Viaje a la Republica de China. Autor: Luis Nobriga


 El corredizo portón se viene abriendo lentamente. Un auto cruza veloz el umbral. En el interior, dos hombres con rasgos orientales observan de reojos a una hermosa mujer que permanece silenciosa. El rostro de la chica jira para varios lados, cuyos ojos, verdes como las hojas de los árboles, observan para varios puntos como buscando a alguien con mucha ansiedad. El vehículo se detiene, y la joven es sacada del interior –  ¿Donde esta Erwis…?  –  dijo con voz temblorosa.  –   Los individuos la miran con un rictus satánico, y ésta se extrémese con una rara convulsión que le recorre la espina dorsal y se le aloja en el cóccix.

–          Cálmate, ya lo veras… ¡Je, je, je, je, je…!  –   ríen los bestias  La conducen en forma violenta por el largo patio, tomada de ambos brazos –        ¡¡¡ NOOOOO…!!!   POR FAVOR…  SUELTEME…!!!   –  Suplica la infeliz, comprendiendo demasiado tarde el vil engaño. Siente un gran ardor en los brazos por la fuerza con  que la supeditan.

 –  AUXILIOOOO…!!! SOCORROOOOO…!!!   AYUDEMEEEE…!!!   –   Baladra, implorando ayuda… pero nadie la escucha.   Los ojos de la joven se desorbitan por el terror al verlo aparecer…-        ¿¡  Usted…!!

–          Si, soy yo   ¡Je.je.je.je.je…!!  –  una risotada satánica se dejo oír, cuyos ecos se clavan con horror en el cerebro femenino. Con salvajismo la toma por la cabellera y a empellones la lleva a un determinado lugar.

 La puerta se cierra detrás y la desdichada corre hacia un rincón. Un jarrón vuela por los aires, y el humanoide se hace a un lado.  –         ¡ SOCORROOOOO…!!!  !!! ERWIIIISSS…!!! – Desgarradores ulules rompe la cortina silenciosa de la lóbrega habitación. El inhumano la apergolla por el cuello y la atrae con fuerza descomunal y la besa con lujuria… las uñas se clavan como filosos puñales al rostro y, el carmesí brota en forma burbujeante. Al verse libre, corre hacia la puerta, pero la manilla no sede. El desenterrado se lleva las dos manos al rostro, y estas se cubren del rojo encarnado. El humanoide se lanza como fiera y la toma por la alborotada cabellera… como títere vuela, y seguidamente aterriza en el camastro… en forma valiente se pone de pies…

–         ¡ AACCHHH!!!  –   Un manotazo hace que quede aturdida sobre la cama, y un gemido profundo y lastimero se dejo oír a través de la tráquea. Un hilillo del rojo escarlata abandona la boca de la infortunada…  –  AAYYY!!! – El alarido fue horrendo al caerle encima mas de ciento ochenta kilos de peso. Ella hace esfuerzos sobrehumanos para librarse del criminal; pero la fuerza del hombre es muy superior.  Los dedos como garras, deshace la blusa… y los ojos lascivos del malsano se inyectan como dardos envenenado… con mucha fuerza apretuja a una de las mamas, mientras que la enorme boca muerde sin compasión a la otra ubre.

–          AAAYYYY…!!!  NOOOOO!!!   POR FAVOOORRR…  –  Se retuerce la indefensa mujer. Son chillidos escalofriante y espeluznante. Los garfios del monstruo trastean la última prenda de vestir… y queda el modorro cuerpo desnudo a merced del mal parió.  El hombre en su desnudes se abalanza como caníbal, y se abraza a la desdichada como el naufrago al tronco. Ella permanece silenciosa soportando el terrible suplicio. Los ojos permanecen muy abiertos, puestos en algún punto del espacio… ya el rostro, pareciera que no estuviera ningún gesto de dolor, tal vez tragándose la pena moral que la hiere. “Para que seguir luchando” – se pregunta en sus adentros. Es por eso que prefiere quedarse tranquila y no luchar en vano. Siente que su cerebro va a explotar por los continuos pensamientos que le llegan y la tortura en un mar de sufrimientos: “Erwis… Ayúdame… Te necesito”…

