Las desventuras e infortunios de un viajero que recobró el rumbo. Autor: Vicente Gómez Quiles

Ciertamente existen los ángeles de la guarda. Al mío, lo he sentido muy cerca en un par de ocasiones. Reconozco no haber destacado hasta ahora. Tal vez, por el valor en los momentos crudos. Apreciar la auténtica bondad que habita en esas personas que te aprecian de verdad, sin condiciones, por ser cómo eres y confiar en la buena fe de los demás conformen mi buque insignia vaya por donde vaya. Siempre he querido relatar. Compartir, dar a conocer mi viaje a Estrasburgo y creo que es ahora una ocasión ideal con el actual Certamen de Viajes Moleskin. Haber podido visitar la hermosa zona de Alsacia, para mí tiene un significado muy especial. Básicamente porque años antes llegué a pensar que nunca podría visitar ningún otro lugar en condiciones normales. Incluso, que lo más lejos que llegaría serían los mil quinientos metros que me llevaban a las pruebas cotidianas en la sala de rehabilitación del Centro de Salud.

Todo empezó, por así introducirte en los hechos; cuando desde siempre he querido olvidar cuanto antes, claro está, en la medida de lo posible. Aquel accidente que me dejó postrado en esta silla de ruedas durante tres años y seis meses. Una mañana soleada de lunes mientras marchaba al colegio Virgen Santa María. Recuerdo aunque no quisiera. Con esfuerzo y Dios es testigo, para que puedas conocer (vuelvo a reiterar), los acontecimientos tal y como se desarrollaron. La rehabilitación fue durísima. Parecía no acabar. Un mal sueño. Pero también tenía pesadillas mientras dormía o por lo menos intentando descansar un poquito. Despertándome exaltado, infelizmente empapado en sudor y pidiendo auxilio a mi madre. Resultaban ser sueños extraños, ocasionalmente jugaba a fútbol y de repente caía en una zanja descomunal donde antes no había ninguna grieta. Quedando empotradas mis piernas y ya nunca más, jamás salía de ese hoyo. Por muchos intentos volcados no había manera de salir por mi propio pie. En otros sueños no sentía dolor alguno y aquello me producía un bienestar tan grande que a veces eyaculaba las sábanas sin masturbarme. Fueron unos meses interminables. Derramando esfuerzos pero había días que la desesperación me enclaustraba al miedo e irremediablemente retrocedía los progresos alcanzados hasta la fecha. Debo volver a caminar como antes me repetía una y otra vez. Siempre ubicado al margen de mis compañeros, ausente a los acontecimientos cotidianos anteriores y que no agradecemos debidamente cuando los tenemos. Como si me hubieran embutido en otro cuerpo ajeno al mío. Parecía estar viviendo otra realidad que no me pertenecía. No sé amigo lector, si alguna vez has tenido una sensación similar. Ese deseo e ímpetu interno por donde fluyen todas tus fuerzas encauzándose en un solo objetivo: modificarlo todo y tras la estática invariabilidad. Luego, asimilas la densa impotencia por no poder hacer nada al respecto.

Querer es poder me insistía. Si reprodujera todos los ánimos promulgados en mi persona. Todas las conclusiones. Aprendizajes que me fui enseñando. Y los plasmara en estas líneas. Seguramente no entraría y sería rechazado mi relato en el Concurso por no cumplir. Sobrepasar con la extensión máxima permitida en las Bases del presente Certamen. Porque todo es un trámite, una continua prueba. Demostrarnos que aunque te cierren una puerta. Vayas donde vayas todos somos importantes. Valemos mucho y a veces no nos damos cuenta.

Al principio tenía visitas de otros alumnos aunque prefiero llamarlos compañeros. También de vecinos y familiares lejanos, pero con el tiempo me fui quedando solo. Con el único apoyo de mis padres y hermanos. Es curioso pero después de éste cúmulo de infortunios. Sobresale la percepción de haber estado muerto o inexistente como un vegetal y hubiera resucitado. Por eso digo que mi ángel de la guardia se me apareció dos veces. Una al salvarme la vida después del accidente y otra al sacarme de esa actividad limitada para volver a sentirme como era antes de que ocurriera el ciclo de éstas desventuras. Cuando estaba en la silla pensaba que estaba en otro cuerpo. Un envoltorio que guardaba cierta similitud al que tenía pero realmente no podía reconocer cien por cien como mío.

