Diario de una Aprendiz de Alpinista. Autor: Ana Bedia Andrés

A  mi pequeño Zermatt, esperando transmitirle ese amor hacia la Montaña que invade mi corazón…

Sólo los elegidos encontramos la Libertad en nuestra cima interior…

1 DE AGOSTO
Otro año más dispuestos a nuevas cimas y aventuras en los Alpes…
Viaje tranquilo, y eso que este mes es muy complicado, todo el mundo sale de vacaciones. Ya estamos en la mitad del viaje, queda menos para llegar a Chamonix…

2 DE AGOSTO
Después de descansar algo, madrugamos y proseguimos rumbo, el tiempo se torna inestable a medida que nos acercamos a Chamonix pero el Mont Blanc nos recibe desde Megeve con grandiosas vistas con el glaciar de Taconnaz  a sus pies. Nos deja fotografiarle, aunque esta será de las pocas fotos del Monte Blanco despejado en los sucesivos días.
Ya noto la energía de la Montaña y me sumerjo en su piel rocosa otro año más…
Ya en Chamonix, nos dedicamos inicialmente a reservar plaza en el camping, este año nos alojaremos en el de “La mer de glacé,” con mejores instalaciones aunque a mí me sigue encantando el  “Des Drus”, los dueños son encantadores, es más acogedor y sus vistas al imponente cuerpo calizo de los Drus es inmejorable…
Montamos nuestra tienda y dedicamos lo que queda de día en ir al pueblo de “compras”. Una parada obligatoria a la Iglesia para ver el pronóstico del tiempo (siempre lo colocan en el tablón informativo de afuera), que no es muy alentador  y decidimos que al día siguiente marcharemos a la zona italiana para intentar conquistar el “Gran Paradiso”  si el tiempo nos lo permite…
La noche en el camping es lluviosa y tristona, ¡vaya verano!
Lo que más me importa en este momento es rodearme de mis montañas y mientras el sueño me vence voy imaginando la siguiente aventura arropada por la áspera piel rocosa y la dulzura de la Luna, que esta noche llora lagrimas de bienvenida…

3 DE AGOSTO
Tanto madrugar, y aún las duchas están cerradas, así que toca esperar. Después desayunamos, bajamos al pueblo a por pan, mandamos las postales obligadas de cada año y damos una vueltecita por el mercadillo de frutas y verduras que ponen cada sábado.
Este año cruzaremos el túnel que atraviesa el Mont Blanc y nos acerca en pocos minutos a Courmayeur, el pueblo italiano que emerge al pie del Monte Blanco. Después del incendio que se originó  en 1999  y costó la vida a 39 personas las nuevas medidas de seguridad son increíbles, cruzamos con un nudo en la garganta pensando en el horror que aquí se vivió y en poco tiempo llegamos al otro lado, por cierto el Mont Blanc desde este ángulo es totalmente distinto, mas agreste y salvaje, no tiene esa dulzura de su manto nevado, aquí parece que desafía a todo aquel que fija la mirada en su cuerpo, pero no deja de impactarme, creo que da una fuerza inmensa y ganas de arañar sus afiladas crestas para descansar en su regazo una vez conquistado su gélido corazón…
Apenas se deja ver, le cubre su gris tul, pero nos recibe igualmente y nos desea buena escalada para los próximos días….
Nuestro destino ahora es aproximarnos al pueblo de Pont atravesando diversos caminos con más pueblecitos alpinos…
Llegamos al camping y allí pasamos el día, que se presenta caprichoso pues no sabe si reír o soltarnos lagrimas, y entre paseo y paseo, preparamos el material para ascender la primera etapa de aproximación al Gran Paradiso, que posiblemente  “ataquemos” en dos días ya el desnivel que hay que salvar es mucho. Haremos campo base en las inmediaciones del refugio Victorio Emmanuel, del que todo el mundo parte para intentar hollar cima.
Las vistas desde el camping son muy bonitas, pues se ve todo el valle y por alguna parte del sendero que asciende hacia nuestro objetivo, dicen que el Papa Benedicto XVI solía pasear y relajarse. No me extraña, da una paz toda esta zona…
Los pronósticos para mañana son buenos, aprovecharemos esa ventana de buen tiempo que parece que nos tiene reservada la montaña…