La mujer cierra lentamente los hinchados parpados al notar que el hombre queda inmóvil sobre su destrozado cuerpo. El quídam se pone de pies y en forma rápida empieza a vestirse. Segundos después, ella se levanta en forma trastabilles, y sin importar su desnudez, se dirige a la puerta. Al llegar, se aferra a la manilla como para no caer…

–          Ábrame.  –  ordenó con voz ronca, mientras que su rostro lo mantiene duro como una roca y sus ojos clavados en la manilla de la puerta.

–          Te vas a ir desnuda…?   ¿No te da vergüenza con tu novio…?  – se burla el malvado. El hombre se acerca a la chica… y un duro golpe al bajo vientre, hace que ésta se desplome, quedando a todo largo y boca arriba. Luego el miserable abandona la podrida habitación, seguido por tres hombres…  y allí, tirada en medio del salón, cual despojo, queda la mas hermosa creación de Dios, profanada por el hombre que fue hecho a la semejanza de un noble patrón que lo creó con mucho amor y sabiduría; pero que, en los últimos milenios se ha venido deteriorando, hasta caer en la mas vil bajeza de nuestra patética sociedad.  El bello rostro toma ahora una expresión muy dulce, y en medio del silencio reinante pareciera que se escuchase el latir de dos moribundos corazones que se alejan hacia la eternidad

La lujosa camioneta de siete puertas se detiene al frente de la imponente  “Quinta Arely”  Dos hombres  abren la portezuela casi al mismo tiempo, para luego a pasos rápidos, se dirigen   hacia el portón  que da acceso  a  la residencia. Mientras  caminan, uno de ellos, (el mas viejo) toca con el dedo índice de su mano derecha a  una parte del antebrazo izquierdo, y el motor del rustico  deja de funcionar.  Un niño de seis años los recibe en el umbral:

–          Hola, Erwis… ¿pero tú estaba pescando…?

–          ¡Ya llegue!  –  respondió uno de los hombres, (el mas joven) con una amplia sonrisa  que remotamente de sentir.  Sus ojos negros como la noche escruta  para todos lados, como tratando de ubicar a una persona…  una joven señora entra a la escena exclamando con mucha singularidad:

–          ¿Erwis… que haces aquí?   …¿y mi hija?

–          ¿Donde esta ella, señora Gladis?

–          … ¡¿pero si tu la mandaste a buscar!?

–          ¿Que dice, señora?

–          Aquí estuvieron dos chinos que trabajan para el Sr.  Inoski, y adujeron que tu la mandaste a buscar para ir de pesca..

–          ¿Que…?   No, señora Gladis…

–          ¿Como…?   ¡¡ Dios mío!!  –  exclamó la mujer con voz angustiosa.

–          ¿Para   adonde se la llevaron?  – prorrumpo el otro hombre, cuyo rostro es cubierto por una espesa  y muy bien arreglada barba blanca, los ojos son  oblicuo  y su piel es ambarina.

–          A la escuela de su propiedad…  – respondió  la mujer, cuyo rostro notase la fatiga que la embarga. Ambos hombres se lanzan miradas de inquietud y pesadumbres…

–          ¡Maldición!…  – rezongó  con mucha cólera  el hombre de la barba. Y los dos  abandonan el aposento en forma estrepitosa, dirigiéndose en loca galopada hacia la inmensa camioneta.

Ambos hombres en forma extrañada, observan a través  del parabrisas,  al inmenso portón corredizo  que esta abierto. La  colosal camioneta se introduce en forma veloz hacia  el desértico patio… de improviso el vehículo  se detiene en forma brusca, y los ocupantes quedan como  acalambrado al vislumbrar al vigilante que yace devastado boca arriba en medio de un charco de sangre y rodeado de hambrientas moscas que  revolotean como buitres, presto para compartirse los restos. Rápidamente abandonan la camioneta, y en desequilibrada carrera se dirigen hacia el cadáver que esta con los ojos y la boca desmesuradamente abierta. Llegan junto a los restos  y lo escrutan con la mirada: “ya nada se puede hacer por el infeliz.”