Los comienzos son difíciles. Para mí fue desesperante. Tumbado en una camilla del hospital. Aún me emociono si pienso en la expresión de mis padres cuando abrí los ojos tras el estado en coma. Volviendo a la vida. Sucedió mientras marchaba al colegio disfrazado con ese ridículo uniforme celeste y llevando la mochila en la espalda por un paso de cebra. El brutal impacto, dicen los que lo vieron, me hizo voltear en el aire y caer a seis metros de donde quedaron mis zapatos. Afortunadamente, estoy aquí escribiéndolo. Tuve que esforzarme en gran medida para poder recuperarme física y mentalmente. También luché para recuperar el tiempo perdido, pero esa maravillosa batalla nunca se gana. Cuando me di cuenta se habían terminado las ganas por jugar al fútbol, o a las canicas que tanto me gustaban, y mi infancia quedó interrumpida, tallada e inocentemente vacía; dio paso a una adolescencia compleja pero inyectada en ilusiones. Como ésta ilusión, semejante al amor, y que pongo en estos momentos, contándoos mi verdadera historia. Y para no ser aburrido y como se trataba de mi extraordinario viaje a Estrasburgo. Prometo no volver a mencionar más mi pasado sobre dos ruedas.

Para entonces, mi hermano mayor ya había concluido la carrera de medicina en Valencia. Nosotros residíamos habitualmente en Castellón. Actualmente los tres hermanos estamos cada uno en un punto de España tirando con nuestras vidas aunque por suerte, podemos vernos a menudo y quedar para comer en esas inolvidables comidas de familia. Mi hermano estaba realizando unas prácticas de cirugía en Francia, concretamente en Estrasburgo. Llevaba concluyendo los dos meses del verano y las pocas veces que hablamos por teléfono lo notaba triste, apocado, necesitado de compañía. Yo hacía poco había empezado a andar y estaba tan cargado de optimismo que contagiaba a los que me observaban por la calle. Sabía que mi hermano llevaba solo durante muchos días y las cosas no le estaban saliendo como él quería. Había planificado realizar intervenciones pero al parecer todavía no le habían dado autorización para ejercitarse. La novia tampoco podía desplazarse allí por cuestiones económicas. Ahora, en la actualidad, es su mujer y tienen dos hijos que son mis ojos aunque no los vea a todas horas. Pero eso, son cuestiones personales que no vienen a cuento. Entonces, sin dilación. Decidí hacer la maleta, sacar todo el dinero del cajero automático y me dirigí a la estación de autobuses para sacar el billete. El viaje algo anodino, lo recorrimos prácticamente de un tirón. Creo que duró unas doce horas aproximadamente con una única parada en Lyon. Al llegar a la estación de Estrasburgo pude reconocer en seguida a mi hermano. Hizo propagados esfuerzos para no llorar y nos abrazamos aunque sinceramente yo no pude evitar soltar algunas lágrimas. Mi hermano, Santiago, siempre ha sido muy protector y me ha ayudado en mis momentos pésimos. Lo quiero tanto, nunca tendría suficiente para demostrárselo. Visitamos lugares emblemáticos como la insignia del hombre de hierro, la preciosa casa Kammerzell totalmente construida en madera. Parecía extraída de un cuento de Andersen. El Buerehiesel, un gigantesco jardín con infinidad de flores multicolores, áreas muy bien cuidadas y redondeadas. Bordeando unos azulados estanques diáfanos que se perdían en el horizonte entre los inmensos sauces, abetos y otros frondosos árboles. Un Salón de Té sobre el llano de la gratificante hierva ligeramente mojada. Al que llegaban decenas de ciclistas de todas las edades. Cuando hay paz, la satisfacción inunda desde el corazón y cualquier entorno se vuelve mágico. Recobrando colores y detalles incluso más latentes e intensos. Visitamos La Catedral gótica y anaranjada. En otra época me comentó Santiago, que el poeta Goethe subía a lo más alto de la Catedral para curarse del miedo que tenía a las alturas. En eso me debía parecer a él, porque ahora que puedo mover las piernas, también me tiemblan al sentir el vértigo. Las orillas del Ill con sus puentes cubiertos y donde cerca descubrimos un hermoso restaurante. En eso, una sutil ráfaga se adueñó de mi expectación. Contemplando una motora cruzando en ese preciso instante mientras atravesábamos el espectacular puente. En el río se creaban ondas. Formando efímeras luminiscencias plateadas que se abrían al paso de la motora. Había una terraza de un antiguo restaurante, adornado con sombrillas rojas y mesas blancas con manteles de cuadros rojos y blancos. Idénticos también a las servilletas. El local daba frente a la fabulosa panorámica de los surcos inquietantes. A esos reflejos que se formaban en el agua tras el paso de las pequeñas embarcaciones. El gusto por la armonía y la búsqueda de la belleza se podía palpar en cada instante. Por fin, estaba involucrado al silencio más deseable y a la pura felicidad del completo gozo de mi existencia. Ajeno a mis transitadas frases golpeando el yunque de mis desánimos. Invadidos de nuestras jovialidades, decidimos sentarnos. Las sensaciones atravesaban directas