Dos mundos encontrados. Autor: Yesenia Olga Cáceres Zavala

CAPITULO I.

HISTORIA DE UN EXILIO.

Un día decidí no sacar el carro y hacer caminata, como opción a favor del medio ambiente, pues a veces pienso que la ciudad un día tendrá más población vehicular que de personas. El lugar era lo de menos pues siempre un paseo es relajante, pero a las finales me incline a caminar a lo largo de la rivera del Río Grande.

Entre subidas y bajadas, se hacía más intenso el caminar; en el trayecto sólo me saludaban algunos perros que estaban fuera cuidando las cosechas de sus patrones; a veces sentía escuchar al río hablar entre sus turbulentas aguas, bueno siempre está así en épocas de lluvia, pero la mayoría del año para  seco y deprime el paisaje.

Llegue a una pequeña colina donde pude divisar un extenso espacio verde, era ideal para un primer descanso. A la distancia observé una pequeña casita de barro, color blanco y con techo de teja; habitada y esto lo digo porque salía humo de alguna chimenea y pues me alegró saber que no estaba sola en ese lugar.

Me entró la curiosidad de preguntar a las personas que habitaban  esa casa de cómo era su vida lejos de todo, si sólo era cuestión de adaptarse o era un manera de seguir sobreviviendo.

Al llegar a esta, la puerta que daba al patio estaba abierta, al llamar nadie salía y pensé que todos estarían dentro. Entre hasta la mitad del patio y observé a un hombre sentado en un viejo sillón sujetando en sus manos un periódico, y de hecho con el pensamiento en otro lugar, pues ni se percataba que estaba dentro de su casa. La facha de la persona me hacía pensar que no era de lugar, sino de un extranjero más que vino de su país y decidió enterrarse en la naturaleza.

Lo saludé en voz alta para llamar su atención y este respondió con otro saludo. Era un buen comienzo, supuse que  era el único que vivía en esa pequeña casa y para ser sincera no me dio miedo. Quería saber más de este nuevo personaje que conocía de casualidad.

Le entable una conversación, y sentí que estaba dispuesto a contestar algunas preguntas mías, siempre en cuando no me metiera en sus cosas personales; dentro de todo lo hablado me dijo su nombre; Juan, Juan, lo cual repetía muchas veces. Al seguir hablando, detuvo mi atención el periódico que tenía en sus manos, pude observar que era pasado más o menos de medio año atrás, pero lo agarraba como un tesoro preciado. Al preguntarle porque vivía en ese lugar, lanzó un suspiro profundo lleno de tristeza y esa expresión lo decía todo.

Después de pensarlo bien supongo, me entregó el periódico, y me dijo que buscara en la parte central. Encontré en una de las hojas la fotografía de un niño y otras noticias que no tenían importancia. Al comenzar a leer las líneas redactadas en el diario, todas mostraban pesar pues después de tres días de agonía fallecía un pequeño de ocho años a consecuencia de una fuerte intoxicación, su padre un conocido empresario de la ciudad lamentaba mucho su pérdida. Al principio no encontré ninguna relación de la noticia con Juan. Después de un momento de silencio, me invitó a sentarme y comenzó a contarme su historia.

Toda su vida, desde pequeño había pasado en la ciudad, pues consideraba que era el mejor sitio para vivir sin preocuparse de nada, pues como todas las ciudades del mundo encontraba todo para ser feliz. A medida que crecía, expresó que durante su adolescencia él y sus amigos salían siempre a  acampar, llevando consigo muchas latas de cerveza y cajetillas de cigarrillo, pues no tenían ninguna intención de tener una conexión con la naturaleza. Un día  a uno de sus compañeros al que apodaban “el cejas”, se le olvidó apagar la pequeña fogata que tenían, y esto originó un incendio considerable en ese lugar, todos se enteraron por las noticias del periódico, pero a la vez no le dieron importancia. Seguían los años y llegó la vida universitaria, eligió una universidad privada pues no quería separarse de sus amigos mucho menos de la vida alocada que estaba acostumbrado a tener. El consumo excesivo de alcohol, los hacía cometer actos medio vandálicos como pintar con spray muchas paredes con lemas alusivos al libertinaje. Un día bajo los efectos del alcohol se accidentó en su carro, fue llevado a la delegación pero no estuvo muchas horas pues sus padres eran de dinero y lo sacaron de inmediato ocultando a la vez cualquier prueba que lo desacreditara ante las autoridades de la universidad.

