Los Paseos. Autor: Karen A. Secas


A finales de octubre y principios de noviembre del año 86 se dio para algunas personas un festival en Melgar, yo como sabia que mis papas no me iban a dejar ir tan fácilmente, pues como siempre tuve que inventarles toda una película, les dije que me habían invitado para una finca y que iba a ir con los padres de un compañero x de la universidad. Mis padres accedieron al permiso y me dispuse a ir al paseo. Obviamente el paseo era con un grupo de amigos de los bloques y como por variar esto lo habíamos planeado tiempo atrás entre partidos de futbolito y baloncesto, cada descanso o  cada encuentro daba pie para planear el tan anhelado paseo. Nos reunimos algo así como cuatro personas a saber: César M., César G., César A., Jorge E., William , Diego C. y este pechito. Recuerdo que el primer día que llegamos a  Melgar era todo un hervidero no solo por el calor tan infernal que estaba haciendo sino porque había una mano de mujeres para todos los gustos y nosotros de la capital, pues matrimonio perfecto, que derroche de dinero tan verraco a tal punto que nosotros que íbamos con gastos pagos por 5 días incluido el hotel, pues uno de nosotros tenía un familiar dueño de un hotel de paso en Melgar y este nos dio posada en el luga Como quien dice por la dormida no teníamos preocupación, en cambio por la comida si, pues el hotel como era de una persona de confianza este puso el reparo que no tendríamos la comida, además porque nos saldría a precios de hotel cosa que en esos tiempos no era fácil cubrir económicamente hablando.  Para concluir el viaje solo disponíamos de muy poco dinero ya teníamos comprados los pasajes de venida a la capital pero teníamos el dinero contado para medio comer y para la rumba pero al ver tanta mujer junta y con ganas de todo, pues se puede decir que nos gastamos el mismo día todos todo el dinero, solo nos quedaba algo extra para desayunar o almorzar o comer, pero alguno de los tres golpes, el caso es que lo que finalmente hicimos en el dichoso paseo fue comprar comapán de 22 pedazos y lo pasábamos con masato, esto nos ayudaba a mitigar el hambre que con la ayuda del cigarrillo, nos bandeábamos para mamarle gallo al almuerzo y a la comida. Recuerdo que un buen día hicimos algo de lo que no nos podemos arrepentir, y fue que nos robamos una gallina con perseguida y todo y le pagamos a la muchacha del hotel para que nos hiciera un caldo de gallina, pues llevábamos tres o cuatro días a punta de comapán y masato, eso fue no solo para risas de parte y parte sino que el dueño de la gallina nos denuncio a la policía, resultamos metidos como quien dice en la cárcel y culpados por robo. A algunos nos toco barrer por dos días seguidos el parque principal, a otros les toco recoger hojitas que en condiciones normales les tocaba a los policías del pueblo.