4 DE AGOSTO
Después de otra noche lluviosa y amanecer nublado, partimos rumbo al cuatromil italiano que nos espera y a medida que vamos ascendiendo las nubes desaparecen para dejarnos ver la grandiosidad de este valle, recorremos un bosquecito muy bonito y una vez fuera de él vamos ganando altura por una pista que se hace interminable, el calor de agosto aprieta y la mochila pesa, además este año la espalda anda peor y aunque el médico me desaconseje este tipo de actividades, mi pasión hacia la montaña puede más que la lesión, eso y que mi compañero lleva la mayor parte de la carga. A mitad de camino vemos maravillados dos Isard, madre e hijo que no se inmutan al pasar cerca de ellos, parecen muy relajados y tranquilos, se dejan fotografiar y todos los que ascendemos hoy quedamos maravillados por el espectáculo. Por fin llegamos al refugio, que está invadido de gente, nosotros nos alejamos de la multitud y montamos nuestro campo base particular, alejados del bullicio para disfrutar de todo lo que nos rodea. Estamos bastante cansados, la subida se terció matadora, pero vamos encaminados a cumbre y eso nos anima aun más. A nuestros pies y escondido detrás de una gran loma está el Gran Paradiso y frente al refugio, el Ciaforón, espectacular. De repente, una nube cubre su blanca cabeza y en pocos minutos tenemos que guarecernos de la tormenta veraniega que se forma y que no llega a mayores, (tanto calor, normal), y, entre salir de la tienda , siesta, cena y paseos por los alrededores pasamos lo que queda del día. Junto a nuestro “refugio” se acomodan dos chicos muy agradables con el dialecto espaninglis nos vamos entendiendo y conversamos un buen rato sobre los pormenores de la ascensión de mañana….
La noche discurre muy tranquila bajo un cielo estrellado que la Luna nos regala….

