Sueños del futuro. Autor: Eduardo Ortiz Tobon

Aun no entiendo que motivo mi ingreso al Ejército, la vida depende de unos pocos y un sinnúmero de intereses; evidentemente el sueño al salir de casa era otro e inicio con la despedida de la familia, con voz melancólica mi padre decía:

–          Se fuerte y valiente acuérdate que los hombres tienen límites, tú no tienes precio, eres valioso para nosotros, no vendas nunca tus principios, no abuses del poder si lo ostentas, enfrenta la vida con la convicción que tus acciones le están haciendo bien a alguien, regresa pronto a este corazón que te quiere y espera.

No pude contener las lágrimas cuando con un fuerte abrazo el rompió en llanto; mi madre observaba, tras sus besos y abrazos dijo:

–          Demuestra que eres honesto, estoy orgullosa de tu decisión cuídate la espalda, lucha por lo que crees.

Siempre veía esos hombres altos, gruesos, fuertes; ceño fruncido, rostros de inocencia, piel dorada, mirada altiva y que bajo sol o lluvia no hacían muestra de cansancio o debilidad; iba a integrar esa institución, lleno de expectativas y dudas; el concepto generalizado en la sociedad, era el mismo de mis padres, se los veía con respeto y causaba gran admiración verlos marchar o simplemente custodiar algún sitio, solo con su presencia inspiran tranquilidad; pensé que eran hombres mágicos y que alcanzarlos era difícil; mi padre perteneció en su juventud y se retiro porque fue herido en un combate de los que solo él sabe y nadie registra, un verdadero héroe en el rincón del olvido, en la eterna gloria de sus propios recuerdos.

Durante el viaje en bus, hacia el sitio que habían indicado para presentarme, no paraba de llorar por tener que enfrentarme al trabajo que había elegido, sentía dudas de todo y me atemorizaba la idea que a pocas horas de camino, iba a encontrar infinidad de hombres rudos donde la palabra miedo, según decían no existía.

Eran veinte horas de camino y cuando el cansancio vencía a los otros pasajeros, pude dedicar algo de tiempo para hablar con Dios:

–          Por favor dame fuerza para seguir adelante, me siento débil estoy a punto de volver al seno de la familia y dedicarme a otra cosa más fácil, cómoda, de mi estilo.

–          No creo que me hicieran para ser un gran caballero, nunca he sostenido peleas cuerpo a cuerpo con nadie y si es tan bueno ser soldado, no entiendo porque casi nadie quiere ir a integrar ese grupo de hombres admirables.

El bus tomo una curva cerrada y se estremeció al caer en un bache de la carretera, inusualmente oscura; el pasajero que dormía al lado despertó asustado, me observo y limpiándose la boca dijo:

–          Menos mal dejaste de llorar, aunque todavía tienes esa cara de susto.

Agrego:

–     ¿Para dónde vas?.

Me sorprendió y no sabía si contestar o no, porque entre las advertencias del conductor, decían que no habláramos con extraños, no recibir nada y no alejarnos del vehículo cuando realizara alguna parada; además era un hombre de unos treinta años, barbado, con el cabello largo, flaco, mal vestido y pinta de hippie; él no dejo responder diciendo:

–          No juzgues las personas por lo que tus ojos ven, aprende a entrar en sus corazones, siempre observa si tienen la capacidad de sonreír y llorar, esto te dirá si aun tienen alma, por esas personas vale la pena luchar, hasta morir.

Extendió la mano y dijo:

–          Me llaman “el Pescador”.

Sentí vergüenza, pero mire en sus ojos una gran bondad; nos estrechamos las manos con fuerza:

–          Salí de casa y voy a trabajar con los hombres que defienden nuestro país.

El se encogió de hombros y volteo su rostro; alcance a ver su aflicción; guardo un largo silencio y dijo:

–          Ese trabajo es para hombres humildes y veo en ese cuerpo de niño asustadizo la fuerza del hombre que va a dominar el miedo y la soberbia del poder, por ahora debes calmarte, la vida intimida y más aun cuando se rompen los esquemas que conoces, vas a donde están los mejores, los que tienen corazón y alma.

–          Vas a hacer lo mejor dando todo de ti, inclusive a dar tu propia vida por lo que crees defender; no temas a la muerte porque tus enemigos le tienen mucho temor, porque en su lucha no existe el honor.

Prosiguió:

–          No tengo patria, nunca he podido entender porque los hombres se agreden, es irracional.

