¡Taxiiiiii!. Autor: Gustavo Luben Ivanoff

Paro el taxi casi sin fe.
Es que por esta calle lateral sólo circulaban los que van con pasaje.
Me equivoqué.
Con brusco movimiento cambió el rumbo del vehículo y con el chirriar de las cubiertas muy próximo al cordón, se detiene.

-Al Hospital – le digo.

Mi orden fue como una luz verde para emprender su loca marcha.
Quiero romper el hielo con un simple pero real:

-¡Qué calorón! ¿No? – pero no obtengo respuesta.

Las gruesas gotas de sudor surcan su frente, algunas se escurren por el cuello para desaparecer en la camisa y otras, más atrevidas, cuelgan de su mentón hasta que el peso las hace caer sobre el abultado vientre que roza el volante. El pelo rizado parece no recordar el último paso del peine. Se lo ve ensimismado en sus pensamientos, por lo que me limito a mirar el paisaje urbano que veloz pasa ante mí.
Conduce de manera feroz.
Un semáforo nos detiene un instante, que parece eterno, no circula el aire dentro del taxi. Trato de distraerme observando por la ventanilla, puedo divisar una iglesia del otro lado de la boca calle.
En cuanto la luz cambia a verde, las cubiertas se quejan ante la exigencia del taxista. Al tiempo que se santigua acaricia sutilmente una de las estampitas que hay junto al parabrisa, y acabó balbuceando algo que no puedo escuchar, mientras frota entre su pulgar e índice el crucifijo del rosario que cuelga del espejo retrovisor.

Gira bruscamente en la esquina, un anciano que cruza la calle cargado con dos enormes y pesadas bolsas quiere apurar el paso, el taxista sólo atina a esquivarlo, cuando hubo comprobado el rostro de desesperación ante la impotencia de huir, espetó:

-¡Eh! ¡Viejito! Mandá a tu hija a hacer las compras – y suelta una aterradora carcajada sonora.
-Se salvo por milagro – dije por decir algo.
-No amigo – me contesta – se salvo porque yo quise.

Espero un poco y tiro una pregunta como para entablar diálogo:

-¿Hace mucho que tiene el tacho?
-Ojalá fuera mío! Hace tres años que se lo manejo al Carlo’
-Ah! – respondí sin saber quien era “Carlo”
-¡Mamita! ¡Que yegua! ¡Por vos me vuelvo animal! – Le grita a una niña no tan niña vestida de colegiala no tan colegiala.
-¿La conoce? – le pregunto sin comprender como era capaz de hacer una pregunta tan tonta.
-¡A esas las conozco muy bien! Se hacen las santitas pero son unas atorrantas de aquellas.

Un colectivo se cruza en nuestro camino, y nos obliga a una maniobra brusca, comienza a recitar un enfervorizado repertorio jamás escuchado, al tiempo que se pone a la par y le pregunta al chofer del transporte de pasajeros

-¿Quien te dió el registro de conducir? ¿Estudiaste por correspondencia?

Enciende la radio, a cada noticia, le aporta un comentario “clarificador” ¿Pensará que no entiendo?. Cuando comienzan a repetir las noticias opta por buscar en el dial una emisora que brinde música para relajarse.

Se detiene a tararear un par de cuartetazos y su búsqueda concluye con los primeros acordes de Ricardo Arjona.

-¡Esa es mi favorita! – me dice observándome por el espejo retrovisor – Este tipo es un genio, escuche jefe… – Y canta a viva voz, casi gritando – “Que es lo que hace un taxista engañando a la vida…”

Continúa delirando toda la canción, me pare que quiere demostrar que sabe la letra, porque siempre se anticipa al cantante. Yo la conozco y su poesía se refiere a las vivencias de un taxista con vocación social, que ofrece sus servicios de consuelo a una despechada rubia que busca en el taxista consuelo y atención.

-¡Es verdad lo que dice la letra! – dice guiñándome un ojo – Acá en el “tacho” las minas se regalan, “hasta la más finoli se vuelve chichises”, antes dudaba si era por el “fierro”, por la merca que tengo, pero ahora me queda claro: ¡¡¡Son los años Papá…!!!

Siento ganas de bajar, pero temo por mi vida.
Una mujer circula a escasa velocidad e impide que la ultrapasemos.

-Estas minas son unas inútiles, ¡Anda a lavar los platos! ¡Koleston 2000!

Otra iglesia y el ritual, santiguarse, acariciar otra estampita y frotar el crucifijo al punto que rezaba. Esta vez pude escuchar algunas frases sueltas.

-…Hazme cada día mas bueno, comprensivo… Te rugo por un mundo mejor e igualitario…

Maneja con una sola mano y puede ver por el espejo que lo hace con los ojos entrecerrados, como en transe por la devoción.
Espero a que detenga el taxi en un semáforo y le digo:

– Me bajo aquí, tome, gracias y quédese con el vuelto.

Puedo escuchar que me grita que no es el nosocomio solicitado, que ahí no podía descender el pasaje, que estaba transgrediendo las normas vigentes, que me iba a hacer responsable si le quitaban la licencia, y no se que otras cosas mas.

Cuando hube ganado la vereda de enfrente, subo unos escalones de mármol, giro y puede ver como la luz verde le permite arrancar veloz y sonoro al tiempo que con su dedo índice en la sien me hace un gesto que estoy loco, también puede ver que suelta el volante, para acariciar la estampita.

Doy media vuelta y compruebo que la iglesia está abierta. Un lisiado me ofrece una estampita y un rosario.

No dudo en entrar.

Quizás pueda encontrar las repuestas…

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Un Comentario

  1. carnioli

    Buenazo!!! le falta una e en la frase: Te rugo por un mundo mejor e igualitario…

    Pero me gustó.
    Un abrazo

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