El viajecito y la señora D. Autor: Liliana Savoia

–¡Lo voy a dejar en la calle Voy a arruinar su carrera. Se lo juro, pondré toda mi energía en eso¡

Tras decir estas palabras, la  paciente hizo una pausa para mirarse los zapatos que estaban allá, lejísimos, en los confines del diván

El terapeuta estaba inquieto aquella mañana. La pierna derecha, que tenía cruzada sobre la izquierda oscilaba de  arriba a abajo como un péndulo llegando casi a alcanzar los pies de la paciente, “Vamos  señora D, pensó el médico, no sea densa. “Deseó controlar su  pierna mientras se decía  :”concentrate  en lo que está diciendo.¿qué te pasa?”

Era un buen psicólogo, sensato, prudente, aunque en las últimas semanas su cabeza parecía haber emigrado, estar en otro sitio. No pensaba más que en el viajecito y ahora, la señora D casi lo obligaba a pensar en  Sigmund Freud, nacido tan lejos, allá por 1856, él lo admiraba.

Tarditi creía pertenecer a esa clase privilegiada de terapeutas que siguen las líneas del maestro conocido como el arqueólogo de la mente, le hubiera gustado conocerlo. Recordó cuando estudió a ese increíble hombre  nacido en  Viena, Austria, en 1856, hijo de un segundo matrimonio. El padre era comerciante de lana, muy humilde, que vivía en una casa de una habitación. El ambiente familiar era bastante confuso para Freud, donde su padre era muy viejo. Que gran similitud con su vida, pensó.

Realmente Tarditi estaba de acuerdo con las teorías de Sigmund Freud y el tratamiento que daba a sus pacientes aunque ellas habían causado un gran revuelo en la Viena del siglo XIX. El debate sobre las mismas continúa actualmente, mentalizó el sicólogo, mientras observaba a la señora D sin escucharla. ¿Habría hecho lo mismo Freud con una señora D?

Pensó en las  ideas discutidas y criticadas a menudo entre sus colegas ya que muchos consideraban que la obra de Sigmund, pertenecía al campo del pensamiento. Además, existió y existe un amplio debate sobre si el psicoanálisis y los tratamientos asociados a él pertenecen al ámbito de la ciencia. ¿Por qué hoy, y con la señora D se le ocurría pensar tanto en Freud?

Tarditi  podía  resumir así: por un lado, sus seguidores lo consideran un gran científico en el campo de la medicina que descubrió el funcionamiento de la psicología humana; y por otro, sus críticos lo veían como un filósofo que replanteaba la naturaleza humana ayudando  a derribar tabúes, pero cuyas teorías, como ciencia, fallan en un examen riguroso. ¿Quizás esto tenía algo que ver con la señora D y la sesión? Estaba intrigado

Después de publicar algunos textos Freud fue designado profesor en la Universidadde Viena en 1900. Tarditi nunca llegaría a eso, conocía sus limitaciones.

Pensó que le estaba restando demasiado tiempo a su paciente pero no podía dejar de analizar la obra de su científico preferido, como si su vinculación con la señora D fuera una imperiosa necsidad.

Mientras tanto, la paciente , casi en un grito reclamaba: -¡”Que lo sepa¡ ¡ Esta vez va en serio.¡ ¡Si no deja hoy mismo a esa zorra, lo  abandono¡ ¡Adiós confortable rutina familiar, adiós a los hijos porque me los voy a quedar yo. A él  que le arranquen el hígado los abogados  junto con la casa  y la pensión alimenticia. La 4×4, me la quedo, porque si no ¿cómo voy a llevar a los chicos  al colegio ahora que ha destrozado la familia? No doctor, no crea que la historia termina acá. La seguiré hasta las últimas consecuencias y sólo usted sabe qué soy capaz de hacer. Lo haré papilla

Freud, Freud, ¿qué haría Freud con la señora D? Darle cocaína, se le ocurrió, ¿o acaso no lo había hecho ya en 1884 el maestro del psicoanálisis? Había empezado  a estudiar el alcaloide de moda en esos tiempos de la época victoriana, donde los intelectuales encontraban su supuesta inspiración en dichas substancias. Freud se interesó por los aspectos médicos de esta, llegando a investigar sobre las aplicaciones medico-quirúrgicas como anestésico de la cocaína, su capacidad de simular cuadros psicóticos.

