está doliendo.

  39. Patricia

    Excelente relato, me he emocionado e incluso me ilusiona algún día realizar esta peregrinación.

  40. Claudia Beatriz Cardoso Segura

    Recorriste un dificil y doloroso camino pero al final esa lucha realmente valió la pena. Maravilloso Relato!

  41. Rosy

    Es un excelente relato que habla de amistad, compañerismo, metas y como se construyen paso a paso, te transmite los sueños y el cansancio a lo largo del relato. Muy emotivo y divertido!

  42. Gabriela Trujillo

    Leerlo es como ir andando con ellos, es como acompañar a Adriana, a su papá y a esos peregrinos. Me pareció un estupendo relato.

  43. Elvira Endo Alvarado

    El Camino de Santiago es un verdadero viaje iniciático.
    Seguramente volverás más veces y cada una de ellas será diferente, lo verás todo con ojos nuevos, aunque repitas la misma ruta.

  44. Alfredo Rodríguez Brondo

    Siempre es una delicia leer los relatos que escribe Josefina, no sólo por lo bien escritos que están sino porque además te impelen a repetir por tu cuenta su periplo. Gracias por los deliciosos momentos de la lectura de tus historias de viaje. Felicidades

  45. alfredorodriguezbrondo

    Siempre es una delicia poder disfrutar de las crónicas de viaje de Josefina porque además de que están bien escritas tienen la particularidad de hechizarte para intentar, en un momento dado, repetir su periplo y hacerlo propio por lo delicioso de sus historias.
    Felicidades y altamente recomendable.

  46. Rosa Ruiz

    Me transporté a Galicia y recorrí y me emocioné con cada frase….. Me han dolido las rodillas y siento haber hecho el camino junto con ese grupo tan especial de peregrinos… EXCELENTE relato!!!

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