Dos caras distintas. Autor: Iván Marcos

Emilio Barco daba vueltas en la cama, su cuerpo giraba a izquierda y derecha empapado en sudor. El despertador  sonaba con fuerza y de un certero golpe terminó en la otra parte de la habitación. Eran las siete  de la mañana de una fría mañana primaveral. Emilio vivía ahora  en una ciudad de provincias a la que le había enviado la multinacional para la que trabaja. Tras varios minutos entre las sábanas decidió  que ya iba siendo  hora de despertar. Últimamente el  levantarse con el pie izquierdo era la rutina diaria que le traía esa nueva habitación de una casa y ciudad que no sentía suya y que empezaba a detestar.

Emilio estaba volviendo a reencontrarse con una normalidad y rutina que odiaba, y es que no llevaba bien la  vuelta tras su  año y medio de vagabundeo por el mundo. Una  excedencia buscada desde hace mucho tiempo le llevó a ser el hombre que realmente era.  Pero como en todas las historias perfectas lo bueno suele acabarse pronto, el viaje fue interrumpido al año y medio por unas  necesidades del mercado que regían la vida de tantos profesionales. Un email leído en un humilde hostal de Sudamérica le  había obligado a suspender su gran viaje. Todo ello  cuando se encontraba a seis meses de la fecha prevista de vuelta. Y todo por aquel problema técnico que había afectado a la producción mundial de aquel maldito nuevo coche.

En aquellos instantes el agua caliente de la ducha  acariciaba su piel y Emilio cerró los ojos y  empezó a pensar. A sus treinta años recién cumplidos siempre había sido un trotamundos aventurero, un ser  más apasionado por los libros de Verne o Stevenson que por aquellos números grises que abundaban en  la escuela de Ingeniería. Pero como tantos otros trotamundos tuvo que ganarse el pan en una empresa, y es que eso era  lo que hacía que el dinero apareciera en su cuenta bancaria para luego ser gastado en libros y viajes.

Aquella mañana recordó de forma instantánea sus primeros viajes, el recuerdo de multitud de aventuras vividas en trenes y  lugares de una Europa, Asia, África y América que sentía como el patio de su casa.  Desde siempre supo que la aventura y la VIDA con mayúsculas era lo que realmente le motivaba. La pasión por la lectura y el conocer nuevas tierras y gentes iba escrito en su ADN. Quizá el que sus padres hubieran alimentado su habitación con libros era la semilla que había guiado aquel árbol donde los frutos fueron  sueños y viajes por realizar

Y ahora,en una fría mañana de abril se sentaba delante de un vaso de cereales, miraba el vacío de su cocina y una inmensa melancolía se apoderó de él. El estómago empezó a rugir y un ruido  subía a la garganta y a lo más hondo del corazón. Por un instante, cerró los ojos y se alejó de aquel lugar que no era suyo. Como buen viajero distinguía muy bien el verdadero brillo de la palabra vivir. Ahora,anclado de nuevo en la rutinaria vida marcaba los días en el calendario con un rotulador  rojo. Las semanas pasaban lentamente como fichas de dominó que esperaba fueran cayendo lo más aprisa posible. Un inmenso calendario de fotos del National Geographic servía como espejo ante aquella vida rutinaria que tanto detestaba y a la que había vuelto. Aquellas fotos de bellos paisajes  indicaban los días que quedaban hasta el siguiente viaje. Era lo más que podía hacer para plantarle cara a esa diabólica rutina que intentaba acecharle cada nuevo día.

Y ahora,  allí con el frío del alma de aquella insulsa cocina descubría que aunque su cuerpo estaba allí, su corazón y mente estaban bien lejos. De repente,  y como si de un sueño se tratara todo se transformó. Empapado de sudor volvía a naufragar en unas sábanas que caían a ambos lados de la cama,  y justo en ese momento  amanecía muy lejos de allí. No era un cielo gris y lluvioso lo que veía por su ventana, de repente el calor sofocante de los trópicos le golpeó y le azotó en el pecho. Un ruido tremendo le hizo levantarse de la cama de un sobresalto. Sin saber donde estaba Emilio se levantó y miró un  reloj que  allí no estaba. Se encontraba en una agradable ghesthouse que tenía por nombre Nunca Jamás.