Estudió la histeria y otros trastornos del sistema nervioso. Se suponía que estas enfermedades eran provocadas por problemas físicos del cerebro.

Pero no, la señora D no entraba en el perfil de una persona que pudiese consumir cocaína. Además él, no estaba de acuerdo con el consumo de drogas. Allá Freud con esas ideas murmurá sin que la señora D lo escuchara.

–Si no hubiese sido por el resumen de la tarjeta de crédito, jamás lo hubiera sabido. ¡Qué caradura¡, ir al mismo Hotel que me llevaba a mí. Le juro que me las va a pagar.

La señora se iba agrandando como un globo a punto de reventar.

El doctor Tarditi trató  entonces de refrenar la pierna descontrolada y concentrarse en su paciente. Resultaba  interesante el detalle de cómo la señora D iba formando distintas horas del reloj con los pies, doce y diez… once y cuarto

El terapeuta concentró su pensamiento en la agenda de sus próximos días. El viajecito, se dijo, el viajecito…

–“Se lo advierto, hasta los ojos le  voy sacar,  para empezar a los chicos no les va a ver ni el pelo durante la semana, que lo sepa. A lo sumo podrá llevárselos al Mc Donalds los sábados y luego a ver una de Disney en  el Shopping que para eso es  su padre

Tarditi miró entonces a su alrededor y pensó nuevamente en Freud, acaso no fue en su obra “Estudio de un caso de histeria” o el sobrenombrado “el caso Ana O” donde compartiendo el caso con Breurer demostró la suficiencia del sus investigaciones sobre represión y catarsis por la libre asociación de ideas, semilla del psicoanálisis.

Con el tiempo había llegado a  la conclusión que el origen de todos estos problemas, son conflictos infantiles relacionados con el sexo. El origen sexual era el motor de fantasías, y frustraciones que posteriormente en la vida adulta y desde el inconsciente del individuo surgían en sus diferentes variantes ¿No sería ese el problema de la señora D?

No había que olvidar que el maestro estaba convencido de que los pacientes le transferían  a los psicoanalistas sus problemas. Así había nacido  el concepto de “transferencia”.

Freud como él  tenia algunos problemas,  fobia a viajar, por ejemplo. La etiología sexual de sus investigaciones, como el Complejo de Edipo donde en el caso del varón hay: deseo por la madre y rivalidad por el padre a nivel inconsciente en la infancia como etapa madurativa sexual o el también llamado Complejo de Edipo. Estas ideas no fueron bien aceptadas por la sociedad y lo veían como un pervertido. Recibió importante premio de los EE.UU. pero sus teorías no fueron bien vistas.

Escribió un libro llamado: “La interpretación de los sueños”, que fue el registro de su auto análisis. Lo publica en 1900 y sólo se venden 300 copias, Pensar que en la actualidad el psicoanálisis es el tema que más se vende en librerías. Pobre Freud, pensó Tarditi, qué habrá sentido en ese momento.

La ciencia del psicoanálisis fue su creación pero  sólo los judíos lo seguían. Tenían una sociedad conocida como la “Sociedad de los Miércoles” y se identificaban llevando un anillo con una gema griega azul. Sí, estaba seguro que algo de eso le estaba sucediendo a la señora D ¿histeria quizás,  complejo de Edipo? Ya lo analizaría. Ahora debería ocuparse del viajecito.

