Un viaje sin retorno. Autor: John Manuel Enríquez Moncayo

Esta historia comenzara como muchas otras pero tendrá un giro inesperado.

Erase una vez en una campiña un niño llamado Julio Ternovi, su madre María Cortez, y su padre Mario Ternovi,  Su padre trabajaba en una fábrica de la región. Eran una familia totalmente feliz, en sus rostros se veía reflejada la armonía de su hogar.

Un día como cualquier otro julio Ternovi se encontraba en la puerta de su casa esperando la pronta llegada de sus padres. Los cuales se habían  ido a trabajar a una mina de oro para poder tener dinero y así poder cumplir el sueño más preciado que tenia aquella familia. El poder viajar por los aires y conocer el mar, sentir la brisa golpeando sus mejillas y el sonido de las olas al chocar con la superficie. Pues lo más parecido al mar que julio conocía era atreves de las propagandas en televisión, o la pequeña piscina comunitaria de la región.

Llego el atardecer y sus dorados reflejos en el cielo se combinaban con el verde de las montañas haciendo de este una vista maravillosa. Pero  los padres de julio aun no han llegado, nunca han demorado tanto cosa por la cual estaba poniendo ansioso al pequeño julio. En ese momento tocaron la puerta y a julio la respiración le ha vuelto al cuerpo pues la angustia lo estaba consumiendo.

Por fin han llegado dijo julio pero para su sorpresa eran dos agentes de la policía, Julio con gran asombro pregunto cuál era el motivo de su visita que podrían regresar más tarde pues sus padres aun no han llegado, los policías se miraron unos a otros y sus ojos reflejaron tristeza y desesperación y le explicaron con un tono de voz muy suave  que los padres de julio habían tenido un accidente en la mina  pues la montaña  los sepulto en su interior, Razón por la cual no regresarían más.

A julio el peso del mundo se le vino encima, y era una carga muy pesada para un pequeño de tan poca edad. Julio Ternovi no podía creer lo que los policías le habían dicho en su mente no había espacio para la concepción de la muerte, y aun no tenía la capacidad de resignación, para él es el fin del mundo y no es para menos ahora se encontraría solo en este mundo tan grande, que ni siquiera con la muerte de un ser querido detiene su ajetreado ritmo de vida.

Los policías llevaron a julio a un orfanato donde debía pasar la noche, o hasta que algún familiar viniera por él. Pero ya pasaron semanas  y nadie había ido por julio Ternovi, la tristeza en su corazón lo ha invadido por completo, ya no come ni mucho menos piensa en la posibilidad de salir a jugar,  su agonía lo está consumiendo poco a poco, y no había cosa alguna que se le pueda decir para subir su ánimo.

Una noche aparentemente normal mientras julio dormía, creyó despertarse pues una voz aclamaba su nombre, julio miro por la pequeña ventana  del cuarto como del cielo de entre todas las estrellas y la luna descendía un gran globo, así que por primera vez hace ya muchas semanas se levanto de su cama y corrió rápidamente, bajando las escaleras y abriendo la enorme puerta del orfanato; hace mucho tiempo ya que  a julio el brillo de sus ojos había desaparecido, pero con tal acontecimiento sus ojos se llenaron de un brillo muy peculiar el cual reflejaba tranquilidad y confianza.

Julio muy silenciosamente se dirigió hacia  el globo, pues no sabía aun con lo que se iba a encontrar, Una pequeña puerta en la canasta de aquel globo se abrió como si lo estece invitando a pasar y un señor con túnica  blanca y una barba tan larga que casi le llegase al piso, lo recibió.

Julio se sentía con mucha confianza así que sin pensar en las consecuencias subió a aquel globo. El señor de larga barba avivo el fuego en el globo  y enseguida empezaron a elevarse por encima del orfanato.

Ya en el globo julio le pregunto a aquel misterioso señor.

¿Quién eres tú, y para donde vamos?