y etéreas. Perdiéndose por todos los agujeros, perfiles y contornos de las fachadas. Desde el centro del maravilloso círculo que delimitaba magistrales movimientos de patos y cisnes. Vuelos acompasados y rítmicos como un vals de luces y sombras. Se deshacían nuestras pupilas de encanto. En unos trazos rectos, a veces curvilíneos. Donde anidaban abajo los winstub próximos. En los winstub, la gente plácidamente degustaba jarras de vino de Alsacia en típicas copas de cristal con bases de cristal verde. Jamás sentí tantas vivencias en tan poco tiempo. Es como las luciérnagas intensificando sus quehaceres en la brevedad impuesta. Estaba con esa persona que no necesitas buscar para disfrutar el momento. Ese ser maravillosamente imperfecto y perfecto a la vez, como tú y como yo. Como todos nosotros. Mi queridísimo hermano Santiago. A quién más quería, quiero y querré. Y además, en un lugar impertérritamente magistral, letalmente paradisiaco. Imposible hubiera sido, sustraerlo del mejor de mis mejores sueños. Cuando se acercó la muchacha y nos entregó las cartas del menú nos entró la risa. Tenía la sensación que él sentía lo mismo que yo. Incluso diría que los dos por primera vez en nuestras vidas, éramos como gemelos que sienten, sufren y padecen los mismos dolores e inquietudes. Misteriosamente fundidos en un idéntico ser. Era como si en ese preciso instante, mi ángel de la guarda se hubiera personificado en Santiago. No precisábamos hablar porque estaba todo dicho y ninguno tenía que descubrir nada sobre el otro, porque lo sabíamos. Aquello que debíamos saber estaba con nosotros. Más que cualquier marca hecha a hierro fundido o cualquier tatuaje en la piel. Mi francés era pésimo. Dejándome aconsejar por mi hermano a la hora de pedir volvimos a sonreír. A la camarera le señalé el plato que pidió Santiago y reímos los tres en esa instantánea. Nos sirvieron unas enormes salchichas con coliflor hervida. Creo que jamás probé verdura tan rica, y todavía sigo sin saber cómo la preparaban para que desde entonces quiera volver siempre allí a la hora de comer.
Regresamos en bus hacia la Residencia. Ese día mi hermano no acudió al Hospital. Estaba harto de que los médicos del hospital no le dejaran operar y hacer prácticas con los enfermos por ser extranjero. Aunque puntualizaba que los médicos franceses, dejaban ensayar antes a un médico argelino o marroquí antes que a un futuro cirujano español. No sé si en la actualidad habrá cambiado algo ese asunto. Comprendí enseguida la desolación de mi hermano. Santiago pletórico de ilusión. Aprovechó la ocasión para realizar prácticas. Coger experiencias fuera. Pero no le daban cancha. El trayecto en este segundo autocar lo hicimos sentados. En el anterior recorriendo la ciudad no pudimos. Seguramente porque la línea no era tan concurrida. Apenas viajaba gente en los diversos transportes públicos a esas horas. Casi todos se desplazaban en bicicletas por lo que observaba. Eso clamó mi atención. Las casas eran mayoritariamente blancas o con tonalidades claras, de dos o tres plantas, con pequeños terrenos idílicos con césped abundante y vallas de madera. Sus cubiertas prácticamente triangulares. La gente parecía feliz, pero en esos momentos no tanto como nosotros. Santiago puso la mano derecha sobre mi hombro para indicarme que habíamos llegado. En la parada había una indicación que ponía Robertsau hacia la derecha. Caminamos por una acera ancha y empedrada unos doscientos metros llegando a la Residencia de estudiantes. Una mansión enorme rodeada de un bosque que parecía no tener fin. Se oía a unas palomas voluminosas y grises pasando con ligera dificultad de una rama a otra. Nos detuvimos en la entrada. Tuve que bordear parte de la Residencia para colarme por la ventana. Intentando no llamar la atención de aquella anciana que solía quedar en recepción, de pie, inmóvil, como decoración anexa de la mesita mientras miraba una televisión diminuta. La señora era dueña del negocio y no permitía visitas. Santiago me advirtió que tenía cierto carácter extraño, huraño. Implacable con sus propias normas. Santiago me advirtió de su origen alemán. Mi hermano bromeaba diciendo que se trataba de una nazi. Bromeó al confesarme que era descendiente del mismo Hitler. Aunque la verdad sea dicha, y sea excitante hacer un “sinpa”, es decir, de vez en cuando consumir algo sin pagar. Tampoco quedaban habitaciones libres. Por lo que acepté el reto, trepando por un tronco y saltar al interior. ¡Qué ganas tenía de trepar, saltar y en definitiva de moverme! Cogimos un colchón y unas sábanas que olían a funeral. Guardadas en un armario del pasillo. Los servicios y las duchas quedaban al final del corredor. En la residencia había chicas que también empleaban los mismos aseos. Esperé un rato detrás de la puerta a ver si veía pasar alguna. Visité las cuatro plantas del edificio y las cocinas de la planta baja. Se me ocurrió organizar una fiesta de bienvenida por la noche. Poco a poco fui conociendo a los que moraban en aquel enigmático lugar.