5 DE AGOSTO
Son las cinco de la mañana, y ya se ven hileras de luces que ascienden al Paradiso, amanecer  limpio y despejado, el aire es puro y gélido pero me encanta, se respira esa energía que hace que flotes por ese caos de bloques que discurren entre el glaciar y te acercan poco a poco hacia la cima. Hay gente que madrugó algo más que nosotros pero dejamos atrás en pocas horas, porque muchos no están acostumbrados a esta alfombra de hielo y rocas y van como borregos uno detrás de otro, (odio las excursiones multitudinarias, pierden todo el encanto de la ascensión) suerte que  no pueden seguir nuestro ritmo, en poco tiempo les perdemos el rastro. Continuamos por palas de nieve muy pronunciadas y bastante agotadoras. La cima se aproxima y aunque la altitud ya se aprecia, nuestra capacidad de sufrimiento y las ganas de hollar hacen que no desistamos. A  mitad de subida y en el peor tramo de la ascensión nos llevamos el mayor susto de nuestras vidas, de la cima cae una piedra que va directamente hacia mí  y  mi compi en un acto reflejo que me salvo la vida la desvía, tampoco da a los que suben detrás nuestro, ¡menos mal! Me recorre por el cuerpo una sensación muy angustiosa. Pensar que si me hubiera golpeado, inevitablemente me hubiera despeñado y matado porque la ladera era bastante inclinada y de puro verglás. Aún hoy me estremezco al recordarlo.  Así es la montaña, aún me quedan cimas por conquistar y su espíritu me protegió aunque verdaderamente la vida se la debo a mi compañero de cordada que supo reaccionar a tiempo y a él le debo ese gesto de complicidad y compañerismo, ese cordón umbilical invisible que nos une y nos protege mutuamente…
La subida es bastante evidente por la huella de los que nos preceden y después de una parada a mitad de trayecto para beber y comer algo continuamos ya penosamente hacia la cima, a ratos nos vienen ráfagas de viento que impiden que nos veamos y el frio, gélido y cortante hace que los últimos tramos hacia ella sean eternos y cansados. Sólo nos quedan algunos metros y a las 10 y media de la mañana hollamos cima, con un tiempo excelente y unas vistas inmejorables, a lo lejos se distingue perfectamente mi Matterhorn. Sacamos algunas fotos  y descendemos, la cima está abarrotada de gente y es peligroso quedarse más tiempo. Penosamente compartimos un pequeño bloque de piedra de apenas un metro y cada vez se nos queda más diminuto. En la bajada nos emborrachamos de preciosas vistas con el Mont blanc y el Mont Maudit como telón de fondo. Han sido 1.100 metros de desnivel pero, ¿Qué nos suponen esas  medidas si se comparan con sudor y adrenalina, ilusión y ganas de alcanzar cima? Absolutamente nada, mis cimas no las cuento por metros ascendidos sino por retos de superaciones conseguidos.
La bajada discurre tranquila, paramos varias veces a contemplar una de las aristas del Ciaforón, a la que dan ganas de arañar su pellejo nevizo con nuestros piolets.
De regreso al campo base, nos encontramos con la sorpresa al ver nuestra tienda sin clavijas y desarmada. Han sido los guardas del parque, por lo visto está prohibido acampar, y como no queremos tentar a la suerte y ahorrarnos la multa, después de haber hecho cima y a pesar de estar agotados, decidimos que lo mejor es regresar al camping directamente y mochila a cuestas retornamos al valle, que nos supone 700 metros más de desnivel. Descendemos, las horas y el esfuerzo anteriores hacen mella y se me hace muy penosa la bajada, pero ahí no acaba la cosa, después de nueve horas de intensa actividad, recogemos todo y regresamos a Chamonix, que nos recibe con una tremenda tormenta obligándonos a no poder salir del coche hasta que pare, esta vez en el camping de “Les Drus”. A pesar de todo estamos satisfechos y felices y no nos va a desanimar un poco de lluvia y truenos. Ya tenemos otro 4.000 mil mas a nuestras espaldas y corazones, Gran Paradiso.

6-7 DE AGOSTO
Estos dos días los pasamos entre lluvia y velo gris que envuelve Chamonix. Las caras de la gente denotan tristeza, porque no pueden maravillarse con las vistas que se esconden detrás de los nubarrones y mucho menos la de hacer actividad alguna. Llueve intermitentemente y no da tregua. Aprovechamos para adentrarnos en las tiendas de la ciudad y ojear mapas y libros. En vista de que no mejora el tiempo decidimos partir hacia los Ecrins y conocer aquella zona esperando que el tiempo allí sea más estable ya que aquí los pronósticos no son nada alentadores. La tarde del día 7 nos da un respiro y sale algún rayo de sol por entre las nubes, la ciudad se anima y pasamos las horas embobados sentados en el banco de la Iglesia viendo cómo se van acercando los guías de la región. Los hay de todas las edades, me resulta curioso cómo se saludan todos, estrechándose la mano cual camaradas e imaginamos la de sitios a los que habrán ascendido, lo zurcidos que deben estar los más veteranos. Vivir aquí debe ser maravilloso, simplemente las vistas lo dicen todo, ¡que envidia!, no tener que estar pendientes de los días y el tiempo, poder salir a escalar, correr, andar cuando te apetezca… nosotros tenemos los días contados y si encima hace malo… pero aquí nos encontramos ahora y no lo cambio por la monotonía de la ciudad, con sus cumbres de hormigón, aunque llueva y haga frio. Las horas discurren tranquilas, sin prisas, aunque a nosotros se nos vayan en tiempo record sin poder evitarlo…

