Los viajes del sobre azul celeste. Autor: Katherin Gómez

El sobre es de papel delicado, fino y caro. Color azul celeste para que no se confunda y resalte entre los demás. Tiene escrito el remitente en clave para que solo al que debe llegar lo pueda en ese caso reenviar.

La oficina a donde llega contrasta con él, es pequeña, con paredes sucias, resquebrajadas y montones de cajas que van para distintas partes del mundo.

De allí lo embarcan en un avión, viaja en primera clase sobre las piernas de una mujer, ella lo acaricia mientras contempla la ventana, luego le da la vuelta para leer lo escrito. Un suspiro se arranca de su cuerpo y sin dejar de jugar con el sobre entre los dedos, se pierde otra vez en el paisaje de una ciudad lejana.

Cuando el avión aterriza la mujer esta llorando, recoge sus maletas con el sobre bajo el brazo, se dirige a la salida y encuentra a su chofer que la esperaba desde hace una hora. Él le ayuda con las maletas, las sube en la parte de atrás del auto. Cuando se ponen en marcha empieza a hablar, le cuenta a la mujer que varias cosas han cambiado, la isla esta más bonita, han abierto dos museos y las playas están llenas de turistas. Ella incomoda le pide que sigan en silencio pues no esta de humor para conversar. El chofer la observa por el espejo y ve como por su mejilla rueda una lagrima negra.

Minutos después el auto se detiene frente a una gran casa en el norte de la isla, cercada por una reja que se abre cuando el conductor marca una clave sobre el tablero electrónico en el muro. El auto ingresa y el chofer lo detiene frente a la puerta de la casa, pone el cambio en neutro y el freno de mano mientras baja las maletas. La mujer entra sin decir nada.

Al encuentro del chofer sale una mujer robusta con un delantal manchado y un gorro en la cabeza, lo invita a la cocina para tomar café y él dejando las maletas le dice que no tiene tiempo, la patrona le ha encargado que vaya hasta el almacén de la familia por un paquete.

La empleada cierra la puerta mientras el chofer desaparece cruzando la verja. Sube hasta el segundo piso y pregunta a su patrona si quiere que le desempaque y ponga a lavar la ropa, esta sin abrir la puerta le contesta que no, que deje las maletas tal como están.

Sola en su habitación, la mujer de cabellos rubios se para frente a la ventana, tiene una vista hermosa hacía el mar y es una linda costumbre la de buscar panoramas.  Sus dedos deslizan las tiras del vestido que lleva puesto y este cae a sus pies. Un aire gélido se cola por la cristalera y eriza su piel, parece que se aproxima una tormenta y debe enviar la correspondencia.

Al día siguiente, un sobre azul celeste va de mano en mano entre los operarios del buque Naranjo. Hombres sin camisa y con músculos fuertes van subiendo mercancía desde el muelle hasta las bodegas de la embarcación. Un muchacho más joven que todos los demás, tiene el sobre en la mano y trata de leer hacía donde va. Otro hombre lo alcanza y le entrega una caja mediana que va junto al sobre, esta hecha en madera de teca, muy fina, con un tallado un poco raro he incomprensible. El chico de apenas veintidós años y barba menuda, se quita los guantes y con las manos desnudas acaricia la talla pensando que es muy bonita. Su mirada se pierde entre las figuras y quiere saber que significan, pero aunque trata por un buen rato de resolver el jeroglífico, al final se da por vencido. Apenas lleva unos días trabajando en el buque, pues antes ni siquiera vivía en la isla y laboraba a tiempo parcial como albañil en Ciudad Pequeña. Su vida cambio por culpa de una novia que tenia mas amantes que dedos en los pies. A su casa llegaron varios hombres preguntando por él, su mamá estaba asustada y lo negó, pero días después cuando volvía de un trabajo, entro lleno de magulladuras provocadas por piedras y palos. En la noche les quebraron los vidrios de las ventanas y le dejaron notas con amenazas. A su novia nunca la volvió a ver, se había ido con los ahorros de todos aquellos incautos, incluyéndolo a él.