Frunció el ceño y se volteo acomodándose para dormir, acate a decir:

–          Gracias, me siento mejor.

Los ángeles me los habían pintado con rostros hermosos, vestidos de blanco, aro en la cabeza y grandes alas; este hombre era lo contrario, sus palabras me tranquilizaron y se sentía una profunda paz en el ambiente; estaba tratando de comprender sus palabras cuando dijo:

–     No pasara el tiempo, te llenaras de arrugas y canas, hasta que encuentres la solución a este paradigma de vivir día por día y cada día a la vez para evitar la locura.

–     Ahora debo irme; si Dios dispone que mueras en el camino que vas a recorrer, seguirás siendo inmortal en la mente y el corazón de los que te rodearon y de eso que llaman Patria.

Sin mediar palabra y despedidas se puso de pie, pidió al conductor que detuviera el vehículo en un lugar inhóspito y oscuro, se bajo a la carretera y desapareció rápidamente.

Algunos segundos después estaba dormido, las palabras de este desconocido mitigaron las dudas; los mejores recuerdos de casa, que me hacían pensar en regresar, tomaron su lugar y no volverían a servir como disculpa para cuestionar mis decisiones.

El Conductor me despertó en la mitad del camino, los pasajeros ya habían bajado del vehículo y se encontraban desayunando en el terminal de transportes; totalmente desubicado busque un restaurante; había realizado el pedido de huevos con mazorca cuando se acerco un mendigo ciego, pidiendo limosna:

–          Por favor una caridad para este pobre hombre.

Tenía medido el dinero para el viaje; sin decir nada saque algunas monedas del bolsillo y las coloque en sus manos; tome uno de los panes y se lo entregue, diciendo:

–          No tengo más comida o dinero.

El devolvió las monedas y dijo:

–      Eres un ser humano con un corazón grande, se que nunca te van a importar las cosas materiales, por tu humildad vas a tener un gran poder, tienes el don de la palabra y eso te hará muy fuerte para herir lo más profundo del alma o engrandecer a las personas hasta el infinito.

Impresionado por sus palabras lo invite a sentarse, para darle algo de chocolate; olía a mugre, su rostro estaba sucio y las ropas ya no tenían forma por los innumerables parches y rasgaduras; yo tenía mucho sueño y estaba cansado del largo viaje; el hombre no accedió a la invitación y dijo:

–      Me enorgullece que desees compartir conmigo la mesa, me llaman “Migajas”, da pena sentarme contigo, hoy por hoy la gente no mira con buenos ojos estas cosas; el mundo está lleno de diferencias y te van a juzgar como drogadicto o atracador solo por hablar conmigo o simplemente por estar sucio.

–       Tu alma está limpia, tus ojos no han tenido que mirar los vejámenes de la humanidad, tus pies no han pisado el estiércol que dejan a su paso los mercaderes de seres humanos que recorren estas tierras, tus manos no tienen las excoriaciones que dejan los golpes de la deslealtad y tu cuerpo tiembla por el miedo a enfrentar la vida.

El conductor llamo para que abordáramos el vehículo y continuar el viaje, tome la mano del ciego y bese su frente; el ciego se puso a llorar me abrazo y dijo:

–       En tu cuerpo de niño está un hombre valioso, tu bondad con los seres humanos no tendrá limites, tu sensibilidad estará por encima de las cosas materiales ahí radicara tu poder; estrecharas las manos de presidentes, gerentes, indigentes y prostitutas con la misma gallardía que lo estás haciendo conmigo.

–       Sube rápido que no te puedes quedar, tu camino es más largo que el mío, ojalá encuentres la forma de salir, de lo que te depara el destino, cuando el dolor sea más grande que tu propia soledad.

Me despedí desde el vehículo y la imagen de este amigo se perdió en la distancia. A mi lado se acomodo una hermosa dama, madura y con las vanidades que se le permiten a una mujer, para llamar prudentemente la atención; su cabello peinado y adornado con discretos prendedores, rostro maquillado con finos cosméticos, manos y pies delicadamente cuidados, vestido ceñido al cuerpo dejaban observar un cuerpo armonioso y cuidado, que sugería experiencia. Salude cortésmente y ella respondió dibujando en sus labios una maternal sonrisa, en sus ojos se noto un brillo de picardía que despertó mi pudor.

Estaba totalmente distraído pensando en todo y en nada, cuando sentí que una de las manos de ella, toco de un golpe mis piernas y dijo:

–          Me llamo Diana como “la cazadora” y la verdad soy la mejor en eso.