Alrededor de las ocho, la vieja se largó de la Residencia, para irse a dormir a su casa que estaba en la misma Avenida. Cuando cerró la puerta, pensé que era la ocasión. Empecé a avisar a los demás golpeando las puertas y dando órdenes. Decidimos organizar una cena internacional. Unas italianas prepararon espaguetis en una cazuela de algo más de medio metro de diámetro. Un argelino hizo cuscús. Cada uno aportó lo que buenamente sabía. Yo preparé una riquísima sangría que servíamos con un cucharón metálico. Nos juntamos alrededor de veinte, ubicados en el exterior para aprovechar el espacio y evitar el calor que había dentro del edificio. Observaba a mi hermano que permanecía campante mirando la fiesta que tanto se merecía. La noche fue un éxito. Mi hermano enterró esa soledad. Compartí las últimas horas con una de las italianas.
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A la mañana siguiente, volviendo a la habitación de mi hermano, estaba vacía y me había dejado una nota junto a la repisa de la ventana. Decía que se había marchado al Hospital. Me dejé caer sobre el colchón que tendimos en el suelo. Al rato, oí entrar a mi hermano que llevaba dos bolsas amarillas de una marca de supermercado. Comimos unos sándwiches de queso y jamón York, yogures y un melón muy dulce. Hablando, me contó que por primera vez le habían dejado operar. A mi hermano también le visitó su ángel de la guarda ese día. Su rostro denotaba satisfacción, inmensamente radiante. Me alegré tanto por él. Salimos a celebrarlo, yo atajando por la ventana como un ocupa arrepentido cuando escucha el sonido de unas llaves. Tomamos cervezas en un local que se decoraba con un alambique color cobre, en perfecto estado.