–          ¡¡Al otro portón, Erwis!!  –  gritó  el corpulento oriental, cuyo rostro se arruga y se despliega  por la información brutal que sus ojos le han enviado al cerebro. A toda carrera llegan al sitio señalado, pero se horrorizan mucho mas  al ver a dos cuerpos  que lucen  igual que el anterior. El hombre de la barba blanca se inclina al lado del despojo humano, mientras que el joven queda de pies. Todo el cuerpo del muchacho se torna convulso, siente que la piel se encrespa al mirar a tan espeluznantes crímenes.  Da varias vueltas en redondo, mientras sus ojos revolotean por todos lados como buscando con mucha ansiedad a alguien… se lleva las dos manos a la cabeza en forma de pesadumbres…

–          ¡¡¡ARELYYYY…!!!  –  un grito escalofriante emergió desde muy adentro de sus pulmones. El chino voltea la mirada, accionado por los espantosos baladros,  que continua dando vueltas como si sufriera de vértigos…-    ¿Donde queda la habitación del Mongol?  –  exclamó el joven con voz estentórica, cuya frase brotó como la ardiente lava del volcán que engulle todo a su paso.

–          ¡¡¡Sígueme…!!!  –   respondió el viejo con voz ronca  y dolorosa que se repercute en el recio rostro sesentón, pero que, cuya fortaleza es parecida a aquel joven roble que crece en la jungla venezolana.

–          ¡¡¡ARELYYYY….!!!  –  Nuevamente los escalofriantes aullidos se dejaron escuchar, pero solo recibe como  respuesta a  un  espeluznante  silencio que reina en toda la estancia.  A grandes zancadas  se devoran la distancia que los separan del sitio escogido.  El cerebro del chico pareciera que fuera a estallar en millones de partículas, su  intuición le indica que, la persona que busca se encuentra en ese lugar, pero sin embargo, la trata de soslayar que esto fuese verdad, que sea solo un mal presentimiento que lo ahoga y lo atormenta.  Llegan al sitio deseado, observan  la puerta abierta, y ambos con el mismo pensamiento se introducen con ligera embestida… bruscamente se detienen… quedan paralizados, trémulos por lo que sus ojos les ofrecen: –  ¡¡¡ARELYYYYYY!!!    –  Un berrido horripilante surcó los aires en macabra agonía, fue un ulular lastimero y doloroso… el joven cae de rodillas ante el cuerpo mutilado, ensangrentado  y desnudo de la mujer que ama.   Arelyyy, Arelyyy, Arelyyy…  – Tres veces repitió ese nombre tan adorado. La voz suena como  un quejido apocalíptico, que le brota desde las entrañas. La llama en forma desesperada, sosteniéndole la cabeza con las manos. Pega su rostro con el de ella, como tratando de darle la savia de la esplendorosa vida. Gruesas lágrimas resbalan por las mejillas del joven, a la vez, siente que su corazón se fragmenta en forma desastrosa. De pronto, el joven observa que los parpados del despojo se viene abriendo lentamente, teniendo a la vez, un rictus en los secos y sangrientos labios.

–          ¡¡¡Arely, mi amor… te quiero…!!!  –  su voz suena amorosa. Muy suavemente acaricia la alborotada cabellera rubia. La muchacha, con ojos cadavéricos, observa al hombre que ama. Sus secos labios se entreabren para darle pasos a balbuceante palabras:

–          ER…WIS…

–          ARELY…   –  Susurra muy suavemente. Su rostro luce muy empapado, bañando así, el rostro moribundo de la infeliz.

–          ¡¡¡Le… ro…gue… a  mi Dios… que… me…die…ra… u…nos…minu…tos… de…de…vi…da…para…de…des…pe…dirme…de… ti…!!!