Me ruborice, empecé a sudar y las manos temblaban menos que todo el cuerpo; había tenido solo una novia en la adolescencia y durante casi seis años de estar con ella le di contados tres besos en la boca con los labios cerrados y otros cuatro en la mejilla mientras estaba en el cortejo, pasábamos casi todo el tiempo jugando a las escondidas y al baloncesto; ahora esta dama espectacular tocaba las piernas y me confundía con sus palabras.

Dije tímidamente:

–          Mucho gusto

Mi Padre insistía en que a una dama se trataba con toda la consideración y respeto por ser portadoras de vida, la fragilidad de sus cuerpos y por ser lo que Dios coloco en la tierra para materializar un sentimiento llamado amor.

–          ¿te gustaría tener una reina como yo?.

Me sentí humillado, mi autoestima se fue al piso, estas palabras me condujeron a detallar su imagen, a recorrer su cuerpo con la mirada tímida; y ella, sin compasión por mi evidente ansiedad, cruzo la pierna y volcó toda su coquetería, continuo:

–          ¿Qué vas a hacer esta noche? apenas lleguemos a la Capital.

–          ¿Crees que podamos salir?

Prácticamente no podía quitar la mirada de su escote y la parte descubierta de sus piernas, me estaba fijando solo en su cuerpo, respondiendo mecánicamente:

–          Esta noche llego donde mi abuela y voy a dormir porque mañana tengo que madrugar, además mamá dijo que no saliera con personas extrañas.

Soltó una sonora carcajada, sin asomo de burla por la respuesta; sus ojos dejaron de mirarme con picardía y su expresión tomo un aire de ternura que llamo mas mi atención, iluminando su belleza; trataba de articular las palabras siguientes pero se detenía a pensar, tomando la iniciativa pregunte:

–          ¿La Señora Diana está sola?

Su imagen se torno más hermosa y sus ojos se empañaron de lágrimas diciendo:

–          Eres el primer hombre que, sin saberlo, me rechaza con su inocencia; mi cuerpo es deseado y aprovecho eso para jugar con Ustedes, sin embargo cuando se hace esto con los hombres, cada día se va resecando el alma y la soledad empieza a acechar inexorablemente.

–          Tu rostro no lo podré olvidar, se que en poco tiempo esos ojos inquietos y tímidos se transformaran en unos ojos llenos de tristeza porque tu vas a tener que albergar el dolor de las personas que como yo, hemos perdido la capacidad de amar y te van hacer daño por la nobleza de tu corazón que riñe contra la frialdad de tus enemigos.

–          Mañana te colocaras un vestido envidiado, admirado, llamativo y perseguido; por ese simple hecho te ganaras contradictores sin saberlo o pedirlo.

Todos anticipaban algo doloroso, no quería que con esta hermosa dama, fuera solo una charla corta sobre el futuro, dije:

–          Señora por favor no me deje así, dígame ¿qué debo hacer? como voy a lograr entender las cosas que dicen si no las siento y no las he vivido ¿Cómo saben que voy a sufrir? o ¿Que estaré solo? ¿Acaso predice el futuro?

Ella dibujo una hermosa sonrisa, no había expresión de admiración, rechazo, duda, tristeza lo único era su aire maternal y casi angelical; su mirada de comprensión; la voz se torno suave y dijo:

–          Te sobraran las mujeres que desean compartir tu vida, van a tener algún interés que tu no lo vas a descifrar y nunca acumularas experiencia o conocimiento suficiente para entender el significado del amor y lastimosamente ese sentimiento será esquivo y lo emplearan para aprovecharse de ti.

–          Te rodearan altas, bajitas, hermosas, inteligentes, sencillas, soberbias; pero ninguna te mirara con amor.

–          Vas a tener que ilusionarte y desilusionarte cada vez que digan palabras hermosas que posteriormente se transformaran en mentiras, demandas, injurias, abogados, trasteos.

–          Se tu mismo, trata a cada mujer como si fuera tu madre o una de tus hermanas; con respeto, dedicación, caballerosidad, consideración, cortesía, admiración y cuando te dejen solo, da un paso a un lado y olvida; los comentarios mezquinos, la resequedad y la porquería se quedara en ellas.

Sorprendido e incrédulo por el tema, dije:

–          Eso no me llama la atención, ¿porque me hablas de ese tema?, no me interesa.

Con paciencia Diana dijo:

–          Las mujeres van a incidir notablemente en tu futuro.

