Un Viaje Sideral. Autor: Gavilán Triste

El niño se levantó decidido a poner en práctica lo pensado durante la noche. Buscar el camino de entrar y salir del espacio sideral, ir al pasado y más allá del presente. Reunió cuanto informe pudo hallar relativo a la química, a la física, a la cuántica, a las matemáticas, a la geometría, a la robótica, a la antropología, a la astrología, a la astronomía, a la energía oscura y a la física del caos. Entre todos le aportaron los pasos con los que construiría el camino. Pensó en la radio, en la fotografía, en la televisión, en los celulares. Supo que estas energías transportan una dimensión del hombre. De esta manera sacó el invento de transportarse en el tiempo. Por eso lo veían en Cali, Tolima, Valle, Bogotá, Medellín y hasta en Nebraska.__ ¿Rosario, cómo estás? Te llamo para preguntarte si Rolando está acá en Medellín.

_No, ¿por qué?

-Fíjate muchacha, estaba en el centro, en eso se me vino a la memoria, desvié la mirada hacia el otro lado y lo veo venir directo hacia a mí, sonriente. Me entretuve una fracción de segundos y no sé qué se me hizo.

-Ay, Juana, ¿qué le irá a pasar a mi muchacho? Ora mucho y reprende esa visión. Mañana voy a ayunar por su integridad.

Al otro día la llamaban desde Nebraska.

-Rosario, hermanita adorada, estaba contemplando la Avenida Lincoln, desde mi ventana, cuando se me viene a la mente mi sobrino Rolando, ¿sabes qué?, miro para el otro lado y lo veo venir sonriendo hacia mí. Bajé corriendo para abrirle y no sé para dónde cogió.  ¿Acaso tú lo mandaste para acá?

-No querida, está trabajando en su laboratorio, ahí se la mantiene gran parte del tiempo, a veces tengo que insistirle que salga a comer y a bañarse.

-Pues mija, juraría que era él, lo vi, era tan real. ¿Acaso tiene una camisa azul y un pantalón crema?

-En este momento así está vestido.

-Ay, Rosario, qué misterio es este, así lo vi. ¿Acaso tiene un esfero dorado en el bolsillo?

-Sí.

-No lo puedo creer Rosario, ¿qué nos irá a pasar?

-Ora por todos nosotros, reprende esa visión. Mañana ayunaré por su integridad.

La mamá se lo quedaba reparando, le hablaba, le interrogaba buscando algo raro en él. Nada. Lo llevó al médico. Mejor no podía estar. Lo encontró lúcido y atlético. Ni siquiera lo medicó.

Pero Rolando sí tenía una frustración y era que tan sólo podía transportarse en el espacio si algún amigo, conocido o familiar pensaba en él. Cómo si lo sintonizara. Quería viajar por las galaxias. Estaba convencido que lo podía lograr, pues sabía que todo estaba en el espacio y que el movimiento de éste lo llevaría a otro plano, con la velocidad del pensamiento y la energía que sale de la expansión del universo. Estaba convencido que metiéndose en los rieles cósmicos se movería llevado por la quinta dimensión. ¿Qué es más rápido, la velocidad de la luz, la de la electricidad, la de la vista, o la del pensamiento? Todas las había unidos, y les había conjugado la energía protónica, pero no podía salir de la tierra, porque necesitaba de un llamador en los demás planos. De esta manera ya había comprendido el procedimiento de los espíritus que deambulan por las casas; regresan si les tocas sus cosas preferidas, como el cuarto, el piano, la cama, o la recámara. Entonces los ves, aunque no sean conocidos tuyos, porque esos objetos le sirven de llamador.

Un día, mientras se bañaba, la mamá se metió a curiosear en el laboratorio. Calculadoras, computadores, libros, revistas. Miró todo con sumo cuidado sin tocar nada. Le llamó la atención un montón de pastillas metálicas y una curiosa nave con varios tableros y muchos botones.