Prácticamente, pasaron los días sin darnos cuenta y regresé. A las pocas semanas volvimos a estar juntos en España. Mi hermano siempre me agradece la visita durante esas fechas, porque estaba solo, triste, pasando una mala racha anímica. Yo no lo veía así, cada uno piensa de una forma. Yo antes pensaba que un conductor al que nunca identificaron. Me había robado parte de mi vida. Pero no es así. Son las circunstancias. Nada es sencillo. Todo requiere sacrificio. Poner de nuestra parte y amoldar lo mejor que podamos los imprevistos. Muchas veces lo pensé. Si no hubiera estado contando el número de canicas que guardaba en la bolsa. Si hubiera mirado antes de cruzar el paso de cebra. Tal vez mi destino hubiera sido otro. Tal vez si no existieran los ángeles de la guarda. No estaría aquí sentado en una silla sin ruedas contándolo.

Es evidente que el tiempo, nuestro tiempo, es el mayor regalo. Sólo importa el consumado instante, estar aquí para contarlo. Nada hay como la vida, con todas sus grandezas por pequeñas que parezcan, y poder disfrutar los mejores plazos con los tuyos. Aunque transcurran fugaces y no podamos echar la vista atrás sino es con la vía del recuerdo o incluso, aunque duela hacerlo. Merece la pena compartirlo. Y sólo por eso me he decidido a contar este relato.

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  1. Carlos Buj

    Me ha gustado mucho. Muy expresivo. ¡Adelante con la aficiòn.¡ De tu amigo, que sabes que te aprecia. Carlos Buj

  2. Antonio

    Son unas lineas que nos descubren el instinto de superación y lucha. Francamente me ha sorprendido la belleza de relatarlo.

  3. Laura Fuentes

    Muy bonito relato, me gusta y es impresionante la forma tan agradable y optimista de ver los infortunios de la vida. En hora buena al autor.

  4. Barbara

    Este relato me gusta mucho, estoy pasando por una situación similar que me da una luz de esperanza para el futuro. Muchas gracias por escribir cosas que te hacen reflexionar.

  5. Anita

    Me recomendaron este relato y lo hemos leído todos en familia. Nos a parecido muy bonito. Estuvimos en Strasburg hace unos años y nos hace recordar momentos agradables de nuestro viaje por Europa.
    Congratulations to the author

  6. César

    Un relato enternecedor. El personaje tiene ese espíritu de lucha que deberíamos tener siempre.

  7. Liliana

    Me gusta el relato, es muy optimista y muy acertado, de fácil comprensión y agradable al lector. Doy mi voto favorable al autor.

  8. Margarita

    Fabuloso. Muy lindo. Felicidades al autor. El protagonista del relato tiene unos buenos sentimientos preocupándose del hermano, después de lo que ha pasado. Me encanta esa mentalidad tan positiva

  9. Alicia

    Pareces tener talento, lo que escribes gusta a muchos y además has sorprendido.
    Bien por tí.

  10. cespedes

    Relato apasionante. Con un título apropiado, sobre todo en lo de recobrar el rumbo. De connotaciones que te hacen reflexionar y animarte ante las dificultades de la vida.

  11. VANESA

    Increible historia y sabía moraleja. Espero leer algo más tuyo.
    Gracias compañero por este relato, es formidable.

  12. Came

    Muchas felicidades al autor de este precioso y emotivo relato, has conseguido impresionarme…porque además de ser precioso y emotivo, como ya he dicho, te ayuda a recapacitar y a valorar lo que tienes.
    Te doy mi enhorabuena!!!
    Seguro que ganas!!!XD

  13. Cristina Sierra

    Que bonito! no sabia que entre mis compañeros de trabajo alguién pudiera darnos tanta sensibilidad….
    gracias por este ratito!
    ya nos darás más…

  14. Rebecca

    Qué lindo escrito, he viajado a ese lugar y me parece una descripción detallada y precisa. Me hizo recordar buenos momentos.

