Otro Sueño. Autor: Henry W.

Anoche tuve un sueño único, raro, que te deja el espíritu cavilando en búsqueda  de  una salida,  una  ayuda,  que  sea  como  aferrarte a ese madero  salvador,  que apareció en el mar en esa  noche  de luna  cuando creías  que  todo  estaba perdido,  después de ese naufragio que terminó con tu ilusión  de conocer otras  playas.

En este sueño yo rodeaba la montaña buscando un atajo para cruzarla, cuando distinguí sobre un peñasco una cosa que no pude identificar.

Me acerqué  lentamente con precaución tratando de adivinar  que era ese bulto  raro que se fue transformando en una figura humana, sucia y vestida con harapos.  Al acercarme él me hablo lentamente,  con una voz cavernosa y ronca, como si no estuviera acostumbrado a hablar, como arrancado de su silencio  por este caminante que  invadía su soledad

. No quería detenerme, pero una fuerza extraña me obligaba  a escuchar.  Me habló del destino, de cómo tenía que prepararme para enfrentar esa dura realidad que se cernía sobre mí. Me habló de una extraña  profecía que dividiría mi vida en tres partes

.         En la primera parte tendría que  hallar  una mujer entre la demás mujeres del pueblo, que me daría las bases para descifrar las acciones a seguir.

No tenía referencia de cómo era ésta mujer, solo sabía que se acercaría en mi recorrida por el pueblo, dándome los indicios de una acción que finalmente  me  brindaría  el conocimiento sobre mi futuro. Con dudas pero con  la avidez  llenando mi mente, deje correr mis deseos de aventura, y me acerqué a lo que sería el principio  de todo aquello.

Deambulé  entre la gente de ese pequeño poblado, ruidoso, sucio, rodeado de niños, perros, y de personas que se apiñaban en la plaza del mercado, donde se vendía y compraba de todo.

Esperando el encuentro con impaciencia recorría los puestos de comestibles,  hasta que sin aviso  desde una estrecha callejuela, una mujer vieja y desdentada  se me acerco y murmuró aquella  extraña palabra: “profecía” y en voz baja me dijo: “sígame”.

(Página  2)                       Desconcertado la seguí en silencio hasta una vieja  casa con techo de paja y la puerta demasiado baja. Me entregó un viejo manuscrito donde en su tapa se leía “Atlántida”, no creía que fuese una broma pero tampoco pensaba que fuese realidad. Ella mirándome  a los ojos, con voz profunda me dijo: “cumpla con lo ordenado, y podrá alcanzar su destino.”  Desapareció antes que  le pudiera preguntar algo y me vi obligado a retirarme

En la única posada del pueblo, superando apenas olores rancios y charlas a viva voz, apuré la  única comida  que había  probado  en ese día, y  luego a la tenue luz de una solitaria lámpara comencé a ojear el viejo libro. Mi interés  crecía por momentos y no podía apartar la vista.  Bien entrada la madrugada me retiré a mi pieza con la incredulidad constante por todo lo leído.

Debo confesar que me aturdió un poco y creó  grandes deseos que llegara el día para comenzar esa extraña experiencia. En mi camino hacia la costa no podía dejar de revivir todo lo sucedido.  Cuando llegué al mar,  vi no muy  lejos un grupo de personas preparando un velero chico pero capaz de soportar lo malo del viaje.

Me arrimé y apenas estuvieron a mi lado, murmuraron aquella palabra que llenó mi alma de miedo; “profecía”  y pusieron a mi disposición aquel velero, que con su tripulación lista esperaban que llegara.                      Partimos en ese instante con rumbo desconocido.

No conocía  ese pedazo de mundo olvidado por todos y nos acercamos lentamente a sus costas,  con las velas arriadas prestando atención  a las piedras que amenazadoramente asomaban de las aguas.  La entrada de agua como un pequeño rio  estaba disimulada por las tupidas plantas,  como si no quisieran que nos adentráramos  en sus dominios.

Recorrimos ese pequeño cause hasta donde nos fue posible,  desembarcamos  y allí nomas me dejaron solo, desconsoladamente solo.

Con mis cosas al hombro  y en mis oídos resonando las extrañas palabras del capitán: “Siga sus instintos y cumpla con lo esperado.”  No sabiendo  que rumbo  tomar,  seguí  por instinto rio  arriba   hasta que al anochecer, rendido y con hambre, armé mi pequeña carpa, preparé algo para comer y preguntándome que me depararía el nuevo día, me dormí profundamente.

Al día siguiente me desperté con la sensación que me vigilaban,  como si cien ojos  estuvieran sobre mí.  Me puse nuevamente en   marcha en la misma  dirección,  subiendo la ladera que  mostraba        (Página  3)        allá  en lo alto la boca de una pequeña caverna  en lo que parecía el fin del sendero.

Al llegar  a la cima  me encontré  con la entrada de la caverna y al mirar dentro de ella, vi un extraño resplandor  verde que me intrigó.  Como podía ver  esa luz   que nunca había visto,  resplandecer como un fuego verde.  La curiosidad,  las ganas de saber cada vez más, me dio valor  para acercarme muy lentamente,  ya que no era muy valiente,  a esa semioscuridad  apenas iluminada  por   esa luz.

