Más allá…. Autor: Jairo Zanetti

Comprendí los secretos de la ciencia, una insólita mañana de 1986. Fue ese año que heredé del maestro el primer libro, las palabras transitaron por los cielos de mis ojos, y como ave vinieron a mi encuentro. El libro era una tabla rudimentaria, muy parecida a aquellas donde Moisés sostuvo los diez mandamientos de Dios. Era el libro más duro del mundo, y lo extraño era que solo lo constituía una sola frase que decía, “ALLÍ EN LA PIEDRA ENCONTRARAS SEPULTO EL INFINITO”. Las palabras se hincaron en mi corazón, pero aún así no pude entenderlas con exactitud. Paso una primavera entera y fructífera, me encontraba yo esa tarde, leyendo nuevamente aquella frase, ya había pasado un tiempo, y mi conocimiento y madurez habían crecido, recordé otras palabras que había leído en algún lugar, “DETRÁS DE CADA COSA HAY UN CORAZÓN QUE GIME”, pero todo me resultaba sumamente confuso, hasta que ese mismo día me dí con la sorpresa. Aún era yo joven si, lo confieso, tal ves demasiado para comprender todo un secreto, pero fue ese día que mirando la tabla a un solo rayo de luz misterioso quebró en dos, me abalance sobre ella, sobre esos vestigios que me quedaban, sobre aquel naufragio de mi sueño, mi primer regalo del maestro totalmente irreparable, y mientras unas lágrimas de plomo salían de mis ojos

algo fulguró entre las grietas del cemento, brilló la pluma de finos filamentos dorados, sin duda un verdadero tesoro escondido detrás de un mar duro, y se me vino a la mente esas palabras de Miguel cuando un niño le preguntaba lo que hacía con aquella piedra, y el contestaba, es que hay un ángel que quiere salir de dentro. Comprendí el secreto de la ciencia cuando ví el universo detrás de la cosa más  dura y obsoleta de la existencia, pude entender el viaje al mas  allá de las cosas, a que todo libro encierra un tesoro en su interior, y este predomina en el pecho por más que se halla roto.

Ahora tenía una pluma pequeña, de un dorado muy intenso, sumado a mi corazón que ya era el de un gigante, y comencé la aventura de la creación, entendí entonces las semejanzas con Dios, aunque aún estaba muy muy lejos de su alcance.

Tenía unas hojas en blanco, la pluma, un poco de tinta; ya tenía mi cuerpo, mi tranvía y mis maletas, ya estaba listo para abordar mi viaje.

Encarne en las pieles de Hércules y arrase el mundo con mis fuerzas, estuve en el primer viaje lunar, pise la luna blanca y deje mi huella, toque el suelo de Marte con las palmas de mis manos y así me escribí en tantas cosas, recorrí y llegué a tan insólitos lugares, retrocedí y me adelante a la ley del tiempo, e incluso tuve el poder de ser inmortal. Pero un día también escribí el viaje de mi muerte, desde donde hoy los miro desde el cielo. “La pluma fue un viaje insospechable entre la vida y la muerte”

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