Incrédulo aún, bajó las escaleras y una bella adolescente rubia le dio los  buenos días y le invitó a sentarse a su lado con una preciosa sonrisa. Tras las presentaciones de turno,  Emilio no sabía muy bien que decir. Todavía se sentía atónito y perdido. A los pocos segundos se vio sometido a un interrogatorio en la lengua de Shakespeare,con aquellas  preguntas que tantas veces había oído a lo largo y ancho  del mundo¿ De dónde era? ¿De dónde venia? ¿A dónde iba?  Sin pensárselo dos veces y sin saber cómo de sus labios salía   que iba al Sur y que era español.

Instantes después en el patio apareció  una robusta mujer con una bella sonrisa que arrastraba un carro donde  la comida relucía. Al momento de pasar al lado de Emilio le dejó un zumo de naranja, un café cargado y dos sabrosas tostadas. La mujer daba  los buenos días a Emilio, le llamó  perezoso viajero español. Eso provoco la risa perpetua de aquella preciosa viajera rubia de ojos azules. Sin cesar de hablar,  la mujer seguía repartiendo comida a los comensales mientras el sol comenzaba a abrirse a lo lejos, dos pájaros cantaban y el sonido del ambiente hacia que la realidad se cruzara con la ficción.

La joven se levantó y citó a las dos de la tarde a Emilio para comer frente al río. Sin saber por qué o dónde  Emilio aceptó aquella invitación con la bella viajera. Emilio sorbía lentamente el café hirviendo y comenzó a mirar a lo lejos. Divisó de repente aquel inmenso brillo del mar que se mezclaba con el verdor de la colina. Al fondo pudo divisar una arquitectura que bien conocía y que de repente le llevó  a afirmar que estaba  en Asia. Aquel brillo gris y la puntiaguda pagoda le recordaban que estaba en un lugar con creencias budistas.

En aquel justo momento el corazón le dió un vuelco y comenzó a recordar. La mochila abierta, una vieja cámara de fotos comprada en Hong Kong hace años, varias libretas de notas tiradas en el suelo de habitación, dos libros con las tapas rotas. Y de repente Emilio pensó que no había el rigor de los horarios, no había un jefe al que contentar, no había reuniones internacionales con viajes de negocios donde  le obligaban a poner aquella corbata que tanto odiaba. Se sentía lejos de la mirada de aquellos compañeros de oficina con los que siempre acababa hablando de un fútbol que detestaba. En aquel momento se olvidó de aquella terrorífica frase del ´´ just in time´ que había marcado su vida de ingeniero en aquella multinacional del automóvil.

De repente  y como si un soplo de aire fresco borrara aquellos malos momentos recobró la personalidad de su infancia. Era tiempo para recordar el brillo en  los ojos y en el corazón con  las excursiones en bicicleta, las aventuras en campamentos, las huidas a la montaña con aquellos amigos que hacia años que no había vuelto a ver. Allí  estaba de nuevo, en un lugar de Asia que ignoraba, y allí sin saber por qué o cómo volvió a reencontrarse consigo mismo. De repente,  todo volvía a tener sentido, así que durante un par de minutos cerró los ojos y se sintió inmensamente feliz y contento de haber descubierto tantas islas de tesoro , de haber ido al centro de la tierra y de haber visto la luna desde los cinco continentes. Allí, en ese momento recordó el haber cruzado desiertos, mares y selvas. Se sintió feliz de haber atravesado sueños para convertirlos en realidad.

Y ahora, justo en aquel momento veía y recordaba que  había algo por lo que luchar. En estos  momentos  se sentía inmensamente feliz y volvía a estar en aquel precioso lugar que tan bien conocía  un lugar con aquella bella palabra llamada LIBERTAD. Mientras tanto,cerró los ojos y  se dejó llevar por tantos lugares en los que había estado. En aquel momento de sublime libertad un ruido demoníaco en forma de llamada de teléfono le despertó  – Emilio, ¿dónde demonios estás?

Justo en aquel momento,Emilio Barco recobro la conciencia, el gris había vuelto a la calle y la lluvia golpeaba con fuerza. Una lágrima cayó por sus ojos y con una voz grave y fuerte respondió: Estoy donde no quiero estar….

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