Turismo en Egipto o ¡Una chapina perdida en las pirámides!. Autor: Dora Ruth del Valle Cóbar

Es un día festivo en Egipto… el viernes, no el domingo como en Latinoamérica. Además, este viernes y sábado son especiales, pues la gente se prepara para iniciar una fiesta religiosa, la fiesta del sacrificio (Eid el-Adha) del cordero, por supuesto -pero también de las mujeres que tienen que cocinar y hacer milagros en esta disminuida economía que no llega a reponerse por más “primavera” que le anuncien-; la fiesta dura del domingo al miércoles y es para conmemorar el final de la peregrinación musulmana a la Meca.

He terminado días intensos de trabajo y agotadora pensadera en un idioma extranjero –todo el evento al que vine fue en inglés y sólo había un chico que hablaba español, pero que siempre estaba entretenido con su delegación, de habla francesa… o sea, nada que ver conmigo, pues yo en francés sólo sé sonreír-. Después del deber cumplido y la satisfacción de que mi trabajo hubiera sido bien recibido y valorado, decidí que merecía un día de descanso… de turismo, que le dicen, para reponer fuerzas y continuar con la jornada (que, no sólo continúa hacia otro punto del planeta, hacia  otro evento, hacia otro tema, sino continúa cotidianamente resolviendo cuestiones del trabajo gracias a las maravillosas comunicaciones electrónicas y el roamming del teléfono, que nos mantiene atados).

He averiguado en el hotel el precio de un viaje a las pirámides… 125 dólares el viaje… me ha parecido excesivamente caro -no sólo para la economía de un turista, sino para cualquiera… creo que me quieren estafar-; me acuerdo del servicio de taxi desde el aeropuerto el día que llegué, el joven me ha ofrecido cualquier viaje que quiera y me dio una tarjeta con su número de teléfono que, dicho sea de paso, es lo único prácticamente que entiendo en la tarjeta… Le llamo y arreglo un chofer para todo el día, por 25 dólares, lo mismo que me costó el viaje del aeropuerto al hotel. Pero acá es el día completo con el chofer a disposición, llevándome a las pirámides, al museo egipcio y al mercado famosísimo de El Cairo. Me parece que he hecho un buen “negocio”, pero acá nunca se sabe, porque como una no entiende el idioma…

Puntual como no me parecía que fueran en esta cultura (mi experiencia en el seminario al que asistí… nunca empezó a tiempo, siempre que decían 15 minutos significaba media hora, incluso para los organizadores…), llega Ahmed, el primo del joven del aeropuerto… y nos encaminamos hacia las famosas pirámides, a las de Giza, que son las más cercanas… en realidad están en medio de un pueblito, ni siquiera calle de por medio podría decirse. Llegando ahí, empezamos la aventura de “defendernos” de todo lo que nos quieren vender y de la melosa hospitalidad local. Todos te invitan a un té, un café, una soda… mucha gente habla inglés (muy pocos español y muy poco español), incluso gente prácticamente iletrada, por lo que se ve. Es evidente que el turismo ha sido uno de sus fuertes… y ahora que se ha debilitado tanto “post revolución” como suelen decir, es una imperiosa necesidad atender bien a quien trae unos euros o dólares, por pocos que sean.

Todos son amigos de todos y por eso “te hacen descuento” y te atienden especialmente, tienes suerte de ser amiga de… a la primera me la creí… pero ya la segunda me sonó a disco rayado… no digamos las demás (que no fueron cuatro o cinco, sino montones). O cuando compras algo que dices que es para ti… sólo por eso te hago un precio especial. Precios que comienzan en 2,000 libras egipcias, terminan en 500… como cuando uno comienza regateando un mantel típico en el mercado guatemalteco… primero te vieron cara de turista y te quieren cobrar lo que no vale.

En fin, el primer té lo acepté de buena gana y de inocente… cuando me lo empezaba a tomar, comencé a pensar… ¿y si tiene alguna droga? ¿Quién va a saber qué me pasó? Los del hotel, ni entrados, y menos porque no contraté ahí el viaje; la gente del seminario por el que llegué a este lado del mundo tampoco saben qué anda haciendo una! Al día siguiente leí en las noticias que, después de la “revolución”, el 98% de las extranjeras han sido violadas y el 83% de las egipcias, mientras que el 64% de los hombres reconocieron haber violado a alguna mujer en algún momento de sus vidas… y sobre todo sucede en los días festivos (viernes o días de fiestas). Tal vez si hubiera leído esto antes, hubiera estado más avispada.

Afortunadamente, no pasó nada… y fui entendiendo que todos son amables y melosos, pero así también todos te piden una propina y te quieren vender algo… con tales maneras que llega una a desconfiar tanto de que te están estafando o que al dar la vuelta vas a descubrir que lo que acabas de comprar desapareció o no te lo dieron… no fue así, lo reconozco, pero la angustia la pasé.

Como era “amiga” del chofer a quien ni siquiera conocía, el dueño del lugar donde parqueamos en Giza me ofreció un té, un tour por un lindo lugar donde vende papiros de papiro (no de banano como dicen ellos que otros los hacen) y me enseñaron cómo era el proceso de hacerlo, algo muy interesante. Comenzó con una bienvenida en la que me echó toda clase de “rollo” sobre que nos habíamos teníamos una conexión y que habíamos vivido algo juntos en vidas pasadas… y que iba a hablar con el chofer para que me dejara ahí para el espectáculo de luces que montan en las noches y para enseñarme a meditar… en todo momento te dicen que tú decides, que nadie te imponga nada, pero te lo meten a chaleco.