Caminé  recto  y me encontré  con esa figura, que parecía esperarme desde  largo  tiempo.  Al llegar hasta él me contuvo con un gesto y mirándome a los ojos me dijo:” estaba aguardándote con el fuego prendido, desnúdate  y párate dentro del fuego  verde.”

Con temor pero decidido a llegar hasta el final,  hice lo que se me pedía. No creía que  estuviera en riesgo, pensaba que no tenían, fueran quienes fueran, malas intenciones hacia mí.

Dentro de  la luz estaba alejado de ésta realidad que me rodeaba, disfrutando de una paz que me envolvía,  dándome una profunda sensación de bienestar y sintiendo dentro de mí  un poder que crecía momento a momento.  Me parecía que nada ni nadie podía herirme.  Hasta que escuche  al  anciano  llamándome,  pero no era su voz sino  un sonido que ronroneaba  por mi cabeza.  Se apagó la luz  del fuego  y salí buscando al  extraño,  y encontré que todo el escenario conocido había cambiado.

No estábamos  en el mismo lugar.   No había paredes de rocas  peladas, sino más bien  forradas con cueros de animales que no pude identificar.  El anciano me esperaba en  una especie de trono más alto de mi                                                                                                                                                                                                                       nivel.  Con voz calma me dijo que ya estaba preparado para cumplir  con la segunda parte de aquella profecía, que ahora nada se interpondría  ante mi éxito. Me vestí lentamente y salí de aquella caverna sin prisa y completamente tranquilo.

Caminé  por varios minutos casi distraídamente y cuando volví la vista atrás, casi sin sorpresa vi que la entrada de la caverna había desaparecido,  como si nunca  hubiera existido. .

Caminé sin prisa y sin cansancio,  como disfrutando de aquel paseo  no deseado pero feliz, hasta la desembocadura de ese extraño rio, donde descubrí  casi sin sorpresa que el velero estaba  esperándome.

A una señal subí  y ante le alegría general por mi  regreso,  fuimos dejando atrás aquella  pequeña playa donde había tenido ese extraño  e  increíble encuentro,  con ese  ser  tan raro como irreal.  Podía sentir en el aire una sensación de  profundo respeto  de toda la tripulación, (Página  4) como si  en  mi vuelta a bordo  hubiera cambiado mi personalidad.                         Pronto descubrí que ese era la verdad sobre mi solitaria caminata.  Fue un pequeño suceso que certificó lo que sentía.

Por un mal movimiento se me cayó sobre las llamas  de la parrilla,  mi viejo pero querido cuchillo y sin pensar metí mi mano entre las brasas para recuperarlo ante la mirada atónita de la tripulación.  Cuando comprendí mi acción retiré prestamente la mano, comprobando con sorpresa que no tenía ni la más leve quemadura. No sabiendo a que atribuirlo ni que decir,  observé a los marinos que no  quitaban los ojos de mis manos, como  no pudiendo  creer que nada me había pasado.   A la noche en mi cuarto recapitulé sobre toda esa  extraña aventura.

Con una claridad muy notoria reviví  hasta el mínimo detalle todo lo pasado hasta ahora.  Me parecía que se acoplaban entre sí todas  y cada una de sus partes, que no sobraba y no faltaba nada, que me estaba convirtiendo en otra persona,  igual pero muy diferente  de lo que había sido.  Que sentía dentro de mí una fortaleza desconocida, con una capacidad de memoria y descernimiento tan grande que por momentos llegó a preocuparme.  No me asustaba  el peligro porque sentía que podía manejarlo,  que mi vida no  estaba en juego.

Me dormí tan plácidamente, que por primera vez al despertar,  me sentía totalmente feliz. Fue en el viaje de regreso, en  una  parada no programada  en ese  pequeño puerto desconocido para mí,  donde se acercó un niño,   cruzándose  en mi camino y  mirándome fijamente pero con temor en sus ojos,  me dijo aquella palabra que ya formaba parte de  mi vida:  “profecía”   y  me estiró su pequeña mano con un papel arrugado. Giró y en instante desapareció detrás de una cercana choza,  mientras las personas que me  rodeaban me miraban con temor y sin hablar.

Fui hasta la  posada que me había descripto el capitán, con la esperanza de conseguir una comida aceptable,  porque descubrí que tenía ganas de un  suculento  almuerzo.

Mientras esperaba leí varias veces aquel arrugado papel, donde se me pedía que fuera a la playa a la mañana temprano. Sin ninguna aclaración.

Al  amanecer  salí hacia la playa, solo pero confiado y con ganas de terminar con todo aquello. Me esperaba en la arena una mujer de  edad indefinida,  bonita pero común,  que me pidió que nadara junto a ella. Al  sumergirnos  la seguí instintivamente hacia lo profundo de aquel mar interior  preocupado por la respiración, pero que a los pocos minutos debajo de las aguas, dejó de inquietarme.  Más de media hora después  bajo la superficie  llegamos a lo que podría  ser  el final del viaje. Un viejo cubierto con lo que (Página  5)    parecía un manto de algas, parado en la entrada de aquella caverna subterránea,  me hablo con una voz tan clara y fuerte cuando me dijo que había cumplido con la segunda parte de esa profecía que todos parecían  conocer pero  de la que nadie hablaba.  Al darme vuelta mi acompañante había desaparecido pero eso no me preocupó, me estaba acostumbrando.

Cuando emprendí el regreso, al mirar hacia atrás,  también esta vez, la caverna no  estaba. No me importó.  Caminé hacia la posada  sin apuro, había entendido que las cosas se desarrollaban  en su medida de tiempo.

Después de almorzar caminé lentamente hacia el pequeño amarradero del puerto, donde  ya sin sorpresas  para mí,  me  esperaba el velero.

La tripulación ahora no me miraba. El silencio y el respeto habían crecido hasta lo increíble. Pero comprendí que era parte de esa historia. Yo no era un mortal común. Había cumplido con las dos primeras partes de aquel destino impuesto.  No tenía ni ansiedad, ni temor, ni cansancio.  Sabía que podía afrontar  lo que  surgiera en mi camino..

Navegamos toda la noche y con los primeros rayos del sol llegamos  a esa increíble playa. El capitán, en una chalupa, me llevó hasta un gran bosque donde se escuchaban los  rugidos  de toda clase de animales. Al bajarme  me dijo:”desde aquí seguirá solo para cumplir  su  futuro.”

Avancé  lentamente por un pequeño sendero apenas marcado,  por ese tupido bosque que me gritaba en silencio que me detuviera,  que regresara.  Pero sin temor, ni cansancio  ni hambre  llegué a un claro de ese universo verde, donde presentía que me estaban esperando.  En efecto, varios nativos apenas vestidos con unos  taparrabos,  estaban realizando un ritual para agradecer a  sus  dioses,  mi llagada a éste lugar.

El jefe pidió que me sacara toda la ropa, y acercándome un taparrabos y una lanza me colocó en el centro de ese ritual,  que a los pocos minutos  fue apagando  su sonido,  y los nativos se encontraban todos de rodillas,  como agradeciendo  con  sus  plegarias mi llegada  a  ese  mundo desconocido.

Al amanecer llegué solo al centro del bosque.  Imaginaba cosas pero aquello estaba más allá  de mi imaginación.  Los animales habían hecho un círculo  en el que entré esperando a mi rival,  al que esperaba  hombre,  pero nunca al más grande león jamás visto.  Se acercó  lentamente como saboreando la presa que tenía adelante.  Y sin mediar  alguna provocación saltó hacia mí  con  una furia jamás  pensada.  Como pude esquivé ese ataque y devolví el golpe con total seguridad.  No esperaba esa  (Página  6)          reacción,  pero estaba preparado para repeler cualquier movimiento y con un total desprecio por el peligro,  clavé mi lanza detrás de las  patas delanteras.  En el lugar que creía que  podía llegar a su corazón

.                                 No me equivoqué,  pero  en un  último y desesperado intento me mordió en un hombro  con ferocidad y con su pata derecha me desgarró la espalda hasta dejar mis huesos al descubierto, cayendo sobre mí con todo su enorme peso muerto.  Por un momento  pensé que moriría en esa selva y los animales que presenciaban la lucha se harían un festín con mi cuerpo cubierto de sangre. Saque de encima  mío  el pesado cuerpo  del animal y sin aparente esfuerzo me puse de pié  con la lanza desclavada en mi mano.

Al mirar a los otros animales vi que se arrastraban sumisamente hacia mí  pegando las cabezas entre el pasto  en una total entrega de poder.

Al no  sentir dolor me miré mi hombro herido  mortalmente y descubrí  casi con horror y  placer que no tenía ninguna herida.  La espalda tampoco me dolía y no mostraba ningún signo  del paso de las garras sobre mi piel.  Sin comprender bien lo que había ocurrido, con el filo  de la lanza cueree al enorme animal ante la presencia de todos los animales.  Y recién cuando emprendí la vuelta,  los animales se abalanzaron sobre el león muerto,  tirando de esa carne  sin vida  tragándola con desesperación.

Cargué sobre mis hombros la piel del animal y dirigiéndome hacia los nativos que me esperaban en aquel mismo lugar de mi llagada,  deposité la pesada piel a los pies del cacique que me esperaba.  Miró mi cuerpo sin ninguna herida y sonriendo mesuradamente me dijo con  satisfacción: “Has cumplido con las tres partes de la profecía, así  que puedes marchar por el mundo sabiendo que nada puede pasarte y que puedes enfrentar toda clase de problemas,  saliendo airoso de ellos.”

Me alejé de allí para regresar a mi vida,  satisfecho  con el resultado de todos mis esfuerzos, cuando un terrible trueno me despertó,  sacándome de aquel sueño, me erguí de la cama y agradeciendo este final feliz, estaba seguro que en adelante podría enfrentar todos los problemas,  apoyándome en aquella  extraña  profecía  que nunca olvidaré.

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