Una Historia, la otra, la de muchos… Autor: Gustavo Luben Ivanoff

Es lunes, 4 y media de la mañana y mi madre me llama para desayunar un mate cocido con pan casero calentito. El resto de la casa duerme el sueño del crudo invierno, de ese que tiene un sol que remolonea hasta tarde y no calienta mucho. El bolso con la ropa lo tengo listo para el viaje desde que escuche por Radio Nacional que hoy me pasarían a buscar por la ruta. Los últimos 3 días estuve colaborando con las tareas del hogar lo más cerquita de la radio que pude, quería escuchar el comunicado cuantas veces lo pasaran, mi nombre formaba parte de un listado del que conocía todos los integrantes, mis compañeros del Centro de Eduación San Ignacio de los parajes cercanos. Me siento famosa,
–    ¿Cuántas personas habrán escuchado que estudio? – le pregunté.

Hizo como que no me escuchó, pero noté que mi madre no podía ocultar el orgullo y ocultó su cara para que no pudiera ver sus ojos con agua. Son más de 4 años que repetimos la historia, llena de sacrificios.
Cuando el día aún era noche cerrada, ganamos la huella. Al principio caminamos de memoria en silencio. El viento helado de la cordillera trae agua volada, el cielo encapotado  anunciada nieve, solo espero que nos deje llegar hasta a ruta. La cara se vuelve insensible y mis guantes no absorben más cada vez que repaso mi nariz. Caminamos con el viento de frente hasta las 5 y media. No traemos linterna porque se nos quemó el foquito la semana pasada. Con ayuda de la luz del celular, encontramos el atajo de la senda que nos permitirá ahorrar un poco de camino ya que la huella bordea la loma de basalto. Comenzamos a trepar esa colina llena de piedras y coirones que tornan lento el andar. Los resoplidos de mi madre me obligan a sugerirle que hagamos un alto.
– Quiero ver el amanecer – miento, y en un silencio cómplice nos abrazamos como preludio de nuestra despedida. Vienen a mi memoria los hermosos abrazos de mi niñez.
– Sigamos hija, no sea cosa que lleguemos tarde.
Retomamos el paso, ahora en bajada parece más fácil, pero las piedras sueltas suelen jugar una mala pasada que el año anterior terminó en caída y con espinas en las piernas. La luz viene llegando de un color gris plomizo. El cielo parece estar enfurecido. Retomamos la huella, queda poco más de media hora para llegar a la ruta…son casi las 9. La radio había dicho que pasarían a la mañana más no hubo precisión. Casi como un acto de magia, el horizonte nos muestra un hilo celeste por donde el sol se filtra para regalarnos un arrebol.
Descansamos a la vera de esa cinta asfáltica que se pierde en la inmensidad. El viento ha perdido su furia, pero una manta helada cae sobre nosotras, ni siquiera esas nubes rojizas aportan un poco de calor. Otro abrazo antes que llegue la camioneta que se ve venir allá bien a lo lejos. Son más de las 10 y media…
–    Ya pensábamos que no venía – dije por decir algo.
–    El camino está muy difícil y hay que andar con precaución si queremos ir a la Escuela – dijo Don Segundo, acomodándose la boina negra.
Muy amablemente cargó con mi bolso luego de saludar a mi madre.
Me esperaba un viaje de 3 horas hasta llegar al colegio. Cuando arrancamos, pude ver como mi madre refregaba sus manos como quitándose basuritas de sus ojos, al tiempo que encaraba la huella ya transitada, con la diferencia… que ahora… en ese alto obligado del camino, ya no tendrá a quien abrazar…

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  1. Elvira Endo Alvarado

    Las separaciones…cómo duelen! No se si más para el que se va o para el que se queda.

  2. Marcela

    Te felicito Gustavo!!!! Realmente, sentí que en este relato se refleja claramente la historia de nuestras chicas que llegan cada año con un gran bolso de nostalgia, miedos, ilusion y esperanza.
    ¡Que dichosa me siento de poder acompañarlas!
    Gracias por compartirlo.

  3. Susana Pulimens

    Simple, agudo y escrito con mucho corazón como soles hacerlo en todas tus historias. Una descripción que nos permite, a través de las palabras, vivenciar toda la historia. Muy buena Gus, como siempre.
    Un cariño grande.
    Susana

  4. Raul Francisco Ramos

    No es fácil pintar con palabras como lo haces vos Gustavo.
    Al leer tu cuento se me presentan una secuencia de viñetas, que termina en la imagen del camino vacío hasta el horizonte cercano.
    Te felicito me gusto mucho.
    Un abrazo.

  5. Rayen Aguilar

    Gustavo felicitaciones, me gustó mucho el cuento, gracias por el envío, que bueno que sigas escribiendo, corto y contundente, muy emotivo, saludos Rayen

  6. malen

    profe, la verdad es maravilloso este relato, con la simpleza de sus palabras nos permite ser participes de cada paso dado por las protagonistas en los crueles inviernos de nuestra patagonia. espero que siga publicando mas escritos.

  7. Jaime Le Roy Villarreal

    Qué linda imagen de un momento triste e inolvidable, en parajes insospechados, pero reales, cercanos y entrañables.-
    Bien Gustavo, salud!!

  8. Carlos

    Gustavo, la simpleza del relato nos traslada fácilmente al escenario de tu actriz. Es un Corto… hermoso.
    ME GUSTOOOOO MUCHO!!!!!!!
    Hay que tener lo que vos tenes adentro para expresarlo como vos lo hiciste!

    FELICITACIONES!!!!!

  9. eduardo daniel perez del campo

    Realmente has pintado una realidad que a veces por distante es desconocida por muchos compatriotas que viven su mundo chiquito, sin saber que en esta misma Argentina hay otros que hacen patria en condiciones más duras y en paisajes más inhóspitos que una cuadra con un baldío. Me pareció un cuadro muy elaborado y que solo puede ser hecho por quién alguna vez sintió el frio en su nariz y el momento de la separación cercana e inevitable.-
    Opino que esta historia merece una continuación y estoy seguro muchos te la pedirán.-

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