Con su mamá nerviosa y él malherido, hicieron maletas para salir de la ciudad, no tenían muchas cosas por lo que fue más fácil moverse. Le toco dejar amigos, casa y estudio pero llegó contento a la isla Tortuga porque se hablaba de prosperidad, que allá todo era bonito y mejor, un amigo le consiguió el trabajo en el buque.

La isla tenía hermosas playas, llenas de chicas bonitas tomando el sol. Los barrios eran de calles pequeñas, había museos, teatros, hoteles y restaurantes lujosos, con vinos finos y gente elegante. Todo era como le habían contado, muy bonito, con excepción de que él y su madre, allí parecían pordioseros. Les tocó alquilar una casucha en el sur de la isla porque el norte solo era para los ricos.

El muelle fue quedando poco a poco vacío, los operarios terminaron de subir toda la mercancía y el viento soplaba a favor, iba a ser un buen día. Los turistas y las aves se marcharon y el joven de menuda barba se prendió a la barandilla para observar como el buque se alejaba del puerto. Cerca del faro, en la parte derecha de la isla, creyó ver a una mujer, de ondeante cabellera rubia que miraba hacía el mar con nostalgia. La observo hasta que no fue más que un punto a lo lejos.

El capitán subió a cubierta haciendo el anuncio de las tareas a realizar, los hombres sonreían y se deslizaban hacia sus puestos con un entusiasmo que el joven no comprendió. Para él no era placentero estar allí, menos cuando le tocaba limpiar las bodegas, levantar cajas pesadas todo el día y hasta ayudar a pelar papas para el puré que era lo único que comían. Aun así cuando el capitán dijo su nombre corrió a su puesto para empezar, pues con eso podía mantener a su mamá.

El buque de carga Naranjo no era muy grande y tan solo transportaba a algunas ciudades cercanas, comoLa Capital, Islas Gemelas y Ciudad Pequeña. De vuelta a Isla Tortuga también solía llevar carga, ya que el 90% de la población por ser de clase alta y turistas, producían muy poco internamente.

En la noche, el más joven de todos los operarios, al terminar de fregar los platos se dirige a los camarotes para descansar, ya todos sus compañeros se fueron a dormir. Cuando va subiendo las escaleras escucha un ruido en las bodegas y se detiene. Piensa que puede ser un roedor y da un paso ascendiendo, pero de nuevo se escucha el ruido un poco más fuerte. El muchacho baja hasta la primera bodega que esta muy oscura y enciende una lamparita que cuelga de la pared izquierda en la entrada. La estancia esta ocupada por algunas cajas de gran tamaño y algunas otras más pequeñas. El joven vuelve a escuchar el mismo sonido y cree que viene de algún lugar entre la carga. Se va acercando despacio, sin hacer ruido, bordeando las cajas. Una sombra en el medio de varias pilas de baúles, va creciendo en el suelo de madera y este cruje. El muchacho sorprendido abre los ojos de par en par, la sombra se abalanza contra él.

A la mañana siguiente, después de haber navegado todo el día anterior, el buque Naranjo atraca enLa Capital, su primera parada en el itinerario. Los operarios bajan las rampas y se disponen a descargar. Lo primero en salir es una caja mediana de madera con un sobre azul. Un operario la entrega a un joven de camisa blanca con logo de la oficina postal y este la deposita en una Ban de la misma empresa. El sobre y la caja viajan al lado de varios paquetes hasta que llegan a la oficina. Allí descargan la correspondencia y la depositan en un cuarto amplio, la encargada de la oficina es una mujer de largos cabellos y camisa blanca, ella revisa todo lo que llega y va disponiendo hacía donde va cada paquete.

Una limosina se detiene en frente de la oficina postal, un hombre de traje negro y gafas oscuras entra haciendo alboroto. Hace dos días esta esperando un envío y no le ha llegado. La encargada lo mira irritada y pone un sobre frente a su nariz, preguntando: es esto lo que esta esperando, porque es el único sobre azul celeste que nos ha llegado y si no es, entonces le va tocar ir a reclamarle al mar porque a mi ya me tiene harta.