–          ¡¡¡No… tu no me puedes dejar… tu eres la mujer que amo…. la que siempre amare…!!!   – El la abraza con, como queriéndole darle auspicio por lo que ha de venir.

–          ¡¡¡Erwis……a…allá…te……es…pero …don…de…esta Dios…abra…za…me…,…be…same… tu… hijo y yo… siempre te amaremos… a…adiós……!!!   – …y Erwis adosa los labios y los une a los hinchados de la agonizante. Las bocas se separan lentamente. Ella sonríe… el cuerpo sufre ligeros temblores… da un suspiro… y ahí quedo paralizado…para siempre.

–          ….ARELYYY… ARELYYYYY… NOOOOO…… NO ME DEJES…  –  Como niño, llora abrazado al cuerpo desnudo del cadáver. En forma desesperante la sacude tratando de revivirla, la llama con gritos desgarradores; pero ella permanece  impasible, con los ojos cerrados y una leve sonrisa en los labios.  Mientras  tanto, el viejo de la barba observa el drama en forma silenciosa. A pesar de su carácter recio, no puede evitar que dos lágrimas se precipiten al espacio exterior. De su pantalón extrae un pañuelo y se sacude el doloroso humor. Unas voces que viene desde afuera, hace que el chino de media vuelta y venga al encuentro de las personas.

La joven madre  se abraza al cuerpo de la difunta, y junto con un niño, llora desesperadamente.   Una chaqueta cubre la parte baja del cadáver. El Sr. Inoski observa por todo el interior de la habitación y mira todas las prendas de vestir de la infeliz regada y desgarrada. Un papel escrito que esta sobre la alborotada cama, llama su atención. Toma la nota y se la lleva a los ojos.  Mientras recorre las líneas, su rostro se va transformando en una inefable mascara de horror e irascibilísimo.

–          ¡¡¡Maldito criminal…!!!   –   bramo el hombre con voz ronca. Su mirada se eleva a la cúspide  y los puños los cierra con mucha fuerza. El viejo chino toma a Erwis de un brazo y lo convida a incorporarse, pero este se resiste a despegarse del cuerpo – ¡ Erwis, levántate… tal vez  podamos detener al asesino..!. –  el joven se incorpora violentamente  al escuchar lo dicho por su amigo. Los ojos del joven lucen rojos e hinchados, y un extraño brillo cubre las órbitas… no puede continuar leyendo la pecaminosa nota que le entrego el oriental, pareciera que el peso de lo escrito hizo que sus manos soltase el papel y éste ruede por el piso… y ambos hombres se precipitan  hacia donde dejaron  la camioneta.   Las llantas  chillan de una manera atroz al ser accionada por el acelerador.  La briosa camioneta se desplaza con escalofriante velocidad por las amplias avenidas del Paraíso de la cuidad de Caracas.

“Hola, Inoski. Deseo informarte que fui yo quien  trato de envenenarte aquella noche, pero lamentablemente salvaste la vida. Yo mate a Antonio y a todos los vigilantes para así robarte todo tu dinero que tenias en la bóveda. Le da  mi saludo a Erwis, y le dices que he probado a su mujer, es fantástica.  Me marcho a mi país, allá nunca me encontraran. Nos veremos en el infierno… púdrete”…       El mongol

La infernal maquina se lanza  hacia la autopista. Las luces rojas son irrespetadas  . Los otros vehículos tienen que apartarse para darle paso al hermosísimo  rustico rojo  de siete puertas.  Una patrulla motorizada les da la voz de detención, pero el conductor le imprime más velocidad. Otros dos vehículos policiales se suman a la persecución de la poseída  maquina. El espíritu indomable del oriental guía la camioneta, con manos firme empuña el volante, mientras que sus ojos como lince van fijos en la amplia autopista. Los músculos del rostro de Erwis se contraen con mucho ímpetu, siente su sangre hervir en forma de hematemesis  en su estomago. Sus pensamientos  los tienen clavados como pirosis en el hombre que le quito la vida a una mujer  y a un niño que estaba en gestación…  desea tener a ese hombre en frente, para así reclamarle ese proceder tan inhumano que tuvo con ella.  Uno de los vehículos policiales  trata de interceptar por un lado a la veloz  camioneta que peligrosamente  se acercan  a uno de los túneles… el impacto será inminente… el auto policial se estrella en la entrada del subterráneo, dos policías hacen esfuerzos por abandonar la patrulla ante que esta explote…  las  feroces llamaradas  se expanden rápidamente y un estruendoso  estallido se escucha a varios kilómetros de distancia. Las feroces llamas consumen rápidamente al auto policial, todo es caos y confusión.

