El viaje hacia la selva. Autor: Fernando Lozada

Era invierno cuando fui por primera vez a la Amazonía pero no como el invierno de otras partes del mundo aquí en esta parte del mundo el invierno llegaba siempre con fuertes lluvias y a pesar de estar todo el día enlodado jamás pude escapar de la belleza del lugar, pues provengo de un sector eternamente árido,  con poco follaje y sin color más que el color de nuestras pálidas sonrisas contrastantes con el rojizo quemante por el eterno frio en nuestras mejillas, aquí en mi pueblo al contrario de la Amazonía  jamás llueve solo nos cobija una neblina y a veces hasta nieve usamos pochos largos que nos cubren casi todo el cuerpo, con unas botas hechas de suela y cuero que más que proteger nos hielan los dedos por eso debemos enroscarnos una bufanda como si fuese una serpiente por el cuello y ser lo más térmico posible para contener el poco calor que produce nuestro mismo cuerpo, algunos dirán que con el zamarro no se siente el gélido clima pero más bien al ponernos esos zahones lo único que produce es que nos convirtamos en eso y seamos mucho más toscos y pesados; así crecí y viví en medio de ese ambiente tan amoratado, tan álgido hasta que un día llegó hasta nuestra comunidad el ingeniero como le decíamos pues nunca supe su nombre; hombre alto, joven e inexperto a la vez recién graduado de la universidad que buscaba gente para que trabaje con él; se puede decir que era un hombre bueno y con principios que lo único que quería era tener un renombre a nivel de las demás empresas constructoras que no habían tenido el privilegio aún de observar su trabajo y en efecto este era el primero encomendado a él, se trataba de construir un puente en la espesa jungla ecuatoriana el cual ayudaría a miles de familias existentes en el lugar, tenía el presupuesto, tenía las autorizaciones debidas, lo que le faltaba era experiencia y gente leal con la cual trabajar y por eso mismo es que estaba en nuestra comunidad para poder reclutar hombres decididos a hacer ese gran viaje y por supuesto que de inmediato yo quise ir pues aparte de cambiar de ambiente conocería algo diferente a lo que estaba acostumbrado ver, también me acompañarían 100 hombres más entre amigos, vecinos, allegados y familiares pues la paga era buena, en un solo mes en el proyecto ganaríamos lo que un año produce nuestra tierra así es que tras despedirnos de todos nuestros seres queridos subimos en un camión contratado por el ingeniero y la empresa constructora, todo el viaje desde los 3200 msnm lo hicimos en bajada ya a la media hora de trayecto desapareció la niebla permanente que nos cubría a la cual estábamos acostumbrados pero aún se podía sentir un ambiente refrigerado, lo más lindo de estas 10 horas de viaje fue sentir como nuestros cuerpos ya no necesitaban tanta ropa encima o una bebida caliente para mantenernos abrigados ahora inclusive aparecía en el camino muchas más plantas y algunas de ellas jamás las habíamos visto en nuestra vida, tan grandes, y frondosas eran, sin duda estábamos pisando tierra sagrada pues la exuberancia del lugar denotaba que era una tierra muy fértil, a medio camino nos bajamos del camión para poder estirar nuestros cuerpos y también desahogar nuestra vejiga entramos con el ingeniero a un restaurante que por cierto sería el último que veríamos pues ahí se terminaba la civilización a pesar que para nosotros la habíamos dejado en nuestro pueblo pues al estar  rodeado de tanta naturaleza verde junta nos hacía sentir  como hormigas perdidas en una cancha de futbol, así que nos sentamos en la mesa para poder comer y lo que más nos llamó la atención fue el agua de guayusa, que según nos dijo la señora es una planta para infusión prima hermana del café con sus mismas propiedades energizantes solo que aquí se utilizaba la hoja y no el fruto, tenía un sabor agradablemente dulce y florido a la vez, posterior a ingerir nuestra comida nos preparamos para salir el ingeniero nos dijo que el campamento base se localizaba dos horas más adentro de la selva, eso no nos incomodó tanto como los mosquitos que comenzaron a ver en nosotros carne fresca que engullir; de pronto  algo que nunca creímos poder ver  en nuestro páramo era una lluvia aparentemente interminable eso fue algo nuevo y que nos dio temor pues parecía resquebrajarse el cielo ante nuestros ojos pero el ingeniero nos tranquilizó diciéndonos que era normal en esta parte del país pues estábamos en pleno invierno y siempre es así en esa época y más aún porque ya estábamos a 500msnm, entonces nuevamente subimos todos al camión y emprendimos la ruta de dos horas más que nos faltaba, la gente del lugar salía de sus chozas para vernos con curiosidad pues era nuevo para esos nativos ver tanta gente junta y reunida, a donde nos dirigíamos era una comunidad que aún vivía dispersa y muchos de ellos eran nómadas sin embargo el puente que pasaría cerca a su comunidad era un punto estratégico e imprescindible para que la ciudad que estaba al otro lado del puente pueda seguir colonizando el sector; por eso es que no se contrató a personas de la localidad para evitar enfrentamientos entre las personas, llegábamos al sector sin saber mayormente esa realidad y bueno tampoco debíamos saber nada de eso solo debíamos saber qué y cómo construir así que tras dos horas más de viaje llegamos al campamento base que hasta ahora no se cómo se atrevían a llamarlo campamento base si estaba a una hora en canoa por el río, llegamos y nos instalamos en el lugar, el ingeniero nos tenía preparado un recibimiento de comida y chicha mascada de yuca que por cierto me mareó un poco la cabeza pues estaba añejada al punto de hacernos dormir como bebés en nuestras hamacas hasta el siguiente día.