La universidad, menciona que la terminó casi a la fuerza, su padre tenía un estudio prestigioso de abogados en la capital y su madre se dedicaba a la cátedra en una prestigiosa universidad privada. Siguiendo o tratando de seguir los pasos de sus padres, llegó a convertirse en un empresario exitoso; pues mencionó haber tenido una fábrica de pilas alcalinas, las cuales tenían mucha demanda en el lugar y fuera de ella; pero lamentablemente volvió a rodearse de excesos, alcohol y drogas. Dentro de esa vida tormentosa  se conoció con una chica llamada Isabel que también era de buena condición social, no pasó ni dos meses de conocerse ambos, se casaron de civil y lo celebraron en una de sus casas de la playa.

Los invitados como siempre sus antiguos amigos de juerga y amigos nuevos de la misma línea, la mayoría del festejo fue cerca de las orillas del mar, donde llevaron cerveza en lata e hicieron una fogata grande, era como recordar sus mejores años de adolescencia. Al pasar las semanas su esposa Isabel se embaraza, y expresó que fue la noticia más alegre que oía en su vida. Al nacer su niño le puso de nombre Juan Diego, quiso que tuviera una vida llena de lujos, quería consentirlo y darle lo mejor del mundo, incluso ya lo había hecho heredero único de su empresa de pilas alcalinas. Los años pasaban y me comentó que una tarde mientras estaba sentado en la banca de un parque viendo a su hijo jugar, vio pasar a un grupo de defensores ecologistas con carteles, que pedían a los fabricantes de productos de uso doméstico que no utilicen sustancias tóxicas en la fabricación de los mismos. No tomó ninguna importancia, pero era conciente que su empresa usaba sustancias tóxicas para la elaboración de sus productos.

No quise ser cortante con Juan, pero yo quería saber que relación tenía con el niño que había muerto y porque vivía solo en ese lugar. Fue cuando se puso de pie y comento lo siguiente:

“Cuando estaba fuera de la ciudad por unos días, a mi hijo lo llevaron a la casa de campo que teníamos a una hora de la ciudad, el lugar más hermoso donde se encontraba absoluta paz, a mi hijo le gustaba correr por el campo, ya era todo un jovencito y sentía mucho orgullo de verlo crecer así. Pero lo que su mamá ni nadie sabia que mi pequeño Diego iba frecuentemente  hasta la rivera de un río cercano, en ese lugar había hallado un montón de pilas usadas arrojadas de manera irresponsable seguro en un trecho del cauce y arrastradas hasta ese lugar. Mi inocente hijo comenzó a jugar con ellas creyendo que eran juguetes pues las pilas eran de colores y muy llamativas, seguro las llevaba hasta la boca y se impregnaba con ellas sus delicadas manitos, estuvo así durante los días que estuve fuera de la ciudad. Cuando llegué me encontré con la terrible noticia que mi hijo estaba hospitalizado producto de una intoxicación por un compuesto químico, el organismo de mi hijo luchó durante tres días, pero al final murió. Sus pulmones no resistieron y falleció de un paro respiratorio. Maldecía a todo el mundo, que injusta era  la vida de haberme quitado a mi único hijo. Cuando estaba velándolo, una señorita se acercó, era una de las enfermeras que atendió a mi hijo ese día, al darme el sentido pésame, sacó de su cartera un sobre el cual me lo entregó. Cuando observé el contenido eran dos pilas usadas, dijo que las encontró en el bolsillo de mi hijo cuando ingresó a la clínica, y las guardó para luego dármelas. En ese momento sentí que el mundo se me venía encima, y el dolor por la muerte de mi hijo pasó a segundo plano, pues ahora el que sentía dolor propio era yo, pues las pilas que me había entregado la enfermera eran de mi empresa”.

Desde ese día decidí aislarme del mundo, a las finales mi esposa me echó la culpa de todo y no la culpo, pues mi ambición y el desinterés que siempre tuve hacia los demás me lo cobró con creses con la vida de mi hijo. Nunca entendí el verdadero peligro de los productos de mi empresa, quizás si un poco, pero las altas ganancias y el dinero opacaron la realidad de las cosas.