  15. Liset Joa

    Me recomendaron este artículo y la verdad que está muy bien logrado. Me encantaría visitar Europa y conocer más de su historia.

  16. Odalis Bolerí

    Me ha gustado mucho el relato, pues tengo un vecinito que le sucede algo parecido y que no tiene esperanzas de recuperarse. Cuando se lo leí le encantó y sus ojos brillaron con aire esperanzador de un futuro mejor. En hora buena al autor

  17. adrian hernandez catalan

    El titulo me llamo la atencion y al ponerme a leerlo me a a resultado muy bonito y agradabe un 10 para el autor. felicidades

  18. Sandra

    Enhorabuena!

    Un relato para reflexionar!!!
    Muchas veces nos preocupamos por el futuro, sin darnos cuenta de que el presente se nos escapa!!!

  19. Chimo

    Es de lectura agradable. Muy interesente, te hace reflexionar que siempre hay que tirar hacia adelante por muy complicado que se pongan las cosas. Creo que es mas profundo el viaje del protagonista para superar los problemas que el viaje en si para visitar a su hermano.

  20. toniparedes

    Te hace ponerte en la piel del protagonista y vivirlo en primera persona
    Excelente relato .
    Enhorabuena por ese afan de superacion,

  21. javi

    muy bueno, me ha hecho reflexionar mucho…

    es usted un Genio, Sr. Gómez
    en estos momentos tan duros que vive nuestra patria, España, un haz de luz, en forma literaria, siempre es bienvenida

  22. Rosa GG

    Relato delicioso que desprende pureza. Las palabras fluyen fáciles y cantidad de colores alegres se me han representado al leerlo..
    Una clara sensación de optimismo me ha dejado este autor; provocar la felicidad inspira nuestro afán de superación, compartirla nos hará felices.

    Muy bueno.

  23. Cris

    El título me llamó la atención y después de leerlo me apasionó. Da una visión optimista ante las dificultades de la vida.

  24. Camelia Boado

    ME PARECE UN RELATO MAGNÍFICO, PUES ME HA HECHO SENTIR LAS VIVENCIAS DEL PROTAGONISTA COLMADAS DE SENTIMIENTOS DE AMOR, TERNURA, TRISTEZA,… EN UN INSTANTE HA LOGRADO EL AUTOR IMPRESIONARME CON ESTE ESTUPENDO RELATO!!!:)

  25. Julio López Hernández

    Qué bonito relato. Está lleno de ternura. Y muy buena la forma de describir la historia.

  26. Silvia Hernández Prieto

    Creo que es un relato muy ameno y muy solidario, de fácil comprensión y muy detallista a la hora de describir paisajes y acontecimientos. Me ha gustado mucho.

  27. Luis Gómez Quiles

    Me parece un relato directo , expresivo y de facil lectura. Tiene una gran capacidad para transmitir sentimientos. Me ha gustado mucho.

  28. Niurka

    ¿Trata de una historia real? Nunca estuve en Estrasburgo pero de la forma de describirlo debe ser un lugar muy lindo que me gustaría vistar algún día.

  29. Raquel

    Leyendo el relato supongo que son dos viajes los que describe, uno interior, basado en la superación personal del autor y otro viaje real a la ciudad de Estrasburgo. Con mucha ilusión refleja lo bonito de la vida y vé la cara buena a pesar de los infortunios y desgracias. Tiene un carácter optimista de ver la vida y es ejemplo para muchos.

  30. Ana

    Es muy bonita. Soy de Madrid y me encanta viajar y la forma de describir el lugar está muy logrado.

  31. Carlos

    Me gusta el relato, pues me hace recordar una triste historia que cuenta de forma muy agradable y con mucho optimismo.

  32. Martha

    He leído el relato y me ha parecido enternecedor, creo que es una historia muy bonita que me ha conmovido. En hora buena al autor.

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