8 DE AGOSTO
Por fin hoy el sol se asoma a calentarnos y despedirnos hasta la próxima temporada. Partimos hacia la Meije.
Adiós Chamonix, nos cuesta despedirnos de ti, tú nos acogiste bajo la lluvia estos días y aunque nos proporcionaste buena compañía, sigue el mal tiempo y no podemos hacer actividad alguna. Nos alegra que al menos nos despidan tus glaciares y cimas nevadas, regalándonos esas fotos mentales que guardaremos hasta muy pronto…
Me alejo con la sensación, entre vacía y frustrante, de no haber podido siquiera acariciar ninguna de sus cumbres y paredes. La Naturaleza es así de caprichosa, a mal tiempo, buena cara…
El viaje hacia la Meije discurre tranquilo. Subimos el Col de Galibier (impresiona bastante el puerto), atravesamos unos valles inmensos, empieza a nublarse pero conseguimos ver su imponente pared.
Bajando el puerto adelantando a numerosos ciclistas, vaya valor y resistencia deben de poseer porque esta subida es muy dura.
Entre nubarrones llegamos al pueblo de La Grave y vislumbramos entre la niebla la Meije.
Lluvia y más lluvia. Montamos campamento y a continuación recorremos el pueblo. No es de mi agrado, parece extinto, comparado con Chamonix.
Noche lluviosa y triste, se me congela el corazón…

9 DE AGOSTO
Amanece algo despejado, lo objetivamente razonable para terminar de disfrutar del paisaje de la Meije y sus glaciares colgantes. Subimos a un pueblo cercano (no recuerdo el nombre) desde donde apreciamos la magnitud de su belleza, pero, en un instante, se “baja el telón” y se esconden las “actrices”… (Como última opción visitaremos la otra vertiente)
De camino vemos algunas vias ferratas, muchas cascadas que a buen seguro en invierno deben de ser espectaculares. En una de ellas vemos a un grupo de cuatro personas ascendiéndola por un lateral, solo de verlos me hace tiritar, pero me da envidia sana… la de cosas que hay por hacer, esto es un paraíso de roca y nieve…
Nos vamos aproximando a la otra vertiente de los Ecrins por un puerto que tiene unas vistas grandiosas, y poco recorrido llegamos al pueblo de la Velarde, desde el que se parte para disfrutar del parque Nacional de los Ecrins. Este pueblo es muy bonito si se compara con el de la Grave, con una calle estrecha, cuatro casas y muy triste.
El enclave es precioso. El tiempo se torna nuevamente caprichoso. Aún así decidimos dar un “paseito” por el parque. Se vislumbra algo de las cimas y glaciares, pero no lo suficiente, es frustrante, pero algo en el camino nos anima a continuar, una marmota que se para a saludarnos, posa para nosotros muy simpática, parece que sonríe a nuestro paso. El camino es fácil y está muy bien cuidado, andamos por un valle que se bifurca por dos glaciares a  ambos los lados. Al frente contemplamos “La Barre de Ecrins”, por poco tiempo, toca regreso, comienza el diluvio. Se reían de nuestros paraguas, ahora nos toca reír a nosotros porque llegamos al coche secos y los demás empapados por la lluvia.
En conclusión, es una pena no haber podido haber hecho más, pero este verano es bastante atípico y estamos todos en las mismas circunstancias, sin poder hacer las actividades que nos gustan, pero dejemos de quejarnos, estamos aquí y para mi ya es un privilegio, además nos consuela el haber conocido esta otra  zona de Alpes, así la próxima vez no vendremos a ciegas hacia la próxima aventura…
Regresamos a casa por los pirineos, el paisaje aquí es igual de bonito en verano que en invierno, solo varían color y forma…

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Un Comentario

  1. Elvira Endo Alvarado

    Escalar: algo que me hubiera gustado hacer pero que estoy segura de que nunca lo intentaré. Me puede más el miedo.

    Buenas descripciones de lo que nos perdemos los que no somos alpinistas.

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