-Esta es mi nave espacial, por aquí por la ventana salgo a pasear cuando alguien me llama, o me evoca. Y estas pastillas, como tú dices, son baterías de energía sideroplanoespaciales

-¿Por qué tantas?

-Madre, es mejor evitar las emergencias. Una sola de estas me alcanza para ir y volver a Alfa Centauri, porque no me voy por la velocidad, sino por el ducto témporo- espacial. Por aquí resumo los 37 billones de kilómetros que se emplean en ir y volver de ese sistema solar, el  más cercano al sol.

-¿Verdad hijo?

-Si madre.

-¿En cuánto tiempo?

-Como aun no he ido, no te puedo decir exactamente, pero las navecillas que he enviado se han tardado un mes.

– ¿Y eso es mucho hijo?

– Ni tanto madre, ni tanto. Espero que en vacaciones me des permiso para viajar. A propósito, el viernes empiezan, no te olvides de llamar a mi maestra para ver cómo salí en el período.

La madre que todo lo tomó como un juego de su hijo adolescente, le siguió la corriente.

-Hijo mío, tú eres mi único tesoro, me moriría si  te perdieras por allá en esas dimensiones.

-No seas cruel, déjame ir. Nada tienes que temer, mira que una sola de las pastillas me alcanza para ir y volver, no obstante me llevaré veinte, caben aquí en este pequeño frasco. Depositaré otras por allí en las paredes de la nave y otras aquí en el reloj. Por la nave no te preocupes, es inteligente, flexible, resistente y segura. Tiene todas las opciones de climaterio. Además se detiene con el pensamiento y vuela a mi entera voluntad. Amén de que me avisa de los inconvenientes en la vía, hasta en una distancia de 12 billones de kilómetros. Ya la he probado yendo a Marte, a Venus, a Mercurio, Júpiter; hasta Saturno he ido los fines de semana. Descubrí que hay estrellas y planetas que giran a la derecha y otros que giran a la izquierda. He ido al pasado y al futuro. El futuro es blanco, no hay nada, apenas lo que va llegando del presente. El pasado, madre, el pasado no está atrás, sino al frente, hay que atravesar todo el futuro, no lo busques atrás porque jamás llegarás. No me volví niño cuando estuve en él, ni me volví viejo cuando estuve en el futuro. Ahí, en el pasado, las cosas están flotando en su órbita, nada puedes tomar para traer, ni nada puedes llevar para dejar. Es como el computador que no te cierra si tienes una ventana abierta. Lo mismo en el futuro, nada puedes llevar y dejar allá. Todo se vuelve contigo. Si supieras madre que el futuro está muy cerca del presente; se tocan.

-Hijo mío, ten cuidado, no descuides la escuela por estar de ilusionista, mira cuánto dinero tirado en todas estas cosas.

-Madre, apóyame; no desintegres mis iniciativas. Quiero recoger un poco de basura hélica transversa, que estorba en la atmosfera interplanetaria. ¿Qué es? Pues fracciones de cuerpo solar que se desprenden y que al contacto con la Zona Fría se metalizan.  Debo conocer a Alfa Centauri y a su gemela Próxima Centauri e ir más allá, a los feudos divinos donde mora el Creador.

Rolando vivía con su madre, joven y esbelta, que no se había vuelto a casar por temor a otra decepción amorosa como la vivida por culpa de su ex esposo, quien la abandonó para seguirle los pasos a su novia de colegio. Él y Rolando se la llevaban bien, adoraba a su hijo, por eso nunca le negaba el dinero. Dinero que él empleaba en revistas, libros, equipos y softwares.

Se levantó contenta, muy contenta, era sábado, se dirigió al cuarto del hijo a mostrarle los boletos de avión, se irían de viaje a Cartagena, era una sorpresa, regalo que le estaba haciendo por los buenos resultados en la escuela. Qué raro, su hijo no estaba. Alarmada se fue al laboratorio, la sorpresa casi la tira al suelo, la nave tampoco estaba.

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