Roma: la ciudad eterna. Autor: Dora Ruth del Valle Cóbar

En Europa funciona un sistema de buses turísticos muy práctico… hay una serie de paradas y horarios para que cualquiera pueda subirse y bajarse de ellos como mejor le acomode. Así conocí los puntos más importantes del turismo parisino, lo miso hice en Praga y hasta en Lima (Perú). Llevan audífonos, así que van dándole una breve explicación a una para que no vaya tan ignorante. Claro que cuando una va a hacer turismo, mínimo debe haber leído algo sobre la ciudad que va a conocer. Y para eso sirve maravillosamente el internet de hoy, como lo eran las enciclopedias anteriormente.

Así que decidí usar el mismo método en Roma, sobre todo porque viajé sola y es muy aburrido y triste hacer turismo una sola… no se puede ni siquiera lanzar una exclamación o hacer un comentario sobre lo que se aprecia.

No es una justificación ni un cliché, pero los romanos son impuntuales hasta para el turismo… el bus no llegaba nunca a la hora que estaba anunciado (¡qué diferencia de Alemania!). El recorrido dura lo que una aguante. Te vas bajando en las paradas y vas viendo y paseando. En Roma el bus turístico incluye 10 paradas fundamentales.

Empiezo en la Piazza Venezia, que es la que me queda más cerca del hotel, a 10 minutos caminando, y la primera parada que me toca es la del Vaticano, donde me llevo una gran sorpresa. Yo pensaba tomarme un viaje expreso al día siguiente, pensando que quedaba fuera de la ciudad y que era un viaje especial… planeaba verlo por fuera, porque no soy católica, por lo que no pensaba hacer colas ni entrar a la capilla…

Cuando llegué a Roma, el shuttle que tomé desde el aeropuerto pasó al lado del Coliseo, una estructura pequeña comparada con la idea que yo tenía, pensé que era una réplica… y lo mismo dije cuando llegamos a la Piazza de San Pietro… ¡qué pequeña! Cuando uno ve las fotos que sacan para las misas que da el Papa parece enorme y se ve llenísima de gente… pero la plaza es pequeña relativamente… lo que debe ser increíble es el lujo de adentro (nadie ignora el lujo con el que vive el Papa y la propia iglesia católica).

Estuve un buen rato por ahí, caminando, viendo el barrio, comprando algunos souvenirs para mis gentes católicas; finalmente las compré en una venta de los sacerdotes de ahí, que te juran que los rosarios son bendecidos por el Papa.

De ahí sigo en la aventura turística, subiéndome y bajándome en el bus, aunque no en todos lados, porque algunos lugares me parecía que era ver lo mismo… Roma es como la Antigua Guatemala… por todos lados hay “ruinas” de algo… que una se pierde. Sólo que en Roma hay ruinas bien cuidadas, hay palacios, los pedazos de la columna de tal o cual, millones de fuentes (claro que estoy exagerando en el número, pero los romanos son exagerados en todo). Y eso que no tomé el recorrido por la zona antigua, que ellos llaman arqueológica, porque ahí sí que puras catacumbas, santuarios, y antigüedades que iba a ver.

Otro punto importante es la Fontana di Trevi… tenía que ir ahí y hacer mi ofrenda… si quiero volver a Roma, si quiero casarme, cualquier deseo que uno quiera… para eso está Neptuno ahí viéndolo a uno… la fuente es impresionante, es enorme, el ruido del agua es fabuloso y logra una concentrarse en ello, olvidando el barullo de los turistas, que estaban a montones. Aquéllos que incluso se toman la foto fingiendo que tiran sus monedas y no tiran nada… controlé a unas japonesas que las 5 se pasaron la misma moneda para la foto…

Me quedé por el lugar, recargando energía, no sólo de la energía del agua, de la energía de los sueños realizados, de la energía de los deseos por cumplir, sino también de la energía física con una buena pizza auténtica 4 fromaggi y una buena cerveza italiana, para probarlas nomás.

La Boca de la Veritá seguía en mi recorrido… por si acaso, no metí la mano derecha, no fuera a cerrarse de golpe y me la volara porque pensara que hubiera dicho una mentira, a veces se dicen mentiras sólo porque una exagera en las cosas… pero una no sabe cuál es el criterio de mentira que aquí se maneja o la que cuenta la leyenda. Otro hecho importante en Roma es que por todo cobran, para que podás tomar una foto de la Boca hay que depositar 50 centavos de euro… si no querés tomar la foto, podés pasar directamente a ver la capilla de Santa Maria en Cosmedin, un lugar precioso. También se puede bajar por un euro a ver la catacumba de no me acuerdo quién…

Al salir de ahí parecía que el cielo se iba a caer, comenzó a llover fuertísimo, no había lugares donde resguardarse, el bus llegó 45 minutos atrasado… y durante ese tiempo que lo esperé llovió, escampó, volvió a llover y a escampar…

La visita a la Piazza Navona, la más famosa, la más céntrica, la que está llena de cafetines… tuvo que ser en el segundo día, porque siguió lloviendo intermitentemente durante toda la noche. Ya no pude hacer el paseo por el Tíber porque el nivel del agua en otoño baja mucho y no pasan los barcos. El Tíber se ve pequeño, nada impresionante como el Sena… incluso el Nilo que es “tan” estrecho se ve más impresionante, pero hubiera sido una linda manera de conocer Roma. Es otro de los elementos turísticos en Europa, el crucero por el río que atraviesa la gran ciudad.