¿Que quieren la mujeres?, pensó al igual que Freud, a la cuales evidentemente  nunca entendió, las llamaba “el osado continente”. ¿Las entendía él, se dijo? Recordó que en el año 1933, estando Hitler en poder, había comenzado la persecución a los judíos y la quema pública de todos sus libros. En 1936 cumplía  Bodas de Oro en su matrimonio, Tenia 80 años de edad, cuando en 1938 Hitler anexiona Austria a su país, pero Freud, no quiere partir, hasta que más tarde su hija y hermanas son secuestradas por los Nazi. Freud se da cuenta del peligro que corre y se marcha a Londres el 5 de Julio de 1938. Su hija es soltada, pero sus cuatro hermanas mueren en los campos de concentración. Sigmund muere el 23 de septiembre de 1939. Basta de Freud se dijo, debo estar atento a la señora D.

Sin embargo le era casi imposible, como si ella hoy le molestara, como si de alguna manera se mirara a través de ella en  un espejo.

Se detuvo a observar  el consultorio, le dio placer pensar en todo cuanto había  conseguido en sus cuarenta y siete años de vida Seis años le había costado conseguir el título de licenciado en medicina. Luego tuvo que soportar tres años de la especialización en psiquiatría, eso sin contar el tiempo dedicado a hacerse un nombre en la materia. Pero no podía concentrarse, contestarle a la paciente, estaba inmerso en una agonía que no lo dejaba respirar. ¿ y si Mónica, su mujer , descubría lo del viajecito?

La señora D miró su reloj, un Rolex nuevo, anunciándole que pronto se acabaría la sesión. Se levantó del diván, se colocó la campera y  se alisó su pantalón, pero el doctor Tarditi no veía ninguna de esas maniobras habituales porque estaba muy ocupado en buscar su celular que por algún lado debía  de estar, ¿sobre la mesa de raíz de nogal quizás.?

¿También la mesa va  de volar?, se preguntó, ¿Y el secreter biedemaier? y el Quinquela que compré en el último remate de Arenales  y Tarditi que hasta hacía a penas unas horas acariciaba la idea de hacer el viajecito con Ana aprovechando el Congreso sobre autismo en  Cancún (“ya verás tesoro, te llevaré a un hotel que te va a encantar, súper romántico”), había dicho el doctor Tarditi, le tembló la mano al tantear entre sus amados objetos en busca del teléfono, mientras un ojo se  escapaba hacia la paciente que estaba terminando de arreglarse antes de salir.

–Hasta la semana próxima. Que tenga un buen fin de semana, lo saludó. La sonrisa de ella le pareció burlona. El terapeuta dio una palmadita en la espalda de  la señora D

— Me alegro de que haga progresos usted sola,  muy interesante.

–¿Verdad que sí, doctor? La vida es un suspiro y como tal hay que tomar decisiones. Dejaré en bancarrota a ese imbécil.

Aún cuando la señora D no había desaparecido por la puerta Tarditi  se apresuró a sentarse ante sus preciadas pertenencias. “Al diablo con el viajecito” dijo  y comenzó a marcar un número. Un número que no era el de Mónica su mujer ni  tampoco el de Ana,  a ellas las llamaría  más tarde. Lo primero es lo primero, recapacitó

¿Hola? ¿Viajes Le Monde? –preguntó, y luego a toda velocidad, como quién formula un conjuro del que no hay que equivocarse ni en una sílaba. Aturdido por todo lo que estuvo  a punto de perder dijo: –Escuche señorita, llamo para cancelar un viaje a Cancún para dos personas programado para pasado mañana. ¿Imposible dice usted? ¿Gastos de cancelación? ¡Cóbreme el viaje entero si se le da la gana! Sí, eso he dicho, entero. Mi nombre? Tarditi, si Tarditi, ese es mi apellido “Doctor Enrique Tarditi y no pienso, se lo aseguro, viajar a ninguna parte ¿El número de mi tarjeta? Claro que sí, señorita, con mucho gusto se lo doy, es una Visa platino y el número es 27123… anote bien por favor no se vaya a equivocar.

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