El caso es que un paseo con todo pago desde Bogotá que supuestamente iba a durar cinco días, se dio en tan solo cuatro y con gastos a medias, pero eso si nos divertimos como locos. Tanto fue el divertimento que para los 100 años de Calarcá empezamos a planear el paseo con casi un año de anticipación, teníamos en César A. el compañero de viaje perfecto, pues su familia era oriunda de esos lados y lo convencimos para que a su vez convenciera a su familia para que nos diera posada. Para ese paseo solo asistimos 4 personas, César A., César G., César M. y yo. Esa vez no hubo mentiras entre nosotros y nuestros padres, hubo total sinceridad a tal punto que convencimos cada por su lado a las respectivas madres y ellas a su vez entre ellas, es decir que hablamos con la verdad a tal punto que hasta hubo colaboración económica de su parte. Nos fuimos por tierra hasta Calarcá, se celebraban los 100 años de la ciudad y el pueblo estaba a reventar, con una cosa que no contábamos para ese entonces es que César A. no había concretado la comida con su familia, teníamos asegurada la dormida como en paseos anteriores pero la comida estaba en veremos, entonces nos dimos a la tarea de aventura Llegamos a Calarcá, como lo esperábamos el pueblo estaba a reventar, personas de todas las edades dentro y fuera de las plazas y los parques, toda una rumba, trago y mujeres a nuestra disposición. Dormimos de a dos en dos camas que nos facilito la abuelita de nuestro amigo y para las comidas y gastos había plata de sobra, teníamos una salvedad que César G. estaba recién estrenando puesto y contaba con una tarjeta de crédito, es más antes de arrancar nos había ofrecido prestar por si nos hacía falta. Recuerdo que en esa época estaba de moda en ese pueblo Pastor López y Cariñito era el disco de las fiestas, una noche yo creo que me lo bailé por lo menos unas treinta veces, que locura de paseo. Hicimos bastantes amigas y nos volvimos populares no solo por ser de la capital del país sino porque en general todos bailábamos de una forma diferente a los visitantes y pobladores del luga Yo por mi parte no tenía problemas con eso y digamos que en cierta forma me destaque en el grupo. Recuerdo que nosotros bebíamos sin medida desde las 8:00 o 9:00 de la noche hasta pasadas las 3:00 de la  mañana del siguiente. Comíamos para mitigar el hambre y quitarle el efecto al aguardiente unos gordos que vendían en unos puestos de comida, que obviamente en sano juicio no podíamos ni si quiera ver, pero que en medio de la borrachera nosotros los extrañábamos. Ese paseo duró algo así como una semana, aunque no lo habíamos descartado del todo llego el momento de las despedidas y a algunos entre los cuales me encontraba yo se nos acabo como se dice literalmente el dinero a tal punto que no teníamos para el pasaje, entonces la mano auxiliadora que llevábamos a tres nosotros nos dio la mano, César G., nos ofreció un negocio, dijo: yo hago un avance de la tarjeta de crédito y les prestó la plata para el pasaje de vuelta, cuando lleguemos a Bogotá, ustedes simplemente me pagan el dinero y si cobra intereses pues los dividimos entre tres y solucionamos el problema. El caso es que el negocio era bueno, la inversión no era mucho y venia de un amigo. Así fue, el amigo César G. hizo el avance en efectivo sobre su tarjeta de crédito, nos presto el dinero a tres personas, compramos los pasajes y nos dimos a la vuelta para Bogotá, en medio de agradecimientos a la familia de César A. por todos los favores y por la posada en nuestro viaje, de los sollozos y despedidas de las amigas que dejamos en el lugar, retornamos a nuestro sitio de partida. Llegando a Bogotá lo primero que hice fue hacer un préstamo para pagar la deuda, así lo hice, pero con tan mala suerte o no sé, pero César G. ya había cambiado su posición con respecto al dinero, a mí personalmente me cobro el interés total de todo el dinero, no iba a ser repartido como lo habíamos acordado, por el contrario yo estaba pagando todo el dinero con intereses impuestos por él y a los otros amigos no les había cobrado sino el dinero neto, recuerdo que lo enfrenté, le hice las preguntas de rigor y de todo esto quedo una experiencia y es la siguiente: no hay que confiar en borrachos cuando de plata le hablen a uno y la otra experiencia es que no todo los que uno cree son amigos de uno. El caso es que yo me abrí de ese grupo, pienso que hice bien en esa ocasión y seguí mi vida como si nada, sin antes pensar un poco en la falta de carácter de algunas personas. Yo por mi parte seguí mi vida como si nada, con obviamente mis reservas con el ex amigo, pues ya la amistad para él era más un negocio y como yo lo comente con algunas de las personas del barrio pues esa fama ya estaba creada.

En  una oportunidad llegó un nuevo personaje al conjunto era una familia que tenía sus orígenes en el barrio la esmeralda de Bogotá, ellos eran dos hombres Mauricio y William  y una pelada por cierto muy bonita, Claudia la cual llegó con novio incluido, un flaco que estudiaba arquitectura en la Nacional. Esa familia tenía sus raíces en Agua de Dios una población que queda en el departamento de Cundinamarca en límites con el Tolima y que su gente tiene una particularidad que las diferencia de las demás y es que su población en su gran mayoría sufre de lepra. Nosotros fuimos a pasar unas vacaciones y fiestas allá en Agua de Dios y no me lo van a creer duramos bastante tiempo en probar comida en el pueblo, ni helados de clima caliente ni mucho menos gaseosa y cerveza y de peladas ni modo porque la mayoría tenía sus claras evidencias de lepra y personalmente yo tenía ciertas reservas con eso. Averiguamos por intermedio de los abuelos de nuestro amigo que esa enfermedad era hereditaria y que por ende solo pasaba entre generaciones pero con tratamientos especiales iba desapareciendo, además no es contagiosa, por lo cual nos dimos a la tarea de comer cuanta delicia había en ese pueblo, de ahí en adelante empezamos a visitar con más frecuencia el pueblo pues bajábamos desde la finca de los abuelos de nuestro amigo que quedaba a media hora a pie. Conocimos la cantidad de gente con el problema pero para nosotros después de haber experimentado el antes y el después, ya nos era totalmente indiferente, a tal punto que el que destapaba la cerveza y la gaseosa pasaba sus dedos sobre la boca de la botella y nosotros sin asco nos la metíamos como si nada, el que vendía los helados le quitaba el papel y nosotros los consumíamos también sin problemas, es más recuerdo que en alguna oportunidad de nuestro viaje se presentó una fiesta y asistimos, bailamos y disfrutamos con personas del pueblo sin importar la enfermedad. Para la venida a Bogotá fue todo una odisea pues en esas fincas y en esa región la gente vivía del cultivo del algodón, nuestra tarea consistía en recolectar un saco de algodón, el producto de esa recolección la vendíamos al caporal, este nos pagaba y de ahí sacábamos para los pasajes para Bogotá, mientras nosotros entre los cuatro recogíamos una carga, habían campesinos que recogían hasta 5 y 6 cargas por jornada, el caso es que nos costó bastante sacrificio el volver a nuestra ciudad de origen y lo más rico del paseo conocer otras costumbres de las cuales a hoy me siento orgulloso de haber sido parte de ello.

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