Al día siguiente emprendí el paseo.  Encaminándome hacia la Piazza Navona,  pasé por el Pantheón que, literalmente, es la tumba de varios famosos. El primer rey de Italia, Vittorio Emmanuelle II, el pintor Raphael (cuya tumba está adornada por una madona de uno de sus discípulos), y así otros famosos enterrados. Tiene varias estatuas religiosas, un crucificado, una virgen con un niño, y otros santos. Como en todos lados donde la iglesia metió las manos, aquí convirtió un “templo pagano” en un “templo religioso”. A pesar de todo, es un lugar muy lindo y muy interesante. Tiene un piso que drena el agua de lluvia que entra por el enorme agujero que tiene el domo superior central, a través del cual entra una divina luz que ilumina todo el ambiente. Para haber sido construida hace varios cientos de años, me parece que el desarrollo de la ingeniería ya era muy avanzado.

La plaza Navona es relativamente pequeña pero bonita. Al llegar siento el olor de las castañas asadas… Me hace recordar algún cuento de la infancia, sobre una vendedora de castañas… no son baratas cuestan cinco euros, pero vale la pena, no sólo son sabrosas y nutritivas, sino también te ubica en el lugar donde estás… es como visitar Guatemala y no comer tortillas… Navona es una plaza donde los pintores ponen sus obras, se pueden comprar pinturas de escenas romanas o hacerse un retrato. Cafecitos a los lados, aprovechando el tibio sol que ya va queriendo salir en la mañana, el tímido sol del otoño, aunque las bancas de la plaza todavía estén mojadas por la lluvia de la noche anterior.

Como toda ciudad que se preste, Roma tiene su obelisco al medio y dos grandes fuentes en esta plaza. Poco a poco se va llenando la plaza. Turistas. Gente que viene a tomarse un café o un helado. Gente caminando. Tres “estatuas humanas” que intentan sacar algunos euros de “propina” y un par de músicos deliciosos, uno con guitarra y el otro con saxo. Una delicia de mañana. Me quedo sentada un par de horas al sol, cual garroba, pensando, reflexionando, tratando de reencontrar las cosas que siento que se me están queriendo extraviar adentro. Nada grave, sólo la búsqueda de las cosas que no se tienen…

De salida de la plaza Novona, me crucé por Campo de’ Fiore… el lugar donde voy a encontrarme esta noche con alguien a quien no conozco, pero me ha orientado en esta ciudad porque es amigo de una amiga. Es una plaza bonita, con un monumento a Giordano Bruno, construida en 1889. Nada más y nada menos, porque aquí fue quemado por la Inquisición el 17 de febrero de 1600 DC. ¿No digo, pues? Donde la iglesia ha metido sus manos… y sus garras.  ¡Ah, la intolerancia! ¡Cuánto daño nos ha hecho!

La plaza estaba llena de ventas, es un mercado de frutas, verduras, miel, y de todo. En la noche funcionan los bares y restaurantes. Un ambiente muy rico. Nadie sabe exactamente por qué se llama así la plaza, pero dicen que una de las amantes del Emperador Pompeyo se llamaba Flora y que vivía en los alrededores. En la noche se transforma para los bares, donde Giordano Bruno controla toda la plaza, es impresionante.

Cerca de esta plaza está Largo Argentina, que pensé era algo en homenaje al país Argentina. Sin embargo, la Sacra Repubblicana del Largo Argentina es un complejo de cuatro templos ubicado en una plaza que se llama Largo della Torre Argentina. Dicen que puede ser de por ahí por el siglo 6 AC, según dice el Dr. Thayer –que no sé quién es, pero parece que ha dado muchas informaciones sobre las ruinas romanas en Italia-.

Al final del viaje entiendo por qué Roma es la ciudad eterna, no parece que el tiempo pasara, sin embargo, es una ciudad muy moderna y muy avanzada. Éste fue un viaje que no estaba previsto, no estaba pensado, fue una “casualidad” haber pasado por esta ciudad y, para aprovechar el paso, decidí hacer la escala de dos días… no me arrepiento. Bueno, nunca me arrepiento de viajar y conocer nuevos lugares, pero en este caso fue excepcional.

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Un Comentario

  1. Elvira Endo Alvarado

    Yo si lancé mi moneda, de verdad, a la Fontana hace ya un buen número de años pero todavía no se me cumple mi deseo.

    Me encantan los relatos (como éste) que entre el recuento del itinerario realizado mezclan vivencias personales no solamente de lo visto sino también de lo olido, sentido, evocado. Es como que si el viaje hubiera sido también hacia adentro de si mismo.

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