El señor le dijo a julio:

Puedes llamarme Jesús. Y he venido para darte el mejor viaje de tu vida y al final del recorrido podrás encontrarte con tus padres.

En ese momento julio dijo con mucha tristeza:

Creo que aun no estás enterado de las cosas Jesús, Es imposible ver a mis padres.

El misterioso señor de barba larga y túnica blanca respondió:

Hijo mío para mi nada es imposible solo tienes que tener fe. Así que agárrate que iremos mucho más rápido.

Terminadas estas palabras  al final del horizonte, se veía como iba saliendo el sol y el cielo se lleno de muchos colores. En ese momento de julio salió una gran sonrisa impulsada por el sueño de viajar y la esperanza de volver a ver a sus padres, poder tocarlos y decirles cuanto los amaba.

De repente ante la vista de Julio se veía al final de todo en donde se une el azul cielo con el verde de las montañas una larga línea azul, perdiendo el sentido de proporción con el cielo. Para julio era como si el cielo estuviese cayendo y pintase las montañas de azul.

Y al acercarse más aun, se dio cuenta que era el mar y no era como él se lo imaginaba. Era inmenso y parecía que este nunca tuviese fin, era tan grande que sus ojos no podían abarcar  las dimensiones  de aquel mar. El globo empezó a descender en una gran isla y julio con gran prisa se bajo del globo y al dar su primer paso se dio cuenta como la arena se le metía entre sus pies y como el mar tenía un leve canto el cual daba seguridad y paz.

Julio corrió hacia el mar y miraba como el agua era tan cristalina que se podía ver los dorados peces que  nadaban a su alrededor. El señor de barba larga Jesús, también entro al mar y junto a julio se alejaron un poco de la orilla. Julio vio como del mar aparecían hermosos delfines, los cuales lo llevaron al fondo del mar, y miles de peces se aglomeraron para recibir la visita de julio.

Justo al lado de él se encontraba el señor de túnica blanca y nadaron por el inmenso mar conociendo animales maravillosos y por tan solo un instante julio se sentía feliz, pero el recuerdo de sus padres rápidamente opacaba su felicidad así que dijo al señor de barba larga Jesús que lo llevase a la superficie. Y agarrándose de la aleta de los delfines rápidamente subieron y al llegar a la orilla había una pequeña fogata y ya el sol estaba a punto de esconderse  por completo y la luna estaba en el apogeo de su belleza. El cielo era tan estrellado que prácticamente se veía más blanco que el vacio oscuro que separa las estrellas.

El señor de barba larga Jesús dijo a julio:

Julio vamos te llevare a mostrar la ciudad que tú quieras, pues nuestro recorrido termina con la llegada del día y el fin de la noche.

Julio respondió:

Una vez vi en una postal una gran torre de hierro, vi unas grandes pirámides y un templo en medio del desierto.

El señor con barba larga dijo a Julio

Levántate tenemos que irnos rápido, emprenderemos el viaje.

Julio se levanto recogió dos conchas pues pensaba dárselas a papa y mama cuando se los encuentre y contarles como era el mar y lo maravilloso de su canto.

El señor de barba larga Jesús y julio subieron al globo, volvieron a avivar el fuego y rápidamente una corriente de viento los atrapo y viajaron por ella.

Ya llevaban media hora volando y Julio admiraba la belleza de la naturaleza los enormes arboles, las imponentes cascadas y  toda la vida que se encontraba en aquel lugar, Cuando empezó a ver una gran planicie y en ella se encontraba una torre muy alta idéntica a la de la postal con luces por todo su alrededor y millones de chispas en el cielo que dieron bienvenida a la llegada de julio, al lado derecho se encontraba una pirámide y era mucho más grande  que en la postal y al lado izquierdo una gran entrada como si la hubiesen formado directamente las montañas rocosas pues su precisión era única.