El hombre de traje oscuro se acomoda las gafas, mira en todas direcciones, se aclara la garganta y agacha la cabeza en un gesto claro de pura vergüenza: sí, este es. Discúlpeme si he sido grosero, es que me ha mandado mi jefe con mucho afán y hasta me dijo que si hoy no le llevaba este sobre, mañana ni fuera a trabajar…

La mujer no muestra ningún interés por la historia pero le indica que espere un momento; entra en un cuarto al fondo de la oficina y sale llevando una caja que pone sobre el mostrador al lado de un papel ya redactado y un bolígrafo: firme aquí por favor.

La limosina se detiene frente a un edificio de quince pisos, el más alto de toda la ciudad. El conductor baja llevando en brazos una caja y cruza la entrada saludando al portero. Este le ayuda hundiendo el botón del ascensor y le desea surte con el Doctor.

El ascensor se abre en el último piso y el hombre camina por el pasillo hasta una puerta en el fondo, toca con la punta del pie y espera. La puerta se abre y unos ojos perdidos lo escudriñan de arriba a bajo. El hombre estira las manos mostrando el sobre encima de la caja: Esto es Doctor, el envío le llegó hoy.

Los ojos en la puerta entreabierta se dilatan y unas manos envejecidas reciben la caja cerrando la puerta ante las narices del hombre de negro que se acomoda las gafas.

El sobre azul celeste es depositado en una mesa, los dedos arrugados y retorcidos recorren las figuras talladas en la caja de teca, el hombre viejo se sienta en una silla que da a un ventanal gigante, del tamaño de toda una pared. Observa desde lo alto, como abajo en el puerto, se elevan las gaviotas. Identifica con eso la primera figura, y sobre un papel en blanco va escribiendo una serie de letras. Abre el sobre que dejo en la mesa y saca un manuscrito doblado en tres partes, esta escrito con pluma y por tinta, sangre. Reconoce de inmediato la caligrafía y descubre así lo que significa la siguiente figura, escribe otra letra sobre el papel.

En el primer piso del edificio más alto deLa Capital, esta el conductor de la limosina conversando con el portero. Discuten como sería más fácil conquistar a la chica que trabaja en la oficina postal. El teléfono de la recepción suena y el portero contesta con voz seria. Después de colgar, le dice a su amigo que debe subir, el Doctor le ha mandado a llamar. Este se acomoda el traje negro un poco grande para él y desaparece en el ascensor.

El viejo esta sentado frente al ventanal dando la espalda al conductor que ha encontrado la puerta abierta. Apenas el hombre da dos pasos dentro del despacho, truena la voz del viejo ordenando: no te acerques mas, toma el sobre azul que esta en la mesa y envíalo pronto a las Islas Gemelas.

El hombre del traje oscuro da un respingo y retrocede los pasos, respira hondo y se va acercando despacio, estirando el brazo para alcanzar el sobre. Apenas lo tiene en la mano retrocede de nuevo y pregunta: ¿Doctor… también… me llevo la caja?

Corre hasta el ascensor cuando el viejo le grita que no y la puerta se cierra contra él como azotada por una ráfaga de viento invisible.

Ya en la limosina, el conductor se dirige a la oficina postal. Cuando llega, la encargada lo mira con cara de sorpresa y fastidio, se aleja del mostrador y se pierde en el cuarto del fondo dejándolo con la palabra en la boca.

Un joven de camisa blanca y logo de la empresa sale y le pregunta que necesita.

Esa noche el sobre azul celeste es depositado en una bolsa plástica transparente. Una mujer de pantalones remangados y brazos fuertes camina por la arena de la costa hasta llegar a una pequeña barcaza llena de pescados. El agua va y viene por la playa cubriéndole los pies y con agilidad sube a su barca acomodando los paquetes que llevará a las Islas Gemelas. Con uno de los remos se empuja para salir de la arena y flotar al mar. El agua oscura se confunde con el cielo negro y la mujer tranquila va remando entre tinieblas.