El auto rojo desemboca por el otro lado del conducto, y sin minorar la marcha continua en vertiginosa resolución hacia su destino.

–          Señorita… ¿a que hora sale el avión que va ala Repúblicade China?

–          Señor, en este momento lo esta haciendo…

–          ¡¡¡Maldición…!!!   –  rezongó el preceptor con voz airada.  –  ¡¡¡Erwis, a la torre de control…!!!  – …y ambos hombres corren por un largo y ancho  pasillo, abriéndose  paso entre las cantidades de personas que por allí circulan…

–          ¡Deténgase!…  ¿Hacia donde van ustedes?   –  un vigilante les cierra el paso al pie de las escaleras que conduce a la atalaya.

–          Señor, hay que detener a ese avión… allí van unos asesinos.  – exclamó  el mozo con voz  temblorosa, a la vez que trata de ganar peldaño…

–          ¡Quieto, muchacho!…  –  escupió el uniformado en forma amenazadora y empuñando fuertemente el fusil.

–          Vámonos, hijo… el avión ya se ha ido.  – dijo el asiático, tomándolo de un brazo en forma sedativa.  Erwis observa por los amplios cristales y alcanza a vislumbrar al aparato  que,  como un escarnio, se pierde en la inmensidad. Lentamente  levanta su brazo derecho, cierra en forma brutal los puños, los músculos de su rostro se embeben, los dientes crujen en las mandíbulas, los ojos se  recargan con  extrema exacerbación… la boca se entreabre muy lentamente, y con voz preñada cual trueno, exclama:

–          No creas que te escapara de mí, maldita alimaña…juro que no descansare hasta verte destripado… si te esconde  debajo  de  las piedras… desde allí  te sacare y vengare la muerte de mi esposa  y mi  hijo… ¡¡¡lo juro!!!   –               Luego, ambos hombres se dirigen  a un determinado lugar

Al llegar, uno de ellos agrega:

–          Señorita, cuando sale el próximo avión parala República  de China.

–          Señor, el día jueves  volamos directo a Pekín.

–           Gracias.   –  …y en forma silenciosa encamina sus pasos hacia donde dejaron la camioneta. Al llegar, el oriental oprime  con su dedo índice  derecho, un punto de su antebrazo izquierdo, y el motor del rustico es encendido y la puerta del conductor se abre en forma automática… pero de pronto, una potente voz, hace que ambos  se paralicen…

–          Deténganse… arrójense al suelo… ya… –  Ambos voltean. Una docena de patrulla  y una veintena de policía los interceptan y los rodea.  Los cañones de los fusiles les apuntan con escalofriante yugo. Sin ofrecer resistencia, se arrojan a la  tierra. Los gendarmes  los esposan con mucha brusquedad y a empellones los introducen a las patrullas.

–          Tienen derecho a permanecer callados, alguna palabra que digan puede ser usada en contra.  – dijo uno de los guardia.  Y a toda velocidad son trasladados, mientras que una grúa se apresta para enganchar ala Montesacamioneta.

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  1. Pandora Coelho

    La historia es muy buena, he de reconocer, pero la estructura mal panteada.
    La introducción, el nudo y el desenlace estan bien planteados, lo que rechazo es la forma escrita. No hay orden gramatical en los diálogos y puntuaciones, estan completamente fuera del planteo novelistico.
    Buena suerte

  2. luis nobriga

    Excelente. Me deseo mucha suerte. La misión del escritor es que todo el mundo nos lea y reconozca.

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