Sin importarnos mucho la resaca nos levantamos como de costumbre antes que salga el sol, la picazón por los mosquitos era terrible así que bañarnos en el río fue ineludible y logramos estar listos a penas salió el sol, el ingeniero nos repartió por grupos entre los que manejarían logística, constructores, etc., todo dependiente de nuestra experiencia y demás factores que creyó conveniente el ingeniero, así que fui designado a la construcción del puente con otros 69 hombres más, fuimos 70 las personas cambiamos los cálidos ropajes y atavíos por ropas más ligeras y las botas reacias de cuero por unas más adecuadas al clima que eran de caucho; debíamos viajar todos los días por las tranquilas aguas del río en unas canoas improvisadas de árboles huecos hechos por nativos y adheridos motores fuera de borda muy modernos, así transcurrió 3 apacibles meses desde que salí de mi sitio natal para trabajar en un lugar donde no era conocido y más bien nos veían como extraños, siempre y cuando lográbamos captar la presencia de esos nativos pues la mayoría del tiempo se difuminaban entre la espesura de la selva hasta que una madrugada emprendí otro viaje que nunca creí hacerlo.

Sin previo aviso una madrugada fuimos atacados por cientos de nativos de la zona, ellos llevaban lanzas, arcos y flechas envenenadas y aunque no tenían ropa encima que cubriera su desnudez sabíamos que era peligroso increparlos pues era sabido por todos la tenacidad de los nativos de la zona así es que a todos quienes trabajábamos en el puente incluido el ingeniero nos llevaron selva adentro caminando una hora, el viaje fue hermoso pues a nuestro paso por el improvisado sendero podíamos ver insectos que jamás en la vida habíamos observado así como curiosos monos que nos veían desde las copas de los árboles, el olor era indescriptible envuelto en un aroma de flores silvestres y tierra húmeda a la misma vez, al llegar a un riachuelo nos hicieron cruzar a todos de uno en uno y en fila mientras del otro lado nos esperaban el resto de la comunidad con gritos y saltos como festejando el que seamos prisioneros de guerra;  al llegar nos sentamos en el medio de la plaza de la comunidad y nos dieron la bienvenida con chicha mascada de yuca, tubérculos cocinados y carnes de animales que no nos atrevimos a preguntar, y bueno si logramos comunicarnos a rastras con ellos pues hablaban un idioma parecido al de nosotros, hablaban un quichua diferente pero parecido a la vez, más o menos lo que ocurre entre un español y un argentino, o entre un cubano y un chileno, es el mismo idioma pero con un diferente dialecto, lo mismo nos pasó a nosotros y al darnos la bienvenida nos comunicaron la preocupación de ellos hacia la construcción del puente que si bien pensamos todos eso ayudaría a la comunicación de todos quienes habitaban el sector ellos preferían ser un pueblo no contactado y continuar velando y cuidando por la naturaleza del sector y si mataban un animal era por subsistir y no para enriquecerse con su carne o pieles, nos dieron todos sus argumentos posibles para que paremos el trabajo y por supuesto el ingeniero también dio su punto de vista ante esta situación y al ver que no dejaríamos de trabajar en el puente, nos mantuvieron en la comunidad tres días más para poder  como según ellos decían apreciar por última vez todo cuanto existía y en efecto después de esos tres días emprendimos el viaje de retorno a campamento base pero ya con otra mentalidad pues muchos tenían miedo de que la próxima vez nos maten, otros decían que seguirían trabajando ahí, de mi parte comprendí la necesidad de tener un sector donde el hombre no ingrese ni con sus costumbres ni su tecnología, ni tampoco su voraz hambre por tener árboles milenarios o animales silvestres y que era el derecho de esas personas de querer no ser contactados ni colonizados; fue así que emprendí mi viaje de retorno a mi páramo para también ahí defender mi espacio fue así como ese viaje a la Amazonía cambió mi vida y a pesar que se terminó de construir el puente jamás de mi mente se borrará todas las imágenes, sonidos, olores  y sabores que la selva me dejó de recuerdo para toda la vida.

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  1. Elvira Endo Alvarado

    Reivindico también el derecho a dejar ciertos lugares incontaminados, sin huellas del llamado progreso.

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