En la tarde de un día lluvioso, una joven de ojos hermosos, coquetea con uno de sus invitados. Ese día ha organizado una exposición, sus más famosas pinturas están colgadas por todo el salón. El evento atrajo mas gente de la que esperaba, han llegado amigos de ciudades vecinas y no disimula su alegría a pesar de que el día esta un poco oscuro.

Un mesero le cambia la copa vacía y ella lo retiene con un ademán: avísame cuando llegue el capitán.

El mesero se retira y ella sigue conversando con el joven guapo que no deja de mirarla. Tiene apenas veinte años pero es la artista mas reconocida en todo el país, como también la más hermosa. Sus ojos como piedras de zafiro son imposibles de olvidar, se incrustan en el corazón de todo el que la mira, es delgada y alta, de facciones suaves y piel delicada.

Al terminar la velada, la gente empieza a marcharse y la joven se retira a su jardín interior, camina despacio rozando con las manos las hojas de las flores, escuchando el trinar de los pájaros y las guaduillas llenas de agua. Se sienta sobre una roca de gran tamaño y dirige la mirada a un hombre que se asoma entre las sombras. Él se acerca rápido, la funde contra si en un abrazo y le besa el cuello bajándole con los dedos el vestido. Ella lo detiene, lo mira a los ojos y se para halándolo de la mano. Suben a una habitación amplia, de paredes y techo en madera. Lo tira contra la cama y se monta a horcajadas sobre él sosteniéndolo por las muñecas para que no se mueva. Del interior de una de las almohadas saca un sobre azul celeste: ¿capitán, sabe usted, que es esto?

El capitán del buque Naranjo se retuerce bajo el cuerpo de la joven, un leve corte en el cuello con el papel filoso ha hecho que una aventura carnal termine en un suicidio.

Al llegar a la isla Tortuga después de varias horas de viaje en yate, la joven artista, busca a su madre. La encuentra en su mansión, sentada frente a la ventana de la habitación, llorando. El chofer y la empleada le explican que así a estado desde que llegó de su último viaje. La hija la lleva a dar una vuelta por el puerto, donde encuentran el buque que aún no ha partido. Los operarios sentados con los pies colgando hacía el mar esperan que llegue el capitán. Las dos mujeres suben sonriendo por la rampa y entran en una de las bodegas sin que nadie les prohíba el paso, los hombres las miran atontados. La joven sale a cubierta y pide un voluntario, varios se levantan a ver que necesita y ella les muestra una caja que se quiere llevar. Sin problema uno de los musculosos hombres levanta el cofre y lo deposita en la cajuela de un auto. Las mujeres se montan lanzándoles desde la ventanilla besos de agradecimiento a todos los operarios.

Al llegar de nuevo a la mansión, madre he hija entran en la habitación principal, el chofer deja el baúl que con mucho esfuerzo subió hasta allí y se va a tomar café a la cocina.

La joven abre el cofre, su madre la mujer rubia abre un par de maletas. Al mismo tiempo van sacando pedazos de dos cuerpos humanos diferentes. El olor no es desagradable y la sangre esta seca, los ojos de zafiro miran a su madre, uno de los cuerpos es mucho mas joven que el otro, casi veinte años de diferencia. La chica muestra el sobre azul celeste y la madre sonríe: temí que no te llegara.

La hija abriéndolo contesta: el abuelo es muy sabio, claro que me llegaría.

En el último piso del edificio más alto enLa Capital, el Doctor acaricia la talla de la caja en madera, pronuncia unas palabras incomprensibles y esta se abre. Por el ventanal se ve como las olas del mar se arrebatan y él siente una brisa fría que le roza, sus manos se muestran mas tersas y su cuerpo mas recto.

Dos mujeres jóvenes y bellas, aparecen en el edificio, van acompañadas de un hombre alto, de espalda ancha, brazos fuertes y sonrisa ladeada. Los tres saludan al chofer y al conductor que charlan en la recepción, suben hasta el último piso y un anciano de fuerzas renovadas les saluda contento. La mujer mas joven lo abraza diciendo: abuelo, mira, papá ha vuelto.

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