Ahora vivo en esta pequeña casa, y me quedaré hasta el final de mis días, ya de la ciudad no quiero saber nada, yo vivía en un mundo y creí que todo era bueno en el. Muchas personas como yo, la destruyen a diario sin medir las consecuencias, de alguna manera debo de pagar el daño que hice a las personas y al medio ambiente, solo quiero ahora un poco de paz en mi vida.

Me tomó minutos para que pudiera reaccionar después de escuchar la historia de Juan, y me hizo entender que muchas veces pensamos que estamos haciendo lo correcto en el momento indicado, y sólo nos dejamos llevar por el momento sin pensar en las futuras consecuencias.

Sentí pena y alegría de haber conocido a una persona como Juan, tuvo muchos errores en su vida como todo ser humano, pero aprendió de ellos aunque tuvo que pagar un precio alto para darse cuenta, todo lo hubiera evitado si desde pequeño se hubiera interesado por los demás.

Me marche del lugar, y al voltear un pequeño cerro ya no  divisaba la casa de Juan, continúe mi camino llevándome la historia de un hombre que un día lo tenía todo en la vida, pero que lo disfrutó en su mundo equivocado.

CAPITULO II.

HISTORIAS DEL PASADO.

Entre a la carretera y para suerte mía, pasaba un bus de turismo, quería visitar las ruinas de la segunda cultura más antigua del Perú, la  ciudadela arqueológica de Wari. Al llegar al lugar me sentí rodeada de templos ceremoniales, los cuales estaban enterrados bajo tierra, la construcción hecha a base de piedra y cal, hizo que las construcciones de sus amplias paredes resistieran a la inclemencia del tiempo. Muchos artesanos vienen a este lugar en busca de la turquesa, la cual es una piedra dura de color turquesa, usada muchas veces para hacer collares, los cuales tienen mucha demanda en las ferias de la ciudad.

Al frente de la ciudad arqueológica se encuentra un bosque de pinos, verde y frondoso, lo llaman el bosque eterno, porque durante todo el año y por décadas nunca perdió su verdor, y muchos dicen que los árboles no envejecen. A un par de kilómetros más abajo se halla la famosa cueva de las pulgas, se dice que en esta cueva apareció el primer hombre de América, otros dicen que se conecta con otra ciudad y llegar a esta toma unos cinco días. Todo se basa en los vestigios encontrados en ambos lugares.

El ascenso hacia esta cueva no me fue fácil, hice como cinco paradas, tiene una pendiente considerable y si eres de los que no práctica caminata frecuentemente, estas sentado a un lado sufriendo de los calambres musculares.

Esta cueva tiene mucha fama, no solo por ser un lugar con historia, también fue testigo de muchas muertes clandestinas durante la guerra civil de los ochenta en el Perú. Durante las guerras internas, la gente desaparecía y encontraban sus restos ya reducidos a huesos en dicha cueva, sólo reconocidos por ropas o un carácter particular de la víctima. También fue  escenario de crímenes pasionales, y una prueba de ello eran las innumerables firmas de parejas que sellaban su amor en las paredes de la cueva, que sólo las muerte los separaría. Entre la cueva de las pulgas y la zona arqueológica de Wari, se encuentra un lugar llamado infiernillo, no por ser casa del diablo algo así, sino por el intenso calor que se siente en esa zona durante el año. Solo las pencas resistían a la inclemencia del tiempo en esa zona, pero por esa misma razón a muchos les parecía el lugar perfecto para no ser vistos ni encontrados.

Entre a este desierto consumido por el tiempo, el suelo quebradizo y seco; pero rodeado de pencas verdes que parecían no sentir el correr de los años. Hubiera sido fácil morir en este lugar deshidratado, pero tenía mis reservas de agua y bloqueadores solares que me permitían seguir hasta una considerable distancia.

A la distancia divise salir humo de alguna parte, aunque me extrañaba ya que era inaccesible y nadie podría vivir en esas condiciones. Al seguir avanzando presa de la curiosidad, sentí un olor a hidrocarburos muy fuerte que casi me provoca un mareo. Busqué un poco de sombra para descansar, y lo encontré debajo de un enorme cactus, que se asemejaba a una lanza. Me llamó mucha la atención y le tome fotos para el recuerdo. Luego como toda descubridora, quise marcar mi firma en una de sus pencas enormes. Y al tratar de hacerlo, salió una especie de líquido amarillo, grasoso y con un olor a jebe quemado.