Julio alzo sus manos al cielo  estrellado y en ese momento una estrella fugaz atravesaba el espacio, Así que julio cerró los ojos con mucha fuerza y pidió encontrarse con sus padres, soltando una pequeña lagrima la cual el señor de barba larga Jesús seco y dijo:

Se están cumpliendo tus deseos poco a poco y pronto el que tenga más fuerza se hará realidad y podrás navegar en el inmenso espacio con tus padres y seguirán siendo la familia feliz que siempre han sido y nunca dejaran de ser. No dañes esa armonía, disfruta del panorama que ya queda poco tiempo para que te reúnas con tu familia.

Julio obtuvo fortalezas y se dirigió a apreciar las maravillas que la mano humana había forjado, unas con tanta precisión que pareciera que hubiesen necesitado alguna intervención divina.

Aunque julio no entendía la fuerza con la que se daría marcha atrás a la muerte de sus padres tenía fe y esperanza pues  su corazón latía cada vez con más fuerza con el paso del tiempo el cual le traerá de nuevo a sus padres.

Julio miro en medio de la torre y la pirámide dos árboles cuyas ramas y hojas hicieron un arco.

Julio pregunto al señor de barba larga Jesús que a donde llevaba dicho arco, Que habría detrás de él y este respondió:

Querido Julio ese arco, lo tendrás que atravesar tú pues al otro lado están tus padres. Y así podrán reunirse y seguir viajando sin restricción alguna, pero espera aun no ha salido el sol y el arco se está acabando de formar.

Julio no seas ansioso ya falta muy poco.

Julio se sentía un poco confundido pues no sabía en el lugar, o mundo que se encontrase lo único que deseaba es que esto no sea un simple sueño pues  aquella decepción acabaría por terminar al pobre julio, el cual se situó justo enfrente del arco esperando la llegada del sol para poder entrar.

Julio miraba como con el pasar de los segundos miles de flores de mil colores adornaban el arco y como del suelo salía una densa  vegetación haciendo una especie de colchón y en el fondo se empezaba a ver una pequeña luz muy fuerte la cual iluminaba todo el arco y no dejaba ver con claridad lo que se encontrase adentro.

El señor de barba larga llamo a julio y le dijo:

Julio ya es hora que atravieses el arco

Julio con  gran felicidad respondió

No sé cómo agradecerte todo esto me haces la persona más feliz del mundo al poder volver a ver a mis padres. ¿Pero tú donde iras te volveré a ver?

El señor de barba larga y túnica blanca soltó una leve risa y dijo:

Tranquilo julio que tenemos toda una eternidad para vernos. Pero mientras tanto, ve y atraviesa el aro pues ya empezaron a caer los primeros rayos de sol sobre el suelo.

Julio con gran entusiasmo corrió hacia el arco y rápidamente lo cruzo, ahí adentro se encontró con dos senderos uno de ellos estaba lleno de fango y lodo y en las paredes tenia calaveras de las cuales salía fuego y se escuchaban los gritos de una insaciable desesperación.

El otro sendero  tenía una verde pradera, en el fondo un gran rio cristalino y su sonido era semejante al del mar.

Así que julio camino por el sendero que llevaba hacia esa pradera, entro y a pocos metros sus padres lo estaban esperando. De los ojos de julio salieron un sin número de lagrimas pero no de tristeza o decepción sus lagrimas eran tan puras como aquel cristalino rio y estaban llenas de felicidad.

Julio corrió a los brazos de papa y mama y juntos de la mano se fueron rápidamente perdiendo en una luz que brillaba tan fuerte que por un momento opaco al sol. Mientras tanto en el orfanato alzaban el cuerpo sin vida del pequeño julio.

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  1. HECTOR FABIO ROSERO MONCAYO

    Hermanito Querido, te deseo suerte en tu cuento porque me pareció muy bonito y con el me llevaste a las estrellas
    te amo
    tintin

  2. patricia MONCAYO MUÑOZ

    me parece leer a un gran novelista en el futuro.
    felicitación JHON, tu historia me causo escalofrió

  3. juan david cortez

    este relato me pareció muy interesante porque muestra lo que existe mas allá de la vida desde otro punto de vista.

    muy buen relato

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