Ixtlacihuatl, Autor: María Fuentes Gimeno

Se extrañó ante la ausencia de Sara. Desde que comenzó a asistir a la consulta del doctor Li, siempre le había recibido ella. No obstante, hoy la puerta de acceso estaba abierta y su puesto vacío. “Se habría equivocado de fecha”, pensó mientras pasaba a la salita de espera. Ojala. Detestaba con todas sus fuerzas ir al dentista, aunque se tratará, como era el caso, de una simple revisión rutinaria.

La sala de espera estaba vacía. Ángel trató por todos los medios de obviar la colección de láminas quela decoraba. Unadecena de matasanos con vestimenta medieval le miraban desde la pared, recordándole que los instrumentos y técnicas del arte de la extracción no habían evolucionado mucho en los últimos cinco siglos. Ahora todo era más aséptico, sí, pero las caras de dolor de los pacientes seguían siendo las mismas. Para no convertirse en el observador de sus mudos gritos, cogió lo primero que encontró enla mesita. Aúnquedaba un rato para que lo recibieran, si es que hoy era el día, y la perspectiva de pasar el tiempo distrayendo la mente con una guía de viajes sobre México, se le antojó más placentera, así que se puso a leerla concienzudamente.

México Distrito Federal es la capital de los Estados Unidos Mexicanos. Está asentada en un valle que se alza 2.264 metrospor encima del mar y se halla rodeada por una cadena montañosa en la que se encuentran numerosos volcanes. Alguno de los más destacados son el Popocatepetl y el Ixtlacihuatl o más conocido como Mujer Dormida. Su nombre se debe a que su figura se asemeja a la silueta recortada contra el cielo de una mujer acostada. Cuando sus cumbres se encuentran nevadas pareciera que un fino vestido de seda blanca cubriese sus senos de fuego y si uno se sentara al atardecer en alguno de los bancos de Chapultepec, a través de la atmósfera de la ciudad o, tal vez, a causa de su ilusión, creería adivinar el movimiento pausado de su respiración. Sus cabellos, espesos como bosques y del negro verdoso de los abetos al amanecer, caen en cascada por la pendiente de su cuello hasta encontrarse con sus hombros, recostados sobre el fresco pasto del parque. Tiene el rostro ligeramente ladeado, con los ojos, definitivamente orientales, perdidos en el valle, en Chapultepec, en el extraño que le observa sentado en el banco con una guía de viaje en las manos.

Se reincorporó inmediatamente. No debía haberse quedado dormida. Su padre le advirtió que en aquella ciudad toda precaución era poca, y ella, sin más, se dormía en un parque público. ¡Jamás se hubiera atrevido a hacerlo, ni siquiera en Madrid! ¿Sería la paz que emanaba aquella tierra volcánica la que le hubiera abierto las puertas del sueño? Daba igual. No había tiempo.

Iba a emprender el camino de regreso al hotel, cuando alguien le toco el hombro. Se volvió y sus ojos se cruzaron con los del extraño del banco.

-Discúlpeme, pero creo que esto le pertenece. Tiene una foto suya en el interior.

Ana cogió la guía de viajes que el extraño le ofrecía. Sí, era suya. La compró junto a su padre en cuanto se enteró de que iban a viajar a México. ¿Pero por qué estaba en manos de aquel desconocido?

Fue un día de ensueño. Se miraron y se entendieron, y la ciudad adaptó su ritmo al de estos dos desconocidos. Le ofreció un paseo por calles del color de las bugamibilias, les abrió las puertas de sus orígenes en el Zócalo y de su ambiente bohemio y actual enla Condesa. Elamanecer les encontró de nuevo en Chapultepec, en el punto justo en el que se habían encontrado. La luz del nuevo día rompería el hechizo y ambos lo sabían. Solo eran capaces de preguntarse qué misteriosas cuerdas del universo habían tocado para convertirse en los destinatarios de aquel magnífico regalo, pero a la vez la desazón les embriagaba. Se separarían para no volverse a ver, ya que ¿cómo es posible encontrar en la vida real a alguien que se ha conocido en un sueño?

-Señor Pelayo.

No hubo respuesta.

-Señor Pelayo.

Ángel volvió en sí.

-Discúlpeme, doctor, estaba muy concentrado leyendo esta guía de viajes.

-Ah, no se preocupe. Tengo un congreso el mes que viene en México y ya sabe… con un poco de suerte podré hacer algo de turismo. Lo que no sé es si llevarme a mi hija.

Ambos se encaminaron a la sala de reconocimiento.

-Por cierto, doctor, ¿dónde está Sara? No la he visto.

-Pues le he dado un mes de vacaciones. Verá, mi hija pequeña acaba de terminar la carrera de odontología y está haciendo las prácticas conmigo. Aquí está. Ana, por favor, acércate a saludar a Ángel, uno de nuestros mejores pacientes.

La mirada de Ángel se detuvo sobros dos ojos negros, definitivamente orientales.

-Si, doctor Li, debe llevar a su hija a México.

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