No era normal lo que mis ojos estaban viendo, para analizar más la situación del lugar hice un corte por sus raíces, y sorpresa más grande la mía al ver sus raíces quemadas por algún ácido. No tenía duda que alguna mano perversa las hizo, pero no entendía el propósito de su acción, pues solo consiguieron alterar la ecología de la especie.

Llegué a una pequeña colina y divisé una casa improvisada con palos, entre el miedo y la curiosidad, me ganó la segunda y decidí llegar hasta ese lugar para encontrar a alguien. Al llegar a esta observé una casa abandonada, con vidrios rotos y la puerta a punto de colapsar al igual que sus paredes y techos, decidí no entrar por seguridad.

Detrás de esta se encontraba una especie de relleno tapado con bolsas. Al hacer una ranura, todo el alrededor se llenó de un olor a jebe quemado, el mismo que había sentido muchos metros atrás. Todo parecía indicar que este lugar fue usado como un mini laboratorio para la elaboración de sustancias ilícitas, las cuales seguro eran introducidas a los mercados negros de la capital y del extranjero.

Decidí marcharme de ese lugar de inmediato, pues era muy comprometedor todo lo que había en ese lugar, pero de hecho antes que alguien más lo descubra, pasará un buen tiempo.

Al llegar a la carretera de nuevo, espere un bus que me llevara de vuelta a la ciudad. Mientras lo esperaba,   un grupo de turistas venía con su guía, y subieron a su bus especial. Le pedí al guía si había espacio para una persona, y me dijo que podía usarlo siempre en cuando pagara la tarifa establecida. No tenía más opción y accedí a su capricho. Estando dentro del bus y mirando por la luna, a los lejos pude divisar la figura de una señora, que parecía ordeñar a una inmensa vaca. Pero al llegar al lugar solo era una piedra de color blanco. Le comenté de lo ocurrido al guía, y en voz alta a todos nos narró la historia de la señora de piedra. Por los años de 1936, esta señora fue la más rica del lugar, pero su riqueza la convirtió en una mujer fría y sin sentimientos con los demás. Una tarde mientras ordeñaba sus mejores rebaños, se le acercó una anciana y le pidió un poco de leche para saciar su sed, pero esta le negó rotundamente, se marchó muy triste la anciana y al dar la vuelta por una curva, la señora y su vaca se convirtieron en piedra. Los plantíos de maizales, fueron atacados por plagas extrañas, al igual que el ganado moría de parásitos desconocidos de la zona. Lo único que queda es esta piedra, donde el destino se encargó de cobrarle su avaricia.

Una historia que no escapa de la realidad, pues se niega el pan y tiempo durante nuestra vida y el corazón se nos vuelve de piedra.

Llegué a mi querida ciudad de nuevo, pero antes de regresar a casa, me fui caminando al cerro de los olvidos, para contemplar toda la ciudad desde lo alto, e imaginando las historias que cada casa guardaba entre sus cuatro paredes. Las historias que las acompañaron complementaron el contexto de cada lugar vivido en mi recorrido. El sol ya descansaba y sólo quedaba esperar si las nubes negras del sur, empezarían su aguacero profundo durante la noche.

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  1. daniel

    responde a la necesidad de proteger el medio ambiente, si vos hiciste mal en el pasado, vos tendras que rendir cuentas
    salvemos el planeta mediante la literatura
    suerte

  2. yesenia caceres

    les agradezco los comentarios sobre mi relato, el exilio es un hecho real y lo guarde hasta el dia de hoy, que lo doy a conocer.
    gracias

  3. C. David

    un comentario en el primer capítulo narras la historia de ese hombre en exilio pero a la vez dejas que el mismo narre su vida solo eso se observa en relatos de tipo periodistico
    buena combinación y sigue adelante
    att.
    David

  4. Enrique

    el relato menciona mucho de historia real de Perú, el viaje complementado con mitos o realidades encienden mucha imaginación, empiezas con un exilio y terminas exiliada en tu casa, vale ….
    suerte , tiene mucho contenido …

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