También me enseñó el taller donde trabajan los perfumes, deliciosos, extractos de flores… una que conoce de aromaterapia se siente realizadísima… y te das cuenta que no te dan paja con para qué sirve cada cosa… al menos eso me dio más confianza. Y me acordaba de aquellas historias de Las Mil y Una Noches y los cuentos donde hablan de los perfumes de Arabia… ahora los tenía frente a mis narices.

De ahí, el negocio por las pirámides, que si vas en caballo, que si en camello, que si en carruaje… y te quieren sacar dinerales por ello… creo que lo repagué, pero no importa… era el modo de llegar. Además, el hombre que me llevó en su carruaje me sacó unas fotos fabulosas, donde parece que estoy tocando la punta de la pirámide o haciéndole piojito a la esfinge (la pobrecita que se está desmoronando día con día). Un hombre con los dientes totalmente amarillos, de cigarro, de sarro, de todo, pero muy amable… por supuesto que también me pidió la correspondiente propina (que aunque sea propina la tienes que regatear, porque te piden más de lo que les das).

Al llegar a las Pirámides me acordé de Napoleón, el emperador no el cantante, que dicen que en Giza, el 21 de julio de 1798, le dijo a sus soldados que iban a enfrentarse a los mamelucos: ¡Soldados, pensad que desde lo alto de esas Pirámides, cuarenta siglos os contemplan! Claro que si lo dijo, lo hizo en francés y debe haber sonado mucho más ceremonioso. Vayan ustedes a saber si es cierto que lo dijo, pero mi amiga Lucrecia es verdaderamente letrada y le creo, no tengo por qué dudarlo (aunque creo que ella tampoco lo oyó directamente).

La historia contenida en las pirámides de Giza, donde está Keops la más grande y monumental con sus seis millones de toneladas de peso, venía permanentemente a mi memoria… aunque no dejaba de pensar por qué las pirámides mortuorias de las mujeres eran infinitamente más pequeñas que las de los faraones… A veces la gente dice que una no debería estar pensando tanto y siempre en las diferencias y la discriminación de género, pero no es posible no verlo…

Eso sí, por todos lados sentía a Tutankamon viéndonos a ver si nos queríamos robar algunas arenitas (aunque en realidad él no está ni estuvo enterrado en Giza, pero es la sensación de que el Faraón te va a perseguir). Esa misma sensación tuve cuando vi algunas momias en el Museo Egipcio; claro que tampoco entré a la galería de las momias, pues no iban a ser muy diferentes de las de Guanajuato o de las que una ve en las películas, y además había que pagar extra (como que todo en esta ciudad lleva pago extra… imagínense que no se puede entrar cámara al Museo, entonces hay un lugar para dejarlas en depósito –como los sitios de paquetes al entrar a un supermercado-, pero cuando sales siempre te piden una propina para retirar tu propia cámara… cuando estaba entregando la mía, una señora recogía la suya y le pidieron dinero, ella se volteó a verme y comentó que había que pagar, cosa que me pareció rara y como buena chapina protestona le pregunté al hombre si había que pagar, me contestó “is up to you”, lo que me hizo entender mi perfecto inglés de que si querés lo hacés, pero no es obligación, aunque ellos te lo pidan… por supuesto que cuando salí y recogí mi cámara él me dijo, ¡claro que te recuerdo! Y me largué dando las gracias antes que me fuera a pedir la famosa propina “up to you”.

El museo egipcio en Egipto es enorme e impresionante, pero no m gustó mucho, porque la mayoría de las cosas no tenían ni siquiera letreros, menos explicaciones de lo que eran. Otras tenían unos letreros hechos con una maquinita de escribir tan vieja en papeles amarillentos y minúsculos… que a cualquiera le sería difícil leer y mis ojos no están de lo mejor… así que me perdí muchas cosas. Pero entre las pirámides y el museo pude ver “la descomunal enormidad de la grandeza” (si cabe un calificativo así y la RAE no me lo critica) de esta civilización que fue pasando por diversos períodos de historia que seguramente NO incluyen el de Mubarak.

Después fue el mercado… no se puede ir a ningún país sin visitar su mercado, es la forma de conocer parte de la cultura… de veras que me transporté a los libros de Naguib Mafouz con todos aquellos olores (más impresionantes que los de los perfumes de Arabia) con especies fuertísimas, con inciensos, y con el bullicio natural de un mercado. El famoso mercado Halil el-Halili es mucho más que “el mercado de artesanías” que anuncian los folletines turísticos… en sus calles se encuentra variedad de souvenirs, pashminas, pañuelos, bolsas, especies, ropas para bailar la danza del vientre, todo tipo de accesorios… Y ahí también era la amiga del amigo y de los descuentos. Nunca en la vida regateé tanto…

Eso sí, todo es bastante caro, pero me imagino que como en todos los países del mundo…  Aunque no ando mucho de turista porque en los últimos años mis viajes han sido de trabajo, he aprovechado a conocer un poco y tanto en la Europa occidental, capitalista, como en la ex Europa del Este y en cualquiera de los países latinoamericanos todo es carísimo -concluyo que hacer turismo es carísimo-.

En fin, fue un día agotador, delicioso, aunque volví con dolor de piernas, llena de tierra y sudor, y sin ninguna energía para continuar… me hubiera gustado hacer una travesía en barco por el Nilo, al cual contemplé desde la ventana del hotel todos los días… pero por la época no hay viajes turísticos debido a que el agua baja de nivel… Me quedé en el hotel, con un buen baño, una buena comida (costillitas de cordero, para estar a tono con el lugar y la época del sacrificio) y a escribir un poco estas memorias de viaje, antes que los siglos de historia que me cayeron encima durante el día se vuelvan tan difusos como las dunas del desierto árabe.

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