Ofrenda divina. Autor: Piacentini Mariano Alejandro

Perdí todas las razones para quedarme acá, éste cuarto, ésta ciudad que a vos también te dio refugio, no me ofreció otra cosa que un “andate ¿Qué esperas?”. No lo pensé más y saqué boleto solo de ida porque quizás, no sé, si querías me quedaba con vos para hacerte compañía, es que te extrañaba tanto. Aún lo hago…

Partí temprano, tipo cinco de la mañana y no pude dormir en el micro pese a que no pude pegar un ojo en toda la noche. Dicen que es ansiedad en esos casos. ¿Mas qué ansiedad? Fue amor, aunque el sueño por razones fisiológicas me terminó venciendo después de verte, pero soñé con vos. Fue hermoso, en ese sueño reviví todo el viaje que hice hasta llegar a vos. Soñé que me ubiqué en mi asiento y fue como sentarme para ver por primera vez la película de mi libro favorito, sabía como terminó la historia pero fue emocionante recorrerla; cada momento volvió a ser vivido plenamente. Mi destino, el lugar donde estabas, fue escenario de muchas vacaciones juntos por lo tanto es un lugar de gratos recuerdos.

Soñé que atravesé esos campos que tanto me aburrían cada año, esta vez mis ojos saborearon cada color, cada textura de cada animal y planta que se posó ante ellos como un cuadro, obras de arte. Sentí el impulso hacia adelante del micro e imaginé que por cada centímetro que recorría me sumergía en esa inmensa naturaleza que me purificaba, me alejaba de todo lo gris, de todo ese eco vacío que tanto me entristecía. Disfruté como el viento limpiaba y acariciaba mi cara así como el agua deja descubrir la imagen detrás del rostro embarrado, o al revés, como borra la palabra escrita en la arena a la orilla del mar. ¡Cuántos suspiros! Suspiré, sonreí y hasta fui feliz soñando.

Una vez llegada a Costa del Este decidí recorrer todos los lugares que frecuentábamos, para hacer esperar nuestro reencuentro. Como una entrada para el plato principal.

El acceso a nuestro “lugar encantado” lo encontré mas bonito, aunque recordé que solíamos ingresar por Mar del Tuyú luego de hacer “las compras” para comer. ¿Qué puedo decir de ese olor del millón de pinos que me abrazó? Mi mente no paraba de proyectar imágenes, creí no poder soportarlo y se me cruzó la idea de dar la vuelta y dejarlo todo. Es increíble el miedo que a veces nos da el amar. Te amo, te amé y te amaré por siempre y yo sé que vos también. El compromiso perfecto.

 

Sabiendo que no estabas ahí fuí a nuestra casa, esa que está frente al mar. Cada rincón me regalaba tu imagen, descendí hasta la playa y la inmensidad me grito tu nombre. Para ese entonces el sol cabía en mis manos y decidí ir a buscarte, ya no aguanté más. ¡Y pensar que yo misma te dejé en este mismo lugar! En el trayecto hacia vos me detuve y di un giro de  360º contemplando todo mi alrededor. A partir de ese momento nunca más dudé de la existencia de lo mágico, de lo maravilloso que puede ser el mundo, la vida, que se conspiró día a día para llegar a ese encuentro. Esos pájaros, gente, cielo azul eran los componentes de la escenografìa soñada. Ofrenda divina.

Me arrodillé justo en el lugar donde nos despedimos aquella vez, hace un año, parece más. Mis dedos se hundieron en la arena y empezaron a escarbar, al no encontrarte la desesperación se apoderó de mi y se hizo llanto. Escarbe sin parar hasta que mis manos sangraron. Perdí el control de mis acciones y del tiempo, creo que apoye mi frente sobre el suelo. Mi corazón estaba destrozado. ¿Dónde estabas? Tus restos… ¿Dónde estaban? Me sentí morir. De repente algo como una fuerza extraña tomo a mi cuerpo abatido y elevó mi mirada hasta fijarla en el árbol que estaba delante. Juro que no fue por mi propia voluntad esta ultima acción. Mis ojos no paraban de llorar cuando del tronco apareciste. Espectro, fantasma, te acercaste a mí con rostro caído, me secaste las lágrimas y me besaste. No sabia que sentir. Me abrazaste, te abracé – fue mi instinto-  y me pediste que no este triste, que no querías verme así. Entonces fue ahí cuando nos miramos a los ojos y me dijiste que pasarás mi vida acariciándome y sonreí. Desapareciste pero te vi, te fuiste pero te encontré. ¡Amor de mi vida, ahora se que estas a mi lado!- pensé en voz alta.

 

Después del encuentro me dormí y tuve la suerte de revivir ese momento.Ya estabas acariciándome.

 

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  1. Elvira Endo Alvarado

    El amor…que todo lo embellece, hasta los recuerdos tristes!
    Y el Cosmos conspirando para el reencuentro en dimensiones diferentes, en mundos paralelos llenos de caricias eternas.

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