Las inquietudes generadas durante el viaje, me apartaban del tema que trataba de explicar Diana:

–          Yo necesito saber enfrentar mi futuro, ¿Cual dolor? ¿Cuales dones? ¿Qué tienen que ver las mujeres si ni siquiera tengo una? ¿Cual soledad si mucha gente está pendiente de mis cosas?

Ella decía lo que afectaría toda mi vida y no la escuche, se cumplía aquello de no acumular conocimiento o experiencia en mis relaciones con las mujeres; continúo:

–          Tu dolor van a ser las desilusiones de la vida, las personas son impredecibles y van cambiando de creencias, convicciones y opiniones de acuerdo a los intereses del momento.

–          Para ti el dolor físico será un juego de niños comparado con los dolores del alma, estos si van a tratar de doblegar tus sueños.

–          Tienes unos dones y vas a desarrollar otros; disfrutaras la alegría que produce hacer el bien a otras personas; estarás ansioso por la retribución de esa alegría que nadie te brindara y sentirás la absoluta soledad y abandono.

–          ¿Cuánto tiempo pasara?, solamente tú lo sabrás; siempre estarás rodeado de mucha gente, que te respetara y admirara por tus acciones, pero te vas a sentir vació, en ocasiones débil y sin fuerzas para seguir adelante.

–          Tendrás tanta gente pendiente de tus asuntos que llegaras al fastidio de las supuestas amistades y las cosas materiales, puedes lograr lo que desees, pero serás dueño de nada, porque lo valioso esta en tu corazón, ahí está el gran tesoro inagotable, el de mayores satisfacciones, el de tu alegría.

–          Caballero duerme poco, cada segundo para ti será una eternidad y debes seguir aprendiendo, soy la primera que vas a olvidar pronto, aunque nos encontraremos otra vez en el futuro.

Termino diciendo:

–          Después de decir muchas veces te amo, en tierra desierta vas a ser feliz, chao.

Me beso apasionadamente en los labios y sin mediar palabra se levanto pidió que hicieran una parada y se bajo en un lugar desolado; me miro con sensualidad, sonrió y antes de desaparecer nos despedimos con el puño cerrado en alto.

Entre sueños escuche la voz de un anciano, que sentado a mi lado decía:

–          Duermes demasiado, debes luchar contra varios canceres en tu carrera envidiosos, lambones, chismosos y perezosos; te van a rodear, cuídate la espalda, debes prepararte para contrarrestarlos; si te duermes, vas a dar oportunidad para que te sorprendan y resultaras afectado.

Desperté sin entender palabra, después de las presentaciones respectivas, dijo:

–          Me dicen “Chico malo”.

–          Si deseo quedar bien con alguien, digo exclusivamente lo que mis interlocutores quieran oír.

–          Desde hoy duerme poco la envidia te va a rodear con pantalones o faldas.

Pregunte:

–          ¿Por qué no puedo hacer mi vida, sin que genere sentimientos mezquinos en otras personas?

Dijo:

–          Tu vida va a traer felicidad a mucha gente.

–          Va a impactar a infinidad de personas a tu alrededor.

–          Lo interesante es que esa multitud van a tratar de entrar en tu vida para lucrarse positivamente de ti.

Quede en las mismas, entonces pregunte:

–          Como se que ahora tú no estás diciendo lo que deseo escuchar y no la verdad.

“Chico malo” quedo pensativo y en mi interior pensé, que había cancelado la primera charla con los personajes raros que me estaban visitando, dijo:

–          No deseo quedar bien contigo, eso me deja en libertad de decir varias verdades que no te gustaran.

–          Tu carrera será espectacular, llena de ejecutorias, records, reconocimientos y liderazgo.

–          Cuando caigas vas a renacer más fuerte, más brillante

Totalmente inexpresivo continúo:

–          Tu labor nunca será reconocida por tus superiores, solo subalternos.

–          Cuando llegues al pináculo de tu entrega te van a dar la espalda, vas a ser maltratado y olvidado.

–          Te rondara la muerte constantemente.

–          Adiós.

El conductor me despertó en el terminal de la capital, los pasajeros se habían bajado del bus, tome las maletas y me dirigí a buscar transporte público para llegar a casa de la abuela.

No volví a saber que era el miedo, la autoestima la tenía en las nubes, el optimismo se convirtió en mi acompañante constante, la verdad empecé a decirla sin tapujos y la soledad se alojo en el corazón para quedarse.

Al día siguiente estaba en esa locura llamada Ejército, cada segundo ha sido